Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 20

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. SOMBRAS Y PROMESAS I
  4. Capítulo 20 - 20 Ecos de sangre y luz
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

20: Ecos de sangre y luz 20: Ecos de sangre y luz El bosque estaba silencioso, demasiado silencioso.

Cada paso de Ariana y Elian sobre la tierra húmeda parecía despertar susurros antiguos, ecos que no pertenecían al presente, sino a un pasado que sangraba por los recuerdos olvidados.

El relicario colgaba del cuello de Ariana, latiendo con un brillo irregular, como si respirara con ella.

Su luz dorada parecía más consciente que nunca, y Ariana podía sentir cómo la energía que emanaba se conectaba con algo profundo, más allá del Codex, más allá de los sellos del Juramento.

—Siento que nos sigue —murmuró Ariana, apretando el relicario contra su pecho mientras avanzaban—.

No solo el traidor… algo más.

Elian frunció el ceño.

Sus ojos recorrían la penumbra entre los árboles, buscando cualquier movimiento.

—Lo sé —respondió, su voz firme pero cargada de tensión—.

No es solo él.

Algo en este bosque ha despertado por nuestra presencia.

Como si los antiguos guardianes del Juramento nos observaran.

Ariana asintió sin dejar de mirar las marcas que el relicario proyectaba sobre la tierra: líneas brillantes y símbolos que surgían ante ellos, guiándolos hacia lo desconocido.

Cada marca era un pulso, una advertencia, y a la vez, una promesa.

Elian tomó su mano sin que ella lo pidiera, y la conexión fue inmediata.

No era solo contacto físico: era una corriente que los atravesaba, sincronizando sus respiraciones, sus latidos, su magia.

Ariana sintió un calor que se mezclaba con la adrenalina, un vínculo que no había sentido con nadie más.

—No puedo explicarlo —dijo Ariana, sus dedos entrelazados con los de Elian—.

Pero cuando estoy contigo, incluso con todo esto… siento que podríamos sobrevivir a cualquier cosa.

Elian la miró fijamente, sus ojos reflejando la luz del relicario y la determinación de su propia alma.

—Eso es porque estamos juntos —dijo con voz baja, cargada de intensidad—.

Y mientras lo estemos, nadie podrá separarnos.

Ariana sintió un cosquilleo recorrer su espalda.

No era miedo.

No era deseo simple.

Era algo más profundo: la certeza de que su vida y la de él estaban entrelazadas en algo que iba más allá de los peligros que los rodeaban.

Un crujido repentino interrumpió el momento, y ambos giraron al instante.

Entre la niebla surgió una sombra que se movía con rapidez, intentando rodearlos.

El traidor.

La máscara blanca brillaba a la luz del relicario, y en sus ojos podía percibirse hambre, codicia y algo de desesperación contenida.

—Ahí están —dijo la voz del traidor, profunda y cortante—.

Pensaron que podían escapar de mí, pero su destino siempre ha estado escrito.

Elian se posicionó frente a Ariana, empuñando la daga y avanzando un paso hacia el enemigo.

—No mientras yo esté aquí.

El traidor rió, un sonido que se expandió en el bosque como una onda de oscuridad pura.

Con un gesto, lanzó hacia ellos una ráfaga de energía negra que retorció el aire mismo.

Ariana levantó el relicario, y la luz dorada respondió, formando un escudo que los envolvió.

La ráfaga impactó, pero la luz resistió, y el traidor retrocedió un instante, sorprendido.

—No basta —murmuró Ariana, jadeando—.

Necesitamos más… necesitamos unir nuestra fuerza.

Elian asintió, acercándose lo suficiente para que sus frentes casi se tocaran.

La proximidad hizo que la luz del relicario vibrara con mayor intensidad, como si reconociera la unión de sus voluntades.

Ariana pudo sentir la fuerza de él fluyendo hacia ella, y por primera vez, no fue solo protección: fue poder compartido.

Juntos, extendieron sus manos hacia el traidor.

La luz dorada del relicario se fusionó con la energía que emanaba de la conexión entre ellos, creando un torrente de fuerza que impactó directamente en las sombras del enemigo.

El bosque entero pareció temblar bajo la magnitud de aquel poder.

El traidor gritó, pero no huyó.

En cambio, extendió las manos y un aura negra comenzó a rodearlo, más intensa, más desesperada.

Las sombras se arremolinaron a su alrededor, buscando penetrar la barrera de luz.

Ariana y Elian sintieron cómo la energía del relicario respondía a su vínculo, pero también cómo exigía concentración absoluta.

Un solo pensamiento de duda podría destruirlos a ambos.

—Mira hacia mí —dijo Elian, su voz un ancla en medio del caos—.

