Soy el Villano del Juego - Capítulo 82
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82: Señor/a Kleah [2] 82: Señor/a Kleah [2] —Vale, ¿estás listo?
—¿Listo para qué?
No soy un niño —le respondí a Kleah, mientras me ponía los brazales y las botas de Skyball.
Me llevó un tiempo acostumbrarme a volar con ellos, pero por fin lo había dominado.
—Bueno, por desgracia, para mí eres un niño, Junior —replicó Kleah con arrogancia mientras se elevaba elegantemente hacia el cielo.
Puse los ojos en blanco, sin dejar que me afectara.
Canalicé mi maná y despegué hacia el cielo.
Al principio, todo iba bien y sentía el viento pasar zumbando a mi lado.
—Como si fuera tan difíiiiiiiicilll…
Pero entonces, algo extraño sucedió.
¡¿Qué está pasando?!
Sentí que me movía a una velocidad increíblemente rápida y no podía controlarla.
El pánico se apoderó de mí mientras intentaba recuperar el control, pero fue inútil.
—¡Solo…
un poco!
—mascullé entre dientes, intentando frenar.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, conseguí mantenerme erguido en el aire.
Pero ya estaba agotado y mi cuerpo se estaba rindiendo.
Me salía sangre de la nariz y tuve que limpiármela con la manga.
Respiré hondo, tratando de recuperarme mientras flotaba a cientos de metros del suelo.
Justo cuando estaba recuperando el aliento, volví a perder el control y me precipité hacia el suelo como lo haría un nadador profesional en una piscina.
Fue aterrador, y sentí que iba a morir.
—¡Pff!
¡Jajajaja!
De repente, oí una risa —alta y clara— y supe de inmediato que era Kleah.
Miré hacia arriba y vi a Kleah sujetándose el estómago mientras flotaba en el aire, riendo histéricamente.
Se me hinchó una vena en la frente.
Vaya si se estaba divirtiendo.
Por cierto, todos los chicos, incluido mi supuesto mejor amigo Tyler, la miraban embelesados.
¡Pero el que estaba en apuros era yo!
¡Eh, cabrones!
¡Voy a romperme los huesos aquí!
—¡T-Tyler!
¡Ayúdame!
—le grité a mi autoproclamado mejor amigo—.
Somos supercolegas, ¿recuerdas?
[]
«¡Entonces ayúdame, Diosa inútil!
¡Me estoy muriendo!»
—¡Joder!
—exclamé al sentir que el suelo se acercaba más y más.
Entré en pánico y rápidamente canalicé maná hacia mi brazal y mi anillo para recuperar mi báculo, pero ya era demasiado tarde.
Justo cuando pensaba que la partida había terminado para mí, una mano se envolvió alrededor de mi cintura, deteniendo mi caída.
Alcé la vista y vi a Kleah, sonriendo como el gato de Cheshire.
—Espero no llegar demasiado tarde —dijo con una sonrisa socarrona.
[]
¡¿Quién es la princesa?!
—¿Qué ha sido eso, señorita?
—le lancé una mirada furibunda a Kleah.
—No subestimes el poder del equipo de Skyball —negó Kleah con la cabeza.
Resulta que las botas y los brazales que había estado usando hasta ahora eran solo para principiantes.
Kleah se había estado conteniendo todo este tiempo, sin darme el equipo profesional porque podría hacerme daño.
Pero después de dos semanas de entrenamiento, decidió darme una oportunidad con el de verdad.
—He decidido dártelos ahora porque en dos semanas has progresado mucho, pero quizá he sido demasiado impaciente contigo —suspiró Kleah.
Asentí, comprendiendo por fin por qué me había costado tanto antes.
—¿Y qué hay de Jayden y Tyler?
—pregunté, intentando cambiar de tema.
—¿Quién?
—Kleah parecía realmente confundida.
No podía creerlo.
Había estado hablando de Jayden sin parar, pero Kleah no parecía recordarlo en absoluto.
