SOY UN MAGO PERO CON SISTEMA MILF - Capítulo 326
- Inicio
- Todas las novelas
- SOY UN MAGO PERO CON SISTEMA MILF
- Capítulo 326 - Capítulo 326: El ascenso de Julian al poder
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 326: El ascenso de Julian al poder
La noticia del ascenso de Julián al puesto de Duque se extendió como la pólvora por todo el reino, creando ondas de choque por doquier. No todos los días un nuevo duque ascendía al poder, y menos aún de la familia de un Gran Duque.
La gente se quedó desconcertada por lo repentino de la noticia, y el reino entero parecía un hervidero de dudas y especulaciones.
Los susurros llenaban las calles; tanto nobles como plebeyos cuestionaban la decisión. —¿Es esta de verdad la elección correcta? —preguntaban algunos.
—¿Cómo han podido entregarle el título de Duque a alguien tan joven? —Otros se preguntaban qué clase de líder sería Julián.
—¿Será un necio o demostrará ser digno del legado de su familia? —se preguntaban, intercambiando rumores por todo el reino.
Algunos creían que el rápido ascenso de Julián al poder era señal de un futuro prometedor, mientras que otros temían a lo desconocido. Después de todo, el Ducado de Easvil había sido liderado por Alden, un hombre con años de experiencia y un profundo sentido de la lealtad hacia su reino.
Incluso dentro del palacio real había cotilleos y susurros. Algunos de los nobles más ancianos se preguntaban si Julián tendría la misma lealtad por su reino que su padre.
A pesar de las preguntas y las dudas, había una cosa que nadie podía negar: el ascenso de Julián era una ocasión histórica que había captado la atención de todos en el reino. Y a medida que pasaban los días hasta su investidura, el reino esperaba en vilo, preguntándose qué tipo de impacto tendría en el futuro del reino.
**
Mientras tanto, en el Ducado de Ethwer.
El Duque Ethwer estaba sentado a su mesa, con los ojos fijos en los papeles que tenía delante. Su expresión se ensombreció al leer la noticia del ascenso al poder de Julián.
De repente, estalló en cólera y golpeó la mesa con el puño, haciendo que los papeles salieran despedidos en todas direcciones. Se levantó, pateó la silla y derribó la lámpara de un manotazo.
—¿¡Pero qué cojones es esto!? —gritó.
Arrojó el papel al suelo mientras su frustración se desbordaba. Su rostro se puso rojo como el fuego y apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—¿¡Cómo coño gana todas las batallas!?
Su respiración se volvió irregular mientras todo su cuerpo ardía de frustración y confusión.
Durante mucho tiempo, Julián había sido una espina clavada en su costado, logrando siempre derrotarlo, y ahora… ahora había ascendido a una posición de aún más poder.
Caminaba de un lado a otro, incapaz de contener su furia. La habitación parecía asfixiante y no podía reprimir su creciente frustración.
Lo había intentado todo: había establecido contactos, planeado sus movimientos calculando cada posibilidad, pero fue inútil; Julián no paraba de cagarse tanto en él como en sus planes.
—Ese cabrón… ¿Qué es, una especie de genio?
El hecho de que Julián no solo lo hubiera vuelto a superar en astucia, sino que además hubiera ascendido al puesto de Duque, fue un golpe humillante para su orgullo.
—¿Qué coño le pasa a ese cabrón de Alden? ¿Por qué aceptó ceder su puesto? Toda esta familia Easvil va a ser mi muerte.
Golpeó la pared con los nudillos, y la fuerza hizo temblar todo el castillo. Tenía los ojos rojos de ira mientras su aura se encendía sin control.
—Esto no se quedará así. Lo aplastaré. Me aseguraré de que se arrepienta de esto.
Su mente bullía con innumerables pensamientos, cada uno más peligroso que el anterior.
—Lo destruiré. Me aseguraré de que esta… esta batalla termine antes siquiera de empezar.
Mientras tanto, la Duquesa de Ethwer observaba la caótica escena que se desarrollaba ante ella con una mirada de preocupación en sus ojos.
Dio un paso adelante, con las manos temblando ligeramente mientras se acercaba para tocarle el hombro.
—Cálmate, querido —dijo ella en voz baja—. No puedes permitirte cometer más errores ahora. Tenemos que pensar esto con detenimiento.
El Duque Ethwer se giró bruscamente y le apartó las manos del hombro de un manotazo.
—¡¿Pero viste lo que hizo ese cabrón, o no?! —Su voz resonó por la habitación, llena de pura frustración y humillación.
—¡Le cortó la puta cabeza a mi ejército y la envió a mi puerta! ¡Está jugando conmigo, burlándose de mí!
La Duquesa se estremeció al oír sus palabras. Cada parte de su cuerpo temblaba mientras el horrible recuerdo afloraba en su mente.
Tragó saliva, recordando el espantoso regalo que fue entregado en su ducado. La gran caja decorada contenía las cabezas decapitadas de sus mejores soldados, que habían jurado lealtad y luchado bajo su estandarte.
La visión le había provocado náuseas mientras luchaba por mantener la dignidad frente a su corte.
Su voz tembló al responder: —No lo he olvidado… ¿cómo podría? Pero perder los estribos no cambiará lo que ha pasado. Es más, solo nos hará más vulnerables.
El Duque Ethwer soltó un suspiro de frustración, paseándose por la habitación como un animal enjaulado.
—¿¡Vulnerable!? —espetó—. ¡Ya parezco débil! ¿Tienes idea de lo que dicen los otros nobles? Pensarán que soy un idiota, un fracasado que ni siquiera puede defender a su propio ejército. Y Julián… ese cabrón… ¡me lo ha quitado todo!
La Duquesa respiró hondo, recomponiéndose. Sabía que la ira de su esposo provenía de su orgullo herido, pero también comprendía la importancia de mantener un perfil bajo y pensar en el futuro.
Su voz se alzó: —Más te vale dar gracias a los dioses que la familia real no ha tomado medidas, incluso después de que reuniéramos un ejército y atacáramos a otra familia ducal. La reina nos está protegiendo. Así que deja de comportarte como un niñato malcriado.
Por un momento, la mirada de Ethwer se encontró con la de ella, y su expresión se suavizó. Sabía que tenía razón, pero su orgullo no le permitía admitirlo.
En lugar de eso, se dio la vuelta, apretando los puños. —Me las pagará. De un modo u otro, Julián Easvil me las pagará.
La Duquesa de Ethwer agarró suavemente el brazo del Duque.
—Ahora no —dijo ella—. Cálmate y asiste a la investidura como si no hubiera pasado nada. No podemos permitirnos mostrar debilidad u hostilidad en este momento. Ya habrá tiempo de sobra para pensar en esto más adelante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com