Soberano Mortal - Capítulo 579
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Capítulo 579: Isabella…
Davis juntó las manos y saludó con los labios fruncidos: —Buenas noches, Reina Conferida.
La Princesa Isabella frunció los labios y una sonrisa socarrona apareció en ellos. —¿He oído que te has convertido en mi subordinado…? ¿Por qué no sabía nada de esto?
Davis rió con torpeza antes de decir sin reparos: —Quizás si no tuviera a mi maestro, de verdad me habría convertido en tu subordinado.
La Princesa Isabella se quedó desconcertada antes de negar con la cabeza. —Un talento como tú… Es impensable que te pongas a las órdenes de nadie…
«Qué gran elogio…». Davis enarcó las cejas con asombro antes de preguntar con naturalidad: —¿Has salido a dar un paseo?
La Princesa Isabella soltó una risita. —No, sentí tu Sentido del Alma…
A Davis le temblaron los labios. «¡Imposible! ¿Cómo ha encontrado mi Sentido del Alma? ¡Ni siquiera he sondeado su edificio!».
Acababa de dejar que su Sentido del Alma barriera una vez en cierta dirección mientras buscaba a Evelynn, ¡y el edificio de la Princesa Isabella ni siquiera estaba en esa dirección, por todos los cielos!
La Princesa Isabella rió alegremente al notar su expresión. —Solo estoy bromeando… Sin embargo, como tu alumna en el Cultivo de Forja del Alma, he venido a informarte de que he avanzado a la Etapa del Alma Joven.
Davis parpadeó y esbozó una sonrisa sincera. —Felicidades, vas un paso por delante de mi otro estudiante.
La Princesa Isabella rió todavía más y luego guardó silencio. Se mostró un poco dubitativa y lo miró como disculpándose antes de abrir la boca: —Quería disculparme por ignorarte en la Convención de Alquimia porque…
—Lo sé… —la interrumpió Davis—. Estabas pensando en no causarnos problemas, ¿verdad?
Una sonrisa floreció visiblemente en el rostro de la Princesa Isabella.
—Mmm… Sé que te gusta mantener un perfil bajo, por eso te ignoré, pero quién habría pensado que te malinterpretarían como mi subordinado…
Davis rió para sus adentros, ya que él mismo había difundido que era el subordinado de la Reina Conferida. Se limitó a hacer un gesto con la mano y dijo: —No le des importancia…
Enderezó su postura y dijo: —Una persona no debería preocuparse por lo que la multitud piense de ella. Si lo haces, solo consigues hacerte daño a ti misma.
La Princesa Isabella soltó una risita y Davis le devolvió la risa.
«Ciertamente…», convino ella en su interior. Si siempre hubiera estado pensando en lo que los demás opinaban de ella, quizá nunca se le habría ocurrido hacer la Prueba de Grado Rey por miedo a fracasar en el pasado.
Comenzaron a sumirse en sus propios pensamientos hasta que se hizo el silencio, con la brisa rozándoles el pelo y creando pequeñas ráfagas de viento en las espaciosas calles.
—¿Qué pasó en la Convención de Alquimia? ¿A qué gente importante conociste? —preguntó Davis, pues sintió que necesitaba saberlo.
De lo contrario, sentía que estaría siendo demasiado descuidado.
La Princesa Isabella parpadeó. —Es una larga historia… Tal vez deberíamos hablarlo tomando un té espiritual de alta calidad…
—De acuerdo… —asintió Davis.
—Entonces, déjame servirte… —dijo la Princesa Isabella, y ambos volaron hacia la casa de ella.
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Pasó un tiempo después de que discutieran el asunto de lo que ocurrió en la Convención de Píldoras.
Para resumir lo sucedido, a la Princesa Isabella se le acercaron muchas personas, todas ellas Expertos de la Octava Etapa y con un estatus inmenso, capaces de afectar por derecho propio la vida de mucha gente.
El Príncipe de la Multitud Hadre Ethren, el Segundo Príncipe, uno de los famosos Ancianos de la Rama del Palacio de las Mil Píldoras y algunas otras personas importantes, todas ellas en la Octava Etapa, más o menos.
Le habían preguntado muchas cosas y la habían informado de otras tantas.
Durante todo el tiempo que la Princesa Isabella estuvo en la Convención de Alquimia, sintió que estaba al borde de un precipicio cuya superficie descendía por ambos lados hacia un abismo.
