Soy el Villano del Juego - Capítulo 198
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- Capítulo 198 - 198 Evento Cumpleaños de las gemelas Celesta FIN
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198: [Evento] [Cumpleaños de las gemelas Celesta] FIN 198: [Evento] [Cumpleaños de las gemelas Celesta] FIN NUEVO ENLACE DE DISCORD EN LA SINOPSIS: https://discord.gg/5gq4yjEp
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—¡¿Y qué hay de mi elección, entonces?!
—espetó Alfred—.
¡¿Por qué no puedo tener la opción de elegir a mi Reina?!
—¿E-Elección…?
—murmuró Layla con una risa débil—.
¡Su Alteza es el Príncipe Heredero…, fue criado para ser el próximo Rey, y con ese estatus vienen las responsabilidades!
Tenía toda la razón.
Aurora lo había entendido y lo había aceptado de todo corazón, a diferencia de Alfred, que parecía eludir sus deberes.
—¡¿C-Cuál es el problema con eso, Layla?!
¡¿Es un pecado desear estar con la persona que amas?!
—replicó Alfred.
—¿A-Acaso se lo he negado, Su Alteza…?
—preguntó Layla, con la voz quebrada mientras las lágrimas asomaban a sus ojos enrojecidos—.
A pesar de mi odio hacia ella, y-yo la acepté.
Acepté que fuera su segunda esposa, pero usted incluso se negó a eso…
¿m-me pidió que renunciara a mi estatus como futura Reina por ella?
Usted…
—Layla hizo una pausa, respirando hondo para calmarse—.
Usted…
¿me dijo tan fácilmente que renunciara y echara por tierra todos los esfuerzos que he hecho por usted durante una década?
—Su voz se quebró por la emoción, revelando la profundidad de su dolor.
—Y-Yo no…
—A-Aunque yo no le gustara…, al menos como alguien con quien creció, ¿c-cómo puede decirme que renuncie a años de esfuerzo por otra chica que conoció hace menos de un año…?
—la voz de Layla temblaba mientras hablaba—.
¿T-Tan poco significo para usted?
—L-Layla…
—la voz de Miranda tembló mientras intentaba acercarse a ella, pero Aurora la detuvo.
—Déjala, Myra…
lo necesita…
—¿C-Cómo?
Y-Yo acepté todas las humillaciones cuando me comparó con ella, pero, ¿c-cómo, Su Alteza, pudo decir que una simple plebeya sin ningún conocimiento sobre nuestro Reino podría ser mejor Reina que yo…?
—Las palabras de Layla tocaron una fibra sensible, y voces de aprobación resonaron por la sala.
Milleia nunca podría ser una Reina adecuada.
Carecía del conocimiento y la imparcialidad necesarios para el cargo.
—¡Y-Ya basta, Layla!
—Alfred estaba claramente molesto por los susurros de apoyo y las voces que se alzaban—.
¡¿Te oyes a ti misma?!
¡Qué bajo has caído al usar tu estatus de noble para menospreciar a Milleia!
¡Milleia tiene el linaje de Raphiel y lo despertó, a diferencia de ti!
¡Su estatus puede considerarse superior al tuyo!
Layla esbozó una débil sonrisa mientras Alfred hablaba, con los ojos brillantes por las lágrimas.
—¿Es ese realmente el problema, Su Alteza?
¿Porque no pude despertar el linaje de Raphiel?
¿O t-tal vez porque no soy lo suficientemente hermosa?
¿La encuentra más hermosa que yo?
I-Intenté actuar como usted quería, pero no funcionó, y ¿p-por qué debería actuar como ella para que me ame?
Si tan solo…
Me pregunto.
Si tan solo en aquel entonces me hubiera revelado como Edward en lugar de dejarle creer que era con Alfred con quien hablaba…
Quizá no habría sufrido tanto…
Hasta ahora lo había ignorado porque no pensé que tres meses tendrían tanto efecto en ella, pero ahora lo tenía claro.
La culpa era mía.
Su obsesión por Alfred es por mi causa.
Layla apretó los dientes y señaló a Milleia.
—¿O-O es que solo quieres su cuerpo?!
—¡Layla!
—La mano de Alfred se movió para abofetearla, pero John intervino rápidamente, agarrando el brazo de Alfred y mirándolo con frialdad.
Sin inmutarse, Alfred miró a Layla con desdén.
—¿Es por eso que sobreviviste?
¿Es por eso que nuestra Santesa murió?
La Santesa…
Se creía que la madre de María estaba muerta, incluso yo la consideraba muerta, aunque estaba en coma.
Se suponía que debía morir en un año para cumplir el destino de María como Santesa.
Pero la madre de María se sacrificó por…
—¡¿Nuestra Santesa se sacrificó por alguien como tú?!
¡Incluso tu madre murió por tu culpa!
¡La tía Alyssa estaría mejor viva que tú!
—¡…!
Mi expresión se volvió gélida ante los crueles comentarios de Alfred.
No sabía nada de lo que ella había pasado.
¡Zas!
En un instante, la mano de alguien impactó en la mejilla de Alfred, enviando una pequeña onda de choque por la sala.
—¡¿C-Cómo te atreves, Alfred?!
—La voz de Miranda temblaba de ira, con lágrimas corriendo por su rostro.
Layla, que se había mantenido firme hasta entonces, se desplomó de rodillas, completamente desolada.
—¡L-Layla!
—Miranda corrió hacia ella, rodeándola con sus brazos en un abrazo reconfortante.
