Soy el Dios de la Tecnología - Capítulo 14
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14: Director Johnson 14: Director Johnson —Según me han dicho, ¿fuiste descubierto por el almirante Portinari en el remoto planeta Etonia?
—preguntó el director Johnson con una sonrisa.
Dante entrecerró los ojos.
—Director, le pedí que me explicara a qué se refería con lo de ser coaccionado.
El rostro del director Johnson se congeló y apretó los puños bajo la mesa, pero mantuvo la sonrisa.
Beatriz le lanzó una mirada de sorpresa a Dante por una fracción de segundo antes de volver a enfadarse y apartar la vista.
—Para responder a eso, necesitamos establecer los hechos.
Estoy seguro de que lo entiende, ¿verdad?
—respondió Johnson con una sonrisa forzada.
—No.
Solo quiero saber los detalles de lo que ha dicho, sin añadir nada más.
De lo contrario, querré mi identificación y mi pasaje para marcharme —dijo Dante cruzándose de brazos.
A Johnson le tembló un párpado.
Estaba claro que no esperaba que este sujeto fuera tan difícil de tratar.
¿De verdad era una persona sin estudios?
—Cuando se encuentra a un humano puro nacido fuera de la jurisdicción de la Oficina de la Tierra, se le debe entregar un contrato estándar del Consejo Humano para otorgarle los derechos y protecciones especiales que se conceden a la mayoría de los humanos puros —empezó Johnson tras tomar una respiración profunda para calmarse.
—Sin embargo, las cláusulas de su contrato son inmensamente superiores a lo que se suele ofrecer a cualquier humano puro de su categoría.
Por tanto, me inclino a creer que le ofrecieron más beneficios a cambio de otra cosa, lo que invalidaría el contrato y le liberaría de dichas cláusulas ilegales —terminó Johnson con una sonrisa afable.
Dante lo escuchó todo y guardó silencio.
Bajó la cabeza y cerró los ojos, tomando varias respiraciones profundas antes de volver a abrirlos.
Miró a Beatriz, luego a Johnson, y después suspiró.
—Director, con el debido respeto, si no fuera tan débil, le daría un puñetazo en la cara.
El director Johnson, que había supuesto que Dante estaba a punto de decir lo que quería oír, se quedó helado y confuso.
«¿Qué demonios?
¿De dónde ha salido eso?».
Incluso Beatriz se sorprendió y por fin dejó de enfurruñarse para mirar a Dante, que a su vez miraba a Johnson con abierta hostilidad.
—Es usted un buenazo.
Está claro que tiene algo en contra de Beatriz y quiere debilitar su posición, y para ello me ha elegido a mí, un don nadie débil e insignificante, como herramienta.
—En primer lugar, con sus palabras ha hecho que parezca que el mero hecho de firmar un contrato es algo ilegal, intentando sembrar la discordia entre nosotros y hacer que dude de ella.
—En segundo lugar, dice «a un humano puro de mi categoría», por lo que está claro que, a sus ojos, soy un ser de clase inferior y lo he sido desde el momento en que crucé esa puerta.
Solo me sonríe porque quiere algo de mí.
—En tercer lugar, quiere debilitar a Beatriz a través del contrato y probablemente alegar que abusó de su poder, lo que anularía el contrato que firmamos.
Aun si tuviera razón y me hubieran engañado para hacer algo más, usted mismo lo ha dicho: las cláusulas son extremadamente buenas.
Perderlas sería más perjudicial que beneficioso.
Dante sonrió con desdén.
—Así que, en toda esta farsa, el único beneficiado sería usted.
Con el pretexto de liberarme de la opresión, conseguiría pruebas para atacar a su oponente, mientras que los beneficios adicionales para mí se los quedaría usted o se los pasaría a otra persona.
El rostro del director Johnson se demudó, y estalló dando un manotazo sobre la mesa.
—¡¿Cómo se atreve?!
Beatriz miró con recelo al director Johnson y rápidamente materializó su navegador holográfico para comprobar algo.
Cuando vio lo que quería, su expresión se volvió gélida.
—¡Qué buena treta, Héctor Johnson!
¡Tiene un sobrino de trece años en la lista de espera para entrar en la Academia Eterna!
Con solo revelar eso, todo cobró sentido.
A Dante se le heló el corazón porque solo había dicho esas conjeturas en voz alta para cerrar la brecha que se había abierto entre él y Beatriz.
En realidad, estaba completamente perdido.
Cuando el director Johnson habló por primera vez, sospechó que Beatriz era culpable de juego sucio, razón por la cual actuó con tanta resolución.
Después de todo, no estaba del lado de nadie en este conflicto, salvo del suyo propio.
Vamos, que apenas conocía a Beatriz desde hacía poco más de veinticuatro horas.
Ni de broma iba a confiar en ella como en una amiga del alma cuando ni siquiera lo sabía todo sobre ella.
