Sobreviví sin sistema en mi infancia y por eso el mundo me concedió - Capítulo 67
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Capítulo 67: EL DÍA A DÍA DE UN LEGADO VIVO
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En la aldea original…
En la pequeña aldea donde todo comenzó, ahora convertida en un centro de intercambio cultural, un grupo de niños está sentado en círculo alrededor de Kira —ya con algunos años de experiencia y una sonrisa que recuerda a Miku—. Entre ellos está un niño pequeño llamado Kenji, en honor al antiguo líder.
—”¿Y realmente todo empezó aquí, en este lugar?” —pregunta Kenji, señalando el suelo donde antes había un desierto árido, ahora cubierto de hierba verde y flores.
—”Sí, pequeño” —contesta Kira, mostrando una foto antigua donde se ven Hana, Akira y los primeros líderes— “aquí es donde se tomó la decisión de unir cinco pueblos. Pero ¿sabes qué es lo más importante?”
Los niños miran hacia ella con atención.
—”Que ese mismo espíritu se vive todos los días. Mira alrededor” —dice, señalando el pueblo—.
Allí, se ven personas de todas las edades y regiones trabajando juntas: ancianos enseñan a jóvenes cómo tejer mantas con diseños de diferentes comunidades, científicos colaboran con agricultores para mejorar los cultivos sin dañar la tierra, y niños juegan con juguetes que combinan formas tradicionales con materiales sostenibles.
Un proyecto en el barrio…
En una de las ciudades modernas diseñadas siguiendo los principios de la alianza, Leo está trabajando con un grupo de vecinos para transformar un espacio vacío en un jardín comunitario. Entre ellos está Marta, una joven trabajadora que llegó de otro país hace poco tiempo.
—”No sé mucho de jardinería ni de sus tradiciones” —dice Marta con timidez— “¿podré ayudar de verdad?”
Leo sonríe y le entrega una pequeña herramienta hecha de madera y metal reciclado:
—”Tu contribución es única, Marta. ¿No me dijiste que en tu país conoces cómo cultivar hierbas medicinales en espacios pequeños?”
Así, Marta enseña a los vecinos cómo plantar hierbas en macetas colgantes, mientras ellos le muestran técnicas de conservación del agua que aprendieron de las comunidades de las montañas. En poco tiempo, el espacio vacío se llena de vida: flores de diferentes colores, hierbas aromáticas y pequeños árboles frutales.
Un día, un niño del barrio que antes pasaba horas en su teléfono aparece con una libreta:
—”He estado dibujando cómo podríamos hacer que este jardín tenga energía solar para iluminar las noches” —dice, mostrando sus bocetos— “aprendí en la escuela sobre los sistemas que creaste, Leo.”
En las regiones polares…
Tashi vive parte del año en las comunidades polares, donde ha ayudado a crear un centro de aprendizaje que funciona incluso en los meses de oscuridad polar. Allí, los jóvenes aprenden tanto sobre la cultura local como sobre tecnología que les permite monitorear el hielo desde sus casas.
Un día, mientras están observando los datos en los sensores, un joven llamado Ártico —hijo de Erik, el anciano polar— nota algo diferente:
—”Mira, la temperatura en esta zona se está estabilizando más rápido de lo esperado. Creo que es porque combinamos las barreras de hielo con las algas que trajimos de las costas.”
Juntos, deciden estudiar esta combinación más a fondo. Ártico usa sus conocimientos sobre el comportamiento del hielo, mientras Tashi aporta su experiencia en sistemas de monitoreo. Al final, desarrollan un nuevo método que puede adaptarse a diferentes zonas polares y que está siendo compartido con comunidades de todo el mundo a través de la red de la Academia.
La reunión anual…
Cada año, todas las comunidades de la alianza se conectan —tanto en persona como a través de pantallas— para compartir sus logros y desafíos. Este año, el encuentro se celebra en la Academia de la Tierra, donde miles de personas se reúnen bajo el sol que brilla sobre los jardines y edificios sostenibles.
En el escenario, Kira, Leo y Tashi se unen a líderes jóvenes de todas las regiones del mundo. Kenji, el niño de la aldea original, sube junto a ellos con un pequeño cetro que ha hecho con sus propias manos, usando madera de un árbol que plantaron en su pueblo.
—”Yo quiero ser líder cuando sea grande” —anuncia Kenji con voz clara— “para seguir construyendo un mundo mejor, juntos.”
La multitud aplaude con emoción. En ese momento, las luces de la Academia se encienden con energía solar, y en las pantallas grandes aparecen imágenes de comunidades de todo el planeta: desde las montañas hasta los océanos, desde los polos hasta los trópicos, todas trabajando en conjunto, todas escribiendo su propio capítulo.
—”La historia no se escribe solo en libros” —dice Leo ante la multitud— “se escribe en cada jardín que plantamos, en cada amistad que creamos, en cada problema que resolvemos juntos. Ese es el verdadero legado de la alianza.”
Mientras la fiesta continúa, con música, danzas y alimentos de todas las culturas del mundo, los niños corren entre las mesas, jugando y compartiendo sus sueños. El sol se pone sobre la Academia, pintando el cielo de colores cálidos, pero las luces de la comunidad siguen brillando, recordando que el amanecer siempre llegará con nuevas historias para contar.
Y así, la vida sigue, con su ritmo cotidiano, con sus pequeños desafíos y grandes triunfos, porque el espíritu de unión vive en cada gesto de ayuda, en cada sonrisa compartida y en cada persona que cree que juntos podemos hacer la diferencia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com