Sistema Superhumano Más Fuerte - Capítulo 295
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295: ¿Tenemos un problema?
295: ¿Tenemos un problema?
—No entiendo tu pregunta.
—Es una pregunta sencilla, chico.
Sozin te arrebató de delante de nuestras narices antes de que nadie pudiera hacer nada al respecto y te dio algo de poder, pero ¿estás contento con la clase de poder que te ha dado?
¿No te parece que son trucos de feria en comparación con lo que pueden hacer los otros superhumanos?
¿No quieres tener un poder de verdad tras esos puñetazos?
Mark permaneció en silencio mientras escuchaba lo que decía Ares.
No sabía adónde quería llegar, pero Ares se dio cuenta de que Mark, poco a poco, empezaba a hacerse una idea por sus palabras.
Ares volvió a poner la mano en el hombro de Mark y, esta vez, Mark solo gruñó con un ligero esfuerzo al sentir que la montaña volvía a caer sobre él, pero no tropezó.
Mantuvo la mirada fija en los ojos de Ares y esperó a que este dijera por fin lo que quería decir.
—No me andaré con rodeos, chico.
Abandona a Sozin y pásate a mi bando.
Mark entrecerró los ojos.
—¿Qué?
¿Acaso era posible algo así?
¿Podía un superhumano abandonar a su dios patrón y pasarse a otro sin más?
Ares vio la confusión en los ojos de Mark y le dio una palmada en el hombro con una sonrisa de suficiencia.
¡Mark sintió que el corazón se le salía del pecho al instante y tuvo que esforzarse para no jadear de dolor!
«¿¡Qué manía tiene este cabrón con pegarme!?»
—Me has oído, chico.
Abandona a ese mocoso impertinente y pásate al bando de un dios de verdad.
No es por echarme flores, pero soy uno de los auténticos dioses del Olimpo, uno de los siete grandes.
Tengo poder más que de sobra para concederte el mismísimo mundo en el que vives.
No hay nada que Sozin pueda darte que yo no pueda, así que, ¿por qué no lo dejas y te unes a mí?
Y no creas que es una prueba, o siquiera una broma sarcástica para poner a prueba tu lealtad.
No necesito algo como la verdadera lealtad; a mí, sencillamente, me encanta la gente con poder.
Ni siquiera me importaría descartar a algunos de mis hijos y concederte sus poderes, ya que no los están usando como es debido.
Ares hablaba completamente en serio.
Tras observar a Mark en el juego, Ares se dio cuenta de que tenía un potencial increíble.
Su capacidad de aprendizaje y su uso de la fuerza superaban cualquier cosa que un humano normal pudiera hacer.
Incluso si Mark no tuviera su sistema, Ares no albergaba ninguna duda de que Mark habría sido capaz de vencer a aquellos sirvientes.
Hasta tal punto estaba impresionado.
Ares quería a Mark de su lado.
Ares ya tenía muchos hijos y a algunos superhumanos realmente fuertes a los que había bendecido, pero sabía que solo era cuestión de tiempo que Mark los superara a todos y se convirtiera en el más fuerte.
¿Por qué iba a permitir Ares que Sozin retuviera a alguien como Mark?
No, Sozin no se merecía a Mark.
Mark necesitaba a un auténtico dios como patrón.
—Voy a tener que decir que no.
Ares entrecerró los ojos al oír la rápida respuesta de Mark.
—¿Y por qué no?
Mark le clavó la mirada a Ares con una determinación increíble.
Ares se daba cuenta de que Mark sentía la presión de su mano en el hombro, pero se esforzaba al máximo por no demostrarlo en absoluto.
La respuesta de Mark fue inaudita.
—Porque, a diferencia de ti, a mí sí me importa la lealtad.
Ya tengo un dios al que le juré lealtad y, aunque a veces puede ser un cabrón, en cierto modo me agrada.
Además, ni me molestaría en unirme a un dios que podría abandonarme en cualquier momento solo porque no está contento con algo que hice.
Ares apretó con más fuerza el hombro de Mark mientras los primeros indicios de ira empezaban a asomar en sus ojos.
—Mocoso insolente.
¿Crees que te estoy dando una opc…?
¡Woosh!
De repente, Ares ya no estaba frente a Mark.