Solo confía.

Ariana lo hizo.

No pensó en el miedo, no pensó en la fatiga ni en las visiones que la habían perseguido.

Solo vio a Elian, y en esa mirada encontró la fuerza para sostener la energía del relicario.

La luz dorada estalló, llenando el claro, y por un instante, todo fue silencio y calor.

Cuando la intensidad disminuyó, el traidor seguía de pie, pero más débil.

Sus ojos brillaban con un rencor que era a la vez temor y odio.

Ariana comprendió algo entonces: el relicario no solo respondía a ellos, sino que también reconocía la intención.

Si sus corazones estaban alineados, su fuerza podía superar incluso la oscuridad más antigua.

Elian tomó su rostro entre las manos y la acercó.

Ariana sintió el pulso del relicario contra su pecho, y sus labios se rozaron apenas, un contacto breve pero cargado de electricidad.

No había promesas, no había palabras: solo la certeza de que lo que los unía era más fuerte que cualquier enemigo.

—No nos detendrán —susurró Elian, con el aliento rozando su oído—.

Ni él… ni nadie.

El traidor se retiró lentamente, pero no desapareció.

Sus palabras resonaron en el aire como un eco venenoso: —Esto no ha terminado… Ariana Duarte.

Y algún día, todo lo que amas se convertirá en miyo.

La figura se desvaneció entre la bruma, dejando detrás solo un rastro de oscuridad que lentamente se disipó.

Ariana y Elian permanecieron de pie, respirando con dificultad, todavía envueltos en la luz dorada del relicario.

—Debemos seguir —dijo Ariana, ajustando el relicario sobre su pecho—.

Nos está guiando hacia algo más profundo… al corazón del Juramento.

Elian asintió, y por primera vez en horas, Ariana sintió que podían avanzar sin miedo inmediato.

No habían derrotado al traidor, pero habían sobrevivido a su primer ataque directo.

Y más importante: habían comprendido que juntos, su conexión, su vínculo, era un arma que ningún enemigo podía ignorar.

Mientras caminaban por el bosque, la luz del relicario iluminaba símbolos antiguos que solo Ariana podía entender.

Cada paso los acercaba a la verdad del Juramento, a las raíces del Codex y al misterio que aún rodeaba al traidor.

Y en medio del silencio del bosque, con la bruma abrazándolos y el relicario latiendo como un corazón compartido, Ariana comprendió algo más profundo que la magia, más profundo que la amenaza: Elian no era solo su protector.

Era su ancla, su fuerza y, quizás, su destino.

El bosque parecía respirar con ellos.

Cada sombra parecía moverse con intención, y los árboles inclinaban sus ramas como si quisieran advertirlos de un peligro que aún no alcanzaban a comprender.

Ariana ajustó el relicario contra su pecho, sintiendo cómo vibraba con más fuerza que nunca.

La luz dorada ya no era solo protección: era guía, un faro que la empujaba hacia un destino que parecía más cerca de lo que jamás había imaginado.

Elian caminaba a su lado, en silencio.

Sus manos rozaban apenas las de ella al pasar entre los árboles, y cada contacto enviaba un estremecimiento por ambos.

No era solo la tensión de la batalla reciente: era algo más profundo, un lazo que se tensaba con cada paso, con cada mirada compartida.

Ariana sintió que no podía apartar los ojos de él.

Cada movimiento, cada respiración de Elian parecía sincronizarse con la suya.

—Ariana —dijo finalmente, rompiendo el silencio, su voz más suave que un susurro, cargada de intensidad—, si algo nos pasa… quiero que sepas que… —Se detuvo, tragando las palabras, incapaz de pronunciarlas del todo.

Ariana lo miró, comprendiendo el peso de su silencio.

Se inclinó ligeramente hacia él, rozando apenas sus labios con los de él en un gesto breve pero cargado de electricidad.

No era un beso de pasión, sino un recordatorio silencioso: estaban juntos, y mientras lo estuvieran, nada los derribaría.

—Lo sé —susurró—.

Y yo tampoco quiero estar sola en esto.

Un crujido entre los arbustos los hizo retroceder instintivamente.

El relicario brilló con una intensidad cegadora, y Ariana lo levantó frente a ella como un escudo.

—No solo nos sigue el traidor —dijo ella, sus ojos recorriendo la penumbra—.

Hay algo más aquí, algo que conoce nuestra fuerza… algo que quiere probarnos.

Elian asintió, acercándose a ella hasta rozar su hombro.

La cercanía los protegía y a la vez los hacía vulnerables.

