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Soy el Villano del Juego - Capítulo 66

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66: Te conozco…

66: Te conozco…

El sonido de cristales rotos resonaba sin fin en la sala de entrenamiento de un blanco puro, sin rastro de salida, cielo o suelo.

Aparecían espejos por doquier, reflejándose los unos a los otros antes de hacerse añicos.

Dos figuras luchaban entre ellos, deslizándose entre los afilados fragmentos de cristal con una perfección casi absoluta.

Sin duda, no era la primera vez, ya que las dos personas esquivaban y paraban cada uno de sus ataques.

Una de ellas era una joven de pelo negro que vestía un pantalón negro, botas negras y un suéter negro de hombros descubiertos.

En su mano derecha empuñaba una espada transparente que reflejaba sus impasibles y oscuros ojos.

Apretando la empuñadura de su espada, la blandió, y dos espejos aparecieron ante ella.

Por otro lado, un joven y apuesto hombre de pelo gris con pantalones de cuero negro, botas negras y una camisa gris, se abalanzó.

En ambas manos sostenía dos espadas cortas que parecían únicas en el mundo en el que se encontraba.

Cuando se percató de los dos espejos frente a él, lanzó una de sus espadas y arremetió con la otra.

El primer espejo se rompió y el segundo le siguió justo después.

Con una sonrisa, continuó con su estocada, pero allí no había nadie.

A su espalda, se formó un espejo y, de él, salió la mujer de pelo negro y blandió su espada.

Debería haber sido la derrota del hombre de pelo gris, pero él ya se esperaba algo así.

Con un chasquido de dedos, la espada que había lanzado regresó a su mano libre, y la blandió a su espalda sin darse la vuelta.

Las dos espadas chocaron, y se mantuvieron en un punto muerto durante diez segundos antes de que sonara un crujido.

La espada de cristal de la mujer empezó a agrietarse y pronto estalló en mil pedazos.

Ella saltó hacia atrás, pero su espalda chocó contra un espejo.

El hombre de pelo gris pisoteó el suelo y lanzó un puñetazo al aire.

Mary cruzó los brazos para protegerse, pero no pasó nada.

Cuando bajó las manos, vio una sonrisa en el rostro de la persona en la que más confiaba en el mundo.

—He ganado, Mary.

…

—He ganado, Mary.

Le sonreí a Mary con el puño extendido.

No iba a hacerle daño ni en broma.

La docena de espejos invocados que la rodeaban se agrietaron y se desvanecieron en fragmentos de cristal.

—…

Mary bajó la cabeza.

¿Estaba decepcionada?

Posé la mano sobre su cabeza.

—¿Nyr?

Mary levantó la vista al sentir mi mano en su cabeza.

—No tienes por qué sentirte decepcionada, Mary.

Sonreí y le acaricié la cabeza.

—Estamos progresando juntos, ¿recuerdas?

Como dijo Cleenah, mi espíritu contratado…

no, Mary, progresaba conmigo.

Cuanto más fuerte me volvía, más fuerte sería Mary.

—Mmm.

Mary me asintió con una pequeña sonrisa.

Chasqueé los dedos y el lugar blanco volvió a ser la sala de entrenamiento de mi academia, que era una habitación gigante de paredes grises y apagadas.

Tenía la función de cambiar el escenario, lo cual estaba genial.

Solté un gran bostezo y me dejé caer al suelo, apoyando la espalda en la pared.

Mary se sentó a mi lado y se abrazó las rodillas.

Había sido un mes largo, pero empezaba a acostumbrarme a la vida en la academia.

Me giré hacia Mary y le hice una pregunta que llevaba un tiempo rondándome la cabeza.

—Ha pasado un mes, Mary.

¿Eres feliz aquí en la academia?

Sé sincera conmigo.

Mary dudó un instante, pero luego asintió con la cabeza.

—Soy feliz aquí —dijo en voz baja.

La miré con una pizca de sorpresa.

Mary siempre ha sido del tipo que anhela la aventura y la emoción.

No pude evitar preguntarme si de verdad era feliz con la monotonía de nuestra rutina diaria.

—¿No echas de menos ser una estudiante normal, asistir a clases e ir a la escuela?

—pregunté, arqueando una ceja.

Mary negó con la cabeza.

—No…

Soy feliz.

Sonreí, aliviado de oír que Mary estaba contenta con nuestra nueva vida.

Puede que no fuera igual que la que teníamos antes, pero seguía siendo una aventura a su manera.

Ya conocía sus sentimientos.

Su sueño era estudiar en la Academia Real Eden.

No era que yo no lo quisiera, pero no podía.

No soy lo bastante fuerte como para permitir que Mary asista a clase conmigo.

Su mera presencia en este mundo consumía una gran cantidad de mi maná.

[]
¿Qué era esa forma tan rara de decir las cosas…?

Mary negó con la cabeza y volvió a asentirme.

—Soy feliz…

siempre que esté contigo.

No voy a mentir, cuando Mary me dijo eso, el corazón me dio un vuelco.

—Tú…

sabes que un día malinterpretaré eso como una confesión —bromeé, intentando aligerar el ambiente.