Con el más mínimo desliz o muestra de debilidad, sintió que habría quedado expuesta bajo las innumerables miradas de asombro, lujuria y escrutinio.
La Princesa Isabella le explicó sus experiencias a Davis y soltó un suspiro imperceptible, como si se sintiera aliviada. Miró la superficie impoluta y murmuró.
—Creo que no voy a mostrarme en público durante los próximos meses, al menos no este mes, y podría alargarlo hasta la Ceremonia de Ascensión del nuevo Emperador Ethren que tendrá lugar el año que viene.
Davis negó con la cabeza. —Eso también puede interpretarse como una muestra de debilidad. Poco después, la gente empezará a dudar seriamente de tu origen, porque la curiosidad que sienten por ti acabará apoderándose de ellos.
La Princesa Isabella frunció el ceño mientras daba golpecitos a la taza vacía que había sobre la mesa que los separaba. Arrugó la nariz un instante antes de mirarlo con extrañeza. —¿Qué debo hacer entonces?
Davis se quedó desconcertado un instante, preguntándose por qué le preguntaba a él, antes de darse cuenta de que él mismo le había dicho que le informara de cualquier movimiento importante que hiciera, puesto que afectaría a todo el grupo.
Se frotó la barbilla y la miró a los ojos. —Deberías hacer alarde de tu poderío y dar un escarmiento a alguien que se comporte de forma grosera contigo, especialmente a una persona de estatus.
La Princesa Isabella abrió los ojos de par en par. —¿¡No empeoraría eso las cosas, ya que me investigarían más!?
—Cierto… —respondió Davis con un evidente asentimiento.
La Princesa Isabella se quedó sin palabras.
—O puedes esperar a que empiecen a investigar tu origen de forma reservada u opresiva. ¿Cómo puedes esperar que no te investiguen después de toda la expectación que has generado? —rió Davis.
La Princesa Isabella se inclinó sobre la mesa y apoyó la barbilla en sus palmas mientras una sonrisa aparecía en sus labios. —Quizás tengas razón, pero me gustaría probar suerte y usar el tiempo que me queda para explorar mis opciones, siendo una de ellas alcanzar el Nivel Máximo de la Etapa de Maestro Marcial.
¡Los ojos de Davis se abrieron como platos!
Cuando la Princesa Isabella se unió a su grupo, él creía que ella acababa de alcanzar la Etapa de Maestro Marcial de Alto Nivel. En realidad, no estaba equivocado, ¡pero no esperaba que su ritmo de mejora fuera tan rápido!
Ni siquiera sabía si mentía o si era su confianza la que le hacía decir todo aquello… Pero entonces, recordó de repente que tanto la Tesorería de Grado Rey como la de Grado Emperador albergaban píldoras para facilitar a quienes superaban las pruebas un avance en el Cultivo de Templado Corporal.
Sin embargo, por una razón completamente diferente, su corazón palpitó mientras la miraba.
El corazón de Davis vaciló ante la postura bastante confiada y a la vez indefensa de la Princesa Isabella. Su generoso escote bajo el cuello hizo incluso que sus pupilas se dilataran mientras sus pensamientos se sumían en el caos.
Y tal vez la Princesa Isabella notó su extraña mirada a tan corta distancia, pues se sonrojó visiblemente mientras fruncía los labios y enderezaba la espalda, apartando la mirada de él.
Davis supo que ella había descubierto su reacción a su postura y que la situación se volvería incómoda si uno de los dos no continuaba con la conversación; sin embargo, esos pensamientos no ocupaban su mente.
En cambio, las palabras que Evelynn había pronunciado en el pasado resonaron en su mente.
«Mientras sea solo una mujer…»
«Doy mi consentimiento…»
El corazón de Davis se vio repentinamente envuelto por el impulso de hacer suya a la Princesa Isabella. ¡Inconscientemente, extendió su mano hacia ella y le tocó su suave y blanca mano, justo en el dorso de la palma!
¡La Princesa Isabella se quedó estupefacta al sentir su contacto!
¡Cuando Davis se dio cuenta de sus actos impulsivos, ya era demasiado tarde!
Aun así, no retiró la mano, sino que la sujetó con un poco de fuerza. Al mismo tiempo, sus labios se movieron.
—Isabella, me gustas…
Su sincera voz reverberó por la habitación mientras la Princesa Isabella se quedaba en blanco por un instante, ¡con los ojos abiertos de par en par!
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