Ariana sintió un calor que no era del relicario ni de la adrenalina: era el contacto de Elian, la certeza de que no estaba sola, y el impulso de confiar en él completamente.

—Debemos seguir —dijo él finalmente—.

Si dejamos que el miedo nos detenga, no sobreviviremos a lo que viene.

El camino los llevó a un claro abierto, donde los árboles retrocedían dejando espacio para una estructura olvidada por el tiempo: una torre de piedra cubierta de runas y musgo.

La entrada estaba cubierta de símbolos que Ariana podía sentir vibrar con la energía del relicario.

—Esto… debe ser lo que el Codex y el relicario intentaban mostrarnos —murmuró—.

Es el corazón del Juramento.

Elian tomó su mano, y por un instante, se detuvieron frente a la entrada.

La tensión entre ellos era palpable, una corriente que no solo los mantenía alertas, sino que los acercaba de un modo que ni la magia ni la guerra podían separar.

Ariana sintió un deseo profundo de inclinarse hacia él, de apoyarse en su fuerza y su calor, pero también de mantenerse firme, de ser dueña de su propio destino.

—Estamos juntos en esto —dijo Elian, sus labios rozando su oído—.

No tienes que hacerlo sola.

El susurro, cercano y cálido, la hizo estremecerse.

Ariana asintió, ajustando el relicario.

La luz dorada iluminó la torre, revelando símbolos que parecían pulsar al ritmo de su corazón.

Entraron.

La puerta se cerró detrás de ellos con un chasquido sordo, y la luz del relicario se reflejó en la piedra cubierta de runas.

Cada paso hacía que los símbolos brillaran y se desplazaran ligeramente, como si respondieran a su presencia y a su voluntad compartida.

—Esto es… increíble —murmuró Ariana—.

No solo es un lugar físico, es un mapa de memoria, de poder… de lo que los guardianes del Juramento dejaron atrás.

Elian recorrió el espacio con la mirada, atento a cualquier peligro, pero también a cada reacción de Ariana.

Sus manos se rozaban de vez en cuando, y cada contacto era un recordatorio de que estaban unidos, de que podían confiar en la fuerza del otro.

De pronto, el relicario comenzó a vibrar más intensamente, lanzando haces de luz hacia una sección del suelo.

Ariana se arrodilló, y al acercarse, la piedra comenzó a abrirse, revelando una cavidad secreta.

En su interior, un cofre pequeño y antiguo descansaba sobre un pedestal de piedra: el relicario estaba reaccionando a algo que todavía no podía comprender completamente.

—Es… es la caja —susurró, reconociendo la forma del cofre de las visiones anteriores—.

Pero no puedo abrirlo todavía.

Hay algo que lo bloquea… algo que solo la fuerza combinada de los tres linajes podría liberar.

Elian se acercó, tomando su mano para sostenerla mientras observaban el cofre.

La tensión entre ellos aumentó, no por peligro, sino por la cercanía, la incertidumbre y la electricidad que los unía.

Ariana sintió que cada fibra de su cuerpo estaba conectada con la de él, que la magia del relicario no solo respondía a su sangre, sino también a la intensidad de su vínculo.

—Tenemos que proteger esto —dijo Elian, apretando suavemente su mano—.

Nadie debe tocarlo antes de que sepamos cómo manejarlo.

—Lo sé —murmuró Ariana—.

Pero… siento que no estamos solos.

En ese instante, un susurro recorrió la torre.

No era el viento.

No eran los árboles.

Era un sonido más profundo, más antiguo.

—Ariana… Elian giró, con la daga lista, y vio cómo una sombra se materializaba frente a ellos.

El traidor estaba de nuevo, pero esta vez no atacó inmediatamente.

Su máscara blanca reflejaba la luz del relicario, y sus ojos parecían brillar con un conocimiento que aún no comprendían.

—Sabía que llegarías —dijo, con un tono que combinaba rencor y fascinación—.

Y sé lo que llevas.

Ariana sostuvo firme el relicario, y su luz se expandió, iluminando toda la torre.

—No vas a tocarlo —dijo ella, con voz firme, más segura que nunca—.

No mientras yo esté aquí.

El traidor sonrió, un gesto frío y calculador.

—Esto apenas comienza… y pronto, lo que amas, lo que proteges… será mío.

Elian se acercó a Ariana, y juntos, la luz del relicario formó un escudo dorado frente al enemigo.

En ese momento, Ariana comprendió que no solo estaba protegiendo un objeto antiguo: estaba protegiendo su vida, su historia, y el lazo que los unía a ella y a Elian.

La tensión entre ellos era palpable, cargada de deseo, protección y la certeza de que, aunque el enemigo los rodeara, juntos podían enfrentar cualquier oscuridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo