SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 11
- Inicio
- Todas las novelas
- SOMBRAS Y PROMESAS I
- Capítulo 11 - 11 El precio de despertar
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: El precio de despertar 11: El precio de despertar Ariana avanzó sin detenerse, ignorando el temblor en sus piernas, el ardor en sus manos y el eco reciente de las entidades del Linde empujándola al límite de su cordura.
Cada respiración era un recordatorio de que seguía viva, pero también de que algo dentro de ella había cambiado de forma irreversible.
El aire nocturno olía a tierra húmeda y a un miedo antiguo que parecía adherirse a su piel.
No sabía cuántos minutos habían pasado desde que abandonó el Linde, solo que sus pasos torpes finalmente la llevaron de regreso al sendero principal del bosque.
Elian seguía allí, exactamente donde ella lo había dejado, pero la tensión en sus hombros y el brillo feroz en su mirada demostraban que había sentido todo… o al menos lo suficiente para inquietarlo.
—Ariana —murmuró él, dando un paso hacia adelante y deteniéndose a medio camino, como si temiera tocarla—.
¿Qué pasó allá dentro?
Ella abrió la boca para responder, pero algo más la detuvo: el bosque estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Un silencio impuesto.
Observado.
Y lo supo al instante… nada dentro del bosque estaba realmente quieto.
Las sombras respiraban.
Ariana tragó saliva.—No puedo explicarlo del todo —susurró—.
Pero no fue solo una visión.
No era solo magia… era memoria viva.
Elian frunció el ceño.—Estás sangrando —murmuró, señalando las marcas rojizas en sus brazos donde las sombras la habían sujetado.
Ariana bajó la vista.
No dolían.
Y ese era el problema.—Estoy bien —mintió.
—No.
No lo estás —él dio otro paso—.
Cuando gritaste… Ella se tensó.—¿Grité?
—Solo una vez —dijo él—.
Pero… sonó como si alguien más gritara dentro de ti.
Ariana apartó la mirada, incapaz de sostener esos ojos grises que parecían querer leer cada uno de sus secretos.
—Elian, necesito que confíes en mí —dijo—.
Lo que vi ahí… el Codex no es un libro muerto.
Está ligado a un pacto.
Uno que empezó con sangre.
Elian inhaló hondo.—Y tú estás conectada con él.
Lo supe desde que te encontré en el camino.
Pero no pensé que fuera tan profundo.
Ariana sintió una punzada en el pecho.—Yo tampoco.
Elian se acercó con cautela, como si temiera romperla.—Dime qué viste.
Ella cerró los ojos un momento.
Las imágenes volvían golpeando como olas negras: el relicario sellado, la figura encapuchada arrancándolo de las manos de su antepasado, la marca luminosa clavándose en sus venas como una sentencia… y aquella presencia, la voz profunda que le susurró “tu sangre no niega lo prometido”.
—Vi un fragmento del pasado —dijo finalmente—.
Vi a uno de los primeros que hicieron el pacto… y vi lo que estaban protegiendo: un relicario.
Muy antiguo.
Muy poderoso.
Elian ladeó la cabeza.—¿El mismo del que hablaban esas criaturas?
¿El que el traidor quiere?
Ariana sintió un escalofrío.—Sí.
Elian cerró los ojos un instante, procesando.—Entonces estamos más jodidos de lo que imaginé.
Ella soltó una risa amarga.—¿Recién te das cuenta?
Él sonrió apenas, un destello pequeño pero cálido en medio del caos.—Siempre lo supe.
Lo que no sabía era que tú… —hizo una pausa, eligiendo con cuidado sus palabras— que tú ibas a cargar con tanto soledad.
Ariana bajó la vista.—No estoy sola —susurró.
Elian sintió algo romperse en su interior.
Cuando comenzaron a caminar de regreso al pueblo, el aire parecía más denso, como si cada paso fuera observado por ojos invisibles.
No hablaron durante un buen rato; solo el crujido de las hojas secas bajo sus pies marcaba el ritmo.
Ariana sentía el cuerpo extraño.
Tenía una energía desconocida pulsando bajo su piel.
Y aunque intentaba disimularlo, Elian lo notaba.
—Te duele moverte —dijo él finalmente.
—No es dolor —respondió Ariana—.
Es como si algo dentro de mí estuviera… despertando.
Elian apretó los labios.—Eso no suena nada tranquilizador.
Ariana se abrazó a sí misma.—¿Qué pasará ahora?
El Linde me mostró tanto, pero no lo suficiente.
El Codex… el pacto… el relicario… y ahora un traidor que lo quiere.
—Y te quiere a ti —añadió Elian, con un tono que no pretendía suavizar.
Ella lo miró con extrañeza.—¿Cómo lo sabes?
—No soy ciego, Ariana —respondió él—.
Ese tipo de poder nunca busca solo objetos.
Busca vínculos.
Sangre.
Herederos.
Ella tragó saliva.—¿Y tú?
¿Por qué te quedas?
Elian frenó en seco.
Ella también.
