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Sobrevivir con Estilo: Zombis, Balas y Chicas Guapas - Capítulo 32

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  4. Capítulo 32 - 32 Li Lan
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32: Li Lan 32: Li Lan El ascensor se detuvo en el quinto piso.

Chen Fei ya tenía la ballesta lista antes de que las puertas se abrieran.

Para su sorpresa, el pasillo estaba desierto.

No había ni rastro de zombis.

Lo primero que hizo fue verificar que la puerta cortafuegos de la escalera estuviera bien cerrada.

Luego, caminó con cautela hacia los apartamentos 501 y 502, al fondo del pasillo.

Las puertas estaban cerradas.

Chen Fei supuso que sus ocupantes tampoco habían logrado escapar.

Tocó suavemente la puerta del 501 y, como respuesta, escuchó los característicos embistes frenéticos y gruñidos sordos.

Lo mismo ocurrió con el 502.

Confirmado: tampoco se salvaron.

Con un clip, forzó la cerradura del 502.

En cuanto la puerta se abrió, los zombis se lanzaron rugiendo.

En otro momento, eso habría sido suficiente para desatar el pánico.

Pero ahora, la reacción y agilidad de Chen Fei se habían duplicado tras tanta experiencia.

Cuando los zombis se precipitaron, él ya se había replegado varios metros, levantó la ballesta y disparó en menos de un segundo.

-Es increible el estado de adaptabilidad de las personas cuando las pones en una situacion desesperada – murmuro Chen Fei Dos de las criaturas cayeron al instante con certeros disparos en la cabeza.

Los otros dos no tardaron en seguir el mismo destino.

Ni siquiera cruzaron el umbral.

La precisión de Chen Fei era el fruto de enfrentamientos reales.

Más que entrenar con dianas, aprender a observar, reaccionar rápido y apuntar en el momento exacto lo habían convertido en un tirador formidable.

En el 502 había cuatro zombis.

Luego entró al 501: dos en la sala y uno más en una de las habitaciones.

Abrió con cuidado la puerta del dormitorio… y su expresión se endureció.

Frente a él, con el cabello enmarañado y un vestido floral manchado de sangre, se encontraba una zombi que reconoció de inmediato.

Li Lan.

Aunque su rostro ahora estaba desfigurado, no podía olvidarla.

Habían sido compañeros en la secundaria, incluso compartieron pupitre durante dos meses.

Fue la única chica de la que Chen Fei se había enamorado… y a la única a la que se atrevió a declararse.

Recordó cómo pasó una noche entera escribiendo una carta de amor, rascándose la cabeza, nervioso.

La dejó dentro del libro de Lengua cuando Li Lan fue al baño.

Pero ella, al descubrirla, ni siquiera la leyó.

La tiró directo al tacho de basura.

Zhao Qiankun, su rival en todo y también en amores, la sacó de ahí y estuvo a punto de leerla en voz alta frente a toda la clase.

La pelea que siguió fue brutal: Chen Fei lo dejó con la cara destrozada, y casi lo expulsan por ello.

Estuvo una semana castigado en casa, mientras su madre suplicaba ante los padres de Zhao.

Cuando volvió a clase, lo enviaron al fondo del aula.

Desde entonces, se desconectó del estudio, transitando la secundaria como un zombi más, ironicamente.

Pero poco antes del examen de ingreso a la universidad, hojeando distraídamente su libro de Lengua, encontró una pequeña nota escrita con letras finas y elegantes en la página 76: “Lo siento, Chen Fei.

No sabía que eras tú.

Aún somos jóvenes, debemos centrarnos en estudiar.

Postularé a la Universidad del Sudeste.” Una simple línea de disculpa, tardía e inadvertida.

Las notas de Chen Fei no le alcanzaron más que para una universidad local de tercera categoría en Zhongnan.

El resto… quedó atrás, sepultado con el tiempo.

Ahora, esa misma Li Lan estaba frente a él, convertida en un cadáver ambulante.

Chen Fei dio un paso atrás, suspiró y, con el corazón pesado, apretó el gatillo.