Mary se sonrojó y apartó la mirada, avergonzada.

—Haré cualquier cosa por ti…

Solo tienes que pedirlo.

—…

El pelo se le pegaba a la cara, y su pálida piel brillaba porque acabábamos de luchar.

Se le veía el blanco cuello…

Cualquier hombre normal habría intentado algo con ella.

Sonreí y le di un toquecito en la frente a Mary.

—¿Mmm?

Mary se tocó la frente, confusa.

—Mírate el pelo.

¿Cuántas veces tengo que recordarte que te lo ates?

Las chicas matarían por tu pelo brillante, ¿sabes?

Hice que Mary se diera la vuelta y saqué una cinta que había comprado en uno de mis días libres.

[]
Las palabras de Cleenah hicieron que se me crispara la sonrisa.

Era verdad que el mes pasado le pedí mucho dinero a tía Belle, pero usé mi propio dinero para comprar la cinta para Mary.

Usé el dinero que me quedaba de lo que gané en la Mazmorra Enigma y compré una cinta blanca.

Recogiendo el pelo negro de Mary, lo até con la cinta blanca, que contrastaba hermosamente con el oscuro pelo de Mary.

Como era un experto en atárselo gracias a Ephera, hice un nudo femenino con facilidad.

—Lo sé, Mary.

Siempre estás ahí para mí.

Pero, por ahora, disfrutemos de nuestro tiempo aquí en la academia y centrémonos en nuestro entrenamiento —dije, dándole una palmadita en la cabeza, agradecido por su lealtad.

Mary sonrió, satisfecha con mis palabras, y se desvaneció en su dimensión.

Sintió que mi maná estaba agotado.

[]
dijo Cleenah.

—¿Qué?

¿Quieres que también te ate el pelo con una cinta?

[]
Escaneando mi tarjeta de la academia, salí de la sala y luego del edificio.

Era muy de noche y mañana empezaba temprano.

¿Por qué siempre ponen las clases por la mañana?

¿No sería mejor para todos si fueran por la tarde?

[]
[El tiempo es oro.]
Estoy cansado.

Pasé la mano por el aire y una pantalla azul apareció frente a mí.

Veamos mi mes de duro trabajo.

===
[Edward Amael Falkrona] [16]
[Tercera Ascensión]
[Encanto: 25]
[Puntos de Afecto: 230]
[Linaje Falkrona ~Segunda Ala~]
[Juramento de Vysindra ~Segundo Anillo~]
[Señor Espiritual ~Segundo Núcleo de Ánima~]
[???]
===
Desbloqueé la segunda ala de mi habilidad de linaje, el segundo anillo del fuego de los Anathemas y obtuve un nuevo núcleo de ánima.

En otras palabras, me volví muy fuerte.

Nadie podía vencerme, excepto el elenco principal.

Mis movimientos se volvieron más rápidos y mis sentidos más agudos, como era de esperar del linaje de mi familia.

Uno de los más fuertes del mundo.

Me sentí un poco avergonzado de que mi hermana, Elona, ya pudiera usar su tercera ala, pero pronto la alcanzaría.

Realmente tomé la decisión correcta al entrar en la academia.

Dudé al principio porque me traería muchos problemas, pero me alegro de estar aquí.

El frío viento de la noche me heló un poco, pero era refrescante después de un buen e intenso entrenamiento.

—Aah…

Un mes pasó volando, y a partir de ahora empezarían los acontecimientos serios.

Sinceramente, no alcancé la fuerza que quería para estar preparado para afrontar cualquier tipo de peligro, pero era inútil llorar sobre la leche derramada.

Solo tengo que adaptarme a los futuros acontecimientos.

De todos modos, Milleia y Jayden estaban ahí para ayudarme.

Era extraño, pero sentí una sensación de alivio al saber que esos dos estaban conmigo.

Probablemente porque eran los protagonistas y tenían menos posibilidades de morir.

Volví a escanear mi tarjeta y entré en el dormitorio.

—¡H-Hola, Señor Edward!

—¡B-Buenas noches, Señor Edward!

Dos chicas que estaban sentadas en el sofá del vestíbulo se percataron de mi presencia y hablaron.

Se comportaban de forma extraña.

—¿Buenas noches?

dije con una ceja arqueada, intentando averiguar qué les pasaba.

No eran las únicas que mostraban esas reacciones cuando pasaba a su lado.

—¡Kyaaa!

Apartaron la mirada y chillaron.

—…

Ladeé ligeramente la cabeza.

¡Espera!

¿¡Podría ser que soy popular!?

¡Estas son las reacciones típicas de las chicas enamoradas!

[No.]
[]
¡¿Podríais callaros un minuto?!

Discutí con Jarvia y Cleenah, que eran como unas acosadoras, y tomé el ascensor.

—¿Hm?

Cuando llegué a mi habitación, vi un trozo de papel en el suelo, justo delante de mi puerta.

—¿Una carta de amor?

[]
«¡Solo estoy suponiendo!»
Maldije a Cleenah y abrí el papel doblado.

—¡!

Me quedé helado al leer el contenido.

|Te conozco, Nyrel Loyster.|

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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