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Soy el Villano del Juego - Capítulo 24

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24: Espejo 24: Espejo [Miranda]
«¿Qué…

es eso?».

Miranda se quedó sin palabras.

A una docena de metros de distancia estaba el extraño hombre que había conocido hacía media hora.

Estaba de pie.

No podía leerle la expresión por la máscara.

Debajo, a su alrededor, había un círculo dibujado con sangre.

Mientras luchaba, lo vio dibujar algo con su sangre, pero simplemente pensó que se había vuelto loco.

¿Quién haría algo así en un estado medio muerto…?

El círculo brillaba en rojo y el hombre, Nyrel, miró hacia ella.

Se sintió muy incómoda.

Algo que rozaba el miedo.

Miró de reojo al canguro y este también estaba mirando a Nyrel.

No, todo el mundo había dejado de luchar y miraba a Nyrel.

Nyrel extendió la palma de la mano y de las líneas del círculo dibujado surgió una energía iridiscente.

—Mary.

Acude a mi llamada.

—¡Buuum!

Una explosión de energía brillante cegó a todos los presentes en la caverna.

Miranda se cubrió los ojos con los brazos mientras agudizaba todos sus sentidos al máximo.

«¿Qué es esa energía…?».

Nunca antes había sentido una energía tan…

oscura.

Era como si Nyrel estuviera haciendo algo prohibido.

La luz retrocedió y…

—¡…!

Todos sintieron escalofríos, incluidos los canguros.

Allí había una mujer.

Llevaba una túnica negra que le llegaba a las rodillas, con un cinturón negro que se la ceñía a la cintura.

De la túnica asomaban sus manos pálidas y sus piernas descalzas.

Su largo pelo oscuro, que le caía sobre los hombros, le ocultaba un poco el rostro, pero bastaba para decir que la mujer tenía una cara bonita.

Su expresión facial, no…

no tenía ninguna expresión, estaba desprovista de toda emoción.

Del mismo modo, sus ojos oscuros la miraban fijamente.

—Mary.

Miranda escuchó un lento susurro del hombre enmascarado, que no parecía perturbado.

Como la chica oscura estaba delante de él, era fácil adivinar que estaba con Nyrel, pero Miranda no estaba menos confundida.

Después de todo, no se había percatado de la chica.

«¿Ha sido una invocación?

¿Una humana?

¿Es eso posible?».

—¡…!

Sus pensamientos se detuvieron en seco cuando de los cristales rotos en el suelo salió una mano pálida.

Miranda retrocedió de inmediato.

Sabía que no era el objetivo de la chica, pero sintió escalofríos.

Buscó con la mirada a la chica cerca de Nyrel, pero ya no estaba allí.

Sí.

Estaba saliendo de los trozos rotos del espejo.

El canguro se estremeció y pateó a la chica, pero apareció otro espejo.

—¡Crac!

Cuando el espejo se rompió en pedazos, la chica ya no estaba allí.

—¡…!

Miranda vio, estupefacta, cómo la chica salía de un trozo de espejo que había volado detrás del canguro.

Los fragmentos del espejo flotaron en el aire y se dispararon sin piedad hacia el canguro.

—¡Ras!

¡Ras!

¡Ras!

Los fragmentos eran lo bastante afilados como para cortar fácilmente la piel del canguro, pero no era suficiente.

—…

Miranda sintió de repente la mirada vacía de la chica y comprendió al instante lo que quería.

Parecía que la chica no era lo bastante fuerte para asestar un golpe mortal, así que le estaba pidiendo ayuda a Miranda.

Miranda colocó una flecha en su arco y tensó la cuerda con fuerza.

Un viento feroz se arremolinó en torno a la punta de la flecha.

Era, sin duda, un ataque más fuerte que cualquiera de los que había utilizado hasta ahora.

—¡Buuum!

—¡Chof!

El resultado fue instantáneo.

Cuando soltó la flecha, esta salió disparada y atravesó fácilmente el cerebro del canguro, que ni siquiera pudo reaccionar.

Sangre y carne salpicaron por todas partes y se hizo el silencio.

Miranda volvió a buscar a la chica y ya estaba junto a Nyrel.

Nyrel le susurró algo y la chica lo levantó antes de desaparecer a través de un espejo.

Miranda estaba demasiado cansada para volver a sorprenderse, así que buscó a sus camaradas.

Todos habían derrotado a sus respectivos enemigos, aunque estaban cansados.

Miranda caminó hacia el lugar por donde había desaparecido Nyrel y se agachó.

—¿Quién es él…?

Se preguntó mientras sacudía el polvo de la extraña máscara que Nyrel había dejado atrás.

***
[Nyrel]
—¡Clanc!

Abrí las puertas de madera de una patada.

No me contuve, así que la puerta se agrietó al abrirse de golpe, pero no me importó.

Me sentía fatal.

Mi cuerpo todavía se estaba recuperando, pero sentía como si tuviera todos los huesos destrozados.

Después de hacer el contrato con Mary y escapar del piso veinticinco gracias a su habilidad, le dije que descansara, ya que Mary estaba sin duda agotada.

Al fin y al cabo, la había llamado justo después de hacer el contrato.

Por lo tanto, tuve que salir a trompicones de la mazmorra con un andar tembloroso.

Por suerte, Mary me escoltó hasta el décimo piso y después me las arreglé como pude, pero aun así tardé cuatro horas.

