Soy el Villano del Juego - Capítulo 303
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303: El show de Amael [3] 303: El show de Amael [3] Tardé poco en llegar a la clase de John, y parecía que nadie había informado a los profesores de la situación que se estaba desarrollando.
Sin embargo, no tardarían en llegar, así que tenía poco tiempo.
[.]
«Que lo hagan».
Tanto mi clase como las de Allen y Roda me seguían por curiosidad, o quizá por el deseo de presenciar los acontecimientos.
Al acercarme a la puerta del aula, un estruendoso alboroto emanaba del interior.
Risas y gritos llenaban el aire, creando una atmósfera parecida a la de un estadio.
Al asomarme, vi a John en un estado lamentable, peleando con varios estudiantes.
Al fondo del anfiteatro, Alvara estaba sentada con elegancia en su silla, sosteniendo su sombrilla.
A su lado se encontraba Lykhor Elaryon.
Toda la clase estaba compuesta por elfos, vampiros y colmillos de luna, a excepción de los altos humanos, ya que formaban parte del grupo de Adrian, quien brillaba por su ausencia.
—¿Organizaron una pelea y ni siquiera me invitaron?
—entré, y mi voz se abrió paso entre el ruido.
Todas las miradas se volvieron hacia mí antes de posarse en la persona que arrastraba como un saco.
Casi irreconocible, era, en efecto, Allen Teraquin.
Al darse cuenta, se oyeron jadeos de sorpresa, y muchos dirigieron sus miradas a Alvara.
Ignorando las miradas curiosas, arrastré a Allen hasta llegar a John.
—Propongo un intercambio de rehenes.
Yo me llevaré a John y tú a tu querido hermano.
¿Qué te parece?
—… —Alvara permaneció en silencio, con la mirada fija en mí.
Los estudiantes que habían estado golpeando a John corrieron hacia mí, pero Samara intervino rápidamente, congelando sus movimientos.
—Estás en muy mal estado, John —comenté, observándolo.
—Cállate… —replicó John, con los ojos a punto de cerrársele por el agotamiento.
Tenía un tajo enorme en la espalda.
Probablemente lo atacaron por la espalda, pero no con un ataque cualquiera.
—¿Q-qué está pasando?
Al darme la vuelta, vi a Amelia, Sephira y Sirius, que acababan de llegar.
—Llegas justo a tiempo, Amelia —dije mientras le daba un puñetazo a John, dejándolo inconsciente, y se lo lanzaba a Amelia.
—¡¿Q-qué?!
—Amelia lo atrapó, tambaleándose, pero Sirius la sujetó al instante.
—Haz que lo curen —le ordené antes de girarme para encarar a Alvara.
El aire se llenó de tensión mientras Alvara y yo nos mirábamos fijamente en un tenso silencio.
Rompí el silencio, esbocé una sonrisa y me encargué rápidamente de los hombres que habían atacado a John.
Cada golpe que asestaba los dejaba gimiendo en el suelo, algunos con la mandíbula rota, otros con las piernas heridas.
—Parece que tu pequeña escapada ha llegado a su fin, Alvara Teraquin.
Se acabó la fiesta —anuncié, subiendo las escaleras con confianza y con el cuerpo inerte de Allen a rastras.
Mi declaración fue interrumpida bruscamente por Ryo, que intentó darme un puñetazo.
En un rápido movimiento defensivo, coloqué a Allen frente a mí, lo que obligó a Ryo a detener su ataque.
Aprovechando su parálisis momentánea, le di un cabezazo usando el cuerpo inconsciente de Allen antes de lanzarlo con fuerza hacia Alvara y Lykhor.
Sin embargo, Lykhor intervino, desviando a Allen de su trayectoria con un sutil gesto.
—Cúrenlo —ordenó Lykhor, haciendo que los otros elfos atendieran rápidamente las heridas de Allen.
Sin inmutarse, Ryo lanzó un potente puñetazo que paré con la palma de la mano, conteniendo la fuerza que amenazaba con mandarme a volar.
—Fuego de Anatema —repliqué, invocando un círculo morado alrededor de mi brazo.
—¡Esto…!
—Agarre Inverso de Vysindra.
Ryo abrió los ojos de par en par, conmocionado, mientras el círculo morado se extendía hacia su brazo a través del mío, quemándole las mangas y estallando en una explosión al llegar a sus hombros.
La onda expansiva aniquiló todo a su paso en horizontal, incluidos los asientos y las filas.
Gimiendo, Ryo retrocedió un paso, sujetándose el brazo izquierdo carbonizado.
A pesar de sus heridas, volvió a fulminarme con la mirada, acumulando una cantidad abrumadora de maná.
—¿Quieres destruir este lugar?
—le pregunté, perplejo por su intención.
—Morirás aquí —declaró Ryo, con la mirada cargada de intención asesina.
Observé a Ryo un instante antes de pasar tranquilamente a su lado.
—Samara, por favor.
—Con una simple orden a Samara, le pedí que lo contuviera temporalmente.
—¡¿Q-qué?!
—Ryo se quedó paralizado, y sus movimientos se ralentizaron.
Al dirigir la mirada al frente, vio a Samara con la mano extendida, esforzándose por mantener el control.
Era una medida temporal, pero cumplía mi propósito.
Enzarzarme en una confrontación directa no era mi objetivo aquí.
Dirigiéndome a Alvara, continué mi ascenso con una sonrisa.
—He oído que ardías en deseos de verme, Alvara.
Si es una confesión, lamento informarte de que no me interesas en absoluto.
El silencio envolvió el anfiteatro, roto solo por los jadeos y murmullos de los presentes.
