SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Sombras que saben tu nombre
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22: Sombras que saben tu nombre 22: Sombras que saben tu nombre La torre seguía respirando polvo dorado.
No era luz… no era magia común.
Era el residuo del relicario después de haber empujado los límites de lo que Ariana podía soportar.
Ella aún tenía los labios entumecidos por el beso, y sus manos… sus manos seguían aferrando la camisa de Elian como si temiera que el mundo volviera a romperse si lo soltaba.
Elian bajó la mirada hacia ella.No dijo nada.Pero no necesitaba decirlo.
Había algo distinto en él.Algo que el relicario había activado cuando sus cuerpos se encontraron en medio del caos.Algo que la máscara rota del traidor había reconocido antes de huir.
Ariana sintió el pulso del relicario estabilizarse, como si se hubiera sincronizado con el ritmo del corazón de Elian.
Y eso no tenía sentido.
Nada del relicario había sido estable desde que lo había tocado por primera vez.
—Ariana —susurró Elian, con la voz aún marcada por el temblor del momento anterior—, dime que estás bien.
Ella levantó la mano y la apoyó en su pecho, encima del lugar donde la Marca dormida reposaba bajo su piel.
Incluso a través de la tela, podía sentir un calor que no pertenecía a ninguna magia de este mundo.
—Estoy bien —contestó—.
Gracias a ti.
Él tragó saliva, y por un segundo, Ariana creyó ver miedo… no de lo que había pasado, sino de lo que estaba sintiendo por ella.Pero Elian jamás huía.
Ni siquiera de sí mismo.
La torre gruñó.Las piedras vibraron, recordándoles que ese lugar no había sido construido para protegerlos, sino para atraparlos si la luz del relicario fallaba.
—Tenemos que salir de aquí —dijo Elian.
Ariana asintió, pero cuando dio un paso, sus piernas cedieron ligeramente.
La magia la había drenado.
O el beso.
O la combinación letal de ambos.
Elian la sostuvo antes de que cayera.
—Ariana… —Estoy bien —repitió, aunque su voz apenas era un hilo.
Él la levantó en brazos sin pedir permiso.Lo hizo con una facilidad que la hizo inhalar bruscamente.
Su cuerpo encajaba contra el de él como si ya se conocieran desde antes… antes de ahora… antes incluso del relicario.
Y ese pensamiento la estremeció.
—No tienes que cargarme —murmuró.
—Sí —respondió él, mirándola con una mezcla de ternura y furia contenida—, sí tengo.
Salieron de la torre envuelta en cenizas doradas.
La noche afuera era fría, demasiado fría, como si el mundo hubiera retrocedido un paso para observarlos.
Elian la bajó solo cuando estuvo seguro de que Ariana podía mantenerse en pie.
—Él… —empezó ella, mirando hacia donde el traidor había desaparecido— no huyó.
Se retiró.
Elian frunció el ceño.
—Lo sé.
—Significa que no terminó.
Que esto no terminó —agregó Ariana, apretando el relicario.
—Entonces lo terminaremos —respondió él sin dudar.
Ella lo miró.
Él lo sostuvo.
Y el aire entre ellos volvió a cargarse, como si la magia aún quisiera unirlos.
Pero algo más se movió en la oscuridad.Un viento helado.Un crujido de hojas.
Ambos se tensaron.
Elian alcanzó su arma.
Ariana levantó el relicario.
Pero no era el traidor.
Un grupo de sombras pequeñas, del tamaño de lobos, se deslizó desde el bosque.
Sus ojos brillaban blancos, sin pupila.
No eran criaturas normales del Linde.
Eran Marionetas Sombrías.
El traidor había dejado un rastro.
Elian dio un paso al frente.
—Ariana, quédate detrás de mí.
—No —dijo ella, colocándose a su lado—.
Ahora somos dos.
Él la miró.Y algo cedió en él.Como si aceptara lo que ya era inevitable.
—De acuerdo —dijo, respirando hondo—.
Juntos.
Las criaturas atacaron con un aullido.
Elian se movió como un rayo, protegiendo el flanco izquierdo.
Ariana invocó un destello de luz con el relicario, cegando a las sombras.
Pero algo estaba mal.
A cada golpe que Elian daba, la Marca brillaba.Y a cada brillo, las criaturas se volvían más agresivas.
Ariana lo notó.
—Elian, ¡te están respondiendo a ti!
¡A la Marca!
—No lo estoy haciendo a propósito —rugió él, esquivando por muy poco un zarpazo.
—¡Eso es lo peor!
La luz del relicario se agitó frenética, reaccionando al caos.
Ariana lo levantó:una onda dorada surgió y golpeó a todas las criaturas, haciéndolas retroceder.
Pero la Marca en Elian respondió al mismo tiempo con una onda roja.
Las ondas se cruzaron.
Las sombras chillaron.
Elian cayó de rodillas, llevado por el impacto.
Ariana corrió hacia él.
—¡Elian!
Su pecho ardía.
Literalmente ardía, como si algo dentro de él quisiera salir.
—Ari… —jadeó él— no… te acer— Ella ignoró el aviso.
Lo tomó del rostro.Lo obligó a mirarla.
—Elian, mírame.
Escúchame.
La Marca no te controla.
No mientras yo esté aquí.
Él apretó los dientes.
Pero la Marca, ante el contacto de Ariana, se calmó.
Se apaciguó.
Su cuerpo dejó de temblar.El dolor retrocedió.
Y en el silencio que quedó, los ojos de Elian se clavaron en los de ella con una intensidad tan profunda que Ariana sintió que su corazón dejaba de moverse.
—Ariana… —susurró él, con la voz rota por mil emociones que no podía nombrar—, yo… Lo que fuera que iba a decir, no llegó a pronunciarlo.
Porque una voz surgió desde la línea de árboles.
Fría.Serpentina.Conocida.
—Hermoso.Realmente hermoso ver cómo florece lo prohibido.
Ariana y Elian giraron.
Ahí estaba.
El traidor.
Pero sin máscara.
Su rostro era…Era— Ariana sintió cómo el aire la abandonaba.
—No puede ser… —susurró ella.
Elian se tensó como si una espada invisible le atravesara el pecho.
El traidor dio un paso adelante, revelando ojos tan similares a los de Elian que el mundo se quebró en dos.
—Hola, hermano —dijo con una sonrisa rota.
Elian se congeló.
Ariana también.
Porque todo…todo cambió en un solo latido.
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