Soy el Dios de la Tecnología - Capítulo 218
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
218: Augeus Portinari 218: Augeus Portinari Beatriz se cruzó de brazos y miró el pequeño plano del centro con una expresión complicada.
—Bueno, ahí está.
Mi hogar, donde nací y me crie, el Plano Ancestral del Clan Portinari.
Dante se paró a su lado y la tomó suavemente por los hombros, dándole algo de consuelo.
Esa mirada en sus ojos era suficiente para saber que aquí tenía sus mejores y peores recuerdos, lo que le hacía sentir una sensación agridulce al respecto.
La lanzadera atravesó con facilidad el escudo del plano que cubría toda la masa flotante, y Dante pudo conocer su funcionamiento interno más íntimamente que antes.
Vio que solo constaba de una gran mansión en el centro, junto con unos terrenos decorados de forma relativamente extravagante que terminaban donde lo hacía el plano.
Al verlo así, Dante quedó asombrado.
Esta debía de ser la cuarta vez desde que transmigró por primera vez al Universo Eterno, hacía casi ocho meses, que volvía a sentir esa sensación de asombro y fantasía extrema.
La primera vez fue al mirar al espacio a través del ojo de buey del acorazado cuando negociaba con Beatriz; la segunda, cuando vio por primera vez la Academia Eterna desde el espacio, una masa flotante de actividad y maravilla; mientras que la tercera fue cuando se paró frente al coloso que era la Puerta Cero del universo natal, que no podía verse a simple vista sin importar si mirabas arriba, abajo, a la izquierda o a la derecha.
Aunque esta experiencia era similar a la segunda, la Academia Eterna era enorme y ajetreada, con muchas naves espaciales.
La sensación de fantasía que transmitía era de grandeza, desarrollo y progreso, una verdadera atmósfera de tecnología avanzada.
En cambio, este era pequeño, hogareño y aislado del universo.
Era como una caricatura, o una pieza de arte conceptual de élite que daba la sensación de estar solo en el vacío, alejado de los rigores de la sociedad mientras se disfruta del lujo propio.
La lanzadera aparcó frente a la puerta, y Dante salió con Beatriz.
Abrió la puerta una anciana de pelo azur y brillantes ojos índigo, además de una complexión bastante alta a pesar de su edad.
Cuando Beatriz la vio, sus ojos se iluminaron de afecto.
—¡Tía Zest!
La ama de llaves llamada Tía Zest rio con cariño y abrazó a Beatriz con fuerza, acariciándole suavemente el pelo.
—Mi querida Bea, has vuelto.
Te he echado mucho de menos.
—Siento haber estado fuera tanto tiempo, yo… —empezó a explicar Beatriz, pero la mujer mayor sonrió con complicidad y le puso un dedo en los labios.
—No tienes que darme explicaciones, querida.
Lo entiendo —afirmó, asintiendo hacia Beatriz, que pareció aliviada y conmovida.
—¿Y quién es este apuesto joven?
¿Es tu alma gemela de la que me has hablado?
—Tía Zest se giró hacia el silencioso Dante, que observaba todo con una sonrisa.
Dante dio un paso al frente y la saludó con respeto.
—Hola, tía, soy Dante Alighieri.
Soy el alma gemela de Beatriz y espero convertirme oficialmente en su marido.
Tía Zest estrechó con firmeza la mano extendida de Dante y lo miró con amabilidad.
—Hola, querido Dante, y por lo que he oído de ti a través de Beatriz, eso no debería ser un problema.
—Sobre todo si eres capaz de lograr lo que dices, la deuda de esta familia contigo será ilimitada —añadió la anciana ama de llaves con una mirada penetrante.
Ante esto, la sonrisa de Dante se desvaneció mientras asentía con seriedad.
Tenía fe en el Entrelazamiento Cuántico y en el ser que había detrás.
Su poder probablemente estaba más allá de su capacidad, por lo que debería poder manifestar fácilmente el poder de alterar la realidad para permitir que el Fuego de Nirvana de un Fénix funcionara en la realidad sobre la madre de Beatriz.
Si no, tendría que esperar y adquirir la Curación Cuántica antes de llevar a la madre de Beatriz al Mundo de Magos y revivirla allí para luego sacarla y curar el inevitable envenenamiento cuántico.
Dante no podía hacer ninguna promesa y no se atrevía, así que, con el ambiente un poco pesado, él y Beatriz fueron conducidos al interior de la opulenta y sorprendentemente tradicional mansión, que carecía de tecnología y estaba decorada principalmente al antiguo estilo europeo.
Tía Zest y Beatriz caminaban por el lugar con mucha familiaridad mientras charlaban sobre los últimos acontecimientos, mientras que Dante las seguía en silencio, escuchando sin intervenir.
Finalmente, el grupo fue llevado al comedor principal, donde había una lujosa mesa puesta con comida.
No era muy larga, solo de la longitud de una cama tamaño king, con asientos suficientes para unas ocho personas como máximo.
