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Soy el Villano del Juego - Capítulo 127

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  3. Capítulo 127 - 127 Evento Milleia Sophren 4 Eric Scarlett
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127: [Evento] [Milleia Sophren] [4] Eric Scarlett 127: [Evento] [Milleia Sophren] [4] Eric Scarlett —Sí…

—asintió Eric con una expresión conflictiva antes de mirar con cuidado a nuestro alrededor—.

Y no somos los únicos…

—¿Qué?

Ahora…

estaba aún más confundido.

La situación se estaba yendo de las manos.

El Evento de Milleia ya era difícil de por sí y no quería que nada más lo obstaculizara.

—¿No somos los únicos?

—ladeó la cabeza Milleia.

—Sí…

—dijo Eric mientras se agarraba el brazo izquierdo, que estaba carbonizado…

¿Alguien había conseguido herir tanto a Eric?

—¿E-Estás bien?

—preguntó Milleia, preocupada.

—Estoy bien —dijo Eric agitando la mano—.

Solo quiero conseguir la Hierba Dorada y salir de este bosque.

—¿Por qué quieres la Hierba Dorada?

—le pregunté.

Tenía mucha curiosidad por saber por qué demonios la estaba buscando.

Ni siquiera era consciente de ello, aunque hubiera jugado al Juego.

No podía ni imaginarme su razón.

—No tengo por qué decírtelo —zanjó Eric la conversación.

Tsk.

—En cuanto a mí…

estoy buscando la Hierba Dorada por mi fami…

—¿Tu madre?

—la interrumpió Eric.

—¡O-Oh!

Sí…

mi madre está gravemente enferma y solo la Hierba Dorada puede salvarla…

—dijo Milleia con tono triste.

Espera.

¿Cómo sabía Eric que era por la madre de Milleia?

—¿Cómo sabías que era por su madre?

—pregunté lo que se me pasaba por la cabeza.

—¿Mmm?

—A Eric le tomó por sorpresa mi pregunta, pero aun así respondió—.

Sé cómo son las cosas cuando se trata de la familia.

¡Eso no es una respuesta!

¡Este tipo!

¿No me digas que de verdad es el reencarnado que me envió esa carta?

No me reconoce con esta máscara, así que ¿quizá podría sacarle alguna respuesta?

—¿Quiénes son los otros?

¿Quién más busca la Hierba Dorada aparte de ti y nosotros?

—le pregunté.

—…

—Eric apretó los puños ante mi pregunta.

¿Acaso le he traído un mal recuerdo de la paliza que recibió?

—¿Quiénes son los otros?

—di un paso adelante y volví a preguntar en un tono más firme.

—S-Señor Nyrel…

Eric se me quedó mirando y chasqueó la lengua.

—Caballeros del Imperio Arvatra.

—¡!

Me quedé estupefacto con su respuesta.

—¿El Imperio Arvatra…?

—preguntó Milleia, confundida—.

Son nuestros aliados, ¿así que por qué nos atacaron?

Ciertamente, estábamos aliados con ellos.

Luchamos contra ellos en la anterior Guerra Santa, pero después se firmó la paz entre los gobernantes del Reino Celesta y el Imperio Arvatra.

No lo entiendo.

¿Por qué buscan ellos también la Hierba Dorada?

¿Había un escenario así entre los numerosos del Juego?

No estaba seguro.

Hice el Evento de Milleia varias veces, pero en ninguna de ellas me encontré con los Caballeros del Imperio Arvatra.

No, para empezar, ¿por qué demonios están buscando la Hierba Dorada si es de sobra conocido que no es más que una leyenda?

—¿Por qué lo atacaron, Señor Eric?

—preguntó Milleia.

Yo también sentía curiosidad por eso.

Eran del Imperio Arvatra y estaban en territorio del Reino Celesta.

¿No serían tan estúpidos como para atacar a alguien de aquí sin motivo?

Y menos aún a Eric, que era el hijo del Duque Scarlett.

No quiero ni imaginar la reacción de ese viejo si se enterara…

—Me preguntaron adónde iba y los ignoré.

Luego me preguntaron por la Hierba Dorada y les dije que no sabía nada, pero ese tipo me atacó de la nada…

—¿Sabía quién eres?

—pregunté a mi vez.

—Sí…, probablemente…

—dijo Eric, para mi sorpresa.

¿Así que sabían que era Eric y se atrevieron a atacarlo?

¿Qué demonios?

Espera.

Algo me inquietaba.

¿Eric llegó tan lejos porque claramente tenía una idea de la ubicación de la Hierba Dorada?

Yo lo sabía más o menos gracias al Juego, así que tomé la delantera con Milleia detrás de mí…

entonces, ¿Eric es realmente un reencarnado?

—¿Adónde vas?

—fruncí el ceño al ver que Eric se alejaba.

—¿No es obvio?

—se mofó Eric—.

A encontrar la Hierba Dorada.

Puse los ojos en blanco.

—¿Qué?

¿Acaso tienes un mapa en el cerebro?

—¿Y tú?

Llegaron hasta aquí porque ambos tenían una idea, ¿no?

—replicó Eric.

De verdad que me estaba sacando de quicio.

[]
«Nadie puede tomarme la delantera».

[¿Y qué hay de Layla en la carrera?]
«No lo estaba dando todo».

Podría haber ganado si me hubiera tomado esa carrera en serio…

quizás.

—Solo sabemos…

que está en lo profundo del bosque, Señor Eric —dijo Milleia dejando caer los hombros.

Ella no lo demostraba, pero yo notaba que estaba muy nerviosa y ansiosa a medida que pasaba el tiempo.

Su madre se estaba muriendo y solo le quedaban unos pocos días.

