Soy el Villano del Juego - Capítulo 139
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139: Miranda-Edward-Aurora 139: Miranda-Edward-Aurora —¿Qué estás haciendo, Aurora?
—¡Ah!
—Una niña de seis años dio un respingo al oír la voz a sus espaldas.
Llevaba un bonito vestido rosa y, a pesar de su habitual expresión tranquila, en ese momento parecía presa del pánico.
—M-Mami… —Aurora se giró y se encontró con los ojos de zafiro de su madre, que ella también tenía—.
N-Nada.
—Aurora negó con la cabeza.
—Mmm… —Edith enarcó una ceja ante el inusual estado de su hija—.
¿Ah, sí?
—Con una sonrisa, echó un vistazo por la ventana hacia donde miraba Aurora.
—¡N-No!
¡Mami!
—Aurora intentó esconderse, pero ya era demasiado tarde.
—Oh… ¿no son el hijo de Oryanna y la hija de Olivia?
—murmuró Edith al ver a un niño de pelo gris que llevaba a Miranda a cuestas.
Ambos hablaban alegremente—.
Son muy monos juntos… y encima están prometidos.
—Edith sonrió, pero ladeó la cabeza al ver la expresión sombría de Aurora.
Aurora miraba fijamente a Edward y a Miranda con una pizca de tristeza en el rostro.
—Mi vida… —Edith le acarició suavemente el pelo a su hija.
—Papi me dijo que le gustaría que me casara con Edward, mami —murmuró Aurora sin apartar la vista—.
Como primera Princesa del Reino Celesta, debo cumplir con las expectativas de mi padre…
Edith suspiró y tomó nota mental de darle una paliza a su marido por meterle cosas inútiles en la cabeza a una niña.
—No tienes que preocuparte por eso, cariño.
Hay un montón de chicos increíbles de tu edad por ahí.
Aunque Edith lo dijo con naturalidad y sinceridad, tuvo que reconocer que los chicos como Edward eran bastante escasos.
Entendía por qué su marido insistía tanto en tener a Edward en su familia.
Era un prodigio de brillantez a una edad tan temprana, y contaba con el formidable linaje Falkrona.
Una alianza entre la Familia Real Celesta y la Casa Falkrona sería, sin duda, poderosa.
Por desgracia para Charles Celesta, Edward y la hija de Draven ya eran increíblemente cercanos, y sus padres habían decidido casarlos en el futuro.
Pero a pesar de todos los beneficios de crear un vínculo con el Linaje Falkrona, Edith no parecía tan entusiasmada como su marido.
Todo por el imán para los problemas que eran los miembros de esa familia.
Sobre todo, la madre y el padre de Edward…
—P-Pero… —Aurora bajó la cabeza—.
Edward… no es como los demás…
—¿Aurora?
—Edith se inclinó hacia ella al oírla murmurar algo con el rostro ligeramente sonrojado—.
¿Podría ser…?
—Antes de que Edith pudiera terminar, Aurora se dio la vuelta para salir corriendo.
—¡Eh!
—Edith fue tras su hija.
…..
En una habitación espaciosa y lujosa, dos mujeres elegantes y hermosas que aparentaban tener poco más de veinte años hablaban mientras tomaban café.
Había algunas criadas con ellas para servirlas.
—Y encima va el idiota y me dice que prefiere pelear a cantar conmigo.
Qué marido más inútil, de verdad —dijo una mujer de ojos color mandarina en un tono molesto—.
Le he dicho incontables veces que su estatus de Monarca no debería subírsele a la cabeza, pero ese idiota…
—Mmm.
¿Acaso Draven no ha sido siempre así, Olivia?
—preguntó la otra mujer, de pelo negro y ojos ambarinos, ladeando la cabeza.
—No.
Antes por lo menos era galante, pero ahora… ni siquiera eso… —Olivia hizo un puchero—.
Ojalá pasara más tiempo con nosotros.
Estoy sola con Miranda, Loid y Joyca… Hago lo que puedo, pero ellos también necesitan a su padre…
—Bueno, al menos Edward está ahí para la pequeña Myra —sonrió Oryanna con picardía.
A lo que Olivia también sonrió.
—¡Edward ya ha seducido a mi mona y fuerte hija!
—¡Mamá, tía Olivia!
—Justo cuando hablaban de ellos, Edward entró en la habitación con Miranda a cuestas.
—¿Oh, Edward?
¿Qué ha pasado?
—Oryanna se levantó—.
¿Ya estás mimando a tu prometida?
—¡¿M-Mamá?!
—soltó Edward con cara de vergüenza.
Miranda, sin embargo, solo sonrió feliz y abrazó a Edward con más fuerza.
—Myra está herida en la pierna, tía Olivia… —Edward se acercó a Olivia y bajó con cuidado a la reticente Miranda.
—Oh, Myra… —Olivia se arrodilló y sacó vendas de la nada para tratar a su hija—.
Seguro que te has esforzado demasiado para impresionar a Edward…
—¿Impresionarme a mí?
—A Edward, a pesar de ser un genio en muchos campos, le costaba entender las acciones de la chica enamorada de él.
—Ay, Edward… necesitas mejorar en ese campo si no quieres que una chica te mate algún día.
—Oryanna negó con la cabeza y le pellizcó las mejillas.
—No quieo moir… —respondió Edward con las mejillas pellizcadas.
Entonces, de repente, las puertas de la otra esquina de la habitación se abrieron de golpe y dos niñas cayeron al suelo.