Aparentemente, ella le había hecho un favor, pero la ignorancia de Dante le impedía calibrar el valor de su «bondad».
Cabía la posibilidad de que todo lo que había hecho hasta ahora fuera por obligación y que solo le estuviera entreteniendo.
También cabía la posibilidad de que estuviera siendo extrañamente generosa con él, lo cual no era necesariamente mejor.
En cualquier caso, fuera bueno o malo, saldría de dudas en cuanto tuviera acceso a la Etranet y pudiera comprender la información allí publicada.
Por eso necesitaba su identificación de ciudadano.
Aquel sujeto habló como si lo que Beatriz había hecho estuviera mal desde el principio, algo que Dante ya sospechaba, así que corrió el riesgo de ofender a Beatriz para averiguar más.
Sin embargo, en el momento en que el sujeto habló, Dante supo que aquello no era más que una simple riña política entre dos facciones o dos personas, y que él era un mero instrumento para ejecutar la treta.
Cuando lo comprendió, le entró un ligero pánico porque, si bien aquello no disipaba sus dudas sobre Beatriz, significaba que había puesto en peligro su relación sin ningún puto motivo, y eso era contraproducente.
Así que rápidamente dejó clara su postura, insultando directamente al sujeto y mostrando hostilidad para demostrar que estaba del lado de Beatriz.
Sus conjeturas posteriores fueron para hacer parecer que era un tipo astuto que había calado la treta desde el principio y quería desenmascararlo.
Pero al oír a Beatriz revelar esa información, se le heló el corazón porque se dio cuenta de que probablemente estaba en lo cierto.
Fue esa sensación de cuando das un volantazo y evitas un accidente mortal, y te das cuenta de que podrías haber muerto en ese mismo instante.
Si Dante no hubiera tenido un padre arquitecto que le enseñó la importancia de entender los pequeños detalles, así como una madre ingeniera química que le enseñó a observar y deducir siempre, ¿quién sabe qué habría hecho?
Dante retrocedió un paso y se puso al lado de Beatriz.
—Me lo imaginaba.
En el momento en que entré, frunció el ceño al verme, lo que significa que yo era mucho menos de lo que esperaba, lo que probablemente le dio la idea de que podría manejarme a su antojo.
Tenía sentido, pero Dante no estaba seguro de ello.
Solo estaba especulando, pero dadas las circunstancias, una especulación como esta sonaba como una prueba condenatoria.
Beatriz resopló.
—Ya he informado de todo lo que ha pasado aquí al Consejo Humano.
¡Pronto recibirás su respuesta!
El director Johnson palideció.
¿Cómo demonios habían llegado las cosas a este punto?
Lo único que había hecho era intentar usar a un humano puro de aspecto mediocre y sin influencias para quedar por encima de Beatriz, su rival de la Academia Eterna.
Por lo que él sabía, incluso si tenía razón, Beatriz solo recibiría un tirón de orejas por la ofensa y él podría atormentarla verbalmente cada vez que la viera, aliviando así parte de su frustración.
Pero las tornas habían cambiado y ahora era él quien estaba en la cuerda floja, mientras que su respaldo no era ni de lejos tan sólido como el de ella.
Ante el Consejo Humano, hasta Beatriz podía mostrarse un poco intrépida, ¡pero él no era más que un perro callejero!
Sus ojos relampaguearon con odio.
Ocupar un cargo como este implicaba una red de intereses y decisiones cuyas ramificaciones nadie podía prever fácilmente.
En otras palabras, durante el tiempo que llevaba en la Oficina de la Tierra, sin duda había ofendido a algunas personas que no se atrevían a tocarle por su cargo y por aquellos en cuyo nombre los había ofendido.
Pero una vez que perdiera su cargo, perdería su valor.
¿Quién malgastaría energía en protegerlo?
¿Qué beneficios obtendrían de ello?
Básicamente, era un perro abandonado incluso antes de perder el trabajo.
Él y toda su familia podrían sufrir una calamidad.
Desde luego, no morirían, ya que cada humano puro era tan valioso como un ginseng de mil años.
Tampoco se verían forzados a caer demasiado bajo, ya que todo humano puro tenía suficiente bienestar social, pero incluso con dinero en el bolsillo, no es agradable que unos matones te den una paliza todos los días, ¿o sí?
El director Johnson respiró hondo, pero no hizo nada.
Atacar a Dante o a Beatriz acarrearía consecuencias aún peores, e intentar manipular el sistema por una venganza mezquina no funcionaría con el trasfondo de Beatriz.
Así pues, el hombre tomó un pequeño tubo y se lo lanzó a Beatriz, señalando hacia su puerta.
—Ahí tenéis la identificación y la infusión del Chip de IA.
¡Ahora, largaos de mi despacho antes de que llame a seguridad!
Dante y Beatriz intercambiaron una mirada y salieron del despacho con una sonrisa de suficiencia.
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