Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

SOMBRAS Y PROMESAS I - Capítulo 6

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. SOMBRAS Y PROMESAS I
  4. Capítulo 6 - 6 Ascentia El Juramento Mayor Part
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

6: Ascentia: El Juramento Mayor Part.

1 6: Ascentia: El Juramento Mayor Part.

1 El silencio que siguió a la desaparición de la figura enmascarada no fue un silencio normal.

Era un silencio pesado, lleno de presencias que se ocultaban entre los árboles, respiraciones que no pertenecían ni a animales ni a humanos.

Ariana permaneció arrodillada, con la piel muerta —esa carta imposible— entre los dedos.

Elian no la tocó al principio; la observó, atento, como si hubiera algo en su postura que pudiera quebrarse con apenas un roce.

Pero ella levantó la mirada.

Y sus ojos no tenían miedo.

Tenían furia.

—No voy a dejar que me usen —dijo Ariana, cerrando la mano alrededor del resto de la carta—.

Ni que intenten decidir por mí.

Elian se acercó y la ayudó a incorporarse con suavidad.

Su contacto era cálido, firme… pero no invasivo.

Ariana lo notó.

Lo sintió.

Y algo dentro de ella —algo que no comprendía del todo— respondió con un calor propio.

—Entonces tendremos que adelantarnos a ellos —dijo él, sin soltarla todavía—.

Sea quien sea ese “primero que falló”, no apareció por coincidencia.

Ariana guardó el trozo de piel en el bolsillo interno de su abrigo y miró hacia el bosque, hacia donde la figura había desaparecido.

—Nos estaba vigilando desde antes… ¿verdad?

—Desde antes de que llegáramos al círculo —respondió Elian—.

Lo supe, pero no quise alarmarte sin estar seguro.

Ella lo miró con una mezcla de reproche y agradecimiento.

—Podrías confiar un poco más en mí.

Elian dio un paso hacia atrás, sorprendido por su tono.

—Confío en ti más de lo que debería —admitió, con una honestidad que la golpeó más fuerte que cualquier visión del Codex—.

Pero también sé que esto te pertenece.

Y que si te empujo demasiado… podría perderte.

Ariana no supo qué responder.

Porque, en el fondo, había una verdad incómoda en sus palabras: había algo en ella que despertaba, algo que podía quemar o devorar a quien se acercara.

Y Elian estaba peligrosamente cerca.

—Debemos irnos —dijo Ariana al fin—.

No quiero quedarme más tiempo del necesario en estas ruinas.

—¿A dónde?

Ella no dudó.

—A Ascentia.

Elian parpadeó.

—¿Estás segura?

No es un lugar para cualquiera.

Y menos para alguien marcado por… —Por el Codex —terminó ella—.

Lo sé.

Pero necesito respuestas.

Y Ascentia las tiene.

Él respiró hondo, evaluando sus opciones.

Finalmente asintió.

—Entonces iremos.

(…) El camino hacia Ascentia no era un camino real.

No había senderos, ni señales, ni rutas que un viajero común pudiera seguir.

Ascentia era una ciudad escondida entre montañas antiguas, un santuario para quienes aún conservaban la memoria de los pactos —o para quienes buscaban romperlos.

La noche había avanzado cuando dejaron atrás el círculo.

Ariana caminaba adelante ahora, con un ritmo seguro, casi guiada por un instinto que antes no tenía.

Elian la seguía de cerca, vigilante, con una mano siempre cerca de la empuñadura de su daga.

Pero lo que ninguno podía ver era la sombra que se movía entre los árboles, lejos, demasiado lejos para distinguir su forma… pero lo bastante cerca para escuchar.

Para observar.

El traidor sabía que Ariana avanzaba.

Sabía que el relicario —aún cerrado, aún indócil— vibraba en su presencia.

Y sabía que el tiempo se acortaba.

No abras lo que no puedes sostener, susurró la sombra sin voz.

