SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Cada una de nuestras sombras
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26: Cada una de nuestras sombras 26: Cada una de nuestras sombras Ariana no respondió de inmediato.
Su respiración seguía irregular, no porque el veneno aún la afectara—eso estaba casi neutralizado—sino por la tensión que aún vibraba en su pecho.
Elian estaba demasiado cerca, su mano aún rozando su cintura, como si temiera que ella pudiera desvanecerse otra vez.
Ella apartó la mirada, pero él no se movió.
—Ariana —repitió Elian suavemente—.
Lo que viste… ¿fue otra visión?
Ella avanzando despacio.
No quería mentirse a sí misma, pero tampoco sabía cómo poner en palabras el peso helado que le había caído encima.
—Era algo más que una visión —susurró—.
Fue como si…
como si algo estuviera forzando su camino dentro de mí.
Como si el relicario me hablara.
Elian frunció el ceño, preocupado.—El relicario es un vínculo, pero no debería tener ese poder sin tu permiso.
A menos que… —A menos que alguien más lo esté usando para llegar a mí —completó Ariana, sintiendo un escalofrío bajar por su columna.
Elián tragó duro, y un destello de furia helada cruzó su mirada.—El traidor.
La palabra quedó suspendida, afilada, casi tangible.
La campana que no debía sonar Antes de que Ariana pudiera responder, una campana resonó desde lo profundo del santuario.Tres golpes.Lentos.Funestos.
Elian palideció.
— ¿Qué significa eso?
—preguntó Ariana, agarrándolo del brazo.
—Significa —contestó él— que alguien forzó la barrera exterior.
Alguien entró al santuario.
Ariana sintió cómo algo se quebraba dentro de ella.—¿Pero no dijiste que era imposible cruzarla sin ser detectado?
—Lo es.
O lo era.
Ambos se quedaron en silencio.
Hubo un segundo golpe de la campana, y todo el aire alrededor pareció volverse más denso, más oscuro.
Elián la tomó de la mano.—No te sueltes.
Si el traidor está aquí, entonces no vino por el santuario.
Vino por ti.
Ariana quiso replicar, pero las palabras murieron en su garganta cuando una ráfaga de viento helado atravesó el pasillo, apagando algunas antorchas a su paso.
Algo se movía.
Algo que no caminaba… sino que se arrastraba entre luces y sombras.
El eco de la sombra Un murmullo gutural comenzó a escucharse, no como una voz humana, sino como el roce de huesos secos sobre piedra.
Ariana sintió cómo la temperatura descendía.
—Elian… ¿qué es eso?
Elian dio un paso adelante, poniéndose delante de ella.—Un sombrián.
Un espíritu atado con magia prohibida.
Solo puede invocarlo alguien que conozca el rito del Linde.
—¿El traidor?
-Si.
Y si envió uno, significa que ya sabe dónde estamos.
El sombrián apareció finalmente en el borde de la luz: una masa amorfa, con brazos demasiado largos y ojos vacíos que parecían agujeros en la misma realidad.
Ariana retrocedió por instinto, pero Elian levantó una mano.—No dejes que toque tu sombra —advirtió—.
Si lo hace, absorberá tu fuerza vital.
El espíritu lanzó un chillido agudo, casi un llanto distorsionado, y se lanzó hacia ellos con una velocidad imposible.
Ariana apenas tuvo tiempo de esquivarlo cuando Elian la empujó contra la pared, protegiéndola con su cuerpo.
Por un instante, demasiado breve pero demasiado intenso, Ariana sintió su pecho contra el de él, el calor de su respiración junto a su oído.
Y luego el momento se rompió con un estallido de luz.
La marca despierta El relicario reaccionó.
Ariana lo sintió arder contra su piel.
Una luz blanca-embrujada, como fuego líquido, salió disparada desde su pecho.
El sombrián se enfrió, retrocediendo como si esa luz lo quemara.
Ariana cayó de rodillas mientras la energía recorría su cuerpo, sacudiéndola desde dentro.
Elián se agachó a su lado.—¡Ariana!
¿El relicario te está dañando?
Ella negó con la cabeza.—No… no es dolor.
Es… es como si… estuviera respondiendo.
—¿A ti?
—No.
A él .
Ambos entendieron al mismo tiempo.
El traidor.
El relicario estaba reaccionando a su presencia, como si lo reconociera.
Ariana apretó los dientes, intentando controlar la oleada de energía, pero cuanto más trataba de contenerla, más fuerte latía la luz bajo su piel.
El sombrián se lanzó otra vez, esta vez directo hacia Ariana.
Elian sacó una daga ceremonial y la atravesó, pero la hoja atravesó la sombra sin detenerla.
—¡No puedes matarlo así!
—gritó Ariana.
—Entonces, ¿cómo lo destruimos?
Ariana sintió la respuesta, no como un pensamiento, sino como un impulso primario: El relicario quiere que yo lo haga.
Se puso de pie, temblando, levantando la mano mientras la luz seguía brotando desde su interior.
El sombrián rugió.
Ariana gritó.
Y la luz se expandió en un estallido que atravesó al espíritu como una lanza.
El sombrián se disolvió en un chorro de ceniza oscura.
Luego silencio.Pesado.
Elian la sostuvo antes de que cayera.—Te está consumiendo demasiada energía.
No puedes seguir activándolo sin… Pero las palabras de Elián se cortaron cuando las antorchas volvieron a encenderse solas, todas a la vez.
Un mensaje.
Una advertencia.
O una burla.
En la pared más cercana, escrito con una sustancia oscura como tinta mezclada con sangre, alguien había dejado una frase: «No podrás protegerla para siempre.» Elian tembló de furia.
Ariana sintió cómo el mundo se le cerraba un poco.
—Él estuvo aquí —murmuró.
—Sí —respondió Elián, con la voz quebrada—.
Y no se esforzó en ocultarlo.
Ariana tragó.—Él me está siguiendo… por el relicario.
Elian negó con la cabeza, apretando la mandíbula, su expresión endurecida por algo más crudo que miedo: desesperación.—No.
Te estás siguiendo por quién eres .
El relicario solo le facilita llegar.
Ariana abrió los ojos, sorprendida.—¿Qué quieres decir con eso?
Elian respiró hondo, como si estuviera a punto de revelar algo que había guardado por demasiado tiempo.
—Ariana… hay algo que necesito contarte.
Algo que debí decirte desde que te encontré aquella noche.
Antes de que pudiera continuar, un nuevo sonido interrumpió la tensión.
No era la campana.
No era el viento.
Era el eco de pasos.Aproximándose.Lentos.Seguros.
Ariana sintió un escalofrío.
Elián se tensó.
—No es un espíritu —murmuró él—.
No es una sombra.
Los pasos se detuvieron justo antes de llegar al corredor.
Un susurro se deslizó entre las piedras: —Ariana… Era una voz humana.Conocida.Demasiado conocida.
Ariana sintió que el aire se le escapaba del pecho.—No puede ser… Elian dio un paso al frente, poniéndose nuevamente entre ella y el peligro invisible.—¿Quién es?
—preguntó sin voltearse.
Ariana apenas pudo pronunciarlo.
Una sola palabra.
Un nombre que no escuchó jamás en ese lugar.
— Mamá…
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