Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió - Capítulo 55
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Capítulo 55: Los Guardianes de la Cumbre y el Canto del Mar
CAPÍTULO 53
Los Guardianes de la Cumbre y el Canto del Mar
El Grupo de la Montaña
El camino hacia las cumbres del norte es duro desde el primer día. Akira, Hana y sus compañeros —incluidos dos jóvenes guardias y un anciano que conoce las rutas de montaña llamado Mateo— deben sortear senderos estrechos, ríos de agua helada y bosques de pinos densos que se extienden hasta la base de las montañas.
Hana registra cada detalle: las plantas resistentes que crecen a gran altitud, las aves que vuelan entre las rocas y las marcas en los árboles que parecen ser señales hechas por manos humanas. Mateo les explica:
—”Los pueblos de la montaña dejan estas marcas para indicar caminos seguros y lugares donde se puede encontrar agua potable.”
Cuando alcanzan la zona de niebla perpetua, comienzan a ver figuras moviéndose entre las rocas. Son hombres y mujeres vestidos con mantas de lana gruesa, con rostros curtidos por el viento y los años. Se acercan con cuidado, llevando bastones de madera y arcos listos.
Su líder, una mujer alta y firme llamada Yaretzi, se adelanta:
—”¿Quiénes son ustedes y qué buscan en nuestras tierras sagradas?”
Akira se acerca con los brazos abiertos en señal de paz, sosteniendo el cetro del desierto:
—”Venimos en nombre de la Alianza de los pueblos del bosque, río y desierto. Traemos un mensaje de nuestros antepasados sobre una unión antigua que debemos reconstruir.”
Mientras Hana muestra el pergamino y explica lo que descubrieron en el santuario, Yaretzi observa con atención los símbolos en el cetro. De repente, su expresión cambia de desconfianza a sorpresa:
—”Este símbolo… lo tenemos grabado en la puerta de nuestro templo. Nuestros cuentos hablan de un acuerdo donde cada comunidad ofrece su don al resto. El nuestro es el conocimiento de las aguas y la fortaleza de la piedra.”
La comunidad de la montaña los invita a su aldea, construida en una meseta protegida del viento. Allí, les muestran un templo subterráneo donde las paredes están cubiertas de grabados sobre cómo canalizar el agua de las nieves y construir estructuras resistentes. En su centro, hay un objeto que brilla con luz azulada: una jarra de piedra tallada que, según ellos, contiene las aguas benditas de la primera fuente de la montaña.
Yaretzi toma la jarra y la une al cetro del desierto:
—”Mi pueblo acepta la llamada de la alianza. Estaremos encantados de compartir nuestro conocimiento con todos los pueblos unidos.”
El Grupo del Mar
Mientras tanto, Kai y su equipo llegan al puerto del sur, un lugar bullicioso donde barcos de todos los tamaños atracan para comerciar. Buscan a los navegantes del mar, pero nadie parece saber dónde encontrarlos hasta que una anciana pescadora les señala hacia el horizonte:
—”Solo aquellos que respetan el mar pueden encontrar a los guardianes de las olas. Esperen la marea alta de la luna llena —entonces vendrán.”
Durante tres días, el grupo espera en la orilla, ayudando a los pescadores locales y aprendiendo sobre las corrientes y los vientos. Kai registra todo en un cuaderno, recordando las palabras de sus antepasados sobre la conexión entre el desierto y el mar.
Cuando llega la luna llena, una flota de barcos blancos aparece en el horizonte, moviéndose con gracia a pesar de las olas. Se acercan al puerto y sus tripulantes, vestidos con telas claras y collares de conchas, desembarcan con una serenidad impresionante.
Su líder, un hombre llamado Tano, se acerca a Kai:
—”Sentimos tu presencia desde hace días. Tu corazón lleva el eco de los antiguos acuerdos.”
Kai explica el descubrimiento del santuario y muestra el recipiente de barro que encontraron. Tano lo toma y sonríe:
—”Este recipiente es similar a los que usamos para guardar el agua de la lluvia marina. Nuestro don es el conocimiento de los caminos del mar, la pesca sostenible y la conexión entre las tierras y las islas.”
Llegan a una isla cercana, donde la comunidad del mar tiene su aldea. Allí, les muestran un faro antiguo que, según ellos, guía a los navegantes desde tiempos inmemoriales. En su interior, hay un objeto que brilla con luz verde azulada: un compás hecho de concha y metal que siempre apunta hacia el centro de la alianza.
Tano toma el compás y lo une al resto de los objetos:
—”El mar siempre ha conectado a los pueblos. Nos unimos a ustedes con alegría y compromiso.”
Al cabo de dos semanas, ambos grupos regresan al Centro de la Alianza, acompañados por los representantes de la montaña y el mar. En la plaza principal, todos se reúnen: los pueblos del bosque, río, desierto, montaña y mar. Los cinco objetos antiguos se colocan juntos en una plataforma de piedra, y su luz se combina en un resplandor cálido que ilumina todo el lugar.
El pergamino se abre de nuevo, y esta vez todas las palabras son claras para todos:
“La unión está completa. Ahora es el momento de construir el futuro que nuestros antepasados soñaron —un mundo donde cada pueblo aporta su don y todos prosperan juntos.”
Akira y Hana se miran, sabiendo que la promesa del amanecer se está cumpliendo, pero que el camino sigue adelante…
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