Soy el Villano del Juego - Capítulo 96
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96: Conmoción en la Enfermería 96: Conmoción en la Enfermería Cuando entré en la Enfermería con Milleia, la enfermera me recibió con tono cansado.
—¿Tú otra vez?
—preguntó, claramente poco entusiasmada con mi presencia.
Milleia, que me acompañaba, pareció confundida.
—¿Eh?
—dijo, ladeando la cabeza.
Le expliqué que la enfermera ya me había tratado el día que renuncié a mi nombre.
Milleia asintió para indicar que entendía antes de refunfuñar: —Me parece que no será la última vez.
Sus palabras me hicieron respingar un poco.
—¿Quieres que venga aquí más a menudo?
—le pregunté.
—¡N-no, claro que no!
—se apresuró a responder Milleia, dándome débiles puñetazos en el brazo—.
¡No tergiverses mis palabras!
—¡Ay!
—hice una mueca de dolor, y Milleia se disculpó de inmediato, con sus ojos de un rosa claro llenos de preocupación—.
¿Estás bien, Edward?
La enfermera caló nuestro intercambio y comentó: —Solo está de farol, jovencita.
Milleia me miró y yo aparté la vista rápidamente, sin querer revelar mi diversión ante su preocupación.
—¡Estaba muy preocupada!
—protestó ella.
—Culpa mía —dije, intentando disculparme.
—¡Sí que eres malo!
—Milleia hinchó las mejillas de forma exagerada.
—Quiero decir que lo siento —le expliqué.
—¡Pues sí!
¡Culpa tuya!
—¿Ya habéis terminado de discutir, tortolitos?
—intervino la enfermera mientras sacaba instrumental de una estantería.
A Milleia le hizo cortocircuito el cerebro al oír la palabra «tortolitos».
—¿¡To-to-tortolitos!?
—tartamudeó.
—Pensaba que las enfermeras ayudaban a la gente —dije, intentando cambiar de tema—.
¿Por qué nos avergüenza?
—Pero antes de que pudiera decir más, la enfermera me clavó una jeringuilla en el brazo con saña.
—¡Ay!
¡¿Pero qué demonios?!
—grité, sorprendido y dolorido.
—Quédate quieto —me ordenó la enfermera mientras preparaba otra jeringuilla.
—¿Y por qué iba a hacerlo?
¡Una enfermera está hiriendo a un alumno!
—chillé para ocultar el miedo que me daba la siguiente jeringuilla que se acercaba peligrosa y rápidamente a mi brazo.
—¡¿Edward!
¡¿Amigo?!
—De repente, una voz potente resonó en la Enfermería.
Gruñí al oír aquella voz.
—¡Estoy aquí por ti, amigo!
—gritó Tyler y arrasó con todo a su paso para llegar hasta mí.
¡Ese idiota!
Fue dando puñetazos y patadas a todas las camas que encontraba en su camino con cara de preocupación.
Podría haber parecido carismático de no ser por su expresión de tonto y el malentendido.
—¡Edward!
¡Hermano!
—Me miró sin aliento.
Entonces su vista se desvió hacia la mujer que, hasta hacía un momento, me estaba vendando el brazo.
Y digo bien «hacía un momento», porque ya no lo estaba haciendo.
—Gracias a Dios, estás bien —suspiró Tyler aliviado, sin ser consciente del caos que había creado a su alrededor ni de la mujer furiosa.
—Vaya, vaya, vaya, pero mira quién está aquí —dije con una sonrisa cuando Tyler por fin llegó a mi lado.
—Edward, amigo, ¿estás bien?
—preguntó Tyler, mirándome con preocupación.
—Sí, estoy bien —respondí, poniendo los ojos en blanco.
—¡Estaba muy preocupado, amigo!
—exclamó Tyler, con la voz llena de alivio.
—Ajá, ya me doy cuenta —dije con sarcasmo, observando el desastre que Tyler había provocado.
¡Argh!
Antes de que me diera cuenta, la enfermera había desaparecido de mi lado.