—¡¡Ay!!
Las dos niñas les resultaban familiares a todos.
—¿Eh?
—Edward se giró, sorprendido—.
¿Elona?
¿Y la Princesa?
—¡Hermano mayor!
—Elona se levantó y corrió hacia Edward.
—¡Huy!
—Edward sujetó a su hermana antes de caer al suelo.
—¡Hermana mayor!
—Luego Elona saltó hacia Miranda y la abrazó con fuerza.
—¡Elona!
Cálmate un poco, cariño.
—Oryanna apartó a su hija antes de que hiriera más a la lesionada Miranda.
—Princesa, ¿estás bien?
—Edward se acercó a Aurora y le tendió la mano.
Esta última dudó, así que Edward le agarró la mano y tiró de ella para levantarla—.
¿Qué estabas haciendo, Princesa?
—¡Te estábamos espiando, hermano mayor!
—admitió Elona con una sonrisa amplia y casi orgullosa.
—Ah… —El rostro de Aurora se puso rojo como un tomate y desvió la mirada cuando Edward la miró como para confirmar las palabras de su hermana.
—Edward, deja de ligar, cariño —suspiró Oryanna al ver la expresión de la joven Princesa.
Sería ciega y estúpida si no se hubiera dado cuenta del reciente comportamiento nervioso de Aurora cerca de Edward.
—¡¿M-Mamá?!
—El rostro de Edward se puso rojo esta vez—.
¡Es la Princesa!
—¡Oh!
¡Hermano mayor está seduciendo a Aura!
—¡No, Elona!
—¡No!
¡Edward me estaba seduciendo a mí!
—Miranda se abrazó con fuerza al brazo de Edward, sintiendo el peligro que emanaba de Aurora.
—Edward parece el protagonista con innumerables esposas de esos libros que hemos leído, ¿no crees, Olivia?
—murmuró Oryanna, estupefacta ante la visión de Edward rodeado por dos mujeres, e incluso Elona se había metido en la refriega.
—Mmm.
No me gusta la idea de que mi mona hija sea una de sus innumerables esposas, ¿sabes?
—respondió Olivia con un suspiro.
—No creo que Edward le haga eso a Myra si esta última quiere monopolizarlo, ¡no te preocupes, Olivia!
—Mmm.
Sí.
Edward es un buen chico.
Solo espero que cuide bien de mi hija sin importar cuántas esposas… —Olivia se inclinó y le sonrió con picardía a Aurora—.
…tenga.
—¡!
—El rostro de Aurora, que ya estaba rojo, se puso carmesí y salió corriendo de la habitación.
****
—¿Dama Avia?
—Agité la mano delante de la cara de Aurora, ya que parecía estar aturdida.
Era raro verla así.
—¡Ah!
—Por fin, Aurora se recuperó y nos miró a mí y a Elona—.
M-Mis disculpas por esta vergonzosa…
—No pasa nada, Aura —dijo Elona, dándole una palmadita en la mano a Aurora para calmarla.
Aurora asintió varias veces antes de mirarme a escondidas, o eso creía ella.
«…».
Se me hizo un poco incómodo, así que me quedé mirando mi plato vacío.
….
….
….
Dos horas más tarde, después de comer, nos separamos de Elona, que de repente decidió dejarnos solos con una excusa cualquiera.
¿Qué intentaba hacer, de todos modos?
¡Si acaso, nos avergonzó a Aurora y a mí la mayor parte del tiempo!
—Amael, por favor, concéntrate —me reprendió Aurora cuando estaba perdido en mis pensamientos.
—Ah, sí, lo siento…
Aurora y yo estábamos arrodillados en medio de la nada.
Mis dos huevos brillaban en el suelo.
Las manos de Aurora estaban colocadas sobre las mías, y mis dos palmas estaban sobre cada huevo.
Era realmente embarazoso.
Tenía miedo de que me matara en el acto si descubría mi identidad, y su reacción parecía aún más aterradora.
Ya estaba engañando a Milleia con mi identidad como Nyrel y ahora le tocaba a Aurora.
El día que entiendan quién era yo…
Oh, dios… No quiero eso.
Esa situación seguramente se saldrá de mi control.
Mientras pensaba eso, las manos de Aurora brillaron con un color dorado y un círculo mágico dorado apareció sobre nuestras manos.
Es realmente increíble…
Incluso podía usar círculos mágicos para alterar y usar hechizos…
Algo que hoy en día solo se puede aprender y enseñar en Sancta Vedelia.
No era la primera vez que lo veía, pero aun así me impresionaba cada vez.
Aurora susurró algo, y el círculo mágico cayó sobre nuestras palmas, rodeando los huevos.
—Parece que te quieren mucho, Amael —murmuró Aurora, con una preciosa sonrisa en el rostro.
Ahora podía ver su verdadera sonrisa porque no llevaba máscara.
—Entonces está guay —respondí al azar.
—¿Guay?
—rio Aurora por mi extraña palabra.
Creo que entiendo por qué David Seaven está loco por Aurora y…
creo que entiendo por qué la amaba…
[¿Por qué usas el tiempo pasado?]
«¿Qué estás insinuando?»
—Amael… —Aurora, todavía con sus manos sobre las mías, me miró a los ojos.
—¿S-Sí?
—tartamudeé cuando habló tan seriamente.
¡¿No me digas que lo ha descubierto?!
Aurora dudó un minuto entero antes de abrir los labios.
—Yo… te necesito…
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