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Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió - Capítulo 132

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Capítulo 132: LOS TEJIDOS ROTOS DEL RECUERDO

TEMPORADA 5 – CAPÍTULO 132: LOS TEJIDOS ROTOS DEL RECUERDO

El viaje a la Ciudad de los Ecos Silenciosos fue, en sí mismo, una experiencia que desafió la lógica de la tripulación. Los caminos, que Kronom les indicó, parecían deshacerse y volverse a formar ante sus ojos, como si el sendero mismo estuviera decidiendo su propia existencia a cada paso. Los árboles que encontraban en el trayecto mostraban sus hojas en pleno otoño, para luego enrollarse en capullos de primavera, y finalmente transformarse en semillas que se hundían en la tierra, solo para repetir el ciclo en reversa.

“Es como ver una película al revés, pero con la trama reescribiéndose a medida que avanza”, murmuró Jax, intentando dar sentido a lo que sus ojos percibían.

La Ciudad de los Ecos Silenciosos era una maravilla arquitectónica que desafiaba toda comprensión. Edificios de intrincados diseños emergían del suelo en un constante estado de construcción inversa, sus bloques de piedra levitando para unirse, o desuniéndose para convertirse en montones de escombros que luego se reorganizaban. No había sonidos, solo un silencio profundo, como si la misma acústica del lugar se rehusara a resonar.

“Este lugar es una especie de biblioteca viviente de su pasado-futuro”, explicó Kronom, su voz grave pero ahora teñida de una urgencia contenida. “Aquí es donde los ‘recuerdos’ de lo que será nuestro pasado se almacenan, se tejen y se manifiestan.” Señaló una inmensa estructura central que parecía una catedral hecha de cristal de tiempo, donde las imágenes parpadeaban sin cesar.

Al acercarse, Lira sintió la “interferencia” con más fuerza. Era como un nudo apretado en el tejido del espacio-tiempo, una vibración discordante que desafinaba la armonía de Chronos. “No es un eco”, corrigió Lira, cerrando los ojos para concentrarse. “Es un nudo. Una distorsión que está afectando la capacidad de los Chronianos para anticipar su pasado.”

Kael, con sus instrumentos, intentaba medir la anomalía. “La energía temporal aquí es errática. Hay picos y caídas aleatorias. Es como si el universo estuviera experimentando micro-cortes de energía en esta región.”

Mientras exploraban la catedral de cristal, notaron que algunas de las imágenes parpadeantes, que deberían mostrar eventos futuros-pasados claros y definidos, se volvían borrosas, o incluso mostraban alternativas contradictorias. Un Chroniano que debería haber construido un puente, de repente aparecía destruyéndolo. Una conversación importante se distorsionaba en murmullos incomprensibles.

“¡Esto es el problema!”, exclamó Elena. “Si sus ‘recuerdos’ de lo que debería haber ocurrido se corrompen, no pueden actuar de manera coherente en su ‘presente’ para asegurar que esos eventos ocurran. Es una paradoja de causalidad invertida.”

De repente, una sección de la catedral comenzó a desmoronarse, no en el sentido de la destrucción, sino en el de la des-creación. Las partículas de cristal se volvieron luz, y la luz se disipó en la nada, dejando un vacío oscuro. Un grupo de jóvenes Chronianos, que habían estado observando un evento futuro-pasado en esa sección, se llevaron las manos a la cabeza, sus ojos llenos de confusión y angustia. Sus anticipaciones se habían borrado.

“¡Es el nudo!”, exclamó Lira. “Está creciendo. Necesitamos encontrar su origen y desatarlo.”

La tripulación siguió la estela de la disonancia, que los llevó a una cámara subterránea debajo de la catedral. Allí, en el centro de una vasta caverna iluminada por una extraña luz azul pulsante, se encontraba la fuente del problema.

No era una máquina, ni una entidad viviente en el sentido tradicional. Era un objeto, una esfera flotante de pura paradoja, que pulsaba con energía. Emitía ondas que rompían y reescribían los patrones temporales de Chronos. La esfera no era de Chronos; tenía una energía ajena, una huella de otra parte del cosmos.

“Parece un regulador temporal de alguna civilización antigua”, dijo Kael, sus ojos brillando con el desafío intelectual. “Pero está dañado. O fue diseñado para operar con un flujo temporal diferente al de Chronos.”

Alrededor de la esfera, una especie de niebla violeta danzaba, y en su interior, Mara notó pequeños destellos. “Hay algo atrapado ahí dentro”, dijo, acercándose con cautela. “No es una entidad, es… un sentimiento. ¡Es el miedo!”

Lira se concentró. “No es el miedo de Chronos. Es un miedo antiguo, un miedo a lo desconocido, a lo que no se puede controlar. Un miedo… a la libertad.”

Los miembros de la tripulación se miraron. ¿El mismo miedo que habían ayudado a superar en la Ciudad de las Raíces Profundas había viajado de alguna manera hasta Chronos, o era una manifestación universal de la misma debilidad? La esfera pulsante, al parecer, amplificaba ese miedo ancestral, proyectándolo hacia el futuro-pasado de Chronos y corrompiendo sus preciados “recuerdos”.

“No podemos simplemente destruirlo”, advirtió Kael. “Podría colapsar todo el tejido temporal de Chronos.”

“Necesitamos desactivarlo”, dijo Elena, “o re-calibrarlo para que funcione en armonía con el tiempo invertido de Chronos. Pero, ¿cómo se hace eso con una esfera hecha de paradoja y alimentada por el miedo?”

Jax, siempre el impulsivo, tuvo una idea. “Si es miedo, entonces la solución es lo opuesto, ¿no? Esperanza. O quizás… curiosidad. Algo que empuje hacia adelante, no que se aferre al pasado.”

La tripulación sabía que la clave no sería tecnológica, sino emocional y filosófica. Tenían que confrontar la esencia misma del miedo que corrompía el tiempo en Chronos, y encontrar una manera de introducir la posibilidad y la aceptación en el corazón de la paradoja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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