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SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 La confrontación de la sangre
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30: La confrontación de la sangre 30: La confrontación de la sangre La noche se volvió más densa.

El bosque, que antes parecía un santuario de sombras, ahora era un campo de tensiones vivas, donde cada hoja podía ocultar un ataque y cada susurro del viento podía ser la advertencia de un enemigo invisible.

Ariana y Elian permanecieron espalda con espalda, el relicario entre ellos brillando con un pulso constante que parecía resonar con cada latido de su corazón.

Ambos sabían que Caelan no atacaría con violencia sin estrategia; no con ellos tan conectados.

Él estaba calculando, midiendo cada movimiento, cada respiro.

—¿Estás lista?

—susurró Elian, apenas audible, con la voz cargada de tensión y algo más profundo: una necesidad que solo Ariana podía entender.

Ella asintió, aunque su cuerpo temblaba.

La energía del relicario la envolvía, pero también la drenaba lentamente.

Era un poder que podía salvarlos… o consumirlos.

—Juntos —dijo ella, apoyando la mano sobre la de él, y él entrelazó los dedos sin dudar.

El contacto fue simple, pero cargado de fuerza, como si la unión de sus energías pudiera formar un escudo contra todo lo que estaba por venir.

Caelan apareció entre la niebla, moviéndose con una agilidad que parecía casi sobrenatural.

Su rostro, sin máscara, estaba iluminado por la luz del relicario, y en sus ojos brillaba la mezcla de furia y anhelo que solo un hermano traicionado podía sentir.

—Finalmente —dijo con voz baja—.

Veo que no has perdido tu encanto… Ariana.

Y tú… Elian… todavía pretendes detenerme.

—No lo pretendemos —replicó él—.

Lo haremos.

Elian sostuvo la daga firme, pero su otra mano se apoyaba en el hombro de Ariana, un gesto que decía más de lo que las palabras podían expresar: protección, necesidad, amor.

Ariana levantó el relicario frente a ella.

Su energía fluyó hacia Elian, y juntos formaron un escudo de luz dorada que comenzó a envolverlos, un halo de poder que pulsaba con intensidad creciente.

Cada destello de la luz parecía reforzar el vínculo entre ellos, cada latido del relicario resonando con su propia sangre.

Caelan rió, un sonido bajo y peligroso.—¿Creen que pueden contenerme con eso?

—dijo, y las sombras a su alrededor comenzaron a formar tentáculos oscuros, retorciéndose con vida propia.

La primera embestida fue rápida.

Los filamentos de sombras se lanzaron hacia Ariana y Elian, moviéndose con velocidad imposible.

Ariana giró el relicario, y la luz dorada absorbió parte de la oscuridad, aunque algunos filamentos lograron rozarlos, cortando sus brazos y haciendo que la sangre brotara.

El dolor fue real, físico… y al mismo tiempo despertó algo más profundo en ella: un instinto feroz de proteger a Elian.

—¡Cuidado!

—gritó él, desviando un filamento con la daga.

El choque de luz y sombra se volvió un espectáculo de poder concentrado.

Ariana y Elian sincronizaron sus movimientos, moviéndose como uno solo.

La cercanía física los hacía conscientes de cada respiración del otro, de cada temblor de la piel, de cada pulso que latía en sus cuerpos.

La tensión entre ellos crecía, mezclando miedo, urgencia y deseo.

—Ariana… —susurró Elian, acercando su frente a la de ella por un instante mientras bloqueaban otro ataque—.

No te apartes… no ahora.

Ella lo miró, y en esa mirada no había miedo.

Solo una determinación ardiente y un vínculo que no podía romperse, ni siquiera por Caelan.—Nunca —dijo ella, y el relicario vibró con más fuerza.

Caelan observaba, sus ojos brillando con rabia y frustración.—Así que el guardián defectuoso y la llave… aún tienen fuerza juntos.

Interesante.

Pero no lo suficiente.

Se lanzó hacia ellos con un ataque directo.

La velocidad y la fuerza de su embestida eran inhumanas, y la luz dorada del relicario comenzó a titilar frente a la intensidad de la sombra.

Ariana gritó, Elian sostuvo su brazo para protegerla, y ambos sintieron el impacto como un temblor que recorrió sus huesos.

—¡Ahora!

—gritó Ariana, y de repente, el relicario liberó una explosión de luz que atravesó la oscuridad, formando un escudo impenetrable que los envolvió a ambos y los proyectó hacia atrás, lejos del alcance de Caelan.

Cayeron juntos al suelo, jadeando.

La cercanía física los hacía conscientes de la atracción y la protección que se tenían mutuamente.

Elian deslizó su mano por la mejilla de Ariana, limpiando una gota de sangre de su rostro.

Sus ojos se encontraron, y en ese instante, el tiempo pareció detenerse: el miedo, la batalla, todo desapareció por un segundo, y solo existían ellos dos.

—Te necesito… —murmuró Elian, apenas un susurro.

—Y yo a ti —respondió Ariana, su voz cargada de emoción, calor y determinación.

El relicario reaccionó, brillando con un tono más intenso, como si aprobara la unión de sus voluntades.

Ariana comprendió algo que había sentido durante mucho tiempo: su poder no dependía solo de ella.

Dependía del vínculo que compartía con Elian, del amor que había crecido entre ambos en medio de la oscuridad y la sangre.

Caelan no esperó.

Con un movimiento de su mano, lanzó otra ola de sombras, más feroz, más concentrada.

Ariana y Elian se levantaron al mismo tiempo, el relicario entre ellos, formando un haz de luz que se proyectaba como una lanza hacia Caelan.

La energía del objeto se volvió tan intensa que podía sentir cómo quemaba la piel de ambos, pero no lo soltaron.

—¡Por nosotros!

—gritó Elian, y Ariana lo siguió, proyectando toda su fuerza en un solo haz de luz que se dirigió directo a Caelan.

El choque de energías fue brutal.

La luz y la sombra colisionaron en un estallido que iluminó todo el bosque, levantando hojas y ramas como si fueran proyectadas por el viento.

Caelan fue empujado hacia atrás, retrocediendo, cubriéndose con su propia oscuridad, pero no cayó.

Sus ojos brillaban con reconocimiento: ellos no solo eran fuertes, eran uno.

Ariana y Elian respiraban con dificultad, cada músculo tenso, cada pensamiento concentrado en mantenerse juntos y mantener la luz que los unía.

—Todavía… puedes rendirte —dijo Caelan, jadeando, pero con un filo de admiración—.

Pero si insisten, deberán enfrentar no solo a mí, sino a todo lo que he despertado.

Ariana levantó el relicario con fuerza, mirándolo directamente a los ojos.—No nos rendiremos.

Nunca.

Elian asintió, acercando su frente a la de ella, sus labios apenas separados.—Estamos juntos.

Siempre.

Y el relicario respondió, liberando una onda de energía que no solo empujó a Caelan, sino que también iluminó el bosque entero, revelando su poder ancestral y dejando en claro que la batalla final apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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