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SOY UN MAGO PERO CON SISTEMA MILF - Capítulo 302

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Capítulo 302: Alice se rinde – r18

Alice no pudo resistirse más. Envolvió las bolas de Julian con sus manos, dándoles un suave apretón.

La sensación de sujetarlas la abrumó; sus bolas eran tan grandes que apenas le cabían en las palmas de las manos.

Tragó saliva con fuerza, y su excitación se disparaba con cada apretón que daba.

—Hasta sus bolas son… grandes —murmuró, entre asombrada y sorprendida.

Regina se rio entre dientes, sus labios se curvaron en una sonrisa pícara mientras seguía chupándoselo.

Se apartó un poco. —Es aún mejor cuando está dentro de ti —dijo, con la voz rebosante de picardía.

Alice se cubrió el rostro, que se le acaloró como si tuviera fiebre.

—¡R-Regina! —gritó, avergonzada por sus crudas palabras.

Regina simplemente se rio entre dientes ante la reacción de Alice, mientras su lengua salía disparada para lamer el semen recién acumulado en la punta del pene de Julian.

Le dio a Alice un buen espectáculo al tragar lentamente el fluido.

—No seas tan tímida, Alice —murmuró, lamiéndose los labios.

Alice no podía decidir si quería regañar a Regina por su audacia o… rendirse a la extraña atracción que le nublaba los sentidos.

Regina se inclinó más, besando las bolas de Julian antes de chuparlas con la misma intensidad con que lo hacía con su pene.

Incapaz de resistir más, Alice extendió la mano, casi inconscientemente, y comenzó a acariciar su miembro, sintiendo el calor de su piel.

Tras un momento de vacilación, envolvió el pene de él con sus manos, y sus ojos se abrieron de par en par ante su enorme tamaño. Por mucho que lo intentara, sus dedos no podían rodearlo por completo.

—Yo… nunca he visto nada tan grande… —jadeó, con la voz apenas audible. Se le sonrojaron las mejillas al darse cuenta de que las palabras se le habían escapado, pero no fue capaz de apartar la mano.

Regina asintió, mientras su lengua continuaba con su juguetona lamida. —¿Es impresionante, a que sí? —dijo.

—Y ahora entiendes por qué dije que es aún mejor cuando está dentro de ti.

El rostro de Alice ardió ante el descarado comentario de Regina.

Sus dedos se apretaron ligeramente alrededor del pene de Julian, dándole una caricia vacilante.

La sensación de él moviéndose en su mano le provocó escalofríos. Sin previo aviso, su coño se inundó de humedad, y su cuerpo la instaba a continuar.

Apretó los muslos, intentando desesperadamente sofocar la incesante oleada de excitación que la consumía.

«Contrólate, Alice», pensó, mientras su mente luchaba por reprimir el abrumador deseo.

Se detuvo un momento. «Solo una más…, solo una más y pararé», razonó consigo misma.

Le dio otra caricia al pene de él, pero su cuerpo la traicionó por completo. Su respiración se volvió entrecortada y sus labios se entreabrieron con anticipación a medida que sus movimientos se hacían más audaces.

Otra caricia, y luego otra.

Sus manos se movían por cuenta propia, y cada caricia alimentaba su creciente apetito.

La humedad entre sus muslos se intensificó y su ropa interior quedó empapada a medida que el ritmo de sus caricias se aceleraba.

Se mordió los labios, sintiendo el salvaje palpitar de su corazón en el pecho.

La forma en que el cuerpo de él se contraía en respuesta a su tacto era embriagadora, y ella no podía parar.

—Mírate —la interrumpió la voz de Regina. La observaba con una sonrisa cómplice—. Estás disfrutando de esto más de lo que pensabas, ¿a que sí?

Alice no pudo responder. Estaba perdida en el momento, completamente consumida por su excitación. Exploraba con avidez su miembro, y cada caricia profundizaba el anhelo que rogaba ser satisfecho.

Se inclinó más, su aliento cálido contra el pene de él. Sus sentidos se agudizaron al inhalar profundamente, y el familiar aroma de su semen le llenó los sentidos. Era embriagador; la tentaba a ceder a la abrumadora necesidad.

Su cuerpo temblaba, y su mente le gritaba que se apartara, que parara. Pero sus pensamientos estaban nublados, y cada respiración era más entrecortada que la anterior.

Reunió hasta la última gota de fuerza de voluntad que le quedaba, forzándose a resistir el impulso de inclinarse y limpiar su pene a lametones.

Se le hizo la boca agua al pensarlo; la tentación era demasiado fuerte para ignorarla. Pero, de alguna manera, se contuvo.

«No puedo —pensó, con la mente hecha un completo lío de lujuria y vergüenza—. No lo haré… No puedo perder el control».

Apretó el puño, tragando saliva con frustración. Mantuvo la mirada fija en su pene, con la tentadora idea de ceder a sus deseos justo fuera de su alcance.

La sonrisa de Regina se acentuó al notar el cambio en el comportamiento de Alice. Sabía lo que Alice quería, y era exactamente lo que ella había estado esperando.

Llevó sus manos a la punta del pene de Julian, untando en sus dedos el semen pegajoso que se había acumulado allí.

