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Soberano Mortal - Capítulo 654

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Capítulo 654: Retratos

Hace dos semanas, un asesino había entrado a hurtadillas por la puerta trasera de la residencia de Agis Stirlander, que podía considerarse la más cercana a este lugar en comparación con las viviendas de los demás.

Mientras Davis y Natalya tenían su encuentro clandestino, él la dejó de repente y regresó con un cuerpo inerte, lo que hizo que ella casi gritara de la conmoción.

Solo entonces se dio cuenta de que no era un cadáver, sino una persona viva a la que Davis le había impuesto un sello de esclavitud.

Con la ayuda de Davis en el interrogatorio, descubrió que al asesino lo habían enviado a secuestrar a su hermana menor. Y en cuanto a quién lo había enviado, ¡ni el propio asesino parecía saberlo!

¡Sin embargo, la razón sí se supo! Era para obligar a su abuelo a revelar los orígenes de la Reina Conferida; o, al menos, la información que había deducido sobre ella hasta la fecha.

Al oír esto, Natalya se sintió en la obligación de informar a su abuelo.

Aunque sabía que eso impediría que Davis la visitara en secreto, apretó los dientes e informó a su abuelo, temiendo por la seguridad de su familia y la de su hermana menor.

Su hermana menor, Fiora, se había atrevido una vez a sacrificar su pureza al Alquimista Guadaña para que él ayudara a buscarla y rescatarla. Si ella no podía hacer ni siquiera esto, sentía que no tendría cara para mirar a nadie de su familia, incluido Davis.

Por eso, después de que Davis se marchó, se aseó y fue a casa de su abuelo para advertirle que, casualmente, había visto a gente extraña merodeando por la residencia.

Haciendo uso de su ingenio, se las arregló para explicarle y convencer a su abuelo de que algo extraño estaba ocurriendo en la residencia.

Como respuesta, su abuelo entrecerró los ojos y le dijo que lo investigaría. Después de eso, la seguridad en la residencia se había triplicado de algún modo, con expertos vigilando todos los flancos de la misma.

Aun así… ¡Davis de algún modo seguía siendo capaz de eludir los sentidos de aquellos expertos y entrar en su habitación como si para él no fueran más que aire!

Una vez más sintió lo misterioso de sus métodos y, para su propia confusión y vergüenza, se sintió orgullosa de ser la mujer de alguien así.

Aún no conocía el alcance de su destreza ni de su cultivo, y tampoco preguntaba. Lo amaba por quién era, no por su origen, su estatus o su cultivo.

Aunque sentía curiosidad por la fuerza de su hombre, no preguntó por miedo a que él la malinterpretara.

Natalya se mordió los labios, sin saber qué decir.

No podía decirle a su esposo que se quedara de brazos cruzados mientras su abuelo desvelaba el origen que él no quería que se descubriera, ¿verdad?

Dejando a un lado a Davis, si lo hacía estaría perjudicando su propio futuro…

Pero tampoco quería que su abuelo muriera.

Por más que pensaba, no lograba dar con una respuesta, pero sabía que había una acción que transmitiría su intención.

Y esa era… complacerlo de todas las formas posibles…

El rostro de Natalya se tiñó de un rojo carmesí de forma involuntaria al pensar en «complacerlo» hasta el extremo, pero parpadeó al oírlo hablar de repente.

—Hablando de eso, he recordado que en la Convención de Alquimia a tu abuelo le resulté familiar porque, según dijo, ¿te vio dibujar un retrato mío?

—¿No te dije que mantuvieras mi identidad en secreto? —El rostro de Davis se tornó frío.

Natalya empezó a sudar profusamente mientras respondía a toda prisa y con culpabilidad: —¡Yo no le enseñé el retrato a mi abuelo! ¡Él lo vio a escondidas! Incluso dejé de hablarle durante un mes…

No solo parecía culpable, sino también asustada.

—No te pongas así… —rio Davis para sus adentros—. Solo estaba bromeando. Si no hubieras dibujado el retrato, quizá nuestros caminos no se habrían vuelto a cruzar en esta vida…

Después de todo, si a Agis Stirlander no le hubiera resultado un poco familiar, no se habría apresurado a ayudarlo sin motivo en la Convención de Alquimia.