Solo lo reconocía por la cara y tampoco parecía tener una buena impresión de él.
Suspiré.
Estaba claro que Kleah no me iba a ayudar con mi dilema sobre Jayden.
Pero al menos la tenía a ella como patrocinadora y compañera de entrenamiento.
Puede que solo nos conociéramos desde hacía dos semanas, pero ya habíamos pasado incontables horas juntos.
No pude evitar sentirme agradecido por su guía, aunque tuviera un carácter un poco difícil.
En fin…
¿Cómo debería decirlo…?
Se había acabado.
Solo pasé dos semanas con Kleah, pero pasamos muchas horas juntos, ya que era mi patrocinadora y también porque, para ella, yo era la única persona que podía acercársele.
Conocía a Kleah del juego, pero ahora que había pasado tiempo con la Kleah de verdad, entendía mejor cómo funcionaba.
Y, sin dudarlo, podía decir que nunca se enamoraría de Jayden.
La revelación de Kleah había confirmado mi sospecha de que nunca se enamoraría de Jayden.
Había dos razones para ello.
En primer lugar, su impresión de Jayden había cambiado después de enterarse de que era un bocazas, y lo veía como alguien peligroso que podría revelar fácilmente su secreto.
En segundo lugar, mi patrocinio la había puesto en una mentalidad competitiva, ya que estaba decidida a entrenarme y a meterme en el equipo de élite antes que Jayden y Tyler.
Al superar a Miranda a través de mí, podría ganar puntos extra para su clase y demostrar que era una patrocinadora superior.
Sin embargo, este nuevo impulso por entrenarme había hecho que Kleah pasara todo su tiempo conmigo o con la profesora Julia, sin dejarle espacio para desarrollar sentimientos por Jayden.
No pude evitar sentir que me había convertido en un obstáculo para cualquier posible relación romántica entre ellos.
Pero, de todos modos, ya me había cansado de intentar hacer de celestino para Jayden.
Quizá era el momento de dejar que las cosas siguieran su curso natural y permitir que el aura de protagonista de Jayden hiciera su magia con las otras heroínas.
Ya había empezado con Carla, y quizá continuaría con Milleia.
Le expliqué a Kleah que Tyler y Jayden eran los dos chicos que me acompañaban, y que ambos eran patrocinados por Miranda.
Kleah pareció incómoda al responder: —Ah, ellos…
bueno, hace una semana que empezaron a usar el equipo profesional.
—¿Qué?
¿Y lo están haciendo bien?
—le pregunté a Kleah con incredulidad.
Solo había pasado una semana desde que Tyler y Jayden empezaron a usar el equipo profesional, mientras que yo acababa de empezar a usarlo.
Kleah simplemente asintió, dejándome sin palabras.
No era una sorpresa, la verdad; Tyler y Jayden eran claramente mejores que yo en este deporte.
—¡N-No te preocupes, Junior!
¡Así la victoria será más dulce!
Pero a pesar del intento de Kleah por levantarme el ánimo, no estaba molesto.
Solo era otro recordatorio de que me quedaba un largo camino por recorrer si quería competir con los mejores.
Pero antes de que pudiera darle más vueltas…
—¡¿Cuándo vas a bajarme al suelo?!
—Ah, perdón.
Kleah por fin me bajó después de sostenerme como un saco de patatas durante lo que pareció una eternidad.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de dejarme en el suelo, mis brazales empezaron a emitir de repente una luz brillante.
«Oh, no», pensé.
Los había llenado por completo de maná sobrecargado para frenar mi caída, pero me había olvidado de quitármelos.
—¡Q-Quítatelos!
—dijo Kleah, presa del pánico.
—¡¿Y cómo se supone que voy a hacer eso?!
No tenía ni idea de cómo hacerlo.
«De todos modos no dolerá, como mucho saldré despedido, así que por qué…»
Mientras me preparaba para el impacto, Kleah de repente se puso pálida e intentó…
¡¿escapar sin mí?!