Cayó sin emitir un sonido.

Luego, tras recoger los suministros, guardó todo en el espacio de almacenamiento.

Su adrenalina seguía corriendo.

Aprovechó el impulso y colocó una grabadora justo frente a la puerta cortafuegos del piso cinco.

La encendió.

La ópera comenzó a sonar.

Los zombis, atraídos por el ruido, comenzaron a embestirla una y otra vez.

Chen Fei, sin mirar atrás, bajó tranquilamente al segundo piso.

La puerta cortafuegos de la escalera del segundo piso no estaba cerrada, lo que permitió que el sonido de la máquina de cuentos atrajera directamente a los zombis hacia el pasillo del ascensor.

Aprovechando la distracción, Chen Fei descendió rápidamente al primer piso, donde solo encontró y eliminó a tres zombis.

Sin perder tiempo, cerró con facilidad la puerta cortafuegos para evitar que más zombis de la escalera se unieran a los del pasillo.

Su plan era claro: eliminarlos poco a poco, mientras el ascensor aún funcionara.

Sabía que, tarde o temprano, la electricidad fallaría.

Cuando eso ocurriera, solo podría moverse por las escaleras, lo cual incrementaría peligrosamente su exposición.

Por eso, quería despejar esos espacios con antelación.

Aunque supuso que los pisos inferiores estarían más infestados, la mayor amenaza no eran los zombis…

sino los supervivientes.

Exceptuando el segundo y quinto piso, donde ya había intervenido, en los pisos tercero y sexto encontró cinco sobrevivientes.

No mostró piedad.

Eran inestables, peligrosos.

Solo les dejó una advertencia clara: “No deambulen sin motivo.” Tras dejar otra grabadora en el quinto piso, Chen Fei, agotado, volvió al undécimo.

No había conseguido muchos suministros, pero sí una ganancia valiosa: había matado suficientes zombis como para incrementar su barra de experiencia un 2%.

Aún estaba lejos del siguiente nivel, pero cada pequeño avance contaba.

Chen Fei sabía que si quería mejorar sus atributos y desbloquear mejoras para su radar zombi o el espacio de almacenamiento, debía seguir luchando.

Aunque le pesara, debía convencerse a sí mismo: no podía darse el lujo de ser perezoso.

Al abrir la puerta del apartamento, vio a Mu Meiqing y Nangong Jin sentadas en el sofá.

Como ya había guardado parte de los víveres de forma discreta, la sala ahora se veía más despejada.

Nangong Jin lo recibió con su típica provocación: —Pequeño Feifei… ¿Saliste a hacer algo malo mientras la hermana Qing y yo dormíamos?

—dijo con una sonrisa burlona—.

¿No me digas que fuiste a buscar a esa pequeña streamer de carita bonita de la Unidad 2?

¿Acaso ella es más guapa que nosotras?

Mu Meiqing, que estaba sentada con las piernas recogidas mientras bebía leche, levantó la vista con curiosidad.

Aún no conocía la historia de la “pequeña Streamer”, ya que acababa de regresar.

Chen Fei dejó su ballesta sobre el zapatero, suspiró, y respondió con molestia: —Ustedes dos dormían como reinas.

¿Cómo me atrevería, como buen soldado, a quedarme holgazaneando en casa?

Acabo de limpiar todos los zombis desde el segundo hasta el séptimo piso.

Y lo más importante: aseguré la escalera del primer piso para que la horda no siga aumentando.

Cerré la puerta de incendios de la ciudad.

Ahora podemos respirar más tranquilos.

Nangong Jin se llevó ambas manos a los labios con fingida sorpresa, teatral y coqueta.

—¡Pequeño Feifei, estás mejorando cada vez más!

Te estás volviendo un hermano mayor responsable… ¡sigue así!

Tal vez algún día logres conquistar mi corazón.

Guiñó un ojo de forma juguetona mientras hablaba, claramente disfrutando del momento.

Chen Fei resopló y desvió la mirada, ignorando deliberadamente a la provocadora.

