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Soy el Villano del Juego - Capítulo 296

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  3. Capítulo 296 - 296 Otro problema
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296: Otro problema 296: Otro problema Qué fastidio.

Perdido en mis pensamientos, jugueteaba con el tenedor mientras contemplaba la advertencia que me había hecho Harvey.

Lo último que quería era provocar a ningún profesor, a excepción de Gamir Teraquin.

Y, sin embargo, de alguna manera, me había enemistado con el padre de Celeste por una trivialidad.

¡Por el amor de Dios, si apenas había tocado a su hija, solo la había ayudado a acostarse en su cama!

Melfina debería haberme apoyado y aclararle la situación a él.

¿Por qué sintió la necesidad de revelarlo en primer lugar?

¿Acaso era una especie de venganza por mi papel en la destrucción de su ciudad?

Pero, considerando que su edad cuadruplicaba la mía, ¿cómo podía albergar sentimientos tan mezquinos?

—Amael, vas a hacer añicos el plato si sigues así —intervino Sephira desde el otro lado de la mesa.

—Cierto —reconocí, deteniéndome y enrollando los espaguetis en el tenedor antes de llevarme un bocado a la boca.

—No pareces tú, Amael.

¿Suspendiste el examen?

—inquirió Sirius.

Negué con la cabeza.

—No, no es eso.

Mi mirada se desvió entonces hacia John, que mantenía un silencio inusual.

Su rostro tenía un ligero moretón y, a pesar de la ira que bullía en su interior, lograba ocultarla con una actitud calmada.

Era, probablemente, una consecuencia de los problemas en su peculiar clase.

Aunque por ahora reaccionaba con compostura, parecía solo cuestión de tiempo antes de que alcanzara su límite.

En cualquier caso, había dejado claro que no quería mi ayuda.

Lo que me crispaba eran las miradas y las burlas de los nobles de menor rango de su clase, incluso durante las comidas.

Sirius y Sephira también lo notaban, pero se abstenían de reaccionar.

Acoso, intimidación, altercados físicos…

esas eran las señas de identidad de la clase de Alvara.

Varios estudiantes habían abandonado la Academia por ser su objetivo implacable.

John, sin embargo, resultó ser una excepción, mostrando una resistencia notable durante los últimos dos meses.

Sin duda, para ellos era una novedad.

Aunque siguieran insistiendo, no había ninguna posibilidad de que John abandonara la Academia por su culpa.

En lugar de eso, continuaría irritándolos, pudiendo llegar a un peligroso punto de inflexión en el que intentaran eliminarlo por la fuerza.

Al observar a Sephira, noté un sutil temblor que intentaba ocultar.

Estaba seguro de que le dirigían miradas inoportunas, dado el desdén que Alvara le profesaba.

A pesar de la animosidad, Sephira seguía siendo parte de la familia de Alvara, por lo que la hostilidad era más moderada.

Por suerte, tenía apoyo.

Con actitud serena, Sirius tomó con delicadeza la mano de Sephira, calmando sus emociones.

Ella le dedicó una sonrisa tímida y reanudó su comida.

Qué pareja tan armoniosa.

Sin duda, Layla me habría levantado el ánimo si estuviera aquí.

John también necesitaba confesarle sus sentimientos a Amelia para obtener una muy necesaria fuente de apoyo moral.

[<Sin duda, estaría más enfadado si pudiera leerte la mente ahora mismo.>]
«Lo hago por su propio bien».

[<Y para ahorrarte su incesante charla sobre Layla.>]
«Bueno, eso es una gran parte del motivo».

Pillado con las manos en la masa.

¡Pum!

De la nada, algo golpeó la cabeza de John antes de caer en su plato.

Una manzana a medio comer.

—¡Jajaja!

—¡Bien merecido, Mitad!

—¡Mirad su cara, jajaja!

—…

—John permaneció en silencio, pero la tensión en el ambiente indicaba que estaba a punto de estallar; tenía los puños apretados.

—John —lo llamé con calma.

—Vete a la mierda, Edward —me maldijo antes de intentar levantarse, pero…

—¡¿Es que no tenéis vergüenza?!

