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SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 El eco del juramento roto
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16: El eco del juramento roto 16: El eco del juramento roto El bosque seguía en silencio, como si cada árbol contuviera un secreto que solo Ariana podía sentir.

La luna se ocultaba detrás de nubes densas, dejando que la noche se extendiera como un manto pesado sobre ellos.

El relicario colgaba de su cuello, palpitando con fuerza contra su pecho.

No era solo un objeto: era un faro, un recordatorio de lo que estaba en juego y de aquello que aún no entendía completamente.

Elian caminaba a su lado, con el arma lista y la mirada fija en las sombras que los rodeaban.

Cada crujido de ramas o susurro del viento lo hacía tensarse, y Ariana lo notaba.

Sin embargo, no podía apartar la atención del relicario ni del escalofrío que recorría su columna vertebral.

Cada vibración era como un susurro, una advertencia, una llamada.

—Ariana —dijo Elian en voz baja, apenas un murmullo—.

¿Qué nos está mostrando?

Ella cerró los ojos, dejando que el relicario la guiara.

La visión apareció de inmediato: un salón antiguo, cubierto de símbolos que se retorcían como serpientes vivientes.

Tres figuras se encontraban alrededor de un altar de obsidiana.

Una mujer que irradiaba poder, un hombre con mirada fría y calculadora, y una figura encapuchada que parecía no pertenecer completamente a este mundo.

—El pacto… —susurró Ariana—.

Este es el lugar donde se hizo el primer Juramento.

Y alguien lo rompió.

Elian asintió, siguiendo la dirección de su mirada.

Su mano se posó sobre la de ella, y el calor que compartían no era solo consuelo: era un vínculo tangible, un recordatorio de que no estaban solos frente al peligro que los rodeaba.

De repente, el relicario se calentó con intensidad, casi quemando la piel de Ariana.

La visión cambió: vio la misma figura encapuchada del pasado acercándose al altar, pero ahora con una intención clara, con una mano extendida hacia la mujer y el hombre.

La traición estaba sellada en ese gesto.

—El traidor —murmuró Ariana, con la voz temblorosa—.

Está vinculado a todo esto desde el principio.

Elian frunció el ceño.—¿Crees que sea alguien que conocemos?

Ella no respondió de inmediato.

Las imágenes del relicario se movían con rapidez: fragmentos de rostros, recuerdos borrados, promesas rotas, y un símbolo que parecía repetirse en todas las escenas: un triángulo abierto en uno de sus lados.

Ese mismo símbolo lo había visto antes, grabado en las ruinas del primer círculo.

—Sí —dijo finalmente—.

Y está más cerca de lo que creemos.

Elian respiró hondo.

La tensión entre ellos era palpable, pero también lo era algo más: un deseo que no podía ser ignorado, una urgencia de protección que no solo venía de la supervivencia, sino de algo más profundo.

Ariana lo miró y, por un instante, sus ojos se encontraron con un entendimiento silencioso.

No necesitaban palabras.

La conexión que los unía era intensa, peligrosa y, a su manera, hermosa.

Avanzaron hacia el lugar indicado por el relicario, un antiguo puente de piedra que cruzaba un río negro como tinta.

El agua estaba inmóvil, reflejando un cielo sin estrellas.

Cada paso hacía que el relicario latiera con más fuerza, como si supiera que estaban cerca de un secreto que no debía permanecer oculto.

—Cuidado —susurró Elian, acercando el arma a su hombro—.

Algo nos espera.

El aire se volvió denso, casi imposible de respirar.

Una neblina oscura comenzó a ascender desde el río, serpenteando alrededor de ellos.

Ariana sintió cómo su cuerpo reaccionaba a la energía del lugar: sus sentidos se agudizaban, su pulso se aceleraba y la presencia de Elian le daba fuerza para avanzar.

De pronto, la neblina se condensó en una figura.

Alta, humana, pero con un aura que parecía absorber la luz misma.

Una máscara blanca cubría su rostro, y su capa ondeaba como si tuviera vida propia.

Ariana supo en ese instante que se trataba del traidor.

—Ariana Duarte —dijo la figura con voz resonante—.

Te he esperado mucho tiempo.

Elian se colocó frente a ella.—No pasarás.

La figura rió, un sonido que parecía atravesar la mente y el corazón al mismo tiempo.—No entiendes.

No voy por él… voy por ti.

Siempre fue por ti.

Por tu sangre, tu poder, tu elección.

Ariana apretó el relicario contra su pecho.—No te daré lo que quieres.

—Veremos —respondió el traidor, y con un gesto rápido, levantó la mano.

La neblina se movió como serpientes, avanzando hacia ellos.

Elian atacó primero, lanzándose con la daga.

La figura se movió con una rapidez imposible, desvaneciéndose en la neblina solo para reaparecer detrás de ellos.

Ariana sintió un escalofrío recorrer su columna.

Cada movimiento del traidor parecía anticipar el suyo, cada respiración suya estaba sincronizada con la suya.

Era como si conociera cada pensamiento antes de que lo pensara.

—Ariana —dijo Elian, tomando su mano—.

Confía en mí.

Ella asintió.

No había otra opción.

Juntos, el relicario brilló con intensidad, proyectando un resplandor dorado que cortó la neblina como una espada.

La figura chilló, retrocediendo, pero su risa persistía, mezclándose con el viento y el agua.

—Esto no ha terminado —dijo el traidor antes de desaparecer, dejando solo un eco que vibró en los huesos de Ariana.

Elian la abrazó, con fuerza, como si el mundo exterior no existiera.—Estamos bien —dijo él, aunque sabía que no era cierto—.

Pero no podemos quedarnos aquí.

Ariana asintió, su respiración aún agitada.

Sabía que la amenaza estaba más cerca que nunca.

Y aunque no conocía la identidad del traidor, la certeza de que no se detendría los acompañaría en cada paso del camino.

—Debemos continuar —dijo Ariana, apretando el relicario contra su pecho—.

El Codex, el pacto… todo está ligado.

No podemos fallar.

Elian la miró, y por un instante, sus ojos dijeron lo que las palabras no podían: que él estaría allí, siempre.

Y que juntos, aunque el peligro los rodeara, podrían enfrentarlo.

El bosque los tragó de nuevo, pero ahora la noche no parecía tan silenciosa.

Cada sombra, cada árbol, cada hoja parecía contener un secreto, una advertencia.

Y mientras avanzaban, Ariana comprendió algo que nunca había sentido antes: que la batalla no era solo por el poder, sino por su propia vida y por la vida que podría compartir con Elian.

Y así, mientras las estrellas comenzaban a asomar tímidamente detrás de las nubes, los dos caminaron hacia lo desconocido, conscientes de que cada paso los acercaba al traidor… y al verdadero precio del Juramento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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