SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Donde la sangre recuerda
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24: Donde la sangre recuerda 24: Donde la sangre recuerda El silencio que siguió fue tan severo que incluso el bosque pareció contener la respiración.
Ariana sintió el frío en su piel como si el aire alrededor se hubiera congelado.
El relicario latía, duro, violento, como si quisiera romperse contra su pecho para liberarse.
Caelan no se movió, pero su mirada —oscura y cargada de siglos de rencor— mantenía a ambos atrapados como presas.
Elian retrocedió un paso más, incapaz de sostener el peso de lo que Caelan acababa de exponer.Su rostro parecía más pálido que la niebla del Linde.
—Ari… —susurró él, pero su voz se quebró en medio.
Ariana dio un paso hacia él.
Elian no parecía darse cuenta, perdido en un recuerdo que ella aún no podía ver, pero que Caelan sí observaba con una satisfacción cruel.
—Díselo —ordenó Caelan, con una voz baja pero imperiosa—.
Dile cómo me dejaste atrás entre los cuerpos.
Dile cómo corriste.
Dile lo que hiciste para sobrevivir.
Elian apretó los dientes, respirando por la boca como si le faltara el aire.Ariana vio el temblor en sus manos.
—Yo no… yo no tuve opción —balbuceó Elian—.
Tú me dijiste que corriera.
¡Caelan, tú me lo dijiste!
Caelan sonrió.
Una sonrisa rota… y sin embargo viva.
—Claro.
Te dije que corrieras.
No pensé que fueras tan bueno obedeciendo.
Ariana sintió una punzada ardiente en el pecho.
—Él era un niño —intervino, su voz temblorosa pero firme—.
No puedes culpar a un niño por sobrevivir.
No puedes cargarle eso para siempre.
Caelan la miró… no con odio, sino con una extraña curiosidad.
—Eres tan parecida a ella —susurró.
Ariana parpadeó.
—¿A… quién?
Pero Caelan no respondió.Su silencio pesó como una sentencia.
Elian alzó la vista, sus ojos llenos de lágrimas que no llegaban a caer.
—Hermano… —dijo en un hilo de voz—.
Yo creí que estabas muerto.
Aún lo creo.
¿Cómo sigues vivo?
¿Qué te hicieron?
Caelan bajó un paso la mirada, y la luz oscura que tenía bajo la piel pulsó.
—A mí no me salvaron.
A mí me usaron.
Ariana sintió el relicario vibrar, como si respondiera a esa verdad.
—El pacto no me dejó morir —continuó Caelan—.
Me reclamó.
En cuerpo.
En sangre.
En alma.
Y cuando desperté… solo encontré cenizas.
De nuestra casa.
De nuestra familia.
Y tu rastro… lejos de todo lo que dejamos atrás.
Ariana sintió algo en su garganta oprimirse.
Elian cerró los ojos, la respiración dolorosa.
—Yo… te busqué —susurró Elian, apenas audible—.
Te busqué durante años.
No encontré nada.
Nada.
Caelan lo observó con una expresión imposible de descifrar.
—Porque yo ya no era nada —dijo, con un tono que heló hasta a Ariana—.
El Caelan que conociste murió aquel día.
Lo que quedó… fue moldeado para un propósito.
Uno que tú interrumpiste cuando encontraste a Ariana.
Elian entrecerró los ojos.
—No entiendo.
¿Qué tiene que ver ella contigo?
Caelan la miró.
Ariana tragó saliva.
—Porque ella —dijo Caelan— fue parte del pacto original.La sangre que despertaría al guardián elegido.
Elian palideció por completo.
—No… no puede ser.
Ariana sintió el mundo desmoronarse bajo sus pies.
—Yo… yo no recuerdo nada de eso.
—No lo harás —replicó Caelan con una calma desgarradora—.
La memoria fue sellada.
Para protegerte.
Para mantenerte lejos de mí.
El relicario ardió de nuevo.
Ariana apretó los ojos.
Una visión fugaz:Manos entrelazadas.Un círculo de fuego.Dos hermanos arrodillados.Una niña —ella— sosteniendo una copa de sangre.
Ariana se tambaleó.
Elian corrió a sostenerla, más rápido que su propio miedo.
—¡Ari!
¡Ariana, mírame!
Estás aquí.
No estás allí.
¡Conmigo!
Ella lo miró.Y lo sintió.El calor.La seguridad.El amor que ella no había pedido, pero que se aferraba a ella como algo sagrado.
Caelan vio el gesto.
Vio esa conexión.
Y algo oscuro brilló en sus ojos.
—Así que la elegiste a ella… igual que elegiste tu vida sobre la mía.
Elian apretó los dientes, una rabia ardiente despertando en su pecho.
—Déjala fuera de tus rencores —gruñó—.
Esto es entre tú y yo.
Caelan sonrió.
—Oh, pequeño.
Ariana es el centro de todo.
No existe “entre tú y yo” sin ella.Porque ella fue la que unió nuestras sangres.La que selló el pacto.La que nos condenó a ambos.
Ariana sintió la culpa caer sobre ella como un veneno.
—Yo no sabía nada… —susurró ella—.
No tenía idea… —Pero ahora sabes que el relicario late por ti, no por él —respondió Caelan—.
Porque tú eres la llave.
Y yo soy el heredero.
Elian dio un paso delante de Ariana, protegiéndola con el cuerpo entero.
—Ella no va a ir contigo.
Caelan levantó la mano… y una ráfaga de energía oscura rodeó los árboles.
El Linde tembló.
Ariana sintió su magia revolverse con violencia.Viva.Ansiosa.Como si quisiera liberarse.
—Elian… —susurró ella, agarrando su brazo.
—No lo sueltes —respondió él, sin apartar la mirada de Caelan—.
No importa lo que pase.
No me sueltes.
Una grieta de luz negra se abrió detrás de Caelan, como una puerta hacia algo antiguo… y hambriento.
—Este destino no puede detenerse ya —dijo Caelan—.
Ariana, el pacto te llama.
El relicario te eligió.
Y yo… Su expresión se suavizó apenas.
—…yo soy lo que queda de tu promesa olvidada.
Elian rugió: —¡Ella no te prometió nada!
Caelan sonrió con una dulzura inquietante.
—Eso… es lo que tú crees.
Ariana sintió un escalofrío desgarrador recorrerla.
Porque el relicario… latió en respuesta.
No a Elian.No a ella.
A Caelan.
Y esa vez…Ariana sintió que su mundo podría partirse para siempre.
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