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SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 Lo que la sangre reclama
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25: Lo que la sangre reclama 25: Lo que la sangre reclama El relicario seguía latiendo con una intensidad imposible, una que Ariana jamás había sentido.

Ya no parecía un objeto ajeno a ella; era como un segundo corazón, furioso, reclamando algo que había dormido demasiado tiempo.

La grieta de oscuridad detrás de Caelan se expandía, lenta, como la boca de un coloso que despertaba desde el fondo de un abismo.

Los árboles se inclinaban hacia atrás, crujientes, como si una fuerza invisible los empujara.

El viento se volvió frío, punzante, vivo.

Ariana apenas podía respirar.

—No… —murmuró, llevando una mano a su pecho—.

No quiero ir contigo.

—No es una elección.Tu sangre ya eligió —respondió Caelan, con esa calma que desgarraba más que cualquier grito.

Elian se interpuso entre ambos, con la respiración agitada pero firme.

Ariana sintió cómo su cuerpo temblaba, no de miedo… sino de furia.

—Ella no va a ninguna parte —dijo Elian, su voz más oscura de lo que Ariana le había escuchado nunca.

Caelan ladeó la cabeza.

—Elian… siempre tan trágicamente predecible.

—Y tú siempre tan enfermo —disparó Elian.

Caelan sonrió como si aquel insulto fuese un cumplido.

—La enfermedad no viene de mí, hermano.Yo solo acepté lo que nos ofrecieron.

Fui moldeado por el pacto.

Tú… tú escapaste.Tú huiste.

Elian apretó los puños.

Ariana sintió el choque de fuerzas entre ambos; la tensión casi podía cortarse con un cuchillo.

El bosque entero parecía inclinarse hacia ellos, esperando el estallido de algo que llevaba demasiado tiempo contenido.

—Ariana —dijo Caelan, ignorando por completo a Elian—.

¿Quieres saber qué viste en tu visión?¿Quieres saber de quién era la sangre que tocaste cuando eras niña?

Elian tensó los músculos.

—No.

No vas a mostrarle nada más.

—Ella preguntó —replicó Caelan—.

Y el relicario respondió.

Yo solo soy el eco.

Ariana tragó saliva.Elian la miró, como suplicándole que no escuchara.

Pero ella ya sabía que la verdad estaba demasiado cerca para huir.

—Dime —susurró Ariana.

Elian soltó un suspiro quebrado.

Caelan extendió una mano.

No la tocó.

Solo puso los dedos a unos centímetros de su mejilla.

Ariana se estremeció igual, como si algo invisible hubiese rozado su piel.

—La sangre que sellaste no era la tuya —dijo Caelan—.

Era la mía.

Elian apretó el brazo de Ariana con fuerza.

—No escuches— Pero ella lo ignoró, sin querer hacerlo pero incapaz de apartarse de lo que sentía.De lo que su magia exigía.

—¿Qué…?

—preguntó Ariana, casi sin voz—.

¿Cómo que era… tu sangre?

Caelan dio un paso más cerca, la oscuridad ondulando detrás de él como un manto viviente.

—Tú me escogiste a mí, Ariana.

No a Elian.Yo era el guardián destinado.

Yo era el elegido.Tu pacto fue conmigo.

El mundo pareció temblar bajo los pies de los tres.

Elian cerró los ojos con fuerza, como si esas palabras lo desgarraran desde dentro.

Ariana sintió el latido del relicario acelerarse, calentando su piel, su garganta, su pecho.

Y de pronto… Una visión la golpeó con tanta fuerza que casi la derriba.

La visión La niña que ella fue.Cabello revuelto, ojos brillantes por el miedo.Caelan arrodillado frente a ella, más joven, más humano.Su mano cortada, la sangre cayendo en un cuenco.

Ariana acercándose.Sus dedos temblorosos tocando la sangre.Un círculo de fuego creciendo a su alrededor.Un juramento formando un hilo rojo entre sus pechos.

Y detrás de ellos… Elian.Pequeño.Llorando.Mirándolos como si estuviera presenciando el fin de todo.

Fin de la visión.

Ariana cayó a sus rodillas.

—¡ARIANA!

