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SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Ecos de la traicion
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18: Ecos de la traicion 18: Ecos de la traicion El bosque parecía contener la respiración.

Cada hoja, cada rama, cada sombra estaba impregnada de la espera de algo que Ariana no podía nombrar.

Mientras avanzaban, Elian y ella caminaban casi en silencio, pero la cercanía física que habían compartido en el claro aún latía entre ellos como un hilo invisible, imposible de ignorar.

Ariana apretaba el relicario contra su pecho.

La calidez del objeto contrastaba con el frío húmedo que se filtraba entre la bruma, y cada latido parecía sincronizado con el de Elian.

Él no se separaba ni un instante; su mano rozaba la suya, sus hombros se tocaban al esquivar troncos caídos, y cada pequeño contacto provocaba una corriente que le recorría la espalda hasta los dedos de los pies.

Era un peligro diferente, uno que no provenía del traidor, sino de ellos mismos, de la cercanía que comenzaba a hacerla perder la compostura.

—No deberíamos detenernos —dijo Elian, con la voz baja y cargada de tensión—.

No sabemos qué tan lejos nos sigue.

Ariana asintió, pero algo en ella no podía evitar mirar hacia él.

La forma en que su cabello oscuro caía sobre su frente, cómo la luz del relicario lo iluminaba, haciendo que sus ojos plateados brillaran… todo parecía estar diseñado para distraerla.

Y de alguna manera, la distracción era bienvenida, porque le recordaba que no estaba sola.

—Elian… —susurró, apenas audible—.

Gracias por… por estar aquí.

Él giró la cabeza, y por un instante sus miradas se encontraron.

No hubo palabras, solo un entendimiento silencioso, cargado de emoción y tensión.

Ariana sintió un calor intenso en el pecho y la certeza de que ese momento, por peligroso que fuera, quedaría grabado en su memoria para siempre.

—Siempre —respondió él, apenas rozando su mano con la suya, más tiempo del necesario—.

Siempre estaré aquí.

El crujido de ramas a lo lejos los sacó del instante.

El traidor estaba cerca, y la bruma lo ocultaba, haciendo que cada sonido fuera sospechoso, cada sombra una amenaza.

Ariana apretó el relicario con fuerza y se preparó para lo inevitable.

—Ariana… —Elian la tomó por los hombros, obligándola a mirarlo—.

Escucha.

Si algo pasa… confía en mí.

Ella asintió, aunque no necesitaba decirlo en voz alta.

Con él a su lado, sentía que podía enfrentar cualquier cosa, incluso al traidor, incluso las sombras que deseaban atraparla.

Avanzaron hasta un claro donde la hierba estaba cubierta de rocío.

El relicario comenzó a vibrar, emitiendo un resplandor más intenso.

Ariana se agachó para examinarlo, y de repente un eco la golpeó: voces lejanas, susurros apenas audibles que parecían provenir del propio relicario.

—“Devuélvelo… no puedes… protegerlo… no… sola…” —Ariana se cubrió los oídos, pero las palabras penetraban su mente, claras y precisas.

Elian la sostuvo por la cintura, firme y protector.

Su cercanía la mantenía en equilibrio, pero también hacía que su respiración se agitara, más por la tensión emocional que por el peligro físico.

—No… —susurró Ariana—.

Nadie lo tendrá.

Nadie.

Un instante después, el relicario se calentó tanto que Ariana tuvo que separarlo de su pecho, y en ese momento el traidor apareció entre los árboles.

Su máscara blanca reflejaba la luz del objeto, y su presencia era como un vacío que absorbía el aire a su alrededor.

—Ah… finalmente lo tengo frente a mí —dijo con voz fría, calculada—.

Y tú… siempre tan cerca del poder, Ariana.

Elian se colocó frente a ella, la daga lista, pero Ariana apenas pudo mover los pies.

La cercanía de Elian la hacía sentir que no podía respirar, que cualquier segundo era demasiado corto, que cualquier movimiento podría ser el último… y sin embargo, el traidor no parecía percibir esa tensión entre ellos.

—No la tocarás —gruñó Elian, su voz temblando con algo que no era solo furia—.

Jamás.

Ariana lo miró a los ojos y sintió un impulso que no podía contener: dio un paso hacia él, buscando la protección que no necesitaba verbalizar.

Sus labios se rozaron brevemente en un instante cargado de urgencia y miedo.

Elian no respondió con palabras, solo con la presión de su brazo alrededor de ella, asegurándose de que ningún peligro los separara.

El traidor retrocedió, frustrado por la fuerza invisible que parecía unirlos.

El relicario brilló aún más, como si reconociera que juntos eran imparables.

Pero la bruma se espesó, y cadenas negras surgieron del suelo, retorciéndose hacia Ariana.

—¡Atrás!

—gritó Elian, agarrándola de la cintura y tirándola hacia un lado.

El contacto los mantuvo unidos mientras esquivaban las primeras cadenas.

Ariana sintió la certeza de que mientras estuvieran juntos, podían enfrentar cualquier amenaza.

Mientras se sostuvieran, el peligro no podría separarlos.

—No podemos quedarnos aquí —dijo Ariana, respirando con dificultad—.

Debemos avanzar.

—Sí —respondió él—.

Juntos.

Y así corrieron, escapando del círculo de sombras, mientras el relicario iluminaba su camino con un resplandor dorado.

Cada roce, cada gesto compartido, cada respiración sincronizada era un recordatorio silencioso de que no estaban solos.

Finalmente llegaron a un claro más seguro, donde el relicario brilló con fuerza y les permitió recuperar el aliento.

Ariana lo sostuvo contra su pecho, y la luz dorada iluminó sus rostros, mostrando la cercanía entre ellos.

Elian la abrazó de nuevo, esta vez con más firmeza, y sus labios se rozaron otra vez, prolongando un instante que parecía desafiar al tiempo y al miedo.

—No vamos a dejar que nos gane —susurró él, apoyando la frente contra la de ella—.

Nunca.

Ariana asintió, dejando que la calidez de su cuerpo y la luz del relicario la llenaran de coraje.

La batalla aún no había terminado, pero juntos, podrían enfrentar cualquier sombra, cualquier traición, cualquier peligro.

El bosque seguía respirando, consciente de que la historia estaba lejos de concluir.

El traidor aún acechaba, pero Ariana y Elian habían despertado algo que ni él podría comprender del todo: un vínculo más poderoso que cualquier magia, más fuerte que cualquier pacto.

Y mientras avanzaban entre la bruma, con las manos entrelazadas y los corazones latiendo al unísono, Ariana comprendió algo: no solo sobrevivirían.

Cambiarían el juego.

Y lo harían juntos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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