Soy el Villano del Juego - Capítulo 216
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- Capítulo 216 - 216 Evento Final Ceremonia de Clausura 16 Heroína y Villana
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216: [Evento Final] [Ceremonia de Clausura] [16] Heroína y Villana 216: [Evento Final] [Ceremonia de Clausura] [16] Heroína y Villana —Pero Raphiel me dijo que lo mantuviera en secreto —se disculpó Milleia con una sonrisa tímida, mientras sus ojos azules de tintes rosados se encontraban con los míos con sinceridad.
Su aspecto se parecía ahora a la belleza trascendental que poseía en el Tercer Juego.
—…
Mientras la observaba, no pude evitar notar la marcada diferencia con la Milleia que siempre había conocido.
¿Era así también en el Juego?
Una suave risa se escapó de mis labios.
—Has sabido ocultarme tantas cosas…
Tengo que admitir que fue una actuación impresionante, Milleia.
«¿Tú lo sabías, Cleenah?».
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«Sí».
—¡N-No quería ocultarlo, Edward!
—negó Milleia rápidamente—.
¡P-Pero era peligroso!
Podría haber puesto en peligro a mi madre, a ti, a Jayden y a los demás…
¿Está mintiendo?
No puedo entender su maldita forma de pensar, joder.
[
—Te me confesaste en aquel entonces, ¿verdad?
—pregunté.
—¡S-Sí!
—tartamudeó Milleia con timidez.
—Pero no me amas —afirmé.
—N-No, yo te am-
—No, no me amas.
De lo contrario, no jugarías con los sentimientos de Jayden y Alfred.
Hasta ahora, nunca los has rechazado directamente, sino que los has mantenido en vilo porque los consideras tan importantes como a mí, ¿verdad?
—pregunté con seriedad.
—Sí…
—admitió finalmente Milleia con una sonrisa amarga—.
¡P-pero es por el bien mayor, Edward!
El mundo está amenazado por Ante-Eden, y t-tenemos que salvarlo.
Por eso busqué primero la ayuda de Jayden.
Fui tan feliz cuando me salvó de los bandidos.
Realmente hace honor a su título de Apóstol.
Al principio, quería hacerme su amiga porque Raphiel me dijo que era un Apóstol, pero es genuinamente amable, ¡y es importante para mí y para todos nosotros!
Su Alteza también fue muy amable conmigo, y admiro su valor.
Estoy convencida de que nos ayudará a derrotar a Ante-Eden como futuro Rey.
Por último, tú, Edward…
T-Te conocí el mismo día que a Jayden, pero ni siquiera sabía que eras tú.
Pero s-salvaste a los niños, y parecías un Héroe, ¡fue increíble…!
¡Sentí que estaba viendo algo sacado de los libros, como los que mi madre me leía!
—Sus ojos brillaron con un tono rosado mientras hablaba—.
Hasta el final, Raphiel nunca me dijo que eras N-Nyrel, ¡pero yo estaba t-tan feliz de que estuvieras tan cerca de nosotros, protegiéndonos desde las sombras!
¡Incluso salvaste a mi madre!
Estoy…
simplemente triste de que no me pidieras ayuda.
Te habría ayudado.
Por eso decidí que…
¡deberíamos estar juntos, todos nosotros!
¡Jayden, yo, tú y Alfred!
Protegeremos el Reino y el mundo entero, Edward.
Por favor, no te vayas, Edward; si te atrapan, ¡n-no sabré qué hacer!
Yo…
os necesito a todos conmigo…
—imploró Milleia entre lágrimas, sujetando mis manos.
—…
No sé qué pensar de todo esto.
¿Todo lo que había hecho hasta ahora era para luchar contra Ante-Eden y aumentar nuestras posibilidades de supervivencia trabajando juntos?
Estaba de mi lado y compartía el mismo objetivo que yo: destruir esa maldita organización.
