SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 15
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15: Sombras del pasado 15: Sombras del pasado El bosque estaba más denso que nunca.
La oscuridad no era solo ausencia de luz; parecía tener un peso físico, un frío que se colaba bajo la piel y llenaba los huesos de Ariana.
Cada rama crujía bajo sus pies con un sonido amplificado por el silencio absoluto.
Incluso el viento había cesado, como si la naturaleza misma contuviera la respiración, esperando.
Elian se mantenía a su lado, firme y vigilante, con la daga en la mano y los ojos recorriendo cada sombra.
Sus movimientos eran cuidadosos, medidos, pero su cercanía era un recordatorio constante de que no estaba sola.
Cada vez que sus dedos rozaban los de ella accidentalmente, un calor inesperado atravesaba a Ariana, como si un hilo invisible los uniera más allá de la comprensión.
El relicario colgaba de su cuello, latiendo como un corazón propio.
Cada vibración se sincronizaba con su pulso, pero esta vez no era un pulso de advertencia: era un llamado.
Un llamado a avanzar, a enfrentar lo que aún no podía ver.
—Ariana —dijo Elian, rompiendo el silencio—.
Debemos decidir hacia dónde ir primero.
El traidor no se ha movido aún, pero lo sentí.
Está observando.
Ella asintió, consciente de que cada momento perdido aumentaba el peligro.
El relicario emitió un resplandor suave, indicando el camino.
Ariana respiró hondo y comenzó a seguir la dirección de la luz, mientras Elian la cubría, atento a cualquier señal de amenaza.
No tardaron en encontrar un claro diferente al anterior.
Las ruinas del primer círculo se extendían ante ellos, pero ahora había algo más: símbolos grabados en la tierra, visibles solo bajo la luz del relicario, formando un mapa antiguo de lo que alguna vez fue un poder supremo.
Ariana se inclinó para leerlos, sintiendo cómo su sangre reaccionaba a cada marca.
—Esto… esto es parte del ritual original —murmuró—.
Cada línea, cada símbolo, es una memoria de lo que se hizo para sellar el Juramento.
Elian observaba, intrigado, pero también preocupado.—¿Y el traidor?
—preguntó—.
¿Está aquí?
Ariana cerró los ojos, dejando que el relicario le mostrara lo que sus ojos no podían ver.
Imágenes distorsionadas surgieron: un hombre encapuchado, siguiendo cada uno de sus pasos, manipulando sombras, moviéndose con precisión y conocimiento del terreno.
Pero lo que más la perturbó no fue la sombra misma, sino la intención detrás de ella: dominación, posesión, hambre por lo que era suyo y no podía tener.
—Está cerca —susurró ella—.
Pero aún no quiere atacarnos directamente.
Quiere que lleguemos a esto… para tentarnos.
Elian frunció el ceño.—Tentarnos hacia qué?
Ariana abrió los ojos, y por primera vez en toda la noche, sintió un frío que no provenía del aire.—Hacia el relicario.
Hacia el Codex.
Hacia nosotros.
Sabe que somos poderosos… juntos.
Y quiere separarnos, uno a uno.
Elian tomó su mano y la apretó suavemente.—Entonces no lo haremos.
No mientras estemos juntos.
Ariana asintió.
Su cercanía le daba fuerza, pero también despertaba emociones que no podía ignorar: deseo, confianza, miedo… y un vínculo creciente que la hacía vulnerable y poderosa al mismo tiempo.
Avanzaron hacia el centro del círculo, donde un pedestal de piedra esperaba.
Sobre él, una inscripción antigua: “Solo aquel que acepta su sombra verá la verdad del Juramento”.
Ariana sintió un escalofrío.
La frase no era una advertencia común: era un reto.
—Debemos hacerlo —dijo ella con voz firme—.
Debemos aceptar lo que somos para descubrir lo que buscan de nosotros.
Elian asintió y permaneció a su lado mientras Ariana levantaba el relicario.
Al instante, la luz del objeto se expandió, proyectando sombras que parecían cobrar vida propia.
Formas que imitaban los rostros de los antiguos linajes, movimientos de traición y sacrificio, y ecos de un pasado que no podían tocar, pero que sentían como propio.
—Es demasiado… —murmuró Elian, viendo cómo las sombras giraban y se retorcían alrededor de ellos.
—No hay otra manera —dijo Ariana, con la voz temblorosa pero firme—.
Debemos mirar, aceptar… y usarlo.
El relicario comenzó a vibrar con más fuerza.
Ariana sintió como si algo dentro de ella se abriera, conectando su sangre con las memorias de Aurelia y de los linajes perdidos.
Vio imágenes de los tres custodios originales: uno corrupto, otro leal, y el tercero dividido entre luz y sombra.
La traición no era solo un acto: era una consecuencia de emociones humanas, de ambiciones y miedos.
—El traidor no es solo alguien que desea el relicario —dijo Ariana, respirando con dificultad—.
Es alguien que desea controlarnos, nuestras decisiones, nuestro vínculo… nuestras vidas.
Elian apretó los dientes, comprendiendo la magnitud de lo que enfrentaban.—Entonces debemos estar preparados para todo —dijo—.
Y no solo para pelear.
Para resistir.
Para decidir juntos.
Ariana asintió y cerró los ojos, dejando que el relicario la guiara hacia la verdad.
Lo que vio entonces la estremeció: fragmentos de un plan que había comenzado siglos atrás, nombres, lugares y una figura que aún no podía identificar… pero que ya había influido en sus vidas, moviendo piezas desde las sombras.
—Lo veremos —dijo Ariana con voz firme—.
Lo veremos todo, aunque nos duela.
Elian la abrazó de nuevo, y por primera vez, el miedo no la paralizó.
La unión entre ellos se había convertido en un escudo.
Pero más allá de las ruinas, más allá de los árboles y de la niebla, la figura del traidor los observaba, invisible, paciente.
Su sonrisa era apenas un reflejo de lo que planeaba, y sabía que cada paso de Ariana y Elian los llevaba más cerca de la confrontación final.
El relicario brilló una vez más, y ambos supieron que este era solo el inicio.
El pasado, el presente y la traición convergían en un mismo camino.
Y el precio de la verdad estaba a punto de revelarse.
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