Ambos nos giramos para ver a Amelia levantándose y caminando con decisión hacia la mesa responsable de esta farsa.

Estaba ocupada por elfos nobles de alto rango.

—¿Sois niños?

¿Tirar comida como críos?

¿Es este el comportamiento digno de un noble de la academia más prestigiosa de Sancta Vedelia?

—los reprendió con una mirada severa.

Los elfos permanecieron en silencio, con el rostro contraído, incapaces de responder a Amelia, una noble prominente.

—¿Por qué te molestas en defender a un don nadie de un país de tercera, Amelia?

—se burló Adrian Dolphis, su hermano gemelo, desde su silla.

La molestia se reflejaba en su rostro mientras miraba a su hermana—.

Cállate y come en lugar de manchar el nombre de nuestra Casa.

Sentado con sus amigos, se reían mientras observaban a John y a Amelia.

Los compañeros de Adrian eran distintos del grupo de Alvara; pertenecían a su propio círculo.

A pesar de compartir la misma clase, Adrian mantenía las distancias con Alvara y Lykhor.

Aunque conservaban un cierto nivel de separación debido a su estatus de Grandes Nobles, su desdén compartido por los Mitades y los plebeyos podía considerarse como una lejana colaboración.

—No me des órdenes, Adrian —replicó Amelia, lanzándole una mirada desafiante antes de volver a su asiento.

Adrian se rio entre dientes y continuó comiendo, impasible.

John, sin embargo, le echó un vistazo a Amelia, chasqueó la lengua y se fue con su plato.

Impresionante.

Aunque al principio le había gastado bromas a John sobre Amelia para disuadirlo de sus tendencias de *sis-con*, parecía que hacían buena pareja.

John no era indiferente a ella, eso estaba más que claro.

Después de terminar de comer, dejé a Sirius y a Sephira a su aire, permitiéndoles disfrutar de un rato a solas sin interrupciones.

Mi talento como *wingman* no se había oxidado.

Tras dejar mi plato, centré mi atención en la mesa de Victor.

Como siempre, estaba rodeado de su harén: Celeste, Cylien y Selene.

—¿Eh?

—Mis ojos se abrieron de par en par al ver un pequeño frasco que asomaba del bolsillo de la falda de Selene, el cual contenía un líquido rosado.

Un detalle olvidado del juego apareció de repente en mi mente.

Reconocí ese frasco rosa.

Era una poción de amor.

Maldita sea.

Cerré los ojos y me esforcé por recordar los acontecimientos.

Selene había logrado que Victor se la bebiera, lo que dio como resultado una noche muy, pero que muy movidita para Victor y Selene.

Para decirlo sin rodeos, habían tenido actividades íntimas.

Pero Victor no sentía ningún afecto genuino por Selene y, tras el incidente, al recuperar el juicio y darse cuenta de que había perdido la virginidad, cortaría lazos con ella de forma tajante.

Este giro de los acontecimientos probablemente empujaría a Selene al camino de la villana, y yo no tenía tiempo para lidiar con las complicaciones de ese arco narrativo.

Tenía que deshacerme de ese frasco.

La pregunta apremiante era si Selene pensaba usarlo hoy.

A la mierda.

No podía permitirme que desatara sus efectos sobre Victor.

¿Cómo podría robárselo discretamente?

Perdido en mis pensamientos, me quedé helado en el sitio.

Acercarme a ella de repente no era una opción.

La elección óptima sería informar directamente a Victor, pero eso solo serviría para enfurecer a Selene, lo que podría llevarla a tomar medidas más drásticas.

¿Quizá podría convencerla?

Incierto…

Por ahora, mi prioridad era deshacerme del frasco y ganar algo de tiempo.

Dada la potencia de la poción, a Selene no le resultaría fácil conseguir otra a corto plazo.

Resultó ser incluso más problemática que Layla.

Si Layla hubiera tenido una poción así, podría haber…

Los recuerdos de aquella noche en la prisión, donde por poco perdí la virginidad, cruzaron mi mente.

Sacudí la cabeza, desechando el pensamiento.

No importa.

Layla también podría haberse visto tentada a usarla, de haber tenido la oportunidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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