En la cabecera de la mesa, y ya sentado, había un hombre apuesto con un frondoso pelo negro que le llegaba a la barbilla, un bigote afilado y bien recortado, así como una perilla.
Sus rasgos eran impolutos y ligeramente envejecidos, con unas pequeñas patas de gallo en el rabillo de los ojos, pero su cuerpo estaba extremadamente bien formado.
Incluso sentado así, Dante podía decir que medía fácilmente más de un metro ochenta y que era más musculoso que él.
Llevaba un traje de caballero de color morado junto con unos guantes blancos que sostenían una copa de vino, la cual arremolinaba lentamente.
Sus brillantes ojos ambarinos se alzaron y pasaron por encima de Tía Zest, recorrieron a Beatriz —donde se suavizaron enormemente— y luego se posaron en Dante.
De inmediato, Dante identificó a este hombre como Augeus Portinari, el padre de Beatriz y su suegro.
Su primera impresión del hombre antes de que hablara fue positiva, y lo relacionó fácilmente con Drácula de la serie de Castlevania de Netflix en cuanto a apariencia.
Diablos, los dos eran casi idénticos, menos por los largos caninos y la piel pálida.
Su segunda impresión fue que este hombre lo caló de inmediato.
Puede que Tía Zest no lo hubiera visto, y Beatriz ya lo sabía porque él se lo había dicho, pero este hombre, que había sido el líder de uno de los clanes más poderosos de todo el universo, dedujo al instante que Dante era un joven de ambición ilimitada y que había iniciado el camino del conquistador.
Con solo cruzar las miradas, Dante supo que él lo sabía, y que además le estaba haciendo saber que lo sabía.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Augeus Portinari, una de diversión y aprecio a la vez, mientras que la expresión de Dante se ensombreció ligeramente y se tornó seria.
No pudo evitar mirar de reojo a Beatriz y quejarse en su interior.
Nunca te fíes de la descripción que una chica hace de su padre cuando lo quiere con locura; describiría a ese hombre como un tierno cachorrito cuando en realidad era un monstruo colosal.
En el momento en que entró, los ojos de Beatriz se llenaron de lágrimas mientras corría hacia la cabecera de la mesa.
—¡Papá!
—gritó mientras le echaba los brazos al cuello y le besaba sus mejillas más bien delgadas.
—¡Oh, mi dulce y querida Bea, papá te ha echado de menos!
—Inmediatamente, el rostro severo del hombre de aspecto noble se transformó en uno de indulgencia y amor mientras le devolvía el abrazo a Beatriz y hablaba con una voz asquerosamente melosa.
La expresión de Dante cambió a una de escepticismo e incredulidad, mientras que Tía Zest rio con complicidad, como si estuviera acostumbrada a esta escena.
Dante recibió dos duros golpes: el primero, ver a este hombre de aspecto maduro y dominante actuar de forma tan tonta; y el segundo, ver a su sádica y malvada Beatriz actuar de forma tan infantil.
Para ser sincero, lo segundo le sorprendió más que lo primero, porque había visto de lo que era capaz Beatriz y la conocía bien.
Los dos pasaron un rato abrazándose y llorando por lo mucho que se habían echado de menos antes de que Beatriz se sentara a regañadientes en un asiento junto a su padre.
Entonces pareció acordarse de Dante y se avergonzó de inmediato.
Lo miró y vio su expresión estupefacta, sabiendo que él había visto su lado más oscuro y que probablemente se burlaría mucho de ella en el futuro.
La frente de Beatriz se ensombreció mientras se imaginaba los oscuros días que le esperaban, sufriendo derrotas a manos de Dante.
Mientras tanto, Augeus no se sintió avergonzado y se limitó a mirar a Dante con neutralidad, mostrando incluso un atisbo de superioridad en sus ojos.
«Sí, mimo a mi hija y actúo como un bebé con ella, ¿qué vas a hacer al respecto, muchacho?».
—Eh, papá, este es Dante.
Te he hablado de él —presentó finalmente Beatriz con tono apurado.
—Jaja, sí, he oído hablar mucho de él.
Joven Dante, mi nombre es Augeus Portinari, y soy el padre de Beatriz, como habrás notado, y también tu futuro suegro —rio Augeus despreocupadamente y extendió la mano para estrechársela a Dante, a lo que el joven correspondió con respeto.
—Sí, señor, es un honor conocerlo.
También estoy muy emocionado de tener su reconocimiento como pareja y futuro esposo de Beatriz y me aseguraré de no decepcionarlo —respondió Dante con seriedad.
Augeus enarcó una ceja con diversión.
—¿Decepcionar?
Creo que te refieres a lo contrario.
Dante estaba ligeramente confundido, mientras que Tía Zest sonreía juguetonamente.
Entretanto, Beatriz parecía aún más avergonzada mientras abría la boca para explicar, pero no encontraba las palabras.
Al ver la confusión de Dante y la vergüenza de Beatriz, Augeus lo entendió de inmediato.
Tomó un sorbo de su vino y sonrió mientras señalaba con la mano los exquisitos platos.
—Cenemos mientras hablamos, no sea que la comida se enfríe.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com