Sobreviviendo al Apocalipsis Zombi con mi Sistema Militar - Capítulo 20
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20: Esperanza 20: Esperanza 21:30 h del 21 de julio de 2023.
En el piso veinticinco, Lisa y sus compañeras de clase permanecían juntas en el mismo apartamento.
En los próximos días, tres de ellas tendrían que irse a otro apartamento, y solo Denise, Angela y Ella se quedarían allí.
—¿Mamá?
¡Oh, gracias a Dios que has contestado!
—exclamó Angela con alivio—.
He estado intentando contactar contigo desde la mañana.
Pensé que te había perdido…
Estoy bien, mamá.
Estoy a salvo aquí.
¿Que dónde estoy?
Estoy en el condominio de Lisa; es una zona segura, hay militares protegiendo este lugar.
—¿Papá?
¿Estás con mamá y mi hermana?
—preguntó Denise, que estaba al teléfono con su padre—.
Papá…, no te preocupes por mí.
Estoy a salvo aquí en el Condominio Oriental.
Le preguntaré al hermano de Lisa si es posible que os rescate…
Y el resto de las chicas estaban comunicándose con sus padres.
Pero Lisa no tenía suerte.
Lo había intentado un montón de veces y empezaba a preocuparse de que les hubiera pasado algo malo.
Estaba desesperada por llamarlos, ya que ni su red móvil ni la conexión a internet eran estables, por lo que podría no tener la oportunidad de contactar con ellos.
—Hermano…
—la voz de Lisa fue un mero susurro.
La única solución viable para garantizar la seguridad de sus padres recaía sobre los hombros de Richard, dependiendo de que él enviara un equipo de rescate a su casa en Montalbán.
Su hermano le había asegurado que tenía la intención de realizar la operación, pero desde su discurso de esa mañana, no había podido contactar con él.
De repente, sonó el timbre.
Lisa se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta.
Miró por la mirilla y vio a un hombre con uniforme militar.
Abrió la puerta y habló.
—¿Qué puedo hacer por usted, oficial?
—Señorita, el Comandante en Jefe desea verla en el centro de mando —dijo el soldado.
¿Que su hermano la llamaba?
¿Qué podría querer de ella?
¿Sería por la operación de rescate de sus padres?
Podría ser.
—De acuerdo, déjeme que me vista —dijo Lisa.
—Tómese su tiempo, señorita —dijo el soldado.
Lisa cerró la puerta.
—¿Qué pasa?
—preguntó Denise.
—Mi hermano quiere verme.
Necesito estar presentable.
No creo que a mi hermano le guste que entre en su despacho vistiendo esto…
—dijo ella, mirando a la ventana, que reflejaba su atuendo: unos shorts vaqueros ajustados y un crop top.
—Sí…, vas demasiado provocativa —observó Angela—.
Le vas a hacer pasar un mal rato a tu hermano.
Creo que hay una blusa y una falda corta en el armario.
—Estáis usando toda mi ropa…
—dijo Lisa, soltando una suave risa.
Lisa se puso el atuendo más discreto y se miró al espejo por última vez.
—Vale, esto servirá —dijo Lisa—.
Tengo que irme.
Volveré en breve…, o eso creo.
—Espera, Lisa —dijo Denise mientras se acercaba a ella y le pasaba una nota—.
Lisa, por favor, dale esto a tu hermano —añadió con seriedad—, es la dirección donde están mis padres.
—Me aseguraré de dársela a Richard —contestó Lisa.
—Yo también, Lisa —se adelantó Angela, tendiéndole otra nota—.
Mis padres están en esta dirección.
Y las demás imitaron a Denise y le entregaron a Lisa una nota con la dirección de sus padres.
—No puedo garantizaros nada, chicas, pero haré todo lo que pueda —dijo Lisa—.
Ahora tengo que irme, mi hermano debe de estar esperándome.
Dicho esto, Lisa se marchó y siguió al soldado.
Arriba, en el piso treinta y dos, Lisa llegó al centro de mando y se quedó boquiabierta.
Parecía un centro de mando sacado de una película militar, con una pantalla de televisión plana que dominaba las paredes.
