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SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Sombras en la linde
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19: Sombras en la linde 19: Sombras en la linde El aire estaba cargado de magia.

Cada paso que Ariana daba parecía resonar con el eco de antiguos juramentos, como si el bosque mismo recordara la sangre derramada y las promesas rotas.

A su lado, Elian avanzaba con cautela, los sentidos alerta, la respiración medida, pero no podía evitar mirar cada tanto a Ariana.

La tensión entre ellos era palpable, un hilo invisible que los unía y al mismo tiempo los mantenía al borde de la incertidumbre.

El relicario vibraba con fuerza, más intenso que nunca.

Ariana lo sostuvo contra su pecho, sintiendo cómo los latidos del objeto se sincronizaban con los suyos, y de alguna manera, también con los de Elian.

Cada chispa de luz que escapaba del relicario parecía dibujar sombras danzantes a su alrededor, figuras que apenas rozaban la realidad y el Linde, y que desaparecían tan rápido como aparecían.

—Estamos cerca del límite del bosque —susurró Elian, bajando la voz—.

Más allá de esto… el terreno es distinto.

Más viejo.

Más peligroso.

—Lo sé —respondió Ariana, sus ojos fijos en el camino entre los árboles—.

Lo siento.

El relicario… me llama hacia algo más profundo.

Algo que debemos enfrentar antes que el traidor nos alcance.

Elian tomó su mano de manera firme, casi protegiéndola de sí misma.

Sus dedos se entrelazaron, y el contacto fue suficiente para que un escalofrío recorriera a Ariana desde la nuca hasta la punta de los pies.

La cercanía era peligrosa, porque distraía, porque la hacía sentir vulnerable, y al mismo tiempo, le daba una fuerza que no podía ignorar.

—Ariana… —dijo él, apenas rozando su mejilla con los labios en un gesto fugaz, antes de apartarse—.

No dejes que esto te consuma sola.

Nunca.

Ella apenas pudo asentir, sintiendo que el calor de su cuerpo, su proximidad, era un refugio en medio de la creciente oscuridad que los rodeaba.

El bosque comenzó a cambiar a su alrededor.

Los árboles se alargaban, sus ramas enredándose en formas imposibles, y la bruma que los envolvía se espesaba hasta volverse casi sólida.

Las sombras parecían moverse con voluntad propia, susurrando antiguos nombres y juramentos rotos.

Ariana podía sentir el peso de la historia del Linde presionando contra sus hombros, y cada latido del relicario le recordaba que la presencia del traidor no estaba lejos.

—Siento… —murmuró Ariana—.

Siento que él nos está observando.

—Lo sé —respondió Elian, ajustando su agarre sobre la daga—.

Cada paso que damos, cada sombra que atravesamos… él sabe.

Pero no nos atrapará.

No mientras estemos juntos.

Apenas terminó de hablar, un crujido más fuerte se escuchó detrás de ellos.

La bruma se abrió en un círculo perfecto, y la figura del traidor apareció entre la niebla.

Esta vez no era solo una sombra; era un cuerpo sólido, con la máscara blanca reflejando la luz del relicario.

Sus ojos brillaban detrás de la máscara, llenos de intención y hambre.

—Ah… Ariana —dijo el traidor, su voz resonando como un eco desde todas partes a la vez—.

Has recorrido mucho, pero nunca lo suficiente.

Elian se colocó delante de ella, como un muro.

El relicario brilló con un pulso que hizo que las raíces del bosque se estremecieran, como si el Linde mismo reconociera la amenaza y la defendiera.

—No la toques —gruñó Elian—.

No mientras yo respire.

El traidor sonrió bajo su máscara, y un haz de oscuridad surgió de sus manos, serpentando hacia ellos.

Ariana sintió cómo la energía del relicario reaccionaba, pulsando con fuerza contra el ataque.

Un choque invisible recorrió el espacio entre ellos, y la luz dorada del relicario se expandió, haciendo que las sombras retrocedieran unos pasos.

—Debemos movernos —dijo Ariana, con urgencia—.

Antes de que él recupere la fuerza suficiente para atacarnos de nuevo.

Elian la tomó de la cintura, y sin dudarlo, la levantó ligeramente mientras corrían a través del bosque.

Cada sombra que los rodeaba parecía tener vida propia, atacándolos, intentando derribarlos.

Pero la combinación de la luz del relicario y la cercanía de Elian les daba una ventaja: mientras sus cuerpos se rozaban, mientras sus manos se entrelazaban, Ariana sentía un flujo de poder desconocido recorrer su interior.

Finalmente llegaron a un claro antiguo, donde piedras negras formaban un círculo perfecto.

Ariana se detuvo y colocó el relicario sobre el suelo.

La energía que emanaba era intensa, suficiente para mantener a raya las sombras del traidor.

—Esto… —murmuró Ariana—.

Esto podría ser un refugio temporal.

Pero no durará.

Elian se acercó, y por un instante, sus rostros estuvieron tan cerca que el peligro pareció desvanecerse.

Sus labios se rozaron nuevamente, esta vez con más deliberación, un gesto que mezclaba miedo, deseo y promesa.

