Soy el Villano del Juego - Capítulo 316
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- Capítulo 316 - 316 Evento Reino Dolphian en ruinas 2 La excentricidad de Alicia
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316: [Evento] [Reino Dolphian en ruinas] [2] La excentricidad de Alicia 316: [Evento] [Reino Dolphian en ruinas] [2] La excentricidad de Alicia —¡M-Mi nombre es Martin!
—tartamudeó un alto humano, evitando el contacto visual tanto conmigo como con Alicia.
—S-Soy Leire… —añadió una tímida chica licántropo, que también evitaba mi mirada.
—Amael —dije escuetamente.
—Alicia —repitió Alicia secamente.
Cabía dudar sobre la necesidad de las presentaciones; nuestros nombres conllevaban cierto nivel de infamia.
[<Tú por las razones equivocadas.>]
Cállate.
…
El silencio se hizo cada vez más incómodo.
—¿Qué tal si medimos nuestras fuerzas?
Yo puedo derrotar a cualquiera sin duda, sin importar el oponente.
¿Y ustedes?
—pregunté con sinceridad.
Martin, aún estupefacto, desvió la mirada.
—P-Puedo apoyarlos con mi escudo de tierra.
Control de la Tierra.
No está mal.
—¿Y tú?
—me volví hacia Leire.
Sonrojada, bajó la mirada.
—¡S-Soy fuerte en el combate cuerpo a cuerpo!
—¿Fuerte?
—miré de arriba abajo su menuda figura—.
¿En combate cuerpo a cuerpo?
—observé sus músculos aparentemente inexistentes.
[<Estás siendo grosero de nuevo, Amael.>]
Culpa mía.
—Ya veo, sí que pareces muy fuerte —sonreí, aunque Leire parecía a punto de llorar, quizás por haber captado mis pensamientos.
—Tranquila, puedo contar contigo, vamos… —le di unas palmaditas torpes en la cabeza.
Leire se sonrojó aún más intensamente y asintió.
En ese momento parecía una gatita adorable.
Pero ¿la estaba malinterpretando o es que le gustaba?
[<Más bien admiración.>]
¿Admiración?
¿Por darles una paliza a los Elfos?
Bueno, es una forma interesante de medir la amistad.
Tras terminar con Martin y Leire, dirigí mi atención a Alicia.
—¿Y tú?
—…
—Alicia permaneció en silencio, con la mirada perdida en la nada.
—Oye —chasqueé los dedos delante de su cara, logrando por fin una respuesta cuando ella redirigió lentamente sus ojos hacia mí.
Qué personaje tan peculiar…
—Se me da bien el estoque —dijo, con la mirada fija en el arma dorada que tenía en la mano.
—¿Qué tal si le echo un vistazo a tu estoque?
—pregunté, extendiendo la mano.
Alicia apartó rápidamente la mano, con el estoque incluido, fuera de mi alcance.
Me miró con el ceño ligeramente fruncido.
—No.
—¿Por qué?
—insistí.
—No quiero —respondió Alicia, abrazando su estoque contra el pecho y mirándome como si yo fuera un ladrón con la vista puesta en su juguete.
—¿Pero cuántos años tienes?
—solté.
—Dieciséis.
—¿Seguro que no tienes seis?
—pregunté con seriedad.
—Tengo dieciséis —frunció el ceño Alicia.
Esta conversación no iba a ninguna parte.
—Vale, vale, deja de enfurruñarte.
No tocaré tu estoque y tienes dieciséis —cedí, agitando la mano.
—No estoy enfurruñada.
—Definitivamente no tienes más de doce.
[<¿Estás ligando con ella?>]
¡¿Acaso lo parece?!
—Tienes agallas, Falkrona.
Quien interrumpió mis pensamientos con su irritante voz fue Adrian Dolphis.
—Oh, joder —suspire en voz alta y me di la vuelta—.
¿Qué quieres, Dolphin?
—¡Pfftt!
—Martin casi estalló en carcajadas detrás de mí, mientras que Leire bajaba la cara.
Adrian los fulminó a ambos con la mirada, pero me puse delante de mis compañeros de grupo.
—¿Te abstendrás de acosar a mis compañeros, Dolphin?
—¡Es Dolphis!
—me fulminó Adrian con la mirada.
Me froté la oreja por su fuerte voz.
—Dolphis, Dolphin, es lo mismo.
—Recuerda dónde estás, Falkrona, antes de abrir la boca —se me acercó Adrian con rostro frío—.
En Sancta Vedelia, no eres nada.
Christina no siempre te salvará el culo aquí.
—¿Salvarme el culo de qué?
¿De ti?