En cambio, volvió la vista hacia Mu Meiqing y habló con seriedad: —Ahora que la hermana Qing ha regresado, es mi responsabilidad protegerla.

A partir de hoy, me encargaré personalmente de su seguridad.

Es lo mínimo que debo hacer.

Mu Meiqing tenía una leve sonrisa dibujada en el rostro.

Ya fuera por las bromas de Nangong Jin hacia Chen Fei o por su lenguaje lleno de matices, todo en esa sala le parecía extrañamente familiar.

Como si el mundo exterior —infestado y caótico— no pudiera cruzar los muros de ese apartamento.

Esa sensación de normalidad dentro del refugio evidenciaba que Chen Fei y Nangong Jin se habían adaptado rápidamente al nuevo mundo.

—Mañana…

saldré contigo a matar zombis —dijo Mu Meiqing, con tono decidido y mirada firme—.

Tienes que enseñarme todas tus habilidades de combate.

¡Y no puedes ocultarme tus técnicas secretas!

Sus palabras hicieron que tanto Chen Fei como Nangong Jin guardaran silencio unos segundos y la miraran sorprendidos.

Luego, como si fueran uno solo, sonrieron con complicidad y asintieron al unísono.

—¡De acuerdo!

Para la cena, Chen Fei preparó su único platillo estrella: huevos revueltos con tomate, usando ingredientes frescos recogidos del quinto piso.

Aunque Mu Meiqing solía cocinar mejor, aún estaba recuperándose, por lo que Chen Fei se encargó de todo.

Acompañaron el plato principal con carne y pescado enlatados, cuidadosamente servidos.

La cena se desarrolló entre risas y anécdotas, un oasis de calidez humana en medio del fin del mundo.

Mu Meiqing, ya adaptada a los alimentos, comió con buen apetito.

Al terminar, entre broma y broma, establecieron una nueva regla para su pequeño “campamento”: —Después del apocalipsis —dijo Nangong Jin, levantando el tenedor como si fuera un cetro—, no se desperdicia comida.

¡Ni una miga!

—¡Regla número uno del nuevo orden!

—añadió Chen Fei, brindando con una taza de agua.

La escena era casi surrealista: tres personas compartiendo una comida hogareña, como si los zombis, el caos y el colapso de la civilización no existieran más allá de esas paredes.

Sin embargo, a solo tres pisos de distancia, en el departamento 1402 del mismo edificio, la atmósfera era completamente distinta.

El miserable hombre estaba tirado en el sofá, mirando con fastidio a la mujer que paseaba nerviosamente por la sala.

—¡Oye!

¡No sigas caminando de un lado a otro!

¡Estás molestando más que esos bichos afuera!

—¿Molesta?

¡Molesta tu abuela!

—le espetó la mujer con veneno en la voz—.

¡Si tienes tanto coraje, sal tú y cierra esa maldita puerta!

—¿Estás loca?

¿No ves cuántos monstruos hay afuera?

¡¿Quieres que nos despedacen vivos?!

¡Ese bastardo lo hizo a propósito!

¡Quiere que muramos atrapados aquí!

—Claro, claro… ¡Y tú todo un héroe, escondido aquí como una rata!

¡Mira ese chico, salió a matar zombis y recolectar comida!

¿Y tú?

¡Solo sirves para quejarte!

El hombre miserable no pudo aguantar más.

Se levantó de golpe, cruzó la sala y, sin previo aviso, abofeteó a la mujer con fuerza.

—¡Cierra esa boca!

—gritó con furia contenida—.

¡Si no hubieras hablado tanto, no nos habría hecho esto!

¡Sigue murmurando y te la arranco de cuajo!

La mujer cayó al suelo, sujetándose la mejilla con los ojos llenos de odio, pero sin atreverse a replicar.

El ambiente estaba cargado de tensión.

No quedaba comida.

No podían salir.

Y ahora, ni siquiera podían dormir sin que la ópera macabra de la máquina de cuentos atrajera a una docena de zombis a su puerta.

La calma que reinaba en el apartamento 1102 contrastaba cruelmente con el infierno que se gestaba en el 1402.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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