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Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió - Capítulo 45

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Capítulo 45: El Consejo Conjunto y el Desafío del Silencio del Viento

CAPÍTULO 43

El Consejo Conjunto y el Desafío del Silencio del Viento

Akira Kurogane acaba de cumplir 18 años, y es el guardián más joven que su pueblo haya tenido en generaciones. Porta la espada ancestral que fue entregada a él en su ceremonia de mayoría de edad, y aunque aún está aprendiendo a usarla, todos reconocen su corazón justo y su determinación.

Han pasado tres meses desde que se fundó el consejo conjunto. Comunidades de todas las tierras han enviado sus representantes, y el santuario cerca del árbol ancestral es el lugar de reunión. Akira forma parte del grupo joven que apoya al consejo, recorriendo los caminos con los equipos de Marcus para asegurar que los senderos sean seguros.

Entre los jóvenes que ayudan en la alianza está Hana, de la comunidad de los Ríos Cruzados. Ella es la encargada de registrar los conocimientos de cada pueblo en pergaminos hechos con corteza de árbol, y pasa horas junto a Lila aprendiendo sobre las plantas y sus propiedades. Akira la conoce desde hace poco, y aunque no lo admite, le gusta cómo ella siempre encuentra la forma de hacer reír a todos incluso en momentos difíciles.

Se han logrado avances importantes: Marina ha creado un sistema de riego compartido, Lila enseña nuevas técnicas de cultivo, Marcus organiza la construcción de hogares, y Amaru coordina el sistema de orientación. Akira y Hana trabajan juntos algunas tardes, él ayudándola a transportar los pergaminos y ella contándole las historias que está registrando.

Pero un día, el viento se detiene por completo. El aire está pesado, las plantas comienzan a marchitarse, y la preocupación se apodera de las comunidades. Akira es uno de los primeros en notarlo mientras patrulla, y regresa corriendo al consejo junto a Ana, quien ha venido de la cima de los cerros.

—”Los cristales del viento deben saber qué pasa” —dice Marcus—. “Tenemos que ir a verlos.”

Akira ofrece acompañarlos, y Hana también se suma:

—”Si hay algo que deba registrar sobre los cristales o su mensaje, debo estar ahí. Además… sé algunas hierbas que pueden ayudar con el cansancio del ascenso.”

El grupo pequeño —Marina, Marcus, Amaru, Lila, Ana, Akira y Hana— comienza el viaje a la cima. El camino es duro sin el viento que los guíe, pero Hana comparte sus hierbas y cuenta historias para animarlos. Akira se queda cerca de ella, asegurándose de que no tropiece con las piedras, y ella le ayuda a ajustar el cinturón de su espada cuando se le afloja.

Al llegar a la explanada de los cristales, descubren que su luz ha disminuido. Cuando colocan sus manos sobre ellos, escuchan una voz suave en sus mentes: “El viento está callado porque han surgido barreras de desconfianza entre las tierras. Debéis eliminarlas para que vuelva a soplar.”

El grupo comprende que algunas comunidades aún se resisten a unirse. Akira ofrece ir a hablar con ellas, y Hana ofrece acompañarlo:

—”Si les cuento las historias de las otras comunidades, tal vez les sea más fácil entender que unirse no significa perder lo que somos.”

Regresan y comienzan a visitar las comunidades reticentes. Akira comparte su experiencia como joven guardián, y Hana les muestra los pergaminos con las tradiciones de todos los pueblos. Poco a poco, las barreras se derrumban.

Cuando la última comunidad decide unirse, todos se reúnen en el santuario. Al colocar una piedra de su tierra junto a las demás, el viento comienza a soplar de nuevo. Akira y Hana se miran sonriendo, y él le da una mano para ayudarla a subir a la plataforma donde está el árbol ancestral.

—”Gracias por acompañarme” —le dice Akira en voz baja—. “No lo habría logrado sin ti.”

—”Siempre estaré ahí cuando lo necesites” —responde ella, sonrojándose un poco antes de volver a ocuparse de sus pergaminos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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