Cerca del amanecer, cuando el cielo apenas mostraba una línea gris, Ariana se detuvo.

Habían llegado al pie de una montaña.

O al menos, eso parecía.

—No hay entrada —dijo Elian, analizando la roca frente a ellos—.

¿Estás segura de— Pero Ariana levantó el relicario.

No lo abrió.

No podía.

No debía.

Pero lo sostuvo frente a la pared de piedra.

El relicario tembló en sus manos.

Un pulso oscuro salió de él… y la montaña respondió.

Las rocas comenzaron a deslizarse, no como un derrumbe, sino como si se estuvieran reacomodando, revelando un arco antiguo, tallado con símbolos parecidos a los del círculo.

Un umbral.

Ascentia despertó.

Elian silbó suavemente.

—Nunca deja de sorprenderme lo que haces.

—Yo no estoy haciendo nada —susurró Ariana—.

Él me está llamando.

—¿“Él”?

—repitió Elian, con un tono que no le gustó nada.

Ariana tardó unos segundos en darse cuenta de que lo había dicho.

Y un escalofrío le recorrió los brazos.

—No sé por qué lo dije.

Elian la observó, preocupado, pero no insistió.

La puerta estaba abierta.

Y eso era lo importante.

Entraron.

Ascentia no era una ciudad hecha de casas.

Era un santuario tallado dentro de la montaña, iluminado por cristales azules incrustados en las paredes.

El aire vibraba con magia antigua; Ariana podía sentirla bajo la piel, como si intentara apartar capa por capa para llegar a su interior.

—Aquí se realizó el Juramento Mayor —dijo Elian—.

Donde los custodios del alma dividida ofrecieron la primera ley.

Ariana caminó hacia el centro de la gran cámara.

—También aquí… alguien rompió ese juramento.

Elian se tensó.

—¿Lo ves?

—No —respondió ella—.

Lo siento.

El Codex vibró, como si confirmara sus palabras.

Pero algo más vibró también.

El relicario.

Ariana lo presionó contra su pecho.

Un calor oscuro se filtró desde su centro.

—Ariana… —Elian dio un paso hacia ella—.

¿Qué estás sintiendo?

Ella levantó la mirada.

Sus ojos brillaban con una intensidad que no tenía antes.

—Algo está tratando de salir.

Elian extendió la mano para tocarla.

Pero antes de que lo hiciera, un sonido los interrumpió.

Un susurro.

No humano.

No vivo.

“Ariana…” La voz provenía desde el fondo de la cámara.

Una figura encapuchada se materializó entre las sombras, con un movimiento demasiado fluido para ser natural.

No era el mismo del bosque.

Este… era otro.

—Te ves igual que la última portadora —dijo la figura, con una voz suave que dolía escuchar—.

Pero no cometas su error.

Elian se interpuso entre ambos.

—Ni un paso más.

La figura ladeó la cabeza, casi con diversión.

—Oh, Elian.

Aún proteges aquello que no entiendes.

Ariana sintió un latido en el relicario.

Fuerte.

Urgente.

—¿Quién eres?

—preguntó ella.

La figura levantó una mano.

De sus dedos cayó una cadena rota, idéntica a las que se alzaron en las ruinas del bosque.

—El que sobrevivió cuando todos los demás murieron.

Ariana sintió que algo en ese nombre —no dicho, no revelado— tocaba una parte prohibida dentro de ella.

El relicario ardió.

El Codex se abrió.

Y Ariana supo, con absoluta certeza, que el traidor no estaba lejos… Estaba observando.

Esperando.

Deseando que ella cometiera el mismo error que la última portadora.

Y lo peor era que… una parte de Ariana quería abrir el relicario.

Quería saber.

Quería recordar.

Aunque eso la destruyera.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Ashley_Andino_4920 ¿Tienes alguna idea sobre mi historia?

Comenta y cuéntamela.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo