SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 El choque de las sombras
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29: El choque de las sombras 29: El choque de las sombras El bosque estaba en silencio absoluto.
Solo el latido del relicario resonaba en el pecho de Ariana, como si marcara el ritmo de la tensión que la rodeaba.
Cada hoja que crujía bajo sus pies parecía amplificada, y la brisa nocturna parecía contener la respiración.
Elian se colocó a su lado, cerca pero sin invadirla.
Sus ojos recorrían la oscuridad, analizando cada sombra que se movía entre los árboles.
Ariana podía sentir su alerta, su tensión.
No solo por Caelan, sino por ella, por cada instante en que su seguridad estaba en juego.
—¿Lo sientes?
—susurró Ariana—.
Está cerca.
Elian asintió.
Su mano rozó la de ella sin que nadie dijera una palabra.
Ese simple contacto les daba fuerza a ambos, un ancla frente al vacío de poder que se avecinaba.
La primera aparición no tardó en hacerse evidente.
Una figura oscura emergió de la niebla, moviéndose con una fluidez imposible, como si caminara sobre un viento invisible.
Sus ojos negros brillaban como carbones encendidos, y su presencia parecía absorber la luz de la luna.
—Caelan —dijo Elian, con un hilo de voz tembloroso, pero firme—.
Está aquí.
Ariana sostuvo el relicario con fuerza, notando cómo su calor se intensificaba.
Era como si la pieza supiera que la confrontación había comenzado y que cada segundo contaba.
El poder que irradiaba comenzaba a entrelazarse con su propia sangre, despertando recuerdos y emociones que ella todavía no comprendía por completo.
—No podemos esperar —dijo ella, decidida—.
Debemos actuar.
Elian asintió.
Sacó su daga, pero la sostuvo con cuidado, como si tocarla de manera agresiva pudiera romper algo más que la distancia entre ellos.
Cada gesto estaba cargado de intención, cada mirada, de protección.
Caelan dio un paso al frente, su sonrisa apenas visible en la penumbra.—Finalmente, los veo juntos.
El guardián defectuoso… y la llave.
—¡No nos moveremos!
—gritó Elian, su voz resonando en la neblina—.
No hasta que ella esté a salvo.
Ariana elevó el relicario frente a ella.
La luz comenzó a crecer, suave al principio, luego intensa, como un sol que quería arrancar la noche.
Sintió cómo el poder fluía desde su interior, expandiéndose a su alrededor.
Elian dio un paso junto a ella, su cuerpo un escudo natural y su energía fluyendo junto a la de Ariana, creando un vínculo visible en la luz dorada que los envolvía.
Caelan rió, un sonido bajo, casi un rugido.—Creen que la luz los salvará… —dijo—.
No entienden que incluso la luz puede ser corrupta.
El relicario reaccionó de inmediato.
Vibró violentamente, y una onda de energía lanzó a los tres hacia atrás.
El suelo tembló bajo ellos, y la vibración se sintió hasta en los huesos.
Ariana se sostuvo de Elian, y él la abrazó sin dudarlo, sus cuerpos fusionados por la necesidad de resistir la fuerza del enemigo.
—¡Ariana, concéntrate!
—gritó él—.
Usa la luz, no la fuerza.
Ella inhaló profundo, cerrando los ojos.
Sintió cada pulso del relicario, cada eco de las memorias de sus antepasados, cada latido de su corazón conectado con el de Elian.
Era un solo flujo, un hilo de poder y confianza.
Cuando abrió los ojos, la luz se expandió, cortando la oscuridad como una onda expansiva.
Caelan se movió ágilmente, esquivando, pero no pudo evitar que parte de la energía lo alcanzara, lanzándolo hacia atrás, obligándolo a detenerse sobre una raíz gigante.
—Impresionante —dijo, recobrando equilibrio—.
Pero apenas has rozado mi verdadera fuerza.
Elian se puso firme junto a Ariana.—Entonces será mejor que estés listo para más.
Porque no permitiré que le hagas daño.
Ariana se sorprendió de la firmeza en su voz.
Nunca antes lo había oído tan seguro de sí mismo, tan dispuesto a arriesgarlo todo.
Sintió un calor recorrer su cuerpo, mezclando miedo, deseo y protección.
Cada roce de sus manos, cada mirada, era un recordatorio de que no estaba sola, que juntos podían enfrentarlo.
Caelan sonrió, y por un instante, su expresión perdió el tono amenazante para revelar algo más humano: un atisbo de ira, de celos, de reconocimiento.—El vínculo entre ustedes… lo entiendo.
Pero no será suficiente para detenerme.
El combate comenzó en serio.
Caelan lanzó un torrente de sombras, filamentos oscuros que se movían con vida propia, intentando envolver a Ariana y Elian.
Ariana levantó el relicario, creando un escudo de luz que absorbía y reflejaba las sombras.
Cada movimiento requería concentración absoluta; cada segundo de duda podía ser fatal.
Elian se movía con precisión, cortando filamentos y desviando ataques que podrían herirlos a ambos.
La cercanía física entre ellos no era solo estratégica; su sincronización era instintiva, un reflejo de confianza y de sentimientos que ambos habían intentado ignorar pero que ahora eran imposibles de negar.
—Ariana, por la izquierda —gritó él, señalando un filamento que se acercaba a su cabeza.
Ella giró el relicario, y una ráfaga de luz lo desintegró.
La vibración en el objeto fue tan intensa que su cuerpo entero tembló.
Elian la sostuvo de inmediato, estabilizándola.
Sus frentes se tocaron por un instante.
—No me dejes sola —susurró ella, con la voz entrecortada por la adrenalina.
—Nunca —respondió él, con la intensidad de quien sabe que podría perderla en cualquier momento.
Caelan no se movía apresuradamente; cada acción era medida, precisa, cargada de poder.
Su mirada, sin embargo, se desviaba constantemente hacia Ariana, como si ella fuera el verdadero centro de la batalla, la fuente de la que dependía todo.
—Tú crees que puedes controlar algo que nunca fue tuyo —dijo, con una voz que resonaba entre las raíces y las piedras del bosque—.
El relicario pertenece a quien entiende la sangre que lo alimenta.
Ariana cerró los ojos, concentrándose en la conexión que sentía con Elian.
La luz del relicario comenzó a pulular, como un corazón que latía con fuerza propia.
Sintió la presencia de todos sus antepasados, de la madre que la había guiado, de Aurelia y del primer círculo.
Cada fragmento de su historia se entrelazaba en un solo torrente de poder.
—No estás solo —dijo, apenas audible, pero con fuerza suficiente para que solo Elian lo escuchara.
Él asintió, y juntos canalizaron la energía del relicario.
Una ola dorada estalló alrededor de ellos, empujando a Caelan hacia atrás.
Su mirada se ensombreció.
Por un instante, el silencio reinó, roto solo por la respiración entrecortada de Ariana y el calor de la proximidad de Elian.
El combate no había terminado.
Pero algo había cambiado: Ariana ya no era solo una víctima o un peón.
Era la llave, sí, pero también el corazón de la resistencia.
Y junto a Elian, podía enfrentarse a la oscuridad que amenazaba con devorarlos a todos.
El capítulo terminó con la sensación de calma tensa, una preparación para lo que vendría: la confrontación final con Caelan, el descubrimiento de secretos aún más oscuros y la promesa de que, aunque la batalla fuera peligrosa, Ariana y Elian enfrentarían juntos lo que fuera necesario.
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