—Elian la sostuvo antes de que tocara el suelo, metiendo el brazo bajo su espalda, pegándola contra él con una urgencia desesperada—.

Ya basta, Caelan.

¡Ella no puede soportar más!

La mirada de Caelan se endureció.

—Ella puede soportar lo que sea.

Fue creada para eso.

—¡Ella no fue creada!

—rugió Elian—.

¡Ella es humana!

¡Ella es… ella!

Caelan observó el modo en que Elian la abrazaba, cómo la mantenía cerca de su pecho, como si soltarla fuera imposible.

Y algo oscuro cruzó su mirada.

—Así que eso es.Eso es lo que te ata.El amor.

Ariana sintió el corazón agolparse en los oídos.

Elian se quedó inmóvil.

Ariana también.

—No te atrevas —siseó Elian.

—¿A qué?

¿A decir que la deseas?

—preguntó Caelan con una suavidad cruel—.

¿A decir que te arde la idea de perderla?

¿A decir que tu debilidad es ella?

Ariana vio el temblor en el pecho de Elian.

No era furia.Era miedo.

—No lo entiendes… —murmuró Elian, apretando a Ariana sin darse cuenta.

—Lo entiendo mejor que tú —respondió Caelan—.

El pacto siempre destruye al guardián que se enamora de la llave.Siempre.

Ariana levantó la mirada, aún aturdida, aún temblando.

—Yo… yo no soy una llave.

No quiero serlo.

Caelan se inclinó hacia ella, lo suficiente para que Ariana sintiera el calor helado de su presencia.

—Entonces deja que yo rompa el pacto —susurró él—.

Deja que te libere.

Elian empujó a Ariana detrás de él con un solo movimiento.

—Si la tocas, te mato.

Caelan sonrió lentamente.

—Eso ya lo intentaste una vez.

Una ráfaga de viento oscuro atravesó el suelo como un latigazo.

Elian se lanzó empujando a Ariana hacia un lado.

Ariana sintió la explosión detrás de ella, el rugido de tierra y raíces desgarrándose.

—¡ELIAN!

—gritó Ariana.

Él cayó rodando por la fuerza del impacto, pero se levantó de inmediato, respirando con dificultad.

Caelan lo observaba sin prisa, como un felino examinando a su presa antes del ataque final.

—Eres más fuerte de lo que recuerdas, hermano.El pacto te dejó algo de mi poder.

Elian escupió sangre al suelo.

—No necesito tu poder.

Caelan levantó la mano y las sombras subieron como lanzas.

Elian corrió hacia Ariana, la tomó por la cintura, la giró, y la protegió con el cuerpo cuando las sombras golpearon.

El impacto dejó a ambos jadeando.

Ariana sintió el temblor en los brazos de Elian mientras la rodeaban.La forma en que la apretaba contra él.Cómo su corazón latía contra su oído, fuerte, desesperado, vivo.

Elian murmuró, casi sin voz: —No te voy a perder.

Ariana cerró los ojos, sintiendo una mezcla de miedo, amor y furia que la envolvía como una tormenta.

Entonces, algo dentro del relicario se quebró.

Un sonido claro.Un chasquido antiguo.

Ariana abrió los ojos y vio cómo una línea luminosa aparecía en el relicario, como si empezara a abrirse.

Caelan lo notó inmediatamente.

—¡NO!

—rugió, su máscara rota parpadeando como una herida viva—.

¡Aún no!

¡No lo abras!

Elian miró el relicario con horror.

—Ariana, no… no lo hagas.

Por favor.

Ariana lo sostuvo con ambas manos.

El relicario vibró.Su pecho ardió.Su sangre cantó.

Y por primera vez, Ariana no se dejó dominar por el miedo.

—Esto… es mío —dijo.

Caelan extendió la mano hacia ella.Elian también.

—¡ARIANA!

—gritaron ambos al mismo tiempo.

Y el relicario se abrió.

La luz estalló en un círculo perfecto.Una onda dorada que atravesó a los tres.

Elian gritó su nombre.Caelan gritó algo ininteligible.El bosque entero explotó en un rugido de magia antigua.

Ariana sintió que el mundo cambiaba.Que ella cambiaba.

Que la sangre recordaba.

Y nada volvería a ser igual.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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