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SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 La primera marca
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13: La primera marca 13: La primera marca El suelo tembló bajo sus pies, levantando polvo y hojas secas.

La figura frente a ellos parecía absorber la luz de la luna y proyectar sombras tan densas que los árboles cercanos parecían morir en silencio.

Ariana sintió un peso sobre su pecho: el relicario latía con fuerza, como si supiera que el momento decisivo había llegado.

—No puedes llevártela —dijo Elian con voz firme, bloqueando cada paso del traidor—.

No mientras esté yo.

El traidor giró lentamente hacia él, evaluándolo.

Sus ojos negros destellaron con un brillo que hacía doler mirar.—Es valiente… demasiado.

Pero ¿sabes qué es lo peor, joven guardián?

Que tu valor no significa nada frente a lo que corre por sus venas.

Ariana se tensó.—¿Qué quieres decir con eso?

—susurró, su voz temblando.

—Que la llave no eres tú, Ariana… eres la puerta.

Y alguien ya ha puesto la marca de la primera llave en ti.

Elian la miró confuso y luego bajó la vista.

Sobre el brazo de Ariana, apenas visible en la penumbra, el relicario brilló con un fulgor rojo intenso.

Allí, una línea dorada se extendía desde la base hasta la muñeca, un símbolo que ninguno de los dos había notado antes.

—¿Qué… qué es eso?

—preguntó Ariana, tocando la marca con dedos temblorosos.

La piel ardía bajo su contacto, pero no era dolor… era advertencia.

—La primera marca —dijo la figura con voz grave—.

El pacto ha comenzado a reclamarla.

Y tú… no puedes escapar de su eco.

Ariana retiró la mano, pero la sensación persistía.

Elian se acercó, tomó su otra mano y presionó suavemente:—No te dejaré sola.

—No lo entiendes —dijo la sombra—.

No se trata solo de protegerla.

No se trata solo de ti ni de ella.

Lo que empieza… no puede detenerse sin consecuencias.

Elian frunció el ceño.—Entonces dime qué quieres.

El traidor levantó la mano y el aire vibró con un siseo metálico.

—El relicario.

La sangre que contiene.

Y la verdad que aún no recuerdas.

Ariana sintió cómo un frío helado subía por su espalda.

Sabía que lo que contenía el relicario era peligroso… pero no sabía hasta qué punto.

Lo había encontrado hace días, lo había abierto por primera vez con cautela, y lo que vio dentro la marcó.

—No permitiré que lo tomes —dijo, cerrando el relicario contra su pecho—.

—Entonces no habrá alternativa —replicó la figura, y el suelo se abrió bajo sus pies.

Una grieta se formó entre ellos, negra, humeante.

De ella surgieron manos oscuras, largas y esqueléticas, que buscaban agarrar a Ariana.

Elian reaccionó, empujándola detrás de él, mientras disparaba con su arma improvisada.

Cada bala parecía desintegrarse en la neblina antes de tocar algo.

—¡Ariana, corre!

—gritó Elian.

Ella retrocedió, pero su mirada se centró en el traidor.

Había algo en él que no entendía… un hilo de humanidad, tal vez un vestigio del pasado que el Codex había mencionado alguna vez.

—No puedo dejar que… —empezó a decir, pero su voz se ahogó.

El traidor extendió las manos y el relicario vibró, proyectando un halo rojo.

Una voz interior, familiar y profunda, surgió del objeto:—Ella es mía.

Elian sintió un escalofrío recorrer su columna.—¿Qué demonios…?

Ariana cerró los ojos.

El relicario estaba caliente, latiendo con fuerza, y la marca en su brazo se iluminó con un brillo casi cegador.

La figura frente a ellos dio un paso adelante, como si el tiempo se hubiera ralentizado.

—La primera llave está marcada —dijo—.

Y quien tenga la primera marca, tiene el primer derecho sobre el linaje.

—No te dejaremos —dijo Elian, y esta vez su voz temblaba de ira contenida—.

Ni tú, ni nadie.

—Eso veremos —respondió la sombra, con una calma aterradora.

De repente, la energía del relicario explotó en un estallido de luz roja que cegó momentáneamente a ambos.

Ariana sintió cómo su cuerpo era elevado, como si algo invisible la arrastrara hacia el traidor.

Elian reaccionó, intentando sujetarla, pero la fuerza era demasiado intensa.

—¡Ariana!

—gritó, sintiendo impotencia por primera vez.

Ella pudo ver, entre la luz, la verdadera intención del traidor: no se trataba de matarla.

Era algo más… profundo, más íntimo, más antiguo.

El relicario no era solo un objeto: era un vínculo, un canal de poder que conectaba directamente con su sangre y su linaje.

Y él… quería controlarlo.

Elian dio un paso adelante, rompiendo la distancia, y con un grito de fuerza pura lanzó su arma contra la sombra.

La figura esquivó con un movimiento imposible, pero la distracción fue suficiente: Ariana logró liberarse parcialmente y caer de rodillas, respirando con fuerza.

El traidor se detuvo.

Por primera vez, su expresión cambió.

No era sorpresa… era respeto, tal vez incluso un reconocimiento silencioso del valor de Ariana y Elian juntos.

—Interesante —susurró—.

No esperaba resistencia tan… humana.

Elian sostuvo la mano de Ariana.—Nunca subestimes lo que estamos dispuestos a hacer.

Ariana sintió que el relicario latía en perfecta sincronía con su corazón.

La marca se iluminaba, roja, pulsante, y en ella pudo percibir algo más: una advertencia.

Un recordatorio de que este no era el final, sino solo el principio.

—El juego apenas comienza —dijo la sombra, retrocediendo lentamente hacia el bosque—.—Pero no desapareceré.—Pronto, volveré.

Y cuando lo haga, todo cambiará.

Con esas palabras, la figura se desvaneció entre la niebla.

Ariana respiró con fuerza, apoyándose en Elian.

Su cuerpo temblaba, pero no de miedo: de adrenalina, de liberación, de la certeza de que estaba viva… y que ahora más que nunca necesitaba estar lista para lo que venía.

—¿Estás bien?

—preguntó Elian, mientras la abrazaba con suavidad.

—Sí… creo que sí —respondió ella, tocando el relicario con cuidado—.

Pero… no sé cuánto tiempo más podré sostener esto.

—No importa —dijo él—.

No mientras estemos juntos.

Elian la ayudó a incorporarse, y juntos miraron el bosque, aún vibrante con la energía de la confrontación.

Ariana sabía que la marca en su brazo era solo el inicio.

El relicario no había revelado todo su poder… y el traidor no había mostrado todas sus intenciones.

Pero había algo más profundo que miedo o peligro: había una conexión que no podía negar.

Entre ellos y el misterio que los rodeaba.

Entre ellos y lo que ella era realmente.

Ariana respiró hondo.

Elian apretó su mano.—Esto es solo el comienzo —susurró ella.

Y mientras la luna se alzaba, observando desde arriba, el relicario seguía latiendo contra su pecho.

Un latido que hablaba de poder, de peligro… y de decisiones que aún tenían que tomarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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