Natalya dejó escapar un suspiro de alivio visible, pero seguía pareciendo culpable.

Davis le acarició la suave y cálida mejilla para consolarla, pero entonces se mostró curioso: —Sí… Yo también quiero ver ese retrato…

Natalya parpadeó antes de desviar la mirada, nerviosa. —No es gran cosa…

—¡Vamos, lo ha dibujado mi segunda esposita! ¿Cómo no voy a verlo? ¡Rápido! ¡Sácalo! —la apremió Davis.

Además de meterse con Evelynn, también había descubierto el placer de meterse con Natalya. ¡Las reacciones tiernas y adorables que tenían cuando bromeaba con ellas se le habían vuelto adictivas!

Al oírlo llamarla de forma tan cariñosa, Natalya apartó la cabeza con timidez, esquivando su mirada ardiente y curiosa. Se mordió los labios durante unos segundos antes de finalmente ponerse en pie.

Su cuerpo quedó entonces al descubierto en toda su gloriosa desnudez, pero ella sacó una túnica de su anillo espacial y se cubrió. Solo entonces sacó un retrato de un metro de largo y se lo mostró, sujetándolo frente a su cuerpo para ocultar su rostro.

Davis posó la vista en el retrato, y lo que vio lo dejó con los ojos como platos: era un retrato realista de sí mismo, con una apariencia sumamente vívida, casi como una fotografía tomada con una cámara digital.

En el retrato, él estaba sentado en una cama, con rostro sereno, cultivando con las piernas cruzadas. Sobre su piel se habían pintado ondulaciones, que lo hacían parecer como si su cultivo se desbordara.

¡Podía reconocer a simple vista todos aquellos finos detalles, plasmados con esmero! ¡Y también reconoció el ángulo de la imagen, que solo revelaba su perfil!

¡Era la perspectiva desde donde Natalya lo observaba, sentada en el suelo sobre la esterilla, en la habitación que él tenía en la residencia de la Ciudad Real Xuan!

—… ¡Es absolutamente genial! —exclamó Davis, impresionado—. ¡No sabía que tenías un talento innato para la pintura!

Desde detrás del retrato, la tímida voz de Natalya se hizo eco: —… Me alegro de que te guste…

Guardó el retrato al instante y, con un atisbo de vacilación en su rostro, dijo:

—Pero esta no es la obra de la que estoy más orgullosa…

—¿Ah, sí? ¡Pues saca esa enseguida! —sonrió Davis.

Sin embargo, al darse cuenta de que había una mujer que de verdad dedicaba su tiempo a dibujar retratos suyos, no pudo evitar sentirse avergonzado.

—Vale~.

Al obtener su preciado reconocimiento, Natalya ganó más confianza.

Sacó un retrato y lo sostuvo por debajo de su rostro, queriendo ver la reacción de él con sus propios ojos.

Al verlo abrir los ojos como platos por el asombro, se sintió complacida con su obra y esbozó una sonrisa de satisfacción.

Davis miró el retrato, que lo mostraba en su faceta de alquimista.

En este retrato, se le veía extendiendo las manos hacia un Caldero de Píldoras con un diseño aleatorio pero profundamente detallado, y ante él ardían unas llamas profundas, luminosas e impetuosas. Su rostro mostraba una expresión de confianza y calma mientras flotaba en el aire con las piernas cruzadas.

Se podían ver unas ondulaciones transparentes, que eran su fuerza del alma, extendiéndose desde su mano hacia la parte superior del Caldero de Píldoras, donde ya se habían formado tres píldoras y otras dos estaban a punto de hacerlo, con su esencia arremolinándose a su alrededor.

El retrato plasmaba con gran viveza una escena realista de una de sus sesiones de refinado de píldoras, de cuando se recluyó en su residencia de la Ciudad Real Xuan y preparó píldoras por encargo, amasando una fortuna en el proceso.

¡El colorido y vívido retrato le pareció algo sacado directamente de un mundo de fantasía! ¡Solo que esa era su realidad!

¡Davis se quedó momentáneamente sin aliento ante el retrato!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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