SOY UN MAGO PERO CON SISTEMA MILF - Capítulo 325
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Capítulo 325: Hora de que las nuevas generaciones lideren
Julian se dirigió a la habitación de Alden, y su curiosidad aumentó al notar a la multitud reunida en el interior. Su madre, Regina, Alice, Eva, Eleanor, su abuela y otros estaban todos allí.
Parecía que se estaba llevando a cabo una discusión importante.
Al entrar en la habitación, los ojos de todos los presentes se posaron en él, y pudo sentir que todos estaban emocionados.
Alden fue el primero en hablar: —Entra, Julian. Estábamos teniendo una conversación familiar —dijo cálidamente.
Eleanor se unió con una sonrisa: —¡Felicidades, Julian!
Julian ladeó la cabeza, confundido. —¿Por qué? —preguntó con un matiz de sospecha en la voz.
La habitación se sumió en un breve silencio, y Regina sonrió con dulzura.
—Por tu victoria, Julian. Todos sabemos lo duro que luchaste por ella y, ahora, todos celebramos tu primera victoria.
Alice asintió: —Tu nombre ya se está extendiendo por todas las tierras.
La mirada de Julian recorrió la habitación, evaluando las expresiones de los demás. Estaba claro que estaban genuinamente orgullosos de él.
Sin embargo, a pesar de su entusiasmo, no podía quitarse la sensación de que algo más estaba sucediendo. Estaba acostumbrado a sus elogios, pero esta vez sentía que había algo más profundo tras sus sonrisas.
Se adentró más en la habitación, y su mirada se cruzó con la de Alden.
—Bueno, agradezco el reconocimiento —dijo Julian, todavía inseguro del motivo exacto de esta repentina reunión—. Pero ya lo celebramos, ¿no es así?
—Julian —empezó Alden, con voz calmada pero grave.
—He sido Duque durante demasiado tiempo. Aunque empecé en el campo de batalla y he visto muchas guerras y violencia, siempre he deseado para mí y para mi familia una vida pacífica. Quizá por eso, mi juicio se ha nublado y me he vuelto demasiado débil.
Hubo una pausa, y Julian permaneció en silencio, comprendiendo la carga que su padre había llevado.
Las manos de Alden descansaban sobre la mesa, ligeramente apretadas, como si se aferrara a algo que nunca había querido soltar. Su mirada estaba cansada, pero también había algo más: alivio, quizá, o una sensación de claridad que había surgido tras años de lucha.
La habitación estaba en silencio, cada persona procesando el peso de la confesión de Alden. Los ojos de Julian permanecían fijos en su padre. Podía ver que los años de gobierno, la presión constante y las cargas del liderazgo le habían pasado factura.
El desgaste no había sido solo en su cuerpo, sino en su espíritu.
Al mismo tiempo, también podía ver algo más, quizá felicidad e incluso libertad en sus ojos, como si esta decisión de dejarlo ir fuera exactamente lo que necesitaba.
Alden suspiró profundamente. Sus manos descansaban sobre la mesa. —Por mi descuido, uno de mis soldados de más confianza me traicionó. Incluso entonces, estuve considerando perdonarlo. Pero ahora me doy cuenta de que, si no fuera por ti, Julian, nuestra familia y nuestro legado habrían sido borrados de la faz de la tierra. Los errores que he cometido, las vacilaciones en mi juicio… nos han costado muy caro. Me he vuelto blando y débil en mi puesto, y es hora de que lo deje.
Se encontró con la mirada de su hijo, y en ella había tanto orgullo como arrepentimiento. —Ya no puedo soportar esta carga, Julian. Sé que estás preparado. Estoy pensando en renunciar y cederte mi título de Duque.
Todos se miraron entre sí, atónitos por lo repentino de la declaración. Todos se habían reunido aquí pensando que Julian iba a ser recompensado por su victoria, pero esto era algo completamente distinto.
Gregoria fue la primera en romper el silencio. —Alden, ¿estás seguro de esto?
La mirada de Alden no se apartó de la de Julian. —Sí, madre. He pensado mucho en esto. Julian es más que capaz de ostentar este título. Tiene la fuerza, la voluntad y la ambición para llevar a nuestra familia a cotas que yo nunca pude alcanzar. Julian es el futuro de la familia Easvil.
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire, cargadas de peso, e incluso Julian, normalmente seguro de sí mismo, se vio momentáneamente sorprendido por el peso de la responsabilidad.
Podía sentir el peso de la confianza de su padre sobre sus hombros, pero también el amor y el respeto que desde hacía mucho tiempo existía entre ellos.
Eleanor, que había estado observando en silencio, finalmente habló. —Padre…, si esto es lo que de verdad quieres, entonces te apoyaremos. Pero… es difícil imaginar el ducado sin ti al mando.
Gregoria asintió lentamente, con los ojos fijos en el rostro de Alden. —Has sido un gran Duque, Alden. Pero lo entiendo. Quizá sea hora de que la nueva generación tome el relevo.
Alden sonrió levemente, mirando a cada miembro de su familia. Su mirada se detuvo en Julian un instante más.
—He gobernado durante suficiente tiempo. Quiero verte, Julian, tomar el mando. Ahora es tu momento.
Julian permaneció en silencio, asimilando el momento. Podía sentir que la decisión no había sido fácil para su padre, pero era una decisión que debía tomarse.
—Gracias, Padre —dijo Julian finalmente, con los ojos encendidos de determinación—. No te decepcionaré.
Alden se giró hacia uno de los soldados que estaban cerca. —Enviad un mensaje al palacio real —ordenó.
—El Ducado de Easvil conocerá a su nuevo Duque. Invitad a todas las figuras importantes: duques, marqueses, condes, cualquiera de relevancia. Celebraremos la investidura de Julian por todo lo alto. Decorad todo el ducado y, durante los próximos diez días, la celebración será un festival en su honor.
El soldado hizo una respetuosa reverencia y salió de la habitación de inmediato, dirigiéndose a transmitir las órdenes.
La mirada de Alden se suavizó al volverse de nuevo hacia Julian. —Este es tu momento, Julian. He visto el poder que has obtenido, y ahora deja que el pueblo vea a su nuevo Duque en todo su esplendor.
Julian asintió, comprendiendo el peso de la ocasión. El sueño que había imaginado para sí mismo se estaba cumpliendo poco a poco, y estaba más que preparado para el papel.
Mientras el mensaje era enviado y comenzaban los preparativos, todos en la habitación podían sentir cómo crecía su expectación.
El siguiente capítulo para la familia Easvil estaba a punto de comenzar, y Julian se aseguraría de que fuera uno de fuerza, poder y ascenso.
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