—¿No lo sabes?

—se le escapó a Eric sin querer.

¿Eh?

No me digas…

Di un paso y me acerqué a él.

—Tú…

¿tú sabes dónde podemos encontrar la Hierba Dorada…?

—¡!

—Milleia abrió los ojos de par en par y miró a Eric con expectación.

Eric abrió y cerró la boca antes de suspirar.

—Sí…

lo sé.

—Luego miró a Milleia y se encogió de hombros—.

Podemos ir juntos, si quieren.

—Por supuesto que vamos a ir JUNTOS —asentí y le di una palmada en el hombro a Eric—.

Gracias, tío.

—Eres un pesado…

—masculló Eric, a quien no pareció gustarle mi repentino gesto de amabilidad.

De repente, Milleia agarró las manos de Eric.

—¡G-Gracias!

¡M-Muchas gracias!

¡¡Muchas gracias, Señor Eric!!

—S-Sí…

—Eric desvió la mirada.

Como era de esperar, ni siquiera él pudo resistirse al encanto único de Milleia.

No era la Heroína de Portada por nada.

Así, empezamos a viajar juntos.

Soportar la presencia de Eric era molesto, pero ignoré la molestia por el bien de completar el evento de Milleia.

Mmm.

Debería hablar con Eric a solas.

Estoy convencido de que es un reencarnado y probablemente el que me envió ese mensaje en la puerta de mi habitación.

¡El tipo vivía en la habitación justo enfrente de la mía!

¡Desde luego, tiene agallas!

Pero entonces, ¿era alguien a quien conocía?

Puesto que sabía mi nombre completo…

…

…

…

—Es aquí —resonó la voz de Eric.

Tras otra hora de caminata, llegamos a una pequeña colina.

Sí…

es este lugar…

Lo vi en el Juego.

La colina no tenía hierba.

Solo arena y escombros la cubrían.

Nada parecido a la Hierba Dorada parecía estar a la vista, pero era normal.

—¿Señor Eric?

¿Dónde están las Hierbas Doradas?

—preguntó Milleia mientras, inconscientemente, sus uñas se clavaban en la palma de su mano.

Eric señaló la cima de la colina.

—Allá arriba.

—¿Allá arriba?

—Sí —asentí en lugar de Eric y empecé a escalar—.

Deberíamos darnos prisa por si acaso vuelven los tipos que apalearon al «Señor» Eric, heredero del Duque Scarlett.

—Y tú, ¿quién demonios eres?

—me siguió Eric, que parecía haber perdido la paciencia conmigo.

—Esa debería ser mi pregunta —dije mientras ayudaba a Milleia a subir.

—Gracias.

—Apareciste de repente y estás buscando la Hierba Dorada por alguna razón oculta —dije, porque sinceramente sentía curiosidad por su motivo.

Mis recuerdos sobre Eric eran bastante borrosos, ya que evité que les robara a las Heroínas rápidamente, por lo que no aparecía a menudo en todas mis partidas.

—…

—Eric guardó silencio un rato antes de volver a mirar a Milleia.

Espero que no estés intentando ligar con ella, Eric.

Milleia tiene el linaje de Raphiel y Jayden es un Apóstol.

Solo ellos pueden vencer al Jefe Final.

—Es por mi hermana, Rubina —reveló Eric finalmente, pero…

—…

Me detuve en seco al oír sus palabras.

Rubina…

Rubina Scarlett.

¿Ruby?

Ese nombre…

Lo he oído antes.

En el Tercer Juego.

Ella es…

¡!

¡Una Sub-Heroína del Tercer Juego!

Me tapé la boca enmascarada al darme cuenta.

¿Cómo pude olvidarla…?

No la vi porque apenas jugué al Tercer Juego, ¡pero debería haberla recordado!

Es la hermana pequeña de Eric Scarlett y se convertirá en una estudiante de Primer Año durante el Juego del Tercer Año.

No.

Más importante aún, es una Sub-Heroína del Tercer Juego.

Pero, ¿por qué necesita Eric la Hierba Dorada?

¿Está enferma?

Pero aparece en el Tercer Juego, así que no debe de tener nada grave, ¿verdad?

La Hierba Dorada solo se usa para enfermedades extremadamente incurables…

—¿E-Está bien?

—preguntó Milleia, mostrando preocupación por la hermana de Eric.

Eric asintió seriamente hacia Milleia.

—Yo…

necesito la Hierba Dorada para salvarla…, para salvarla de esa maldición…

y de su próximo vuelo…

¿Maldición?

¿Próximo vuelo?

No entiendo ni un carajo de lo que dice.

De verdad que tengo que hablar con él de reencarnado a reencarnado.

—¡Es…

espero que pueda curar a su hermana, Señor Eric!

—lo tranquilizó Milleia a su manera.

Eric se sorprendió al principio, pero luego sonrió.

—Gracias.

Sí, definitivamente no era el Eric que yo conocía del Juego.

Él no le hablaría a una plebeya y menos aún sobre su familia a una extraña.

¡Incluso le dio las gracias!

…

Tras llegar a la cima, por fin pudimos ver algo parecido a un abismo debajo de nosotros.

—Síganme —dijo Eric y se agachó para deslizarse por la pendiente.

—Yo iré detrás.

Adelante —le dije a Milleia.

—E-Eh…

—Pero Milleia no dejaba de alternar la mirada entre el abismo y yo.

Ah.

En el Juego, Jayden la ayudaba, si no recuerdo mal.

Sin más opción, di un paso adelante y me aseguré de afianzar el pie en la ladera rocosa.

Luego, le tendí la otra mano a Milleia.

Milleia me sonrió radiantemente.

—¡Gracias!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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