Ariana respondió sin pensar, apoyándose en él, dejando que la calidez de su cuerpo la protegiera.

—No podemos… —murmuró Ariana entre respiraciones—.

Pero… no quiero separarme de ti.

—No lo haremos —respondió Elian, su voz baja y firme—.

Pase lo que pase.

El momento se rompió con un rugido que surgió desde la espesura.

El traidor había conseguido acercarse nuevamente.

Su risa era fría, llena de promesas de caos y dolor.

—No podrán esconderse de mí —dijo—.

Todo lo que es tuyo, Ariana… me pertenece.

Elian levantó la daga, y Ariana colocó las manos sobre el relicario, sintiendo cómo su luz dorada se intensificaba hasta cubrirlos por completo.

La presión que sentían del traidor era combatida por la fuerza que emanaba de su vínculo.

Cada roce, cada mirada compartida, alimentaba la magia del relicario, y durante un instante, el traidor retrocedió, sorprendido por la fuerza combinada de los dos.

—Esto no termina aquí —susurró Ariana, con determinación—.

Esto recién comienza.

Elian asintió, apretando sus manos contra las de ella mientras la luz del relicario los envolvía.

Sabían que la batalla estaba lejos de terminar, que el traidor no se detendría hasta obtener lo que deseaba, pero también sabían algo más: mientras estuvieran juntos, nada podría separarlos.

Y así, en medio de la bruma y la oscuridad del Linde, Ariana y Elian se prepararon para la siguiente fase de la guerra, conscientes de que cada instante juntos era una victoria, cada contacto una promesa, y cada respiración compartida, un acto de resistencia contra la sombra que los perseguía.

(…) La luz del relicario palpitaba con fuerza, llenando el claro con un resplandor dorado que parecía capaz de ahuyentar cualquier sombra.

Pero Ariana sabía que no sería suficiente.

La presencia del traidor era demasiado fuerte, demasiado paciente.

Había aprendido a moverse entre mundos, entre sombras y silencios, y cada segundo que pasaba le daba más ventaja.

Elian permanecía a su lado, la daga en mano, respirando con cuidado.

Sus ojos se cruzaron por un instante y, sin palabras, entendieron que cada roce, cada gesto, cada cercanía, era más que protección: era un recordatorio de que estaban juntos, que nadie podía separar lo que el destino había unido.

—Ariana —dijo Elian, bajando la voz—.

El relicario… siento que está reaccionando a él, como si supiera quién lo amenaza.

Ella asintió, acariciando su superficie con cuidado.

La calidez que emanaba no era solo física, sino emocional.

Cada pulso parecía sincronizarse con los latidos de su corazón y con los de Elian.

No solo estaba viva; estaba alerta, consciente, preparada.

—Lo sé —murmuró—.

Siento que me muestra cosas que aún no entiendo.

Secretos antiguos… y advertencias.

Un crujido quebró la concentración.

La bruma alrededor del claro se arremolinó con violencia, como si el bosque entero respirara para anunciar la llegada del enemigo.

Desde la espesura, la figura del traidor emergió lentamente, como un espectro que caminaba sobre la línea entre la vida y la muerte.

Su máscara blanca reflejaba la luz del relicario, pero detrás de ella había algo más: ojos que brillaban con hambre y resentimiento.

—Ah… Ariana —susurró con voz que parecía salir de todas partes—.

Pensaste que podrías esconderte.

Pensaste que podrías controlarlo todo.

Elian dio un paso adelante, bloqueando la línea de ataque.

Su respiración era firme, pero Ariana podía sentir su tensión.

Cada músculo de su cuerpo estaba preparado para lanzarse sobre el traidor si fuera necesario.

—No nos acercaremos a ella —gruñó Elian—.

Si quieres luchar, tendrás que pasar por mí.

El traidor rió, un sonido que parecía resonar en el aire como un tambor antiguo, y levantó las manos.

De ellas surgió una sombra negra, ondulante, que comenzó a extenderse hacia ellos como tentáculos invisibles que buscaban envolvérselos.

Ariana levantó el relicario.

La luz dorada se expandió, haciendo retroceder las sombras unos pasos.

Pero el traidor no estaba solo en su estrategia: cada tentáculo parecía alimentarse del miedo, de la duda, de la tensión entre ellos.

Elian apretó su mano sobre la de Ariana, y el contacto fue suficiente para que la magia del relicario se intensificara.

Era como si la conexión entre ellos dos alimentara la fuerza de la luz, y por un instante, el ataque del traidor se detuvo, como si no supiera cómo reaccionar.

—Debemos avanzar —dijo Ariana, con determinación—.

Este lugar no nos protegerá por mucho tiempo.

Elian asintió, y juntos comenzaron a moverse hacia el borde del claro, esquivando las sombras que el traidor enviaba.

Cada paso era calculado, cada respiración medida, mientras Ariana sentía el relicario latir más fuerte, casi como si comprendiera lo que debían hacer.

—Creo… —dijo Ariana, con voz temblorosa—.