El viento sopló entre los dos, llevándose las palabras fáciles y dejando solo la verdad.
—Porque cuando te vi por primera vez —dijo él lentamente— supe que no podría irme.
Aunque quisiera.
Aunque debería.
Hay algo en ti que… —respiró hondo— cambia todo.
Ariana sintió que el pecho le ardía, pero no de dolor.—No puedes decir eso —susurró—.
No ahora.
No cuando no sabemos quién de los dos podría morir primero.
Él dio un paso hacia ella.
—Precisamente por eso —dijo—.
Hay cosas que deben decirse antes de que sea tarde.
Los árboles crujieron a su alrededor.
Elian extendió una mano hacia su mejilla, pero antes de tocarla, algo los interrumpió.
Un chasquido seco.
Un crujido violento.
Un silencio que no pertenecía al bosque.
Elian reaccionó al instante, poniéndose frente a ella.—No estamos solos —murmuró.
Ariana sintió que el aire se volvía espeso, casi irrespirable.
No era una sombra.
No era una criatura del Linde.
Era algo más físico.
Humano.
Una figura emergió entre los árboles, vestida con una capa empapada de barro.
Caminaba arrastrando una pierna, como si hubiese corrido por horas.
Cuando levantó la mirada, Ariana sintió el corazón detenerse.
Era un hombre.
Un desconocido.
Pero sus ojos… esos ojos tenían la misma marca que vio en la visión del Linde.
La misma luz temblorosa.
—Ariana Duarte… —jadeó él, señalándola con un dedo tembloroso.
Era más una acusación que un saludo—.
Por fin te encuentro.
Elian retrocedió un paso, posicionándose otra vez frente a ella.—¿Quién eres?
El hombre rió, una risa rota, despedazada por el miedo.—Una advertencia.
Antes de que él llegue.
Ariana sintió un calambre en la nuca.—¿Quién?
¿Quién viene?
El hombre la miró con desesperación.—El traidor.
Tú piensas que no lo conoces, pero estás equivocada.
Él te ha buscado toda tu vida, Ariana.
Y ahora… —tosió sangre— viene por ti.
Antes de que pudieran reaccionar, el hombre se desplomó a sus pies.
Las sombras se agitaron.
El viento dejó de soplar.
Y algo, muy lejos entre los árboles, abrió los ojos.
El cuerpo del desconocido yacía en el suelo, su respiración entrecortada como un motor apagándose.
Elian se arrodilló con cautela, palpándole el pulso en el cuello.
Ariana lo observaba con el corazón desbocado, intentando procesar cada palabra que el extraño había dejado caer, como cuchillas en su mente.
—Está vivo —anunció Elian—, pero apenas.
Necesitamos moverlo.
Ariana negó con la cabeza.—No podemos llevarlo al pueblo.
Si el traidor viene detrás… —Exactamente por eso debemos sacarlo del bosque —insistió Elian—.
Si lo dejamos aquí, no sobrevivirá ni diez minutos.
Ariana observó cómo el pecho del hombre subía y bajaba con dificultad, como si cada respiración fuera un esfuerzo monumental.
Su capa estaba hecha jirones, y la sangre que manaba de su costado tenía un tono oscuro, casi negruzco… como si algo la hubiera corrompido.
—No es solo una herida —murmuró Ariana, acercándose—.
Es magia.
Algo lo está… drenando.
Elian levantó la vista hacia ella.—¿Puedes hacer algo?
Ariana dudó.
La energía que ardía bajo su piel seguía allí, exigiendo liberarse, pero no sabía controlarla.
No sabía si ayudaría… o lo mataría.
—No sé si debería —dijo ella en voz baja.
Elian se levantó y le tomó la mano, firme.—Confía en ti un poco, Ariana.
Si el Linde te mostró todo eso, es porque tienes un papel en esto.
Ella sintió un escalofrío.—O porque soy la llave para que algo peor se libere.
—O porque eres la única que puede detenerlo.
—La voz de Elian era suave, pero cargada de convicción—.
No estás sola en esto.
Y no voy a dejar que lo estés.
Ariana cerró los ojos un instante, respiró hondo y se arrodilló junto al hombre.
Sus dedos temblaban mientras los extendía hacia su pecho.
El calor dentro de ella se agitó, como un animal despertando.
No lo hagas.No abras más de lo necesario.La voz del Linde susurró en su memoria.
Pero Ariana la ignoró.
Posó sus manos sobre el pecho del hombre.
Una corriente violenta atravesó sus venas, un latigazo de luz oscura que la hizo jadear.
Vio un destello: un rostro sin nombre, un par de ojos hundidos observándola desde la oscuridad, y un murmullo que heló su sangre.
Te encuentro… Ariana se apartó bruscamente, cayendo hacia atrás.
Elian corrió hacia ella.—¡Ariana!
Pero antes de que pudiera ayudarla, el hombre abrió los ojos de golpe y se incorporó como si hubiese recibido una descarga.
Jadeaba como un animal acorralado, con los ojos muy abiertos, llenos de terror.
—¡No debiste tocarme!