—…
—John seguía sujetando a Alfred con firmeza, y su expresión delataba su lucha interna entre la ira y la contención.
—John —la voz del tío Jarett fue más fría que nunca al intervenir con una sola palabra.
La sala se sumió en un tenso silencio, todos sorprendidos por el inesperado giro de los acontecimientos.
Alfred, con la mejilla ardiéndole por la bofetada, fulminó con la mirada a Layla, que estaba siendo consolada por Miranda.
—¡Esto es indignante!
¡¿Cómo puedes defenderla después de lo que ha dicho?!
—¡Basta, Alfred!
—La severa voz del Rey Charles resonó por la sala mientras daba un paso al frente—.
Este no es el momento ni el lugar para tal comportamiento.
Es hora de que te vayas…
En medio del caos, la oscuridad envolvió la sala, dejando a todos en un estado de confusión.
—¡¡Edward!!
—La voz de Eric resonó en la oscuridad.
«Walter Celesta debe estar detrás de esto», pensé.
—Por favor, cálmense…
—¡Segunda Ala!
—Ignoré el intento del Rey Charles de contenernos y cargué hacia adelante.
Había algo sospechoso en ese momento; debían de tener a alguien como objetivo.
Desenvainé rápidamente mi báculo, colocándome frente a Miranda y Layla.
De repente, las luces volvieron a encenderse, revelando la expresión de asombro de Raisa mientras su espada atravesaba mi corazón.
—C-Cof…
—Escupí sangre, intentando mantenerme en pie.
—¡¡RAISA!!
—Draven se abalanzó hacia ella, pero una cúpula circular le impidió alcanzarla.
—E-Edward…
—Caí de rodillas, y mi báculo se estrelló contra el suelo.
Miranda sostuvo mi cuerpo por detrás, temblando mientras tocaba mi herida.
—Edward…
—Layla se tambaleó y miró mi herida, con el rostro contraído por el horror—.
¡S-Se está muriendo!
¡Que alguien lo ayude, por favor!
La cúpula impedía la entrada a cualquiera, incluso al Rey.
Walter Celesta probablemente lo había preparado de antemano.
La única persona que posiblemente podría alcanzarme era mi abuelo, pero él solo me miraba fijamente, con la tía Belle y Elona llorando a su lado.
Incluso mi padre parecía preocupado por primera vez.
—Quería matarte a ti, pequeña Myra, pero él intervino y se sacrificó —se burló Raisa mientras sacaba su espada.
—¡Argh!
—Escupí más sangre.
—¡N-No…!
—Miranda cubrió desesperadamente la herida de mi pecho con sus manos, pero parecía inútil.
Raisa se inclinó para susurrar: —Se lanzó para protegerte, igual que hizo tu madre en aquel entonces.
—¡…!
—Los ojos de Miranda se abrieron de par en par y sus lágrimas cayeron sin control—.
E-Edward…
por favor…
—¡Myra!
¡Mantén las manos firmes!
—Layla, con manos temblorosas, vertió viales de algo sobre mis heridas, pero…
—¡S-Sí…!
—Es inútil.
Le apuñalé el corazón con mi espada envenenada.
Plaf.
Mis manos cayeron al suelo y sentí que los párpados me pesaban.
A través de mi visión borrosa, podía ver a Miranda llorando y a Layla intentando salvarme desesperadamente.
—¡Ajajajaja!
Ahora es tu turno…
¡Chof!
—¡Cof!
—Raisa escupió sangre mientras una espada de un blanco puro le atravesaba el estómago.
En un abrir y cerrar de ojos, mi cuerpo en los brazos de Miranda se desvaneció en partículas blancas y reapareció detrás de Raisa.
Apreté con fuerza la Trinidad Nihil y la hundí más profundamente en ella mientras una tremenda cantidad de maná abandonaba mi cuerpo a un ritmo alarmante.
—¡T-Tú…!
—Cállate —jadeé, sacando la Trinidad Nihil con todas mis fuerzas.
—¡Agh!
—Raisa cayó al suelo, intentando levantarse, pero rápidamente la apuñalé de nuevo con la Trinidad Nihil.
Es fuerte, una usuaria de la 8ª Ascensión, pero conseguí pillarla con la guardia baja usando mi control sobre el Destino y haciéndole creer que estaba muerto.
La Trinidad Nihil es la única arma que puede infligir un daño significativo a un monstruo como ella.
—Se acabó —Reuní todo el maná que me quedaba y la apuñalé en el corazón, y Raisa finalmente dejó de moverse.
Sin embargo, una sustancia negra comenzó a emanar de su cuerpo…
—Ya estoy acostumbrado —blandí mi espada de nuevo, esta vez cortándole la cabeza para asegurarme de que no volviera.
—¡E-Esta espada!
¡Imposible!
—El Papa Francisco abrió los ojos con total asombro—.
Esta es la Espada Sagrada de Nihil…
—¡…!
—Agotado, abrí los ojos de par en par al ver que todo mi maná se había agotado en ese ataque final.
Caí de rodillas, apenas consciente, mientras las runas de la Trinidad Nihil brillaban en blanco para sostenerme.
Mis párpados se volvieron pesados, pero la suave sensación del abrazo de Miranda me proporcionó algo de consuelo.
Murmuraba algo, con los labios temblorosos, pero no pude distinguir las palabras.
El aroma…
¿Cuántos años han pasado desde la última vez que sentí esto…?
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