Parpadeó, conmocionado, al darse cuenta de que estaba en el cielo, con un vasto horizonte azul ante él.
El aire era apacible y tranquilo, pero Ares sentía que allí había algo.
Algo peligroso.
Ares sintió que sus manos se cerraban involuntariamente mientras giraba el cuello para mirar al chico que estaba sentado detrás de él en el aire, con las piernas cruzadas.
Sozin parecía un demonio.
—Oye, Ares, ¿vamos a tener algún problema?
Ares rechinó los dientes mientras se giraba a medias para mirar a Sozin.
Este sonreía de oreja a oreja, ¡pero la mirada vacía de sus ojos le daba un aspecto demoníaco!
Ares hizo un gesto apaciguador con la mano para intentar calmar al dios de los juegos.
—Vamos, ¿por qué íbamos a tener un problema?
Solo estoy hablando con un mortal.
¿Debería preocuparte tanto?
Sozin flotó hasta acercarse a Ares, hasta el punto de que ambos quedaron cara a cara.
Sozin seguía con su apariencia infantil y era casi cómico ver a ese cuerpo de niño desafiar con la mirada a un Ares mucho más grande y de aspecto más rudo, pero por la expresión de aprensión en el rostro de este, se notaba que estaba preparado para lo peor.
En teoría, algo así no debería ser posible en absoluto.
Para que un dios pudiera llevar a alguien a su dominio, necesitaría ser más fuerte que esa persona, y se requería una gran cantidad de poder para mantener a la otra parte dentro, ya que, básicamente, estaban invadiendo la realidad con su propia dimensión.
Pero atraer a otro dios a tu propio dominio era algo que incluso a los dioses más poderosos les resultaba difícil.
Era complicado por la inmensa cantidad de poder que se necesitaría emplear para lograrlo.
Pero en ese momento, Sozin hizo algo todavía más increíble.
No solo había atraído a Ares a su dominio, sino que también lo había arrancado del suyo propio.
Esa era la razón por la que Ares se puso en guardia de inmediato.
Sabía que Sozin había estado creciendo exponencialmente desde el inicio de la era tecnológica y que poseía un gran poder debido a la rapidez con que la tecnología se había convertido en el centro de atención del mundo.
¡Pero nunca pensó que la diferencia de poder entre ellos fuera tan abismal!
De repente, Ares se dio cuenta de que sería una mala idea dejar que Sozin siguiera haciendo lo que quisiera de ahora en adelante.
Estaba creciendo demasiado rápido.
¿No era solo cuestión de tiempo que se volviera más poderoso que todos los demás dioses?
Sozin se acercó tanto que prácticamente estaba fulminando a Ares con la mirada y, aun así, ¡habló con un tono juguetón en la voz!
—Si vuelves a tocarlo, te borraré del mapa~
¡Woosh!
Ares sacudió la cabeza y, de repente, estaba de vuelta en su propio dominio.
Mark seguía fulminándolo con la mirada y ambos continuaban en la misma posición en la que estaban justo antes de que él se fuera.
Ares miró la mano que tenía sobre el hombro de Mark, cerró los ojos y suspiró mientras la retiraba lentamente y se cruzaba de brazos.
«Bueno, supongo que por ahora es suficiente.»
Mark enarcó una ceja con curiosidad, preguntándose qué había pasado.
Para él, Ares había cambiado de repente toda su actitud.
Mark no sabía nada de lo que acababa de ocurrir entre Ares y Sozin.
Ares miró a Mark con curiosidad, suspiró y luego habló con arrogancia.
—Hemos terminado, chico.
Lárgate.
Ares deseó haber sido él quien encontrara a Mark antes que Sozin, pero ahora que este le había puesto las garras encima, ningún otro dios podría arrebatárselo.
Si Sozin fuera un dios más débil, Ares simplemente se habría llevado a Mark sin importarle lo que pensara, pero tenía que andarse con cuidado con Sozin.
Mark se quedó atónito por el despido tan repentino y ni siquiera pudo decir nada antes de ser arrojado bruscamente de su silla y expulsado del dominio de Ares.
[El Usuario ha recibido una bendición de Ares, el dios de la guerra]
[El usuario ha obtenido la [Égida de Ares]]
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