Estaba detrás de Tyler, que gemía mientras se sujetaba la cabeza con dolor.
—Odio a los mocosos ruidosos —dijo con tono frío y miró a Tyler—.
¿Entendido?
—¡S-sí, señorita!
—Tyler se puso en pie con la cabeza sangrando.
Maldición…
Es más fuerte de lo que pensaba…
Quizá unas dos Ascensiones por encima de mí.
—¡T-Tyler!
—Como era de esperar, Milleia no pudo soportar ver a su amigo sufrir y estuvo a punto de correr hacia él.
—No, Milleia —dije, sujetándola del brazo para impedírselo.
—Edward, ¿qué está pasando?
—preguntó Milleia, mirándome con expresión preocupada.
—No te preocupes por eso, Milleia —respondí, tratando de calmarla.
—¿Edward?
P-pero… —Milleia miró a Tyler con lástima.
En ese momento le estaban vendando la cabeza, pero… con violencia.
La enfermera le daba vueltas y le golpeaba la cabeza como si fuera arcilla de modelar…
—Parece que Tyler ha recibido su merecido —dije con una sonrisa socarrona mientras veía a la enfermera vendarle la cabeza.
—Deja de ser malo, Edward —me regañó Milleia.
—No estoy siendo malo, solo digo la verdad —respondí, encogiéndome de hombros.
En fin, ¿a qué venía ese drama?
Milleia, Jayden y Tyler se hicieron amigos de verdad con mucha facilidad debido a sus orígenes, pero también gracias a la vivaz personalidad de Tyler.
Era normal que ella ya sintiera un vínculo con él.
—No te preocupes, no se va a morir —intenté tranquilizar a Milleia, que se había disgustado especialmente por mis heridas—.
O eso creo.
—¿O eso c-crees?
—repitió ella, con la voz ligeramente temblorosa.
Pero antes de que nadie pudiera decir nada más, una nueva voz se unió a la conversación.
Era Lyra, y me había traído al hospital después de encontrarme herido por la pelea.
—¡Lyra!
—exclamó ella, con los ojos iluminados al ver a su amiga—.
Encontré a Edward, pero estaba demasiado herido para moverse por su cuenta.
Asentí en agradecimiento a Milleia mientras ella se giraba hacia mí con cara de preocupación.
—¿Estás bien, Edward?
—preguntó, intentando sonar amigable.
Se limitaba a actuar como de costumbre delante de Milleia.
—Estoy bien —respondí, encogiéndome de hombros a pesar del evidente dolor que sentía.
Milleia se levantó de un salto y empezó a revolotear a mi alrededor, vendándome con cuidado el brazo medio vendado, ya que la enfermera aún no había terminado.
—Eres demasiado imprudente, Edward —me reprendió con suavidad—.
No sé por qué aceptaste luchar contra el Señor Ronald, pero… nos tenías a todos preocupados —añadió, con una pequeña sonrisa dibujada en los labios.
Mientras me curaba el brazo, no pude evitar fijarme en las largas y delicadas pestañas azules que enmarcaban sus brillantes ojos rosados.
Eran la prueba de la sangre única y divina que corría por sus venas, y eso la hacía aún más fascinante para mí.
Me di cuenta de que Tyler, Milleia y Jayden se habían preocupado de verdad por mí, y era una sensación agradable que la gente se preocupara así por uno.
Sin embargo, mis recuerdos de la Tierra y de Edward me dificultaban apreciar del todo su preocupación.
—Milleia tiene razón, Edward —dijo finalmente Jayden, que también estaba allí, sacándome de mi ensimismamiento—.
Aun así… no sabía que fueras tan fuerte, Edward.
—¡Sí!
—intervino Milleia, con los ojos brillantes de admiración—.
¡Me has dejado asombrada, Edward!
—¡Ese es mi rival!
—gritó Tyler.
—No te muevas —lo calmó la enfermera de inmediato.
—¡S-sí!