—¿Señorita?
No podía creerlo; ¿me habían traicionado otra vez?
Antes de que pudiera pensarlo demasiado, caí del cielo una vez más, y mis brazales explotaron, cegándome con su brillante luz.
Gemí al chocar contra el suelo, agradecido de que solo fuera césped artificial.
El humo se elevó a mi alrededor, una clara indicación del daño que había causado.
—Maldición —mascullé para mis adentros mientras me desplomaba en el suelo.
La tía Julia me va a dar una paliza por esto…
Sabía que la profesora Julia no estaría contenta conmigo por causar tanto alboroto.
¿Debería echarle la culpa a Kleah y ya está?
—E-Ed…
ward…
¡!
Mientras me levantaba, oí una voz débil y temblorosa que me llamaba por mi nombre.
Era Kleah, pero algo no iba bien.
Su voz era forzada y estaba llena de pánico.
—¡¿Señorita?!
Corrí a través del humo, usando todos mis sentidos para encontrarla.
Cuando por fin la alcancé, estaba tumbada en el suelo, con el cuerpo temblando y convulsionando.
Me arrodillé a su lado, intentando llamar su atención.
—¡Kleah!
¿Qué ha pasado?
¿Puedes oírme?
Tenía la mirada perdida y no respondía a mi voz.
Sentía el corazón acelerado mientras la veía forcejear.
Rápidamente me fijé en el brazalete rojo de su muñeca, que emitía una luz intensa.
Extrañas líneas rojas se extendían desde el brazalete, recorriendo su cuerpo como si fueran venas.
Debía de ser eso lo que le causaba la angustia.
Sin pensar, intenté quitarle el brazalete, pero me quemó los dedos, haciéndome soltar un gemido de dolor.
—¡¿Qué demonios está pasando?!
—mascullé, sintiéndome impotente mientras Kleah seguía convulsionando en el suelo.
[]
—C-Cierto.
Apreté las manos para que dejaran de temblar.
—Kleah…
No pude evitar sentir una punzada de culpa al mirar la figura temblorosa de Kleah en el suelo.
Siempre era tan segura de sí misma, pero ahora parecía tan vulnerable y asustada.
Decidido a ayudarla, conjuré un anillo de fuego de color morado oscuro alrededor de mi muñeca y formé una cuchilla de llamas en la punta de mi dedo.
Lenta y cuidadosamente, me acerqué al brazalete de su muñeca, asegurándome de no quemar su delicada piel mientras lo cortaba con un único y rápido movimiento.
El cuerpo de Kleah dejó de temblar en cuanto corté el brazalete, y su piel empezó a emitir un brillante resplandor rojo.
—J-Junior…
—consiguió decir, incorporándose del suelo.
—¿Estás bien?
—le pregunté rápidamente, aliviado al ver que se recuperaba.
Pero antes de que pudiera responder, se fijó en el brazalete cortado que yacía en el suelo.
—¡N-No…!
—jadeó, con el rostro aún más pálido que antes.
—¿Q-Qué…?
Me quedé de piedra cuando sus falsas orejas humanas se alargaron lentamente hasta volver a ser orejas de elfo.
El cuerpo de Kleah emitía ahora un aura élfica pura e inconfundible que nunca antes había sentido.
Era un marcado contraste con su anterior apariencia humana.
No pude evitar sentirme maravillado por su belleza natural y su verdadera apariencia.
Por desgracia, no tuve tiempo…
—¿Qué ha pasado?
¡!
Me estremecí al oír la voz de Miranda y sentir su maná.
¡No!
Su extraño viento empezó a disipar el humo.
Kleah se llevó las manos a las orejas en un intento desesperado por ocultarlas, pero eso no podía ocultar el maná puro élfico que emanaba de su cuerpo.
Todo su cuerpo se estremeció, muy probablemente como resultado de su trauma pasado.
¡Mierda!
Me puse delante de Kleah y me preparé.
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