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SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 La luz en la sombra
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28: La luz en la sombra 28: La luz en la sombra La luz del relicario todavía vibraba sobre el pecho de Ariana cuando la madre la tomó de la mano y la condujo hacia el centro del santuario.

Cada paso que daban parecía resonar en las paredes de piedra como si el lugar mismo reconociera la sangre que fluía en sus venas.

—Debes aprender a escuchar —dijo la mujer, con voz firme—.

No solo el relicario, sino tu propia esencia.

Es tu arma… y tu escudo.

Ariana cerró los ojos, dejando que la calidez del objeto se filtrara en su cuerpo.

Sintió corrientes de energía recorrer su espina dorsal, entrelazándose con la suya como si fueran un mismo río.

Era desconcertante y poderoso.

Cada recuerdo que había visto hasta ahora, cada fragmento de su pasado y de su linaje, comenzaba a fundirse en un mapa confuso pero coherente.

Elian permanecía a su lado, su presencia tan intensa que ella podía sentir su respiración mezclarse con la suya.

Sin palabras, sin gestos exagerados, él la observaba con una atención completa.

No solo estaba allí como protector, sino como alguien que entendía, sin necesidad de explicaciones, el peso que ella cargaba.

—Siente —dijo la madre de Ariana—.

No luches contra la luz.

Déjala fluir.

Ariana levantó el relicario frente a ella, y una oleada de calor atravesó su pecho.

Casi podía oír voces, fragmentos de antiguos guardianes, de quienes habían sostenido el pacto antes que ella.

Voces de advertencia, de consejo, de advertencia, de amor.

De repente, la imagen de Caelan apareció flotando en el aire, proyectada por la magia del relicario.

Sus ojos negros se clavaron en Ariana, y el mundo alrededor pareció detenerse.

La amenaza que él representaba no era solo física; era un vacío que amenazaba con devorarlo todo, con corromper su luz.

Elian dio un paso firme.—No permitiré que te toque —dijo, su voz un eco de promesa y furia contenida.

Ariana sintió un calor recorrer sus mejillas.

La intensidad de su vínculo con él se volvió tangible, casi dolorosa en su fuerza.

Sin poder evitarlo, buscó su mano, y cuando sus dedos se entrelazaron, la energía del relicario pareció estabilizarse, como si reconociera la unión de ambos.

—Debemos entrenar —dijo la madre—.

No habrá otra oportunidad.

Si Caelan decide atacar, lo hará con todo.

No subestimen el poder de quien fue elegido primero.

Ariana asintió.

Sabía que el entrenamiento no solo sería físico o mágico, sino también emocional.

Cada movimiento, cada control de energía, requeriría confianza plena en sí misma y en aquellos que no la abandonarían.

Elian se inclinó hacia ella.—Juntos —susurró—.

No importa lo que venga, no dejaré que estés sola.

Ariana apenas pudo contener un hilo de sonrisa, aunque su corazón latía con fuerza.

La tensión romántica entre ellos no era un lujo, era un ancla, una conexión que los mantenía en pie frente al peligro que se avecinaba.

Los ejercicios comenzaron.

Primero simples, controlando el calor y la luz del relicario.

Ariana extendía sus manos, y con cada gesto, la luz respondía.

Se movía con fluidez, aumentando y disminuyendo su intensidad, hasta que comenzó a dibujar símbolos en el aire que luego se disipaban en un brillo cálido.

Elian la observaba y corregía cada postura, cada gesto, con paciencia y firmeza.

Sus cuerpos se rozaban, ocasionalmente, en movimientos que requerían cercanía.

Cada contacto era eléctrico, pero ninguno de los dos podía permitirse distraerse.

Sin embargo, la tensión romántica estaba ahí, vibrando en el aire con cada toque y cada mirada prolongada.

—Respira —le susurró él cuando vio que Ariana comenzaba a perder concentración—.

No luches contra la luz.

Déjala guiarte.

Ariana inhaló profundamente.

La energía fluyó a través de ella de manera más armónica.

Sintió el relicario latir con fuerza, sincronizado con su corazón, y por un instante, el miedo desapareció.

Solo estaba ella, Elian y el poder que podía controlar.

Entonces, la sombra de Caelan se proyectó nuevamente, mucho más cercana.

Ariana giró sobre sus pies y extendió las manos, enviando un pulso de luz que lo repelió temporalmente.

La sensación fue embriagadora: poder, protección, determinación.

Pero también un recordatorio brutal de lo que estaba en juego.

Elian la protegió, avanzando hacia ella como un escudo viviente.—Siempre estaré aquí —dijo, apenas audible entre el rugido del relicario—.

Nunca dudes de eso.

Ariana cerró los ojos y permitió que la luz la envolviera completamente.

Sintió la fuerza de sus antepasados, la protección de su madre, y la seguridad de Elian.

La tensión entre ellos se transformó en un hilo invisible que los unía, fuerte y resistente, incluso ante la presencia de Caelan.

Cuando abrió los ojos nuevamente, la visión de su hermano se había disipado, pero el eco de su poder y de su amenaza permanecía.

Ariana supo que cada segundo de entrenamiento contaría.

Que cada destello de luz, cada impulso del relicario, cada roce con Elian, sería decisivo cuando la confrontación final llegara.

—Estás lista —dijo la madre, finalmente—.

Pero debes recordar algo: el relicario no solo protege.

También exige sacrificio.

Cada uso drena parte de tu esencia.

No puedes rendirte, ni ceder al miedo.

Ariana asintió.

Sabía que la batalla que se avecinaba no sería solo de fuerza o magia, sino de voluntad, de amor y de confianza.

Y que, junto a Elian, tenía una oportunidad real de enfrentarlo.

Elian la miró, con los ojos llenos de fuego y ternura a la vez.—Y yo nunca te soltaré.

Ni siquiera cuando todo parezca perdido.

Ariana respiró hondo, sintiendo cómo el relicario vibraba, cómo la magia de su linaje despertaba por completo, y cómo la presencia de Elian la hacía sentir invencible.

Por primera vez desde que todo había comenzado, supo que podría enfrentarse a cualquier cosa.

En la distancia, la sombra de Caelan se movía silenciosa, observando, planeando, esperando.

Pero Ariana ya no estaba sola.

No lo estaría nunca mientras su vínculo con Elian, su sangre y su poder estuvieran juntos.

El capítulo cerró con la sensación de una calma tensa, un instante antes de la tormenta.

La preparación estaba completa.

Los lazos habían sido fortalecidos.

La luz y la oscuridad se preparaban para enfrentarse… y el relicario, siempre vibrante, latía al ritmo de su destino compartido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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