Jayden era el Apóstol de Lumen, Alfred era el futuro Rey y yo era un Falkrona.
Ciertamente era un buen plan, pero…
—Por desgracia, Milleia —le aparté las manos con suavidad—.
No trabajaré con Jayden.
—¿Porque te dejó solo dentro de la Mazmorra contra él?
—preguntó Milleia, dejándome sin palabras.
Al ver mi expresión, Milleia sonrió con tristeza—.
Ceatha me lo dijo…
pero, E-Edward, lo esencial es que volviste con vida y que todos están bien, ¿¡no es así!?
Nada está bien.
Perdí a Jarvis.
Y perdí a Mary, a pesar de que era inevitable por culpa de Hades.
—En cuanto a Alfred, ya no tiene remedio…
—añadí, mirándola fijamente.
Me pregunto por culpa de quién…
La inútil esperanza que lo alimentaba a estas alturas se la había dado y fomentado la propia Milleia.
—S-Si te refieres a lo que Su Alteza le dijo a Lady Layla en la fiesta de cumpleaños…
¡No fue su culpa!
Solo habló por amor a mí…
no estaba bien, Edward.
Y-Y Layla…
no debería haber buscado pelea…
—…
¿Qué?
—la miré, completamente atónito por su afirmación.
—Q-Quiero decir…
estaba diciendo cosas feas…
—explicó Milleia, con los labios temblorosos—.
Edward…
¡L-Layla es una mala persona!
Raphiel le dio una línea de sangre, ¡pero no aceptó el consejo de Raphiel y la rechazó!
¿Te lo imaginas, Edward?
Rechazó a nuestra Diosa.
—Milleia, solo te haré una pregunta.
¿Tuviste algo que ver con la enfermedad de Layla cuando era una niña?
—pregunté, necesitando aclarar este asunto.
—¡¿Quéee?!
—la reacción de Milleia fue de completa conmoción—.
¡Y-Yo no hice nada!
¡Por favor, créeme, Edward…!
—Te creo —la tranquilicé, ya que realmente pensaba que no había hecho nada—.
Pero necesito ir a salvar a mi hermana, y deberías saber que Jayden morirá si lucha solo contra Brandon.
Dije esto con la esperanza de que entendiera la urgencia de la situación y quisiera venir conmigo para ayudar a Jayden.
No había forma de que Jayden pudiera derrotar a Brandon solo.
En el Juego, lo acompañaron Miranda, Carla, Lyra y Milleia mientras luchaba contra Brandon.
Solo entonces fue apenas capaz de derrotarlo.
—¡N-No te preocupes, Edward!
—exclamó Milleia con una amplia sonrisa—.
¡Jayden es más fuerte!
¡Le pedí a Raphiel que lo bendijera, y el Señor Lumen también lo bendijo!
—¿Q-Qué?
—solté, estupefacto por su revelación.
—¡Mmm!
—Milleia asintió con fervor—.
Por eso, vámon-
—No, necesito sacar a mi hermana y a Sylvia de aquí —la interrumpí, intentando avanzar.
—¡BUM!
Antes de que pudiera dar un paso, una brillante y gruesa barrera azul apareció frente a mí, bloqueándome el paso.
—…
—me pilló desprevenido, no por la barrera en sí, sino por la persona responsable de ella—.
Milleia, ¿qué ha sido eso?
—la interrogué.
Milleia me miró con emociones encontradas y negó con la cabeza.
—P-Por favor…
Edward, no te vayas…
es peligroso…
—¿Vas a detenerme, Milleia?
No seré un hipócrita.
¿Sabes qué?
No es que no entienda el plan de Milleia de unirnos a todos —a Jayden, a Alfred y a mí— para salvar el mundo.
Pero, sinceramente, no me interesa formar parte de ningún gran plan urdido por Eden o Raphiel.
—No lo hago…
solo quiero protegerte…
Con impaciencia, le recordé a Milleia el peligro que corría Elona.