Había ordenadores y equipos de comunicación manejados por personal.
Mientras miraba a su alrededor, localizó a su hermano, que agitaba la mano para indicarle que se acercara.
—Lisa, me alegro de que hayas podido venir —la saludó Richard con una cálida sonrisa—.
Siento no haber podido hablar contigo antes; estaba durmiendo.
—Bueno, necesitabas descansar, hermano.
No tienes por qué disculparte —dijo Lisa con timidez.
Richard se rio por lo bajo y se fijó en un fajo de notas que tenía ella en las manos.
—¿Qué es eso?
—Ah…, esto —explicó Lisa, levantando las notas—.
Son las direcciones de donde están los padres de mis compañeras.
Quieren que te las dé, con la esperanza de que puedas rescatarlos.
—Dámelas —dijo Richard, extendiendo la mano para coger las notas.
Lisa le entregó las notas y Richard ojeó las direcciones rápidamente.
—Mmm…, no están tan lejos como pensaba.
De acuerdo, en cuanto terminemos de rescatar a nuestros padres, enviaré un equipo de rescate a estas direcciones.
—Espera…, ¿hermano?
¿Vas a rescatar a nuestros padres ahora?
—Sí —confirmó Richard.
El corazón de Lisa se henchía de orgullo por su hermano.
Incapaz de contener sus emociones, dio un paso al frente y lo envolvió en un fuerte abrazo.
La sorpresa inicial de Richard dio paso a un cálido abrazo al corresponderle.
—He estado intentando llamarlos, hermano —dijo Lisa—.
Pero no responden.
Tengo miedo…
—No te preocupes, pronto veremos cuál es su situación —dijo Richard con voz calmada.
Lisa se deshizo del abrazo de su hermano y preguntó: —¿Entonces, hermano, para qué me has llamado?
—Bueno, pensé que podríamos ver la operación juntos —reveló Richard mientras se ponía en pie.
Agarró a Lisa del brazo y la llevó hacia el centro, frente a la pantalla de televisión plana instalada en la pared.
Allí se mostraban diferentes puntos de vista de las cámaras de los soldados.
Lisa observó atentamente y se percató de algo.
—Hermano…, hay tres helicópteros.
Creía que solo tenías dos —preguntó Lisa.
—Bueno, tenemos muchos recursos —respondió Richard evasivamente—.
Ese nuevo helicóptero es uno de ataque que apoyará al equipo de rescate.
Lisa frunció el ceño.
¿Quién era su hermano en realidad?
¿Cómo era posible que tuviera una compañía militar privada con aeronaves militares de aspecto tan caro?
Todo aquello solo la confundía más.
Quería saber la verdad, pero su hermano no se la contaba.
Unos instantes después, el intercomunicador crepitó.
—Águila Real, aquí Espectro-1.
¿Me copia?
—Aquí Águila Real, le copio alto y claro —respondió Richard—.
¿Cuál es la situación?
—Águila Real, estamos embarcando en el helo.
Despegamos en T menos un minuto.
Alegre 1 y 2, y Víbora 1 están repostados y con las turbinas encendidas, listos para la maniobra.
—Recibido, Espectro-1.
Buena suerte, y que el viento os cubra las seis.
Corto.
Lisa miró a su hermano, confundida, ya que no entendía de qué estaban hablando.
Pero sonaba genial.
Los rotores principales de los dos helicópteros Sikorsky HH-60 Pave Hawk y del Bell AH-1Z Víbora empezaron a ganar velocidad mientras Lisa y Richard observaban la transmisión en directo en la pantalla.
Momentos después, los helicópteros empezaron a despegar del suelo y se elevaron en el cielo nocturno, con sus luces cortando la oscuridad.
Los ángulos de cámara cambiaron, ofreciendo un vistazo de la ciudad de abajo desde la perspectiva de las cámaras de visión nocturna de los helicópteros.
—Ha cambiado mucho —murmuró Lisa entre dientes.
Richard alargó la mano, le cogió la suya y la sostuvo con delicadeza.
—Ah…
—jadeó Lisa suavemente y volvió a mirar a su hermano.
—Todo va a ir bien —dijo él, y Lisa se sonrojó levemente.
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