—gritó, retrocediendo como podía, apoyándose en un árbol—.
¡Él lo sintió!
¡ÉL LO SINTIÓ!
Ariana sintió un latigazo en el pecho.—¿Quién?
El hombre temblaba, su cuerpo convulsionando.
—El traidor… —susurró—.
Él y yo… fuimos parte del mismo círculo.
Éramos cinco guardianes… cinco vigilantes del relicario.
Pero uno… uno lo traicionó todo.
Elian frunció el ceño.—¿Qué relicario?
¿Dónde está?
El hombre negó con la cabeza, casi histérico.—Perdido.
Robado.
Oculto.
Sí… oculto por ella… Lentamente, giró su rostro hacia Ariana.Sus labios temblaron, formando una palabra que no terminó de pronunciar.
—¿Qué… ves en mí?
—preguntó Ariana, sintiendo un nudo en la garganta.
El hombre la señaló con un dedo ensangrentado.—Tú… eres la heredera del Lumen Sanguis.
La portadora del sello.Y él… —sus ojos se llenaron de lágrimas— él te encontrará porque… porque te necesita para romper la última barrera.
Ariana se sintió helar.—¿Quién es él?
El hombre tosió sangre, de nuevo, demasiada.—Aquel a quien llamábamos hermano.El primero en tocar el relicario.El primero en corromperse.El que aún lleva la marca del pacto… pero invertida.
Ariana sintió el corazón latir con una fuerza peligrosa.—¿Sabes su nombre?
El hombre asintió, temblando.
—Pero no debo decirlo.
Si lo digo… él sabrá exactamente dónde están.
Los nombres son puertas… —sus palabras se perdieron en un último temblor—.
Cierren las puertas.
Su cuerpo cayó hacia adelante, esta vez completamente inerte.
Elian maldijo por lo bajo.—No sobrevivió… Ariana se inclinó sobre él.—Pero lo que dijo… es suficiente.
El viento sopló.
Las hojas se movieron en direcciones opuestas.
Algo en el bosque cambió su respiración.
Elian ayudó a Ariana a ponerse de pie.—Tenemos que salir de aquí.
Ahora.
Ariana asintió.
Los primeros minutos de caminata fueron rápidos, tensos.
Elian prácticamente la arrastraba para sacarla del bosque antes de que cualquier rastro de aquello que el hombre temía pudiera alcanzarlos.
Pero Ariana se detuvo de golpe.
—Elian… espera.
—No podemos parar —replicó él—.
Estamos demasiado expuestos.
—Hay algo que no te dije —murmuró ella.
Elian se giró hacia ella, respirando agitado.—¿Qué cosa?
Ariana apretó los puños.
No quería decirlo.
No quería reconocerlo.
Pero lo sintió cuando tocó al hombre, lo sintió como una mano invisible apretándole el corazón.
—Cuando puse mis manos sobre él… no solo sentí su energía —dijo Ariana con voz temblorosa—.
Sentí la del traidor.
Elian la miró fijamente.—¿Qué significa eso?
Ariana levantó la mirada.
Sus ojos se humedecieron.—Que él ya sabe que estoy viva.
Que existo.
Que soy la heredera…Y ahora sabe exactamente dónde estoy.
Elian maldijo de nuevo.
Ariana continuó, tragando saliva.—El contacto abrió un vínculo.
Él me vio.
O… percibió algo de mí.
Elian se acercó, sujetándole los hombros.—Dime qué viste, Ariana.
Ella cerró los ojos y recordó esa imagen fugaz: un rostro entre sombras, rasgos borrosos, pero ojos… ojos tan vacíos como la muerte.
Y la sensación de que una mano fría acariciaba su nuca desde kilómetros de distancia.
—Vi unos ojos —susurró Ariana—.
Los suyos.Pero no vi su rostro.
Solo… la intención.
—¿Qué intención?
Un suspiro tembloroso escapó de sus labios.
—Quería encontrarme.Y ahora… ya puede hacerlo.
Elian apretó los dientes, firme.—Entonces tendremos que movernos antes de que llegue.
Ariana no estaba tan segura.—O esconderme.—No —respondió él, sin perder un segundo—.
No vas a pasar por esto sola.
Y no vas a correr sin dirección.
Vamos a encontrar respuestas.
Vamos a buscar quiénes eran esos guardianes… y qué papel juega tu familia en todo esto.
Ariana bajó la mirada.—Mi familia… siempre evitó hablar del pasado.
Tal vez… sabían.
Elian la observó un momento, y luego dijo:—No vamos a preguntarles.Vamos a buscar en el Codex.
Ella lo miró sorprendida.—Pero está incompleto… —No está incompleto —Elian corrigió—.
Solo está cerrado.Y tú eres la única que puede abrirlo.
Ariana sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Y si no puedo?—Entonces improvisaremos —dijo Elian con una sonrisa torcida—.
Ya sobrevivimos a criaturas hechas de sombras.
Seguro que podemos con un libro viejo.
Ella soltó una pequeña risa nerviosa.—No es un libro viejo.
—Ya me di cuenta.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com