—pregunté con un bufido.
Adrian sonrió con suficiencia y retrocedió.
—Reza para que no te toque enfrentarte a mí, Falkrona.
No me contendré.
—Uy, qué miedo, perdona —respondí con sorna.
Adrian me ignoró y se dirigió hacia Alicia con una sonrisa.
—¿No has venido a verme esta mañana, Alicia?
—Extendió la mano hacia la cara de Alicia, que ni siquiera reaccionaba.
Desde detrás de él, pude ver al Profesor Raven observándonos, apretando los dientes.
Estaba a punto de estallar, pero se contenía.
Déjamelo a mí.
Sonreí con malicia y agarré el brazo de Adrian.
—¿Qué haces, Dolphin?
¿Intentas herir a mi compañera de equipo?
—Es mi prometida, bastardo —replicó Adrian, forzando la mano hacia Alicia.
—¿Es esa una razón para ligar durante el examen?
—pregunté con un bufido.
—Jajaja.
¿No estabas ligando con tu propia prometida hace solo unos minutos?
—se rio Adrian.
Ah.
¡Yo no estaba ligando!
—Ambos consentimos —solté una excusa al azar.
—Nosotros también consentimos, ¿verdad, Alicia?
—La mirada de Adrian la taladró con frialdad.
Y, como era de esperar, Alicia no lo negaría.
Estaba a punto de asentir, podía sentirlo.
—Asunto zanjado, tenemos que hacer un plan —interrumpí, apartando a Adrian de un empujón y llevándome a Alicia junto con Martin y Leire.
—¡¡¡Tú…!!!
—Adrian estaba a punto de abalanzarse sobre mí cuando…
—Adrian —intervino alguien, y era Victor, fulminándolo con una mirada fría.
Sonreí, terminando la llamada que tenía en curso en mi teléfono.
Una vez que nos alejamos un poco, dejé a Alicia y caminamos tranquilamente hacia nuestra residencia en el Reino Dolphis.
—¿Qué tal si respondes con algo más que un asentimiento a sus exigencias?
—le pregunté a Alicia, cada vez más frustrado.
Alicia me miró brevemente antes de reanudar su mirada inexpresiva hacia el frente.
—Gracias, Señor, pero no es asunto suyo.
—¿Estás enfadada?
—…
—¿Cómo mantienes esa expresión?
Ni siquiera puedo saber lo que sientes —dije, impresionado.
Alicia me ignoró, acelerando el paso y caminando por delante de todos nosotros.
—Sí, estás enfadada —reflexioné en voz alta antes de dirigirme a Leire—.
Ve con ella.
—¡S-Sí!
—asintió Leire, apresurándose a seguir a Alicia.
—Soy un buen Señor, ¿verdad?
—le pregunté a Martin, que también era de segundo año.
—¡Sí, señor!
—¿Señor?
—hice una mueca—.
Eso da grima.
Para ya.
—¡De acuerdo!
—asintió Martin con entusiasmo.
Al menos parece que no me odia.
—Eres un alto humano, ¿verdad?
¿Qué piensan los demás de mí?
—pregunté con curiosidad.
—¡N-No sé sobre los demás, pero en Zestel, todo el mundo te admira!
¡Estuve allí cuando luchaste contra ese monstruo en el cielo!
¡Fue increíble!
¡Y-Y oí cómo le declaraste la guerra a la Casa Teraquin!
¡Aún más increíble!
¡No recuerdo haber declarado la guerra!
Esos cotillas tergiversaron la narrativa para adaptarla a su historia.
¿Es por eso que la Reina Teraquin quiere mi cabeza, junto con todos los Elfos?
¿Y Mamá apoya eso?
Es incluso más extrema que yo.
—P-Pero creo que el Señor Amael debería tener cuidado con Adrian…
—añadió Martin, con voz apenas audible.
—¿Por qué?
—pregunté, sorprendido.
¿No debería estar animándome?
—E-Eso es porque…
el Señor Adrian es peligroso, y…
si…
si el Senior Cyril interviene…
—el rostro de Martin se puso completamente pálido.
En otras palabras, me estaba aconsejando que no me involucrara más con Alicia porque Cyril, que estaba dejando ese asunto en manos de Adrian, podría intervenir.
—Ah…
—suspire, mirando al cielo.
Cyril Magnus Raven.
Era considerablemente más fuerte que yo, y lo sabía.
La solución sensata sería abandonar mi plan de ayudar a Alicia para coaccionar al Profesor James Raven a que me enseñara su Estilo Raven.
Pero la idea de echarme atrás no me hacía ninguna gracia.
Sí.
No me importa.
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