Alvara, manteniendo una expresión serena, mostró una leve sonrisa ante mis palabras.
Una sonrisa sutil y fría.
Ahora nos separaban cinco escalones.
Lykhor se colocó delante de Alvara, ocultándola de mi vista.
—Lykhor, por favor.
—La suave petición de Alvara provocó que Lykhor frunciera ligeramente el ceño, pero se apartó a regañadientes.
Asentí con aprobación mientras la miraba a la cara.
—La verdad es que no estás mal, Alvara, pero no eres rival para Layla.
Alvara enarcó ligeramente una ceja con extrañeza, pero no reaccionó demasiado.
Entonces suspiré suavemente.
—He oído que Connor y Christina te lo hicieron pasar muy mal el año pasado.
Quiero decir, si hasta el amable de Connor te silenció, entonces…
Dando otro paso adelante, me puse a su altura, con solo un metro de distancia entre nuestros rostros.
En sus ojos verdeamarillentos se reflejaban los míos, de color ámbar.
—Si no puedes con Connor, olvídate de mí, Alvara Freydis Teraquin.
Esto no es un desafío; es una advertencia para ti y para tu Casa —susurré lo bastante alto para que todos me oyeran.
Una sonrisa apareció en mis labios mientras retrocedía un paso.
—Eso es todo.
Le deseo una pronta recuperación a tu querido hermano, Alvara.
—Con un gesto despreocupado de la mano, salté hacia abajo justo a tiempo para atrapar a Samara, que había gastado todo su maná en el esfuerzo.
Acariciando su pelo oscuro, dejé que desapareciera pacíficamente en su dimensión.
—Ni siquiera una presentación~ —una voz melodiosa llegó a mis oídos.
Detuve mis pasos y miré a Alvara.
Ella sonreía, con la mirada fija en mí.
—Edward Falkrona —respondí con una leve sonrisa de suficiencia.
La sorpresa brilló en el rostro de Alvara.
Había previsto que yo enfatizaría el nombre Olphean, pero necesitaba recordarle que yo era más que solo eso.
—¡¿Qué está pasando aquí?!
—Quien llegó a la entrada era otro elfo, un profesor.
Gamir Teraquin.
El tío de Alvara.
Sinceramente, el peor profesor que podría estar aquí.
—Nada —respondí mientras intentaba pasar a su lado, pero me bloqueó el paso.
Entonces sus ojos recorrieron el anfiteatro, ligeramente destruido, y finalmente se posaron en Allen Teraquin, que gemía más arriba.
En cuanto vio el rostro ensangrentado de Allen, su expresión se contrajo por la conmoción.
—¿Tú has hecho esto?
—me miró con extrema frialdad, ejerciendo claramente presión sobre mí.
—¿Quién sabe?
—me encogí de hombros con indiferencia.
—No te hagas el tonto conmigo.
Ya sé cómo tratar contigo…
—Basta, Gamir.
Quien interrumpió a Gamir fue otro profesor.
Pelo rubio dorado y ojos carmesí.
Era James Raven.
Se acercó con calma y habló.
—Se suspenden las clases tanto para la Clase Plata como para la Clase Oro hasta que se aclare este caso.
Las peleas dentro de la academia están estrictamente prohibidas.
¿Tengo que recordárselo de nuevo?
¿Y encima a alumnos de segundo año?
La mayoría desvió la mirada del Profesor Raven, incapaces de responder.
Luego, dirigió su mirada a Gamir.
—Gamir, ¿puedo dejar que te encargues de ellos?
Yo escucharé a estos dos —dijo, mirándonos a mí y a John, que ya estaba despierto y de nuevo cubierto de vendas.
Gamir pareció reacio, pero tras mirar a Alvara y a Allen, asintió.
—Temo que haya nepotismo, pero da igual —dije antes de marcharme, ignorando la mirada de Gamir.
—Amael.
—Victor se me acercó y me dio una palmada en los hombros con una sonrisa—.
No te preocupes, le he enviado a mi padre el vídeo de lo que ha pasado con John.
Ah, ¿por eso estaba aquí?
Estaba seguro de que Alvara se había asegurado de que ningún profesor se enterara de lo que estaba pasando aquí.
Le sonreí agradecido.
—Gracias, Victor.
Me estaba ahorrando un montón de problemas.
Ya sabía que James Raven nos llamaba a John y a mí para tomar nuestro testimonio, pero también para alejarnos de Gamir Teraquin antes de que este último creara un escenario que conviniera a la Casa Teraquin.
Me acerqué a John, que estaba sentado en el suelo y fulminaba con la mirada a Lykhor, y le di un empujoncito en la pierna.
—¿Cuánto tiempo vas a quedarte sentado en el suelo?
—¡Eh!
¡Está herido!
—me gritó Amelia con incredulidad.
—Tranquila, ha pasado por cosas peores en Celesta —me encogí de hombros, recordando el trato que ambos recibimos de Charles Celeste después de que yo matara a su hermano.
John bufó y se levantó.
—Estoy harto de las caras de esos elfos.
Cylien, que estaba cerca, hizo una mueca de dolor ante las palabras de John, mientras que Sephira dejó caer los hombros.
—Bueno, sinceramente, siento lo mismo —suspire, mirando a Sephira—.
Excepto por ti, por supuesto.
Somos amigos.
Sephira se sorprendió por mis palabras, pero esbozó una sonrisa radiante; la más brillante que le había visto jamás.
—Estamos justo aquí… —murmuró Cylien, mirando discretamente a Alvara y Lykhor, que habían oído mi conversación con John.
Nos aseguramos de que pudieran oírla.
—Lo sé, esa era la idea —le respondí a Cylien antes de seguir a John fuera del anfiteatro.
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