Con un brillo travieso en los ojos, se los acercó a los labios de Alice, guiándolos suavemente hacia su boca. —Abre —ordenó en voz baja.

Los ojos de Alice se abrieron de par en par, y su corazón se aceleró en su pecho. Dudó un momento, con la mente incapaz de comprender lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, las manos de Regina persistieron, sin dejar lugar a dudas.

Entrabrió los labios con vacilación. Pero antes de que pudiera procesar del todo el momento, Regina untó suavemente el semen de Julian en sus suaves labios.

—Pruébalo —susurró Regina, observando de cerca cada reacción de Alice—. No te resistas…

El olor salado de su semen llenó los sentidos de Alice. —Mmm… —gimió, mientras todo su cuerpo temblaba por la sensación.

—Ya estás temblando —bromeó Regina—. Apuesto a que tu coño está goteando, ¿verdad? Solo por esto.

Alice apartó un poco la mirada, avergonzada, pero antes de que pudiera negarlo, su lengua salió instintivamente, lamiendo el semen de sus labios.

El sabor era espeso y salado, y le envió una sacudida de calor directa a su centro.

—Oh… mmm… Está tan… bueno —jadeó, con la voz entrecortada y sin aliento.

Regina se rio entre dientes, untando más semen de Julian en sus labios. —Buena chica. Limpia cada gota, Alice. No desperdicies ni una pizca de él.

La lengua de Alice salió de nuevo, esta vez con más audacia. La deslizó lentamente por sus labios, saboreando el gusto mientras sus muslos se apretaban con más fuerza.

—Ah… Es tan… espeso —murmuró, con la voz rebosante de lujuria.

Regina se acercó más, su aliento caliente contra la oreja de Alice. —¿Te está encantando, verdad? —susurró seductoramente—. Puedo verlo en tus ojos, oírlo en esos pequeños y dulces gemidos. Quieres más, ¿no?

Alice soltó un siseo, incapaz de sostener la penetrante mirada de Regina. —Yo… yo no… —respondió débilmente.

Regina se rio suavemente. —Mentirosa. Puedo ver lo mojada que estás desde aquí, Alice. Adelante, ríndete. No hay nada de vergonzoso en desear algo tan bueno.

—Mmm… —gimió Alice de nuevo mientras se lamía los labios otra vez. Su cuerpo la traicionaba por completo ahora, sus muslos temblando con la necesidad de liberarse.

—Oh… dioses, no puedo parar… —gimoteó en voz baja.

Regina acunó la mejilla de Alice con la mano. —Eso es —susurró—. Tómalo todo, Alice. Déjate caer más profundo. Ya eres de él, lo admitas o no.

Los ojos de Alice se cerraron mientras sentía los dedos de Regina deslizarse por su piel, esparciendo el cálido y pegajoso semen de Julian por su sonrojado rostro. La sensación era abrumadora, y un suave y tembloroso gemido escapó de sus labios.

—Mmm, justo así —ronroneó Regina mientras esparcía el semen por las mejillas y los labios de Alice—. Siéntelo, Alice. Deja que te marque.

El corazón de Alice se aceleró, su cuerpo temblaba mientras el denso aroma la envolvía. —Mmm… está tan… caliente —murmuró.

Regina se rio entre dientes, deslizando sus dedos por la mandíbula de Alice. —Te queda tan bien —bromeó, inclinándose—. Parece que estás hecha para esto: cubierta de él, completamente de él.

—Oh… dioses… —jadeó Alice, su voz apenas un susurro.

Regina sonrió con superioridad mientras continuaba untándole la frente y la nariz.

—Ya estás tan hermosamente sucia… ¿Por qué no lo aceptas?

Alice se quedó en silencio mientras aceptaba en silencio la degradación que Regina le estaba dando. Al final, toda su cara estaba cubierta del semen de Julian.

El calor pegajoso en su piel, el sabor persistente en su lengua…, todo ello hizo que su cordura se desvaneciera.

Regina entonces guio la cabeza de Alice hacia el pene de Julian. Los ojos de Alice se cerraron mientras finalmente se rendía al momento. Su pánico se disipó y se calmó, aceptando lo que estaba a punto de hacer.

Sus labios finalmente se encontraron con la punta de su pene, y el calor de su piel le provocó escalofríos. Su lengua salió, lamiendo la punta lentamente. Un suave gemido se le escapó mientras envolvía la punta con sus labios, dándole una suave chupada.

La voz de Regina rompió el silencio. —Bien, Alice. Eso es. Trágatelo todo.

Alice obedeció y se lo metió más profundo, sus labios y garganta estirándose para tomar más de él. La sensación de su pene golpeando el fondo de su garganta le provocó una ligera arcada, pero no se echó para atrás.

Se obligó a tragar y a seguir más adentro, metiéndoselo tan profundo como pudo. Su cabeza subía y bajaba, su cuerpo temblaba por el esfuerzo mientras intentaba que le cupiera completamente en la boca.

—Eso es, Alice. Más. Lo estás haciendo muy bien, dejando que te llene así —la animó Regina.

Los ojos de Alice se cerraron, su mente daba vueltas. —Mmm… es tanto… tan grande… —gimió.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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