La gente me lanzaba miradas de curiosidad, sobre todo a Mary, que llamaba bastante la atención incluso con la cara cubierta.

Por cierto, tiré mi ridícula máscara y solo me envolví con un paño para cubrirme todo por debajo de la nariz.

Lo que me enfureció fueron las risas y burlas de la gente a mi alrededor.

Algunos me reconocieron y se mofaron de mí descaradamente.

Esos cabrones…

—Oye, mocoso, la puerta casi me da…

—Lárgate.

Miré fijamente al hombre que estaba frente a mí.

Era gigante y tenía más músculos que yo, pero no estaba de humor para jueguecitos con él.

Además, era tarde y tenía unas ganas locas de dormir.

Ah, sí, y la guinda del puto pastel fue que perdí la bolsa con todo lo que les quité a los erizosabrazos cuando me teletransportaron estúpidamente.

Lo único que quedaba eran las púas.

¡¿Qué demonios iba a regalarle a Bell con el dinero que sacara de eso?!

Estaba cansado, así que no levanté la cabeza para mirar al hombre que se apartó de mi camino ante mis palabras.

Un silencio sepulcral llenó el gremio.

Acababa de darme cuenta.

Bueno, después de todo, casi rompí las puertas del gremio.

Aun así, ¿sus guardias no intentaron detenerme?

Ignoré las miradas y caminé hasta el quinto piso, donde se podían vender los materiales de las bestias.

Llamé al ascensor y entré.

—…

El hombre, que parecía ser un miembro del personal, apartaba claramente la mirada, no, todo su cuerpo de mí.

¿Los asusté…?

Da igual.

—¿Hm?

Ah.

Acabo de darme cuenta de que la sangre me manaba de las piernas y las manos, creando un pequeño charco en las baldosas.

Debía de haber un rastro de sangre desde la mazmorra hasta aquí…

Aun así, estaba tardando en curarse, incluso con el vial de curación de Miranda…

¿Qué demonios?

[Tu cuerpo, ya maltrecho, ha sufrido el efecto secundario de tu primer contrato espiritual.

Ya es un milagro que puedas moverte.]
Ya veo.

No le di muchas vueltas y salí del ascensor.

—Q-Que tenga buenas noches.

¿Qué…?

Ignoré al miembro del personal que temblaba, todavía en el ascensor, aporreando con fuerza el botón de «cerrar» y me dirigí a una de las varias colas.

Cerré los ojos, ya que la luz me lastimaba mis ojos lánguidos.

…

—E-Ehm, ¿señor?

Abrí los ojos y vi que en la cola ya no quedaba nadie.

¿Pero qué demonios?

¿Pero si solo cerré los ojos un minuto?

Me encogí de hombros y me acerqué a la mujer.

Como un mendigo, rebusqué en mis bolsillos para sacar las púas.

Había muchas y acabé pinchándome con varias de ellas.

La sonrisa profesional de la mujer tembló mientras yo ponía una por una las púas en su mesa, con mi sangre fresca como extra.

El mostrador blanco ya no era blanco.

Finalmente, después de dos minutos, un charco de sangre con unas treinta púas yacía sobre el mostrador.

Puede que solo fueran treinta, pero eran las mejores de todas.

Algunas púas de los erizosabrazos eran mejores que otras y les di prioridad, ya que no tenía mucho tiempo.

Metiendo la mano en el bolsillo del pecho, le di mi tarjeta del gremio y esperé.

—…

—…

—…

—¿Qué pasa?

Pregunté, frunciendo el ceño.

No se había movido ni un centímetro desde que empecé a poner los materiales.

Ah.

Probablemente me estaba mirando a los ojos.

Los ojos de color ámbar eran extremadamente raros en este reino…

No, no creo que nadie más en este reino tuviera ojos como los míos…

Mierda…

No me reconocerá, ¿verdad?

Edward Falkrona era famoso, pero no todo el mundo había visto su rostro.

—¡S-Sí!

Por suerte, no pareció darse cuenta y empezó a hacer el recuento.

Aun así, me subí un poco la ropa que me cubría la cara.

—Señor Nyrel, ¿correcto?

—Sí.

Ese es el nombre que di cuando me registré.

—Su parte ha sido abonada en su tarjeta.

Puede comprar cualquier cosa con ella.

En caso de robo, tiene que informarnos rápidamente para que podamos congelar su cuenta.

Dijo y me devolvió la tarjeta con un recibo.

Rasqué el símbolo dorado «ED» de mi tarjeta del gremio y me marché.

—¡Esperamos volver a verle pronto, señor!

Agité la mano y salí del gremio.

Quería ir a un lugar tranquilo donde pudiera respirar en paz sin nadie alrededor.

Mi primer día en la [Mazmorra Enigma] fue arduo.

Podrán llamarme débil, pero yo discrepo.

En mi lugar, a cualquier persona de la Tierra le habría costado acostumbrarse a un mundo así.

—¡Ding!

—¿Jarvis?

[Buenas noticias.]
Dijo Jarvis, y una pantalla apareció frente a mí.

[¡Enhorabuena!

¡Desafío superado!]
[¡10 Puntos de Afecto obtenidos de Miranda Stormdila!]
[Heroína Oculta: Miranda Stormdila.]
[Recompensa: ¡Recuerdos de Edward Amael Falkrona obtenidos!]
[¿Deseas adquirirlos?]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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