Soy el Dios de la Tecnología - Capítulo 24
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24: Trabajo Fundacional 24: Trabajo Fundacional Cuando Dante apareció al otro lado, se encontraba en la entrada de una pequeña habitación autónoma que tenía un patio diminuto y, al frente, una extraña máquina que brillaba con un color verde y parecía un cubo de basura, la cual Dante sabía que era un Transportador Cuántico.
Básicamente, entregaba paquetes pedidos por internet o incluso comida.
Se acabaron los envíos de tres días o las entregas en el mismo día; esto era un envío instantáneo, ¡ni siquiera internacional, sino intergaláctico!
Quizá te preguntes, si tenían esta tecnología, ¿por qué no podían transportar humanos e invalidar el supuesto superpoder de Dante?
Bueno, la mayoría de los más listos ya habrán adivinado que la razón era bastante simple y obvia.
El Transporte Cuántico consistía en descomponer un objeto desde su estructura molecular y atómica en quarks y q-bits para luego reensamblarlos en un punto de recepción cuántico designado.
Como se pueden imaginar, ¿descomponer objetos inanimados y sin vida?
Casi siempre funciona sin problemas.
¿Hacerle lo mismo a un ser vivo?
Una muy, muy mala idea.
Y, por favor, no metas ni plantas ni animales, puto enfermo.
Dante entró en el edificio tras recibir la llave virtual, que se descargó en su chip de IA y se vinculó a su identificación.
Así, todo el edificio quedó bajo su control, con cada instalación controlada por su mente como si fuera psíquico.
La puerta se abrió automáticamente ante él, mostrándole la que sería su vivienda durante el tiempo que estuviera matriculado aquí.
La Academia Eterna era un lugar donde cada palmo de terreno valía su peso en oro, porque la incontable cantidad de gente del universo se peleaba por enviar a sus hijos a estudiar aquí.
Por supuesto, aunque tenían la tecnología para ampliar la superficie y acoger a más gente, ¿por qué iban a hacerlo?
Para controlar las matriculaciones y mantener el prestigio, además de limitar las interferencias externas, lo mejor era fijar por completo el área en cuanto a espacio habitable y añadir terreno solo para las instalaciones necesarias que aportaran más valor objetivo a la academia.
Así que, incluso en un universo de ciencia ficción superavanzado, las academias seguían siendo unas jodidas avariciosas que acaparaban el conocimiento generacional y anteponían los resultados a la formación de sus alumnos.
Pero bueno, ¿qué se podía esperar?
A menos que el gobierno estuviera dirigido enteramente por una IA imparcial e incorruptible, el factor humano siempre encontraría la forma de ennegrecer hasta el más blanco de los lienzos.
Dante se percató de que su apartamento tenía un dormitorio, un estudio, una cocina y una sala de estar, así como dos cuartos de baño.
Para su tamaño, era bastante lujoso y casi tan grande como el cuarto de baño de su casa en la Tierra.
Pero en esta masa de tierra flotante en el espacio, era prácticamente una villa de 3000 acres.
Dante era plenamente consciente de que este era un privilegio no solo por pertenecer al Lote Único, sino también por ser un humano puro, por su vínculo con la familia Portinari y por su superpoder de alto rango.
Probablemente, esto último constituía el 90 % del motivo.
Tras su breve encuentro con la Academia Eterna, la conclusión de Dante fue que a la academia le importaba sobremanera el valor objetivo de una persona y la trataba exactamente de acuerdo a su valor percibido.
Dante intuyó que el comportamiento de Xue Bing quizá no era un caso aislado, sino una predisposición y un trato habituales aquí.
De ser así, no había ningún incentivo para «mantener un perfil bajo».
Parecía que cuanto más alto era tu perfil, mayor era tu valor y mejor era el trato que recibías.
Comprendiendo esto, Dante se instaló y no causó problemas.
Primero, inspeccionó su nueva residencia y se familiarizó con ella antes de descargar toda la información pública sobre el Transporte Cuántico.
Por desgracia, no todos los detalles estaban disponibles, pero era suficiente para hacer mucho con ello.
Sumado a las otras tecnologías que había «tomado prestadas», era bastante para hacer un montón de cosas en la Tierra durante mucho tiempo.
Dante se sentó en la cama, abrió la Red Cuántica y encontró la tienda de comercio electrónico más popular de la red, que se llamaba…, lo has adivinado, Etramall.
Echó un vistazo a las tiendas y compró dos cosas que necesitaba.
Los dos artículos costaron menos de una cienmilésima de Etran, y Dante los recibió en su Transportador Cuántico.
Salió y la máquina escupió los paquetes como si fuera una máquina expendedora, lo que hizo sonreír a Dante.
Cogió los dos artículos, los guardó en el bolsillo de su chaqueta de capitán y volvió a sentarse en la cama.
Tras una leve inspiración, regresó a su universo de origen y apareció justo en la sala de estar, en el mismo lugar del que se había marchado.
