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Soy el Villano del Juego - Capítulo 111

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  3. Capítulo 111 - 111 Layla⇒Alfred⇒Milleia
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111: Layla⇒Alfred⇒Milleia 111: Layla⇒Alfred⇒Milleia —¿Que no me preocupe?

—Jayden parecía confundido por mis tranquilas palabras.

Milleia no era la única que se había vuelto cercana a Lyra y a mí.

Jayden también se sentía cercano a nosotros, así que su preocupación estaba justificada.

El único problema es que no me importaba el problema de Lyra y puede que lo hubiera demostrado sin querer en el tono que usé.

—Sí, no te preocupes —forcé una sonrisa en mi rostro y continué—.

Con Milleia ahí, no hay forma de que se quede muda así.

—Sí, tienes razón —asintió Jayden con una sonrisa mientras miraba a Milleia.

—Por cierto, ¿estás listo para los exámenes de la semana que viene?

Hasta ahora solo has sacado notas pasables —preguntó Jayden.

¡¿Eso es un insulto?!

¡Ni siquiera me estoy esforzando y aun así saco mejores notas que los otros vagos de mi clase!

—Sí, estoy listo —mentí descaradamente.

Sinceramente, ya tuve mi buena dosis de lecciones en la Tierra, así que solo quería holgazanear en clase y concentrarme en volverme más fuerte en este mundo.

Conteniendo un bostezo con la mano, giré en la siguiente esquina y…

—Milleia, ¿cómo estás?

Se me hinchó una vena en la frente cuando oí esa voz.

Miré al frente y vi…, ¡obviamente, era él!

Alfred con una sonrisa deslumbrante le estaba hablando a Milleia.

—Es un día muy soleado, ¿no crees?

—preguntó Alfred con una risita.

Qué forma tan patética de seducir a una chica…

[]
Cleenah respondió en un tono sugerente.

«¿Eso significa que crees que no soy capaz de seducir a una chica?»
[]
Me burlé de sus palabras.

«Seducí a la chica más hermosa de la Tierra en mi vida anterior, por si no lo sabías».

[]
¡¿Por qué?!

—Me gustan los días soleados porque me dan ganas de salir y disfrutar del aire libre.

Jajaja.

Oh, por el amor de Eden, estoy sintiendo vergüenza ajena, y estoy seguro de que Lyra también, que está al lado de Milleia.

—A mí también me gustan los días soleados, Su Alteza —rio Milleia con una risita, todavía ajena a los evidentes sentimientos de Alfred por ella.

Tenía que admitir que Milleia se veía realmente hermosa mientras reía, y Alfred parecía pensar lo mismo, ya que se quedó mirando el rostro de Milleia sin aliento.

—¿Su Alteza?

—inclinó la cabeza Milleia cuando Alfred se quedó paralizado.

—Su Alteza, le está hablando a usted.

—Thomas, como una buena primera esposa, ayudó a su amado a despertar de su sueño.

—¡Ah!

Lo siento, jajaja.

—Alfred se recuperó, pero…

¿Es él de verdad el tipo que fue elegido para gobernar el Reino?

—Milleia, tengo que pedirte un favor.

—De repente, el tono de Alfred se volvió serio.

—¿Un favor?

—Milleia estaba confundida—.

No sé si soy capaz de ayudar, Su Alteza, pero haré todo lo posible —dijo con un tono inocente pero firme.

—Verás…, justo después de los exámenes escritos…, tenemos un día libre y me preguntaba…

—Alfred se retorcía como una adolescente y yo sabía a dónde quería llegar.

¡No piensa rendirse, ¿eh?!

¡¿Dónde está Jayden?!

¡Antes de que me diera cuenta, había desaparecido de mi lado!

Lyra también estaba perdida en sus pensamientos.

Tampoco es que fuera a hacer nada de todos modos.

No puedo dejar que termine eso…

Tuve esa famosa sensación de déjà vu.

Es un momento decisivo en el que Alfred podría de verdad «robarse» a Milleia.

Gracias a mi intervención y a la de Jayden, no pudo hablar con Milleia a menudo, pero incluso eso tenía sus límites.

—Ni de coña, Alfred —me planté delante de Milleia y sonreí con ganas para molestar a Alfred.

—¿Edward?

—Milleia se sorprendió de que estuviera allí.

—E-Edward…

—Alfred rechinó los dientes con tanta fuerza que pude oír el sonido.

—Edward, estás interrumpiendo a Su Alteza —me fulminó Thomas con la mirada.

—¿Oh, Thomas?

He oído que te has comprometido con Carla, debes de estar contento, ¿verdad?

—¿Q-Qué?

—tartamudeó Thomas cuando saqué a relucir su compromiso.

En efecto, Thomas se había comprometido con la Sub-Heroína, Carla Roger, hacía un mes.

Desde fuera, parecía un matrimonio político, pero yo sabía que Thomas estaba coladísimo por Carla y que obligó a sus padres a plantearles el tema del matrimonio a los padres de Carla.

Ahora, creo que ya habrán entendido cuál sería el evento de Carla, ¿no?

Sí, actualmente Jayden y Carla están enamorados, pero ninguno de los dos está dispuesto a admitirlo, y menos aún Carla; pero con su repentino compromiso, empezará a caer en la desesperación.

En fin, que Jayden va a luchar contra Thomas y su familia para cancelar el compromiso y todo lo que conlleva…

Pobre Thomas…

Aún no sabe que le van a robar a la chica que le gusta.

