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SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - 27 Ecos del pasado
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27: Ecos del pasado 27: Ecos del pasado El susurro había resonado con la familiaridad de un latido olvidado.

Ariana retrocedió un paso, con la respiración entrecortada, mientras su corazón parecía golpear con fuerza contra el pecho.

La voz que llamaba a su madre era tan cercana, tan humana… y al mismo tiempo, impregnada de un poder que parecía sacudir la realidad a su alrededor.

Elian se mantuvo firme frente a ella, la daga aún en mano, pero sus ojos estaban llenos de preguntas y de un miedo que no había mostrado hasta ese momento.

—Ariana… —susurró, con una mezcla de incredulidad y alarma—.

¿Estás segura de lo que escuchaste?

Ella asintió débilmente, con la vista fija en la penumbra que avanzaba hacia ellos.—Sí… es… es mamá.

Elian la observó, sus ojos endureciéndose.

Sabía que no había lugar para dudas en este momento.—Entonces prepárate.

Si ella está aquí, no viene sola.

El aire a su alrededor se volvió denso, cargado de una energía que vibraba en el pecho de Ariana, recordándole el poder del relicario.

Cada paso que daba el susurro hacía que el objeto brillara con intensidad, como si respondiera a la presencia de alguien que había estado esperando durante siglos.

Un brillo tenue comenzó a surgir desde la puerta del santuario.

Una silueta emergió, primero borrosa, luego clara.

Era alta, de cabello largo y oscuro, y sus ojos… sus ojos eran un reflejo del propio miedo y ternura de Ariana.

—Ariana… —dijo la mujer con voz quebrada, como si las palabras hubieran sido retenidas durante décadas—.

Hija… Ariana sintió que el mundo se reducía a esa sola voz.

Su respiración se detuvo, y el relicario tembló violentamente en su mano.

La mujer avanzó lentamente, sus manos extendidas, temblorosas.

Elian colocó una mano firme sobre el hombro de Ariana.—No te acerques demasiado… aún no sabemos qué busca —advirtió, pero su tono era más un susurro preocupado que una orden.

La madre de Ariana se detuvo a unos pasos, y el aire entre ellas parecía comprimido por siglos de silencio y secretos.—No vine a hacerte daño —dijo finalmente, con lágrimas brillando en sus ojos—.

Vine a protegerte… a decirte la verdad.

Elian tensó el cuerpo, listo para cualquier movimiento.—¿Qué verdad?

—preguntó, con voz firme, pero el corazón golpeándole como un tambor.

—Sobre el pacto… sobre tu sangre, sobre lo que tu hermano y tú nunca debieron olvidar —respondió ella—.

Sobre todo lo que se ha perdido y lo que aún puede salvarse.

Ariana sintió una mezcla de confusión y alivio, pero el miedo aún la mantenía rígida.—¿Qué… qué pasó con mamá?

—susurró, incapaz de contener la voz temblorosa—.

¿Por qué nunca…?

—No podía intervenir antes —contestó la mujer—.

Fui obligada a permanecer oculta, a observar cómo crecías, cómo aprendías a sobrevivir.

Cada elección que hiciste, cada error… yo lo sentí contigo.

Elian no apartaba la mirada, pero su mano no soltaba a Ariana.

Sabía que ella necesitaba esa verdad, pero también sabía que la vulnerabilidad de Ariana podría ser un arma si el traidor o alguien más aparecía de nuevo.

—Debes escuchar —continuó la mujer—.

Lo que Caelan ha hecho, lo que él desea, va más allá de la rivalidad entre hermanos.

Él busca el relicario porque dentro de ti hay un poder que no es solo tuyo.

Es de nuestra línea.

Es tu herencia… y si cae en sus manos, no habrá vuelta atrás.

Elian frunció el ceño.—Entonces no solo está tras el relicario.

Está tras ella.

—Sí —admitió la mujer—.

Y debes entender, Ariana, que tu destino está entrelazado con el de tu hermano mayor, con su traición y con el pacto que una vez juramos proteger.

Elian sostuvo la respiración, consciente de que cada palabra era un filo cortante.

Ariana asintió lentamente, dejando que la verdad cayera sobre ella como una lluvia de hierro y fuego.

El relicario, todavía cálido contra su pecho, parecía reconocer a la mujer.

Su luz se intensificó, proyectando sombras danzantes en las paredes del santuario.

Ariana sintió un calor extraño, casi maternal, que se filtraba desde el objeto hacia su cuerpo.

Era como si la magia misma de su linaje hablara por medio del relicario.

—No estás sola, hija —dijo finalmente la mujer—.

Pero no podemos demorar más.

Él vendrá.

Y debemos prepararte… Ariana miró a Elian, y su corazón se agitó.

No solo por la presencia de su madre, sino por la sensación de protección y devoción que siempre la acompañaba cuando él estaba cerca.

Su mirada se cruzó, y por un instante, todo el miedo, toda la tensión, toda la magia, se suspendió en un silencio absoluto entre ellos dos.

Elian apretó suavemente la mano de Ariana, y ella respondió con un ligero roce de dedos, un gesto íntimo que decía más que cualquier palabra.

—No permitiré que te toque —susurró Elian, la voz llena de una determinación que quemaba—.

Ni ahora, ni nunca.

Ariana sintió que su pecho se llenaba de un calor desconocido, una mezcla de miedo, deseo y consuelo.

Su corazón latía al unísono con el suyo.

—Lo sé —susurró ella, apenas audible—.

Y confío en ti.

Un estallido de luz, más intenso que cualquier cosa que hubiera visto, emanó del relicario, iluminando la sala por completo.

La madre de Ariana levantó la mano, y la luz se calmó gradualmente, dejando un resplandor dorado que parecía purificar todo el aire alrededor.

—Esto solo es el principio —dijo la mujer—.

Caelan ya sabe dónde estamos.

Y no se detendrá hasta reclamar lo que considera suyo.

Ariana apretó el relicario con fuerza, sintiendo cómo el poder se entrelazaba con su propia sangre.—Entonces no me quedaré atrás —dijo con decisión—.

Ni tú, ni nadie.

Yo enfrentaré esto.

Elian acercó su frente a la de ella, uniendo su respiración con la de Ariana en un momento silencioso, cargado de tensión y promesas.—Y yo estaré contigo —dijo, la voz ronca por la intensidad—.

Hasta el final.

Ariana asintió, dejando que el calor de su vínculo con Elian y la fuerza de su linaje llenaran cada fibra de su ser.

El mundo exterior podía esperar, el traidor podía acercarse, pero en ese instante, ella se sentía completa, protegida y lista.

Desde las sombras del santuario, la figura de Caelan observaba a distancia, invisible pero consciente de cada gesto, de cada latido, de cada palabra no dicha.

Su sonrisa era lenta, calculadora.

Sabía que la partida final aún no había comenzado… pero que se acercaba con cada segundo que Ariana y Elian permanecían juntos.

La madre de Ariana dio un paso adelante.—Debemos enseñarte a controlar el relicario —dijo—.

Antes de que él llegue.

Antes de que tu poder se convierta en un arma contra ti misma.

Ariana asintió.

Sabía que era la única manera de sobrevivir.

De proteger a quienes amaba.

Y de enfrentarse a la verdad sobre Caelan y el pacto que los unía.

Elian colocó su brazo alrededor de los hombros de Ariana, atrayéndola hacia sí.—Y yo te ayudaré —susurró, con la intensidad de alguien dispuesto a todo.

Y así, entre susurros del pasado, luces que ardían con magia y la promesa de un vínculo que ni la muerte ni la traición podrían romper, Ariana comprendió que su verdadera batalla apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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