Estaba sentado en el sofá y en el apartamento reinaba el silencio, a excepción del zumbido de los aparatos electrónicos.
Dante había dejado su viejo iPhone sobre la mesa, pero ya no lo necesitaba, pues su chip de IA se conectaba a la red de comunicaciones de la Tierra, ya fuera la red móvil o internet, y accedía a sus correspondientes cuentas personales.
La razón por la que podía hacerse con tanta facilidad era que extraía los datos del teléfono y la e-sim de Dante.
Bueno, técnicamente, también podría hackear fácilmente los datos de todo el mundo en el planeta, pero en realidad no le interesaba eso en este momento.
Seguía centrado en asentarse en el Universo Eterno y adquirir más prestigio y poder personal antes de meter mano en su universo de origen.
Sin embargo, eso no significaba que no hubiera nada que hacer, y por eso había regresado.
Una de las características de la era moderna es que, con la llegada de internet, muchas cosas se han vuelto rastreables, y una gran cantidad de información se comparte muy rápidamente por todo el globo.
Por lo tanto, si esperaba unos meses, para cuando su Biónica y su Psiónica estuvieran listas, su sustento allí asegurado y tuviera mejor tecnología para empezar a tomar el control, se encontraría con una resistencia extrema, porque aparecería literalmente de la nada con todas esas cosas revolucionarias y acumularía poder demasiado rápido.
Muchas facciones y gobiernos se alarmarían y empezarían a ir en su contra por todos los medios, utilizando métodos financieros, políticos y, en el peor de los casos, legales para obstaculizarlo y aplastarlo.
La forma más sencilla de evitar o controlar esto era crear un rastro, una hoja de ruta pública y clara —además de fiable e irrefutable— que explicara su posición actual.
Por ejemplo, si Dante empezara a lanzar estas tecnologías científicas a través de diversas empresas y laboratorios a su nombre sin esa hoja de ruta, al principio no habría problema, hasta que empezaran a surgir las preguntas.
Las preguntas solían ser muy incisivas, como: ¿de dónde salió el dinero?
En segundo lugar, preguntarían: ¿dónde obtuvo sus titulaciones?
En tercer lugar: ¿dónde aprendió esos conocimientos y cómo lo consiguió cuando tanta gente «más lista» que él había fracasado antes?
No tenía por qué responder a esas preguntas, pero estas podían ser tergiversadas poco a poco de un modo que le causaría infinitos quebraderos de cabeza más adelante.
Por ello, era más sabio y mejor trazar una hoja de ruta progresiva, a menos que planeara usar la fuerza militar para tomar el poder.
Con ese fin, Dante planeaba resolver las tres cuestiones: dinero, educación y titulación.
Para conseguirlo, necesitaba recurrir a medios lógicos y naturales partiendo de su situación y posición actual en la sociedad, por lo que el primer artículo que compró era indispensable.
Dante abrió el paquete y retiró el precinto, colocando el artículo sobre la mesa de su habitación.
Era una pequeña caja negra sin ninguna abertura, a excepción de un puerto para recibir energía.
Sin embargo, Dante no se atrevió a conectarla a ningún enchufe de su cuarto, pues esa pequeña caja negra era una Raspberry PI cuántica en miniatura de tercera generación.
En otras palabras, ¡era un ordenador cuántico de bolsillo!
Sus especificaciones eran demasiado largas de explicar, pero podía destruir prácticamente cualquier forma de tecnología en este universo, incluso teniendo en cuenta las diversas razas alienígenas que Dante descubrió por casualidad cuando se conectó a la Red Cuántica de este universo.
Y, sin embargo, esa cosa le costó el equivalente a 200 dólares terrestres.
Después, Dante sacó el segundo objeto que había comprado y lo montó siguiendo las instrucciones del fabricante.
Abrió el depósito, vertió agua hasta llenarlo y lo selló herméticamente según las indicaciones.
Tras esto, dudó un momento antes de confiar en el nivel tecnológico del Universo Eterno y en las excelentes críticas del producto, y lo encendió.
Con un suave zumbido, cobró vida y el agua del depósito empezó a hervir y a agitarse frenéticamente.
El indicador junto al puerto de salida se iluminó en verde, lo que significaba que funcionaba a la perfección.
El pálido rostro de Dante recuperó el color y suspiró aliviado.
El motivo de su reacción era que ese producto era un reactor de fusión nuclear ultraminiatura con un 100 % de eficiencia.
Era un aparato de sobremesa diseñado para alimentar los dispositivos más comunes del Universo Eterno y equivalía a la batería externa de peor calidad.
Solo costaba unos 3 dólares y equivalía al típico proyecto de la feria de ciencias de un niño en el Universo Eterno, algo que podían montar con suma facilidad.
Y, sin embargo, ese trasto probablemente podría suministrar energía a todos los hogares del planeta.
Las comparaciones eran verdaderamente odiosas…
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