Solo Quiero Volver - Capítulo 69
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- Capítulo 69 - 69 69 Rojo como la furia
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69: 69: Rojo como la furia.
69: 69: Rojo como la furia.
Si bien hubiera deseado estar más con Alexandra una extraña sensación que tenía mucho que ver con mi hambre apareció.
Era…
algo así como un sentido arácnido.
Que no dejaba de vibrar y vibrar.
Tuve que poner camino hacia la oficina de la directora.
Allí pude ver nuevamente a esa mujer cubierta y a la anciana.
La última se veía preocupada, tanto que hasta parecía que sus últimos cabellos de color terminaron por volverse en un color blanco puro, prácticamente sin ninguna tonalidad.
Aún así, me hicieron sentarme.
Había un mapa.
Un área bastante grande con un único punto rojo en el centro.
Parecía una ciudad destruida y antes de hacer cualquier pregunta
X: “Otro portal negro.
Uno nuevo apareció.
En…
Una ciudad caída cerca de la capital de los desastres.”
F: “Gabriel…
No podemos enviar a los campeones para esto.
Pero tú eres…”
“Menos importante.”
F: “Exacto!
eres un salvaje, cuya madre está desaparecida y que no tiene amigos.
Eres totalmente indispensable”
“Des…
¿Desaparecida?”
X: “Teóricamente tu madre debería haber llegado con…
Con nosotros hace un día.
No hay ninguna señal de ella ni de sus acompañantes.”
F: “Gabriel, tu madre es mi amiga y estoy haciendo todo para buscarla…
Pero…
Hay una muy gran posibilidad de que fuese tomada por las ‘Dagas carmesí’.
Son un grupo de élite secreto que suelen utilizar cómo…
Una unidad de exterminio.”
X: “Las Dagas varias veces nos atacaron…
En estos años no…
No fuimos capaces de defendernos.
Mucha sangre inocente está en sus manos.”
“¿Y de qué debo hacerme cargo?…
¿El portal o mi madre?”
F: “Muy bien…
Te propongo un trato…
Usaré mis capacidades para encontrar a tu madre.
Y sólo eso.
¿Bueno?
Después…
La información quizá se me filtró hasta tus oídos.
No los enfrentes…
Son un grupo muy grande.
Nacen, viven y mueren por su misión”
Me retiré de allí…
Iba a mi habitación para tomar algunas cosas, algo de ropa, oro…
No mucho más.
Lo siguiente que hice fue salir por la puerta principal, no dudas, no preguntas.
Nadie me seguía porque no era nada sospechoso.
Un viaje así me llevaría unos días.
Lo mejor era prepararme y buscar un arreglo.
Mi espada oscura estaba destruida.
La espada blanca era obviamente una representación de Rem en un espacio físico.
Mi cabeza escuchaba y mi cuerpo sentía ese hambre.
Esas necesidades de devorar todo.
Madera, pasto, casas, tierra, árboles, personas, almas…
Necesité calmar ese sentimiento.
Nos enseñaron en clases de monstruos cómo diferenciar un portal.
Los portales aparecen mazmorras de clase B en adelante.
Y yo solo quería matar.
Dentro habían…
insectos.
Muchos.
Demasiados.
Aunque había una gran diferencia con los que yo conocí de la mazmorra clase B.
Eran rápidas.
Muy rápidas.
Sentí cuchillas entrando milímetros en mi piel.
También era mínimamente inteligentes en sus ataques.
Soldados salían para atacarme, viniendo a toda velocidad y dando impactos con mucha fuerza.
Eran masivas también.
Pero…
Bueno.
Mi fuerza física estaba totalmente ligada a mi magia…
Y mi magia era muy poderosa.
Solo suspiré suavemente y di un golpe hacia adelante, solo uno.
Eso llegó a ser suficiente como para matar unas cuantas.
Lo suficiente como para ponerme mínimamente a su ritmo.
Uno, dos, tres, cuatro.
Iban muriendo, pero cuando las soldados flaqueaban llegaban obreras.
No era mucho lo que podían hacer, pero era como estar intentando pegarle a un mosquito y que un alfiler te toque.
Es molesto.
Mucho.
Al llegar a mi punto de quiebre decidí mostrar una cosa.
Normalmente los hechizos se controlan.
Se centran e incluso un hechizo de nivel 8 tirado correctamente causa menos daño que un birote de fuego.
Esto no era un birote de fuego.
Normalmente usaría muerte para acabar rápido, luz para moverme a su velocidad o atravesarlos.
Quería disfrutar esto.
El aire es muy útil.
Asfixiar sería bueno con enemigos que necesiten oxígeno en un corto tiempo.
Empujar es útil para llegar a evitar golpear directamente.
Pero una cosa es producir aire, la otra es controlarlo.
Imágen lo aterrador que es de un instante a otro no poder moverse.
No solo eso, sentir que todo es un muro.
Eso les sucedió.
Un hechizo que llamé.
“Miedo invisible”
Era más que nada como una pesadilla viviente.
Imagina que todo el aire de una zona se torna sólido.
Rígido.
El más mínimo movimiento está restringido.
Imagina que ese aire dentro tuyo también se siente extraño, es sólido, pero no solo eso.
Cambia de forma, se mueve en tu interior.
Corta y desgarra.
Todo eso en un área sorprendente…
Despejé una mazmorra S en unos segundos.
Y al encontrar sus tesoros…
Habían un par de dagas.
Dagas o espadas.
Por su diseño eran gigantes, pero el mango y la hoja tenían las proporciones de una daga.
Por ello me las llevé.
El viaje siguiente fue más tranquilo, calmado.
Ir hacia un lugar abandonado, tocar la puerta y…
Eso.
negro.
Totalmente negro, con rayos rojos saliendo y siendo expulsados.
“Bueno verte.
Hermanito.”
Fueron mis palabras antes de entrar…
Aunque no fueron para nada mías.
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