¿Todavía no le había curado la sangre que le salía de la cabeza a Tyler?
Desde luego, no se contuvo con el puñetazo…
—Bueno, Ronald fue inesperadamente débil —sonreí.
«Actúas como si hubieras ganado».
Cállate.
…
…
Después de echar a todo el mundo de la Enfermería, la enfermera terminó de tratarme y me dijo que descansara.
Antes de darme cuenta, me quedé dormido y, por tanto, eché una siesta.
—Aaaaaaaaah…
—bostecé, estirando los brazos.
Miré el reloj y suspiré.
[20:35]
Debería haber entrenado, pero me dio pereza.
Hoy me lo saltaré.
Me levanté y estaba a punto de irme, pero…
—¡No necesito tu protección, hermana!
Me escondí detrás de la cortina y espié.
No estaba solo en la Enfermería y esa voz…
¿Ronald?
Bueno, él también estaba herido, pero la persona con la que hablaba era…
—No lo entiendes, idiota —resonó la fría voz de Louisa—.
Estoy limpiando tus desastres cada vez que causas problemas.
¿Necesito deletreártelo, Ronald?
No atraigas una atención innecesaria.
La voz de Louisa era tan fría como el viento invernal.
Sus ojos castaños albergaban una preocupación oculta, una vulnerabilidad que mantenía escondida de todos excepto de su hermano.
No pude evitar sentir una punzada de lástima por ella, obligada a limpiar los desastres de su temerario hermano.
—¡Deja de tratarme como a un niño, hermana!
¡Sé cuidarme solo!
—gritó Ronald molesto y salió furioso de la habitación.
Ronald, por otro lado, vivía en la inopia, completamente inconsciente de la carga que ponía sobre los hombros de su hermana.
Simplemente arremetió contra ella.
Louisa permaneció en silencio, apretando los puños con fuerza mientras su hermano salía furioso de la habitación.
Estaba claro que luchaba con el peso de sus responsabilidades, y no pude evitar preguntarme cómo se las arreglaba para lidiar con todo.
Cuando salí de mis pensamientos, Louisa me miró con expresión tranquila, pero sus ojos delataban un atisbo de sorpresa.
Era evidente que no esperaba que yo estuviera allí.
—Es débil, ¿verdad?
—dije, rompiendo el silencio.
Los ojos de Louisa se entrecerraron y su mirada se agudizó al girarse para encararme.
—Edward Falkrona.
Desconozco la razón de tu repentino deseo de pelear con mi hermano, pero te lo advierto.
La próxima vez que ocurra algo similar, no lo dejaré pasar.
Sus palabras eran una clara advertencia, y no pude evitar una sensación de inquietud.
A Louisa no se la podía tomar a la ligera, y sabía que si me cruzaba en su camino, habría consecuencias… ¡o eso es lo que habría pensado si fuera un debilucho!
—¿Que no lo dejarás pasar?
—resoplé—.
¿Igual que no lo dejaste pasar cuando ese cabrón de Loid intervino para salvarle el culo a tu hermanito, Louisa?
—…
—No te sienta bien hacerte la ignorante, Louisa.
Estoy seguro de que te diste cuenta, pero lo ignoraste porque tu hermano ganó.
Pensaba que la presidenta del Consejo Estudiantil no debía ser parcial, pero me equivocaba, ¿eh?
—No espero que entiendas los lazos familiares, Edward —dijo Louisa, sin inmutarse por mis palabras, mientras empezaba a alejarse.
—Si sigues a tu tío como una buena perrita, Louisa, no podrás proteger a tu hermano, ni siquiera a ti misma.
—¡!
—Louisa se sobresaltó al oír mis palabras.
Pero no pude ver su expresión.
—Te sobreestimas, y eso os pasará factura a ti y a tu hermano algún día —añadí y pasé a su lado.
Espero que se dé cuenta pronto de que su tío está más loco de lo que ella cree.
Es por su propio bien, así como por el bien de este reino y, por tanto, también por el mío.
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