SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 Donde los reflejos aprender a mentir
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33: Donde los reflejos aprender a mentir 33: Donde los reflejos aprender a mentir Ariana cayó.
No hacia abajo.
Hacia adentro.
El mundo se plegó sobre sí mismo como una herida que decide cerrarse mal.
No hubo impacto, no hubo suelo.
Solo una sensación de desintegración lenta, como si cada recuerdo, cada certeza, estuviera siendo arrancada y examinada por manos invisibles.
Cuando volvió a sentir su cuerpo, estaba de rodillas.
El suelo era cristal negro, tan pulido que reflejaba su imagen… aunque no exactamente como ella era.
Su reflejo sonrió.
Ariana retrocedió de inmediato.
—No —susurró—.
Tú no eres real.
—Claro que lo soy —respondió su reflejo, levantándose frente a ella—.
Soy todo lo que negaste para sobrevivir.
La Ariana del espejo tenía los ojos más oscuros, la Marca en la muñeca extendida como una herida viva, y una serenidad peligrosa en el rostro.
—¿Sabes dónde estás?
—preguntó aquella versión—.
Estás en el espacio entre decisiones.
Aquí no importa lo que hiciste… sino lo que no te atreviste a hacer.
Ariana apretó los puños.
—No vine a escucharme a mí misma.
—Mentira —replicó el reflejo—.
Viniste porque sabes que Elian no puede salir de aquí sin ti.
El nombre de Elian vibró en el aire como una cuerda tensa.
—¿Dónde está?
—exigió Ariana.
El espejo se fracturó alrededor.
Las paredes se llenaron de escenas superpuestas: Elian caminando solo por un campo cubierto de cadáveres; Elian arrodillado, llorando frente a un cuerpo que Ariana no lograba ver; Elian, con los ojos vacíos, aceptando una Marca que no era la suya.
Ariana gritó.
—¡DETENTE!
Las imágenes se congelaron.
Su reflejo se acercó lentamente.
—Esto no es castigo —dijo con suavidad—.
Es advertencia.
Ariana respiraba con dificultad.
—Caelan usa el espejo para manipular futuros posibles.
—No —corrigió la otra Ariana—.
Caelan solo abrió la puerta.
El espejo existe desde antes que él.
Desde antes que el pacto.
Desde antes que tú.
Ariana levantó la mirada.
—Entonces dime la verdad.
Su reflejo la observó en silencio… y por primera vez, dudó.
—La verdad es que Elian no estaba destinado a sobrevivir al primer juramento.
El corazón de Ariana se detuvo.
—¿Qué?
—Murió —dijo la otra—.
En una de las líneas originales.
Tú lo salvaste sin saberlo.
Al elegirlo.
Al romper el equilibrio.
Ariana negó con la cabeza, temblando.
—Eso no tiene sentido.
—Lo tiene —replicó—.
El relicario no te eligió por tu sangre.
Te eligió por tu capacidad de alterar destinos.
Tú eres la anomalía.
Ariana sintió algo romperse dentro de ella.
—Entonces todo esto… ¿es mi culpa?
El reflejo se inclinó hacia ella.
—No.
Es tu responsabilidad.
(…) En otro fragmento del espejo, Elian despertó con un dolor agudo en el pecho.
Estaba de pie en un campo cubierto de cenizas.
El cielo era rojo, y el aire sabía a hierro.
—Ariana —susurró.
No hubo respuesta.
Caminó.
Cada paso lo llevaba a una escena distinta: ciudades en ruinas, círculos de piedra profanados, el relicario destrozado en el suelo.
Hasta que la vio.
Ariana estaba frente a él… pero no era ella.
—No es real —murmuró Elian—.
No caigo otra vez.
La figura sonrió.
—Eso dices ahora.
La Marca en el brazo de Elian ardió con violencia.
—Este mundo existe porque tú no la soltaste —continuó la figura—.
Porque elegiste amor sobre equilibrio.
Elian apretó los dientes.
—La elegiría mil veces más.
El paisaje tembló.
La figura retrocedió un paso.
—Entonces mírala morir.
Elian gritó cuando la imagen de Ariana se desvaneció en sombras.
—¡NO!
La Marca explotó en luz.
Elian cayó de rodillas, respirando con dificultad.
—No voy a perderla —dijo, con la voz rota—.
No importa el precio.
El espejo escuchó.
Y respondió.
(…) Ariana sintió el cambio al instante.
El espacio entre reflejos comenzó a colapsar.
—¿Qué hiciste?
—preguntó su reflejo, alarmado.
Ariana sonrió… cansada, pero decidida.
—Elegí.
El cristal bajo sus pies se rompió, revelando una grieta luminosa.
—No puedes llevarte todo —advirtió la otra Ariana—.
Si sales de aquí con él, algo quedará atrás.
Ariana no dudó.
—Que sea el miedo.
Saltó.
La luz la envolvió.
Y en el instante antes de que el espejo se cerrara, Ariana escuchó una voz que no era Caelan.
No era Elian.
Era antigua.
—El juramento ha sido alterado.
—El vínculo ha sido sellado.
—El precio será reclamado.
Ariana cayó en brazos de Elian.
Ambos jadeaban, aferrados el uno al otro como si el mundo pudiera desaparecer si se soltaban.
El espejo se hizo añicos detrás de ellos.
Caelan observaba desde la distancia, con el rostro pálido.
—Imposible… —susurró—.
El espejo nunca devuelve lo que toma.
Ariana levantó la mirada, aún temblando.
—Nunca dijo que no pudiera cambiarlo.
Elian la sostuvo con fuerza.
—¿Qué perdiste?
—preguntó él, con miedo genuino.
Ariana cerró los ojos un segundo.
—Aún no lo sé.
Caelan dio un paso atrás.
Por primera vez… parecía inseguro.
—Entonces el juego cambió —murmuró—.
Y ninguno de nosotros está preparado.
El bosque volvió a respirar.
Pero algo antiguo había despertado.
Y esta vez… no distinguía entre héroes y traidores.
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