—Me refiero a lo de Carla.

«Llevas años babeando como un perro en celo», quise decir para molestarlo más, pero me contuve, ya que Milleia estaba justo detrás de mí.

Mi mirada sugerente le cerró la boca a Thomas.

—Culpa mía, Su Alteza, Alfred Celesta, Primer Príncipe del Imperio Celesta, que un día gobernará el Reino con una REINA NOBLE DE ALTO RANGO…

pero tengo algo planeado con Milleia, si me disculpa.

—Hice una reverencia con una sonrisa de superioridad oculta y agarré a Milleia del brazo para arrastrarla de allí.

—¡E-Eh!

¡Espera!

Milleia, tengo algo que…

—Su Alteza.

Afortunadamente, no tuve que decir nada más.

Me di la vuelta y vi a la chica loca por Alfred.

Pude ver claramente cómo la cara de Alfred se ponía más pálida, ¡y tenía toda la puta razón para estar asustado!

Detrás de él se acercaba una chica que exudaba sensualidad.

Destacaba entre los nobles por ser la única noble de alto rango que llevaba el uniforme con americana.

Era, obviamente, Layla Adriana Tarmias.

Veamos si ha aprendido lo que le he enseñado.

Los últimos meses, he pasado mucho tiempo con Layla para hablar de Alfred y otras cosas importantes…

Yo, por supuesto, le di consejos para seducir a Alfred y esperaba que estuviera lista.

—Layla…

—Alfred estaba claramente molesto.

Ahora, ni siquiera podía intentar invitar a salir a Milleia.

—Su Alteza…

—murmuró Layla como si estuviera absorta en el rostro de Alfred.

Hice una mueca ante esa escena y saqué mi teléfono a escondidas.

Se lo envié diez veces al número de Layla.

Por suerte, el teléfono de Layla vibró.

Revisó su teléfono y una expresión de sorpresa apareció en su rostro.

Luego empezó a pasear la mirada a su alrededor antes de que se posara en mí.

¡¿No me digas que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba aquí?!

—E-Ejem…

—Layla de repente se retorció con incomodidad—.

A-AAAAfred…

¿pu-puedo…

puedo llamarte a-así?

—…

—Alfred se quedó sin palabras ante esta escena.

Yo, Lyra y Thomas también.

Layla estaba inquieta con el rostro sonrojado, y eso no era propio de ella.

Pilló a Alfred totalmente por sorpresa.

Bueno, después de todo, la siempre confiada y noble Layla tenía la expresión de una doncella inocente.

Ese era el punto débil de Alfred.

Le gustaban las chicas inocentes como Milleia, así que le pedí a Layla que le preguntara a Alfred si podía llamarlo por su nombre y que exagerara su comportamiento…

y lo estaba haciendo bastante bien.

Sinceramente, no sabría decir si estaba actuando o si de verdad le daba vergüenza llamar a Alfred solo por su nombre…

—¿Pu-Puedo?

—volvió a preguntar Layla mientras jugaba con su ondulado pelo negro y con los ojos húmedos.

La verdad es que era muy atractiva…

—Y-Yo…

—¡¿Puedo?!

—preguntó Layla de nuevo, pero su mirada inocente había desaparecido y ahora tenía esa mirada de loca obsesionada.

—…

—Alfred volvió a quedarse en silencio ante ese aterrador y repentino cambio de comportamiento.

Me di una palmada en la cara.

¡¿Por qué es tan impaciente?!

¡Solo tenía que continuar y él habría aceptado tímidamente!

¡Eso, sin duda, habría provocado algo en su corazón!

—¡¿Su Alteza?!

¿Entonces?

—Layla acercó su cara peligrosamente a la de Alfred, haciendo que este se estremeciera.

—Estoy ocupado, Layla, en otro momento.

—Puso su expresión de Príncipe y se fue con Thomas, que estaba sonrojado tras la actuación de Layla.

—¡Mmm!

—Layla apretó los puños e hizo un puchero.

Esa chica…

¡Estoy harto de verla fracasar en cada uno de sus intentos por culpa de su impaciencia!

¡Llevo dos meses esforzándome al máximo para entrenarla y lo estropea todo en el último momento!

Será mejor que huya antes de que me acose con sus preguntas.

Como hablé de más sobre las preferencias de Alfred y se demostró que eran ciertas, Layla empezó a darme la lata para saber más sobre él.

Menuda acosadora.

—E-Eh, Edward…

—Justo cuando estaba a punto de darme la vuelta, oí la tímida voz de Milleia.

—¿Mmm?

¿Qué pasa?

—pregunté.

El rostro de Milleia estaba ligeramente sonrojado mientras señalaba su brazo, ¡que yo todavía estaba agarrando!

—Ah, perdona.

—Le solté la mano a toda prisa, la cual llevaba agarrando más de tres minutos y, además, con fuerza.

Su brazo casi tenía la marca de mi mano.

¡Todo por culpa de ese Príncipe tonto y esa Villana retorcida!

¡Este triángulo amoroso me está volviendo loco!

—¿Te he hecho daño?

—pregunté, con torpeza.

—N-No, no pasa nada.

—Milleia agitó ambas manos, asegurándome que estaba bien.

—Ya veo, vámonos ya…

—Ohhh, ¿no es ese el querido Edward?

¡Joder!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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