—Elona está en problemas, Milleia.
¿Eres consciente?
—L-Lo sé, pero J-Jayden definitivamente la salvará-
—No confío en él —respondí con firmeza, sin vacilación en mi voz.
—E-Entonces, ¿confías en mí?
Confías en mí, ¿verdad?
—preguntó Milleia, tartamudeando un poco.
—…
No lo sé —dije, golpeando suavemente la barrera frente a mí.
Los ojos de Milleia se abrieron de par en par ante mi respuesta.
—¿P-Por qué…?
Estoy de tu lado, Edward…
De quien deberías desconfiar es de Layla…
e-es una mala persona, y tú sigues hablando con ella…
—Vaya, ¿acaso soy una mala persona?
—intervino Layla en un tono de fingida sorpresa.
Milleia se dio la vuelta y apretó los puños.
—L-Lady Layla…
—¿«Lady»?
—Layla ladeó ligeramente la cabeza—.
¿No acabas de llamarme Layla a secas?
Puedes dejar de fingir, Milleia.
Después de todo, somos compañeras, hijas de Raphiel.
—Layla…
—sospiré, sintiéndome un poco perplejo—.
¿Qué haces aquí?
Layla me sonrió y se tocó los labios.
—En realidad…
¡quería darte yo misma la buena noticia!
—¿Buena noticia?
—pregunté, extrañado.
—Así es —asintió Layla y miró de reojo a Milleia—.
¡Yo…
gané el Señorita Edén!
No me sorprende, pero Milleia parecía abatida.
—Bueno, como era de esperar de ti —la felicité, sabiendo que debía de haber algo más en su visita.
Pero tenía razón.
Probablemente se enteró de que Carla, Sylvia y Elona habían sido secuestradas, y vino aquí para encontrarlas.
—Ahora, quiero mi beso prometido en los labios.
¡No recuerdo haber prometido nada parecido!
—¡E-Edward!
¡Por favor, vete, y-yo-
—No harás nada, Milleia Sophren —la interrumpió Layla, caminando hacia mí con confianza.
—¿Eh?
—me giré y vi un fuego rojo oscuro quemando la barrera de Milleia.
—¡I-Imposible…!
—Milleia estaba sorprendida por alguna razón.
—Yo me encargo de eso, cariño.
Puedes irte a salvar a nuestros amigos y, de paso, al Apóstol cachondo —Layla me besó en la mejilla como una esposa que despide a su marido y luego se giró para encarar a Milleia.
—¡Edward!
¡E-Ella es peligrosa!
¡No es una buena persona!
Es una-
—Soy una Villana, en efecto —bostezó Layla, dibujando un círculo de maná rojo frente a ella—.
¿Y tú eres la Heroína, supongo, en esta historia aburridamente cursi tuya?
—¡C-Cállate!
No pude evitar sonreír ante el comportamiento de Layla.
Encajaba perfectamente en el papel: inteligente, elegante, encantadora y siempre en control de cualquier situación, igual que antes.
Corrí rápidamente más allá de la barrera en llamas y encontré a Eric tirado en el suelo, oculto por la hierba.
—¡Oye!
—Ah…
¿Edward?
—gimió Eric, con sangre manando de su cabeza.
—Ugh, ¿estás bien?
—pregunté, preocupado.
—Edward…
Milleia es peligrosa…
parece tener buenas intenciones, pero hará cualquier cosa para salirse con la suya…
y es mucho más fuerte que en el Juego…
—Lo sé, pero no te preocupes —lo tranquilicé, con la mirada fija en Layla.
Ella era la oponente perfecta contra Milleia.
—¿Puedes encargarte de Miranda por mí, Eric?
—S-Sí…
pero, Edward.
—¿Mmm?
Eric me miró con seriedad.
—Ten cuidado, amigo.
No me dejes solo con John como los únicos reencarnados.
Me reí de su preocupación.
—No soy un sádico, Eric —respondí y me fui.
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