Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 37

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. SOMBRAS Y PROMESAS I
  4. Capítulo 37 - 37 Las cosas que intentan ocupar su lugar
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

37: Las cosas que intentan ocupar su lugar 37: Las cosas que intentan ocupar su lugar La niebla se arrastraba entre los árboles, densa y fría.

Ariana y Elian avanzaban con pasos medidos, el relicario colgando del cuello de ella, brillando con una luz intermitente que parecía latir al ritmo de sus corazones.

Cada crujido de la maleza, cada rama que se quebraba bajo sus pies, era un recordatorio de que Caelan podía estar cerca, observando, esperando.

El bosque había cambiado.

Los senderos que creían conocer estaban distorsionados.

Sombras que no pertenecían al día ni a la noche se retorcían en las raíces y los troncos.

Cada vez que Ariana levantaba la mirada, parecía que las ramas mismas formaban figuras que susurraban su nombre.

Elian sostuvo la mano de Ariana con fuerza, sin apartar la vista del frente.

Sus dedos se entrelazaron con los de ella como un escudo.

Cada vez que sentía que el miedo podía vencerla, apretaba su mano un poco más, firme, recordándole que no estaba sola.

El relicario comenzó a emitir un calor intenso.

Ariana lo sujetó contra su pecho, y un pulso de energía recorrió su cuerpo como un rayo.

Sintió una presión detrás de los ojos, un murmullo que hablaba en idiomas olvidados, mezclando advertencia y promesa.

La voz de Caelan resonó dentro de su mente, fría, calculadora.

—No puedes esconderte de mí —susurró la voz en un eco quebrado—.

Nunca lo hiciste, y nunca lo harás.

Ariana miró a Elian y vio cómo sus músculos se tensaban.

Su respiración era controlada, pero su mirada era feroz.

No había miedo, solo determinación.

Sabía que cualquier descuido podía significar la muerte, y también que Caelan no mataría sin dejar un mensaje.

Avanzaron hasta un claro que parecía haber sido moldeado por siglos de magia antigua.

Piedras negras y lisas rodeaban un altar de obsidiana, cubierto por runas que brillaban con un fuego azulado.

El relicario reaccionó, elevándose ligeramente de su pecho como si reconociera el lugar.

—Este es el origen —dijo Ariana en voz baja—.

Donde todo comenzó.

Elian asintió.

Sus manos se posaron sobre el borde del altar, sintiendo la vibración que emanaba de la piedra.

El aire se volvió denso, cargado de electricidad y de recuerdos que no eran propios.

De repente, un movimiento llamó su atención.

Entre los árboles, una figura emergió lentamente.

No llevaba máscara, pero sus ojos tenían un brillo que helaba la sangre.

No era Caelan, sino alguien más.

Una sombra del pasado, un enemigo que parecía conocer cada uno de sus pasos.

Ariana levantó el relicario.

La luz se intensificó, iluminando el claro como un faro.

La figura retrocedió, evaluando, calculando.

Sabía que cualquier ataque precipitado sería mortal.

Elian dio un paso al frente.

—Si vienes por ella, tendrás que pasar sobre mí.

La sombra no respondió, pero el aire tembló.

Del suelo surgieron raíces oscuras que se enroscaron alrededor del claro, intentando atrapar sus pies.

Ariana sintió cómo la energía del relicario reaccionaba, formando un escudo de luz entre ellos y las raíces.

—¡Elian!

—gritó—.

¡Cuidado!

Elian cortó con la daga las raíces que avanzaban, mientras Ariana mantenía el relicario elevado, proyectando un haz de luz que empujaba hacia atrás las sombras.

La batalla no era solo física: cada gesto, cada respiración, parecía resonar en un plano invisible, como si los propios árboles juzgaran sus movimientos.

El tiempo se deformaba.

Un segundo podía durar horas.

Ariana notó que la luz del relicario se hacía más cálida cuando Elian estaba cerca.

Cada roce de su brazo, cada vez que sus cuerpos se rozaban mientras esquivaban un ataque, provocaba que la energía se intensificara.

Era imposible ignorarlo: la cercanía no era solo confort, sino combustible.

La figura se detuvo, evaluándolos desde la distancia.

Sus intenciones eran claras: medir su fuerza, identificar debilidades, y esperar el momento exacto para atacar.

Ariana apretó los dientes y sostuvo el relicario con más fuerza.

—No vamos a dejar que nos rompa —dijo, firme.

Elian la miró y asintió.

—Juntos.

Siempre juntos.

El relicario reaccionó como si entendiera la palabra.

Su luz se expandió, y las raíces que avanzaban se encogieron, retrocediendo hasta disolverse en la tierra.

El silencio volvió por un instante.

Solo el viento movía las hojas.

Solo el latido del relicario marcaba el ritmo.

Ariana se acercó a Elian, y sus manos se encontraron.

Por un momento, no había peligro, no había traidor, no había pasado ni futuro.

Solo ellos, y la fuerza que los mantenía vivos.

—No te voy a dejar —susurró Ariana—.

Ni ahora, ni nunca.

Elian sostuvo su rostro, acercando su frente a la de ella.

—Lo sé.

Lo siento.

Nunca lo haré.

La figura en la sombra desapareció.

Ariana y Elian permanecieron en el claro, con el relicario brillando suavemente entre ellos.

La guerra no había terminado, pero por un instante, la certeza de estar juntos era suficiente.

El viento se llevó los últimos susurros del bosque.

Pero en la lejanía, un nuevo peligro empezaba a moverse.

Una amenaza silenciosa, que conocía cada paso, cada respiro, cada latido de los que aún podían cambiar el destino.

Elian apretó la mano de Ariana.

—Tenemos que seguir adelante.

No podemos esperar a que ellos nos encuentren.

Ariana asintió.

—El relicario nos guiará.

Siempre.

Y así, con la noche alrededor, con la luz que emanaba del relicario iluminando sus rostros y la incertidumbre cargando cada paso, emprendieron el camino hacia lo desconocido.

Cada sombra, cada susurro del bosque, cada recuerdo del pasado estaba allí para recordarles que la verdadera prueba apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo