SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 La sombra del juramento
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39: La sombra del juramento 39: La sombra del juramento El bosque ya no parecía un lugar seguro.
Cada árbol se inclinaba como un centinela silencioso, cada sombra era una amenaza, y el aire olía a hierro y a magia antigua.
Ariana sostenía el relicario con fuerza, notando cómo su pulso se sincronizaba con los latidos de su corazón.
—Elian… —susurró, con la voz temblorosa pero decidida—.
Siento que algo viene.
Algo grande.
—Lo sé —respondió él, sus ojos recorriendo cada sombra, cada espacio vacío entre los árboles—.
Y no nos dejará pasar sin luchar.
Ariana tragó saliva.
Las palabras no podían describir el peso del peligro, la sensación de ser observados, acechados por algo que conocía su poder y la fuerza de su vínculo.
Y, aún así, no estaba sola.
No mientras Elian estuviera a su lado.
Avanzaron con cuidado.
Cada paso era medido, cada respiración controlada.
El relicario brillaba con un pulso constante, iluminando sus rostros y las hojas húmedas del suelo.
Una energía antigua emanaba de él, como si reconociera la presencia de algo que se acercaba.
De repente, un susurro cortó el aire.
No era humano, ni completamente magia.
Era un sonido que resonaba en los huesos, en el alma misma.
Ariana se detuvo.
—¿Escuchaste eso?
—preguntó, con un hilo de voz.
—Sí —respondió Elian—.
Y viene de todos lados.
Las sombras alrededor comenzaron a ondular, y del suelo surgieron figuras humanoides cubiertas de niebla oscura.
Sus ojos brillaban con un azul intenso, y la sensación que proyectaban era de antiguo rencor, de vigilancia eterna.
—Guardianes del pacto —murmuró Ariana, apretando el relicario contra su pecho—.
Nunca los había sentido tan cerca… ni tan… vivos.
—No podemos luchar contra todos —dijo Elian, evaluando rápidamente la situación—.
Pero podemos pasar si mantenemos la calma y dejamos que el relicario nos guíe.
Ariana asintió.
Dio un paso adelante, y Elian la siguió, siempre atento a cualquier movimiento.
La luz del relicario era suficiente para que los guardianes no los atacaran directamente, pero la sensación de peligro no disminuía.
Cada sombra se movía como si midiera su determinación, como si evaluara si eran dignos de continuar.
—No mires a los ojos de ninguno —advirtió Elian—.
Solo sigue caminando.
Ariana obedeció, sintiendo el calor de su mano sosteniéndola.
Cada paso la acercaba más a un destino desconocido, pero también a la certeza de que no estaban solos.
De pronto, un destello cruzó el claro: una figura surgió desde la maleza, ágil, rápida.
Ariana apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Elian se interpuso, desenfundando una daga que brillaba con un aura azulada, resonando con la energía del relicario.
—¡Atrás!
—gritó Elian, su voz cortando la tensión como un látigo.
La figura se detuvo.
Era humanoide, pero sus ojos ardían con un fuego que no pertenecía a este mundo.
Su presencia imponía respeto y temor.
Ariana pudo sentir la fuerza que emanaba de él, un poder antiguo y calculador.
—¿Quién eres?
—preguntó Elian, manteniéndose firme.
La figura inclinó la cabeza.
—Alguien que observa desde antes de que nacieran los pactos.
Alguien que conoce la verdad detrás del relicario.
—¡No queremos problemas!
—dijo Ariana, dando un paso adelante—.
Solo estamos tratando de… —se detuvo, incapaz de terminar la frase—… de sobrevivir.
—Sobrevivir —repitió la figura con voz resonante—.
Esa es la palabra clave.
Pero la supervivencia tiene un precio.
Y ustedes aún no lo han pagado.
Elian tensó los músculos, protegiendo a Ariana.
—Dinos qué quieres.
No vamos a dar pasos sin saber con quién tratamos.
La figura no respondió de inmediato.
Solo observó.
Y en ese silencio, Ariana sintió algo más: un escalofrío que la recorrió de la cabeza a los pies.
No era miedo.
Era anticipación.
La sensación de que algo dentro de ella estaba a punto de despertar.
—Ustedes tienen la llave —dijo finalmente la figura—.
Pero no la llave que creen.
No solo el relicario, no solo el pacto… sino algo más antiguo, más profundo.
—¿Qué cosa?
—preguntó Ariana, con el corazón acelerado—.
¿De qué hablas?
—El juramento —respondió la figura—.
No solo el pacto entre hermanos, ni el relicario, ni siquiera las marcas.
El juramento original.
El que selló este mundo mucho antes de que existieran los nombres, los linajes y las traiciones.
Elian la miró, preocupado.
—¿Estamos hablando de… magia ancestral?
—Más que eso —dijo la figura—.
Estamos hablando de la fuerza que mantiene todo en equilibrio.
Y ustedes, con su vínculo, con su poder… lo han despertado.
Ariana tragó saliva.
La luz del relicario comenzó a latir más rápido, como si respondiera a sus propias emociones.
Cada pulso resonaba en su pecho, y podía sentir que la figura también lo percibía.
—Entonces… ¿todo esto que hemos vivido… solo era la introducción?
—preguntó Ariana, con un hilo de voz.
La figura asintió levemente.
—Y ahora deben decidir: enfrentar lo que viene juntos, o ser arrastrados por algo que ni siquiera conocen.
Elian tomó la mano de Ariana con firmeza.
—Juntos —dijo, con una voz que no admitía dudas.
El relicario brilló intensamente, proyectando un halo de luz que cubrió a ambos, como una promesa de protección.
Ariana sintió el calor del cuerpo de Elian junto al suyo, su respiración entrelazándose con la suya, y un pensamiento se abrió en su mente: No importa lo que venga.
Mientras estemos juntos, podemos enfrentar cualquier cosa.
La figura desapareció entre la penumbra, dejando solo un eco de advertencia y un rugido distante que hacía temblar los árboles.
Las sombras se relajaron, pero la sensación de vigilancia permaneció.
—Tenemos que seguir —dijo Elian, sujetando su mano—.
Cada paso nos acerca más, y cada paso nos prepara para lo que viene.
Ariana asintió.
Podía sentir la tensión romántica que los unía, el calor de su vínculo, y la certeza de que nada podría romperlo.
No mientras respiraran uno al lado del otro.
Y mientras avanzaban hacia la espesura del bosque, las estrellas sobre ellos parecían alinearse en un patrón antiguo, como si el universo mismo estuviera observando, esperando, y evaluando su próximo movimiento.
El peligro no había terminado.
Solo estaba tomando forma.
Pero Ariana y Elian estaban listos para enfrentarlo… juntos.
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