Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió - Capítulo 61
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Capítulo 61: EL LLAMADO DE LAS MONTAÑAS
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El viaje hacia las tierras del este dura tres días. Los caminos, ahora pavimentados y conectados por puentes que unen valles y bosques, son muy diferentes de los senderos polvorientos que Hana y Akira conocieron en su juventud. Los niños corren de un lado a otro, admirando los campos de cultivos compartidos entre pueblos y las torres de comunicación que envían señales por todo el territorio.
En el tercer atardecer, alcanzan la nueva comunidad: se levanta sobre una meseta, con casas de piedra y madera que siguen los diseños tradicionales de cinco pueblos diferentes, fusionados en una arquitectura única. Al verlos llegar, cientos de personas salen a recibirles, entre ellas líderes jóvenes y algunos rostros conocidos que vinieron de las tierras originales.
—¡Hana! ¡Akira! —grita una mujer de cabello oscuro y ojos llenos de fuego, acercándose a abrazarlos—. Soy Miku, nieta de Kenji. Me han contado tantas veces de ustedes.
Miku los lleva hasta el centro de la comunidad, donde se ha preparado una gran fogata. Allí, alrededor del fuego, personas de todas las edades esperan para escuchar las historias de los fundadores de la alianza. Pero antes de que Hana pueda empezar, un anciano de la tribu de las montañas se adelanta, con un rollo de cuero en la mano.
—Antes de continuar con las historias del pasado —dice con voz profunda—, debemos hablar del presente. Las montañas del norte han enviado un mensaje: los glaciares se están derritiendo más rápido de lo esperado, y las fuentes que alimentan a todos nuestros pueblos corren peligro. Necesitamos unirnos de nuevo, pero esta vez no solo como cinco pueblos, sino como toda la alianza de tierras.
Los jóvenes se quedan en silencio, mientras los mayores intercambian miradas serias. Pequeño Kai, ahora junto a Miku, suelta el pequeño cetro y lo sostiene más firme:
—¿Qué podemos hacer? —pregunta con voz clara.
El anciano sonríe y abre el rollo de cuero: en él hay un mapa que muestra ríos, bosques y montañas, con marcas rojas en los puntos donde la naturaleza necesita ayuda.
—La respuesta no está solo en las técnicas antiguas ni en las nuevas herramientas —explica—. Está en combinar lo mejor de ambos mundos. Necesitamos jóvenes que aprendan a leer los signos de la tierra, como hicieron nuestros antepasados, y también a usar el conocimiento científico para protegerla.
Akira se pone de pie y mira a los jóvenes:
—Cuando formamos la primera alianza, creímos que la batalla era contra nuestros diferencias. Ahora entendemos que la verdadera batalla es para cuidar de la casa que compartimos. ¿Están listos para escribir este nuevo capítulo juntos?
Uno por uno, los jóvenes levantan la mano, incluidos los niños que vinieron con Hana y Akira. Miku toma la mano de Kai:
—Yo me ofrezco para liderar el grupo que irá a las montañas. Aprenderemos de los ancianos de allí y trabajaremos con los científicos de la alianza.
Esa noche, mientras el fuego arde y las canciones de los cinco pueblos se mezclan en un solo canto, Hana mira hacia el cielo estrellado:
—Kenji, Yuki, Ren… ellos estarían muy orgullosos —susurra.
—Sí —contesta Akira, mirando a la nueva generación—. Han hecho más que continuar la historia: la están expandiendo.
Al día siguiente, el primer grupo parte hacia las montañas del norte. Entre ellos, Kai lleva el cetro de madera, y Miku carga con un libro donde se escriben las nuevas estrategias de conservación. El sol sale de nuevo sobre las colinas, pero esta vez su luz ilumina no solo un camino, sino un futuro que todos construirán juntos.
Y el camino sigue…
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