Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió - Capítulo 42
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Capítulo 42: El Camino hacia los Cristales del Viento
CAPÍTULO 40
El Camino hacia los Cristales del Viento
Al tercer día en las nuevas tierras, el equipo se prepara para emprender el viaje hacia los cristales del viento. Ana y algunos jóvenes de la comunidad se unirán a ellos como guías, ya que conocen cada sendero y cada desafío del camino.
La mañana comienza con un ritual en el santuario del árbol ancestral: todos colocan una pequeña hoja o piedra en sus manos, pidiendo protección y guía para el viaje. Marina lleva una concha que le regalaron en su tierra, y Marcus una piedra que encontró en las montañas de su hogar.
—”El camino nos llevará por los altos cerros, donde el viento es fuerte y los caminos son estrechos” —explica Ana, mostrando un mapa dibujado en piel de animal—. “Pero el viento también nos hablará, si sabemos escucharlo”.
—”En el desierto conocemos bien el viento” —añade Amaru, ajustando su mochila—. “Aprendimos a movernos con él, no en contra”.
Lila ha preparado provisiones especiales para el viaje: alimentos ligeros pero nutritivos, y hierbas que ayudan a respirar mejor en altura. Ella comparte algunas con los jóvenes guías, quienes le enseñan a usar otras plantas locales para calmar los dolores musculares.
—”Esta hierba crece solo en las laderas de los cerros” —dice Kael, mostrándosela—. “Si la machacas y la aplicas, alivia el cansancio inmediatamente”.
—”Gracias” —responde Lila, guardándola en su frasco—. “Seguramente nos será de mucha ayuda. Yo también te traje algo: esta infusión ayuda a mantener el calor cuando hace frío”.
El viaje comienza con un ascenso por senderos que serpentean entre rocas y árboles de hoja perenne. El viento comienza a soplar con más fuerza a medida que suben, llevando consigo el sonido de campanillas naturales que cuelgan de las ramas.
Marina camina junto a Ana, aprendiendo a leer las señales del viento: cómo su dirección indica el camino correcto, cómo su intensidad avisa de cambios en el clima. Marcus se asegura de que todos mantengan el ritmo y de que nadie se quede atrás.
—”Cuidado con esa roca, está resbaladiza” —dice él, extendiendo su mano para ayudar a una de las jóvenes guías—. “Vamos despacio, la cima estará cuando lleguemos”.
Cuando llegan a un claro en medio de los cerros, deciden hacer un descanso. El viento aquí es tan fuerte que parece cantar, y los exploradores se sienten llenos de energía. Amaru saca su astrolabio y observa las estrellas que ya comienzan a aparecer, aunque aún es de día.
—”Las estrellas desde aquí nos muestran el camino hacia el cristal” —anuncia él, señalando hacia una cima cubierta de nubes—. “Está justo allá arriba”.
Mientras preparan la cena, los jóvenes de la comunidad cuentan historias sobre los cristales del viento: cómo dan libertad a quienes los encuentran, cómo ayudan a mantener el flujo de energía entre las tierras. Marina y Marcus escuchan atentos, sabiendo que estos conocimientos serán valiosos para su hogar.
—”El viento no tiene fronteras” —dice Ana, mientras la luna se eleva en el cielo—. “Así como él conecta todas las tierras, nosotros también debemos estar conectados los unos a los otros”.
Todos se acuestan bajo las estrellas, preparándose para el último tramo del camino. El viento susurra alrededor suyo, como si estuviera esperando para guiarlos hacia el lugar donde los cristales esperan ser encontrados.
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