Creo que el relicario no solo protege.

También puede atacar.

Elian la miró, sorprendido.

—¿Atacar?

—Sí —susurró ella—.

Pero no puedo hacerlo sola.

Necesito que… que lo hagas conmigo.

Elian comprendió al instante.

Su mano se posó sobre la de ella, y juntos canalizaron la energía del relicario.

La luz dorada se expandió hasta convertirse en un torrente brillante que impactó directamente en las sombras del traidor.

El ataque no destruyó al enemigo, pero lo hizo retroceder.

Ariana y Elian sintieron cómo el bosque temblaba bajo sus pies.

Cada árbol, cada piedra, parecía resonar con la energía liberada.

Por un instante, el tiempo pareció detenerse, y solo quedaron ellos, la luz y la oscuridad.

—Esto no es suficiente —murmuró Ariana, jadeando—.

Necesitamos más.

—Lo sé —dijo Elian, acercándose a ella—.

Pero estamos juntos.

Y eso… eso es lo único que necesitamos para ganar tiempo.

En ese instante, sus ojos se encontraron, y un silencio cargado de emoción cayó entre ellos.

Ariana podía sentir la cercanía, el calor, el deseo y la necesidad de protegerse mutuamente.

No era solo atracción; era un vínculo que iba más allá del miedo y del peligro, un lazo forjado en la lucha, en la magia y en la sangre compartida.

Un rugido más fuerte sacudió la bruma.

El traidor se estaba recuperando, y esta vez su ataque no fue directo: una ráfaga de energía oscura se expandió desde su posición, buscando separarlos.

Ariana y Elian se mantuvieron unidos, sintiendo cómo la energía del relicario se adaptaba, envolviéndolos como una armadura invisible.

—Debemos llegar al corazón del Linde —dijo Ariana—.

Allí… allí podemos usar el relicario como fue diseñado.

Elian asintió, y juntos comenzaron a correr hacia el interior del bosque, cada paso más peligroso que el anterior.

Las sombras del traidor los seguían, retorciéndose y extendiéndose, pero no podían romper la conexión entre ellos.

En un momento, Ariana tropezó.

Elian la sostuvo antes de que cayera, y su cercanía hizo que ambos respiraran agitadamente.

Sus labios se rozaron casi por accidente, y ambos lo sintieron: no era un gesto casual, sino una chispa de algo más profundo.

—No… no ahora —susurró Ariana, apartándose ligeramente, aunque su cuerpo aún buscaba el calor de él—.

No podemos… —Lo sé —respondió Elian, con voz grave—.

Pero no puedo evitarlo.

Mientras estemos así… juntos… puedo enfrentar cualquier cosa.

El traidor apareció frente a ellos de nuevo, esta vez más rápido, más agresivo.

Sus ojos brillaban detrás de la máscara, llenos de furia y desesperación.

Pero Ariana y Elian estaban listos.

Juntos canalizaron la energía del relicario y del Codex, creando un escudo que los envolvió completamente.

La luz se expandió, las sombras retrocedieron y por un momento, todo quedó en silencio.

Solo los latidos de sus corazones y el resplandor dorado del relicario llenaban el aire.

—Ariana… —dijo Elian, tomándola de la cintura y acercándola—.

No importa lo que venga.

No importa el traidor, no importa el peligro… mientras estemos juntos, podremos enfrentarlo todo.

Ariana sintió que las palabras calaban hondo en su corazón.

No era solo la promesa de protección; era la certeza de que él estaba dispuesto a arriesgarlo todo por ella, y que ella haría lo mismo.

El traidor los observaba desde la distancia, midiendo su próximo movimiento.

No se retiró.

No desapareció.

Solo aguardaba, paciente, sabiendo que la siguiente confrontación sería decisiva.

Pero Ariana y Elian ya no eran los mismos que habían comenzado esta batalla.

Su vínculo, su magia combinada y la fuerza del relicario los habían transformado.

Ya no eran solo víctima y protector; eran un equipo, una fuerza que nadie podría quebrar fácilmente.

Mientras el bosque parecía contener la respiración, Ariana levantó el relicario.

La luz dorada se expandió una vez más, y esta vez no solo los protegió: comenzó a revelar caminos, símbolos y antiguos sellos que podrían guiarlos hacia la siguiente etapa del Juramento.

—Es aquí —dijo Ariana, con determinación—.

Debemos seguir estas marcas.

Ellas nos llevarán al corazón del Linde… y tal vez, solo tal vez, nos den la oportunidad de enfrentar al traidor y al mismo tiempo descubrir la verdad del relicario y del Codex.

Elian asintió, y por primera vez en toda la noche, Ariana sintió que podían respirar, aunque fuera por un instante.

La batalla estaba lejos de terminar, pero sabían algo: mientras estuvieran juntos, mientras confiaran el uno en el otro, podrían enfrentar cualquier oscuridad.

Y mientras avanzaban hacia lo desconocido, sus manos permanecieron entrelazadas, unidas por algo más profundo que la magia o el peligro: un vínculo que ni la muerte ni la traición podrían romper.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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