SOY UN MAGO PERO CON SISTEMA MILF - Capítulo 502
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Capítulo 502: ¿Glory hole? – r18
El pulso de Julian se aceleró, divertidísimo. «Esto es nuevo», pensó, con la mirada fija en las runas brillantes que rodeaban el agujero. Se acercó más y habló con voz grave y segura.
—¿Sin ojos, eh? Supongo que tendré que impresionar de otra manera.
La risa de Mara fue suave, casi depredadora. —Oh, lo harás —dijo, mientras sus dedos recorrían el borde exterior del agujero—. La pregunta es… ¿cuánto tiempo puedes mantenernos impresionadas?
Lira también rio entre dientes, apoyada en la pared. —La aldea espera, Rael —dijo, con un tono que era una mezcla de desafío e invitación—. Demuéstranos que eres algo más que el hijo de Kain.
Julian sonrió.
—Así que… —murmuró—, queréis que me desnude… —Dejó que las palabras flotaran en el aire durante unos segundos—. …¿y meta mi pene en este agujero?
Se giró ligeramente para mirar por encima del hombro a Mara y Lira.
Los labios de Mara se curvaron en una sonrisa maliciosa y encantada. —A menos que te asuste que el agujero sea demasiado grande.
Julian inclinó la cabeza. —Oh, lo llenará, no te preocupes. Puede que incluso rompa algunas runas si no están preparadas para mí.
Se inclinó, agarró el borde de su camisa y se la quitó por la cabeza. —Será mejor que recéis para que la piedra pueda soportar lo que me cargo.
La lengua de Lira salió disparada, humedeciéndose los labios mientras se inclinaba ligeramente hacia delante. —Ya te has puesto gallito. Veamos si tu cuerpo puede respaldar las promesas de tus labios.
La camisa cayó al suelo y sus ojos se bebieron abiertamente la imagen: su pecho subiendo y bajando con respiraciones tranquilas y rítmicas, sus abdominales duros por la anticipación, cada músculo definido bajo la vacilante luz de las velas.
(su cuerpo transformado por absorber el maná)
—¿Os gusta lo que veis? —preguntó Julian en tono burlón, mientras sus dedos ya jugueteaban con la cinturilla de sus pantalones—. Espero que estéis preparadas. No me voy a contener.
Cuando la última de sus prendas cayó, su pene quedó libre, ya duro y reluciente a la luz de las velas.
Por un momento, hubo un silencio absoluto.
Nadie se atrevió a hablar.
Entonces se oyó la voz de Mara en un susurro entrecortado. —Joder… los dioses fueron generosos.
Julian rio entre dientes, disfrutando de la expresión de asombro que tenían en sus rostros. —Aún no habéis visto la mejor parte.
Se acercó al agujero, con el pene en la mano mientras observaba las runas brillantes. El velo se agitó ligeramente y sus labios se curvaron en una sonrisa ladina.
—¿Sin nombres, eh? Me gusta. Sin hablar. Solo adoración.
Apartó el velo con la punta de su pene, dejándolo deslizarse lentamente en la oscuridad del agujero. Las runas brillaron con más intensidad cuando lo hizo y su voz se tornó grave y burlona.
—Y bien, ¿ahora qué? Mi pene está dentro. ¿No vais a chupármela?
Lira enarcó una ceja, con una sonrisa afilada y juguetona mientras se cruzaba de brazos. —¿Qué te hace pensar que somos nosotras las que lo haremos?
La sonrisa de Julian no vaciló, con sus ojos clavados en los de ella. —¿Quién más sino un par de mujeres hambrientas de sexo como vosotras?
Mara soltó una risita, dirigiendo su mirada a Lira. —Ahí nos ha pillado, la verdad.
Tras eso, Mara y Lira intercambiaron una mirada, y sus sonrisas se tornaron ladinas y traviesas. Sin decir una palabra más, se dieron la vuelta y desaparecieron por un estrecho pasadizo oculto en la pared. La abertura se cerró con un suave movimiento, dejando a Julian solo, con el pene todavía atrapado en el agujero.
El aire estaba cargado por lo que fuera que estuviera a punto de ocurrir, y el silencio solo era roto por el débil crepitar de las velas y el suave zumbido de las runas.
A solas, Julian tenía las manos apoyadas en el muro de piedra, con el cuerpo relajado pero alerta. La oscuridad al otro lado del agujero estaba en silencio, pero podía sentir algo: un susurro de movimiento.
Su pene se contrajo. —Vamos, pues —murmuró con voz grave y provocadora, dirigida a quienquiera o lo quequiera que estuviese al otro lado—. No me hagáis esperar. No he venido aquí a jugar.
Una risa suave y ahogada provino del otro lado de la pared, seguida por el más leve toque de algo cálido y húmedo contra la punta de su pene.
—Mmm… —La respiración de Julian se entrecortó, pero mantuvo la compostura, y sus labios se curvaron en una sonrisa de suficiencia—. Eso está mejor.
La sensación se repitió, más fuerte esta vez. Fue una lamida lenta y provocadora a lo largo de la punta de su pene que le envió una sacudida de calor. Sus dedos se aferraron con más fuerza a la piedra y las runas brillaron con más intensidad, como si respondieran a su creciente placer.
El calor —no—, la boca, se cerró de repente a su alrededor, tomando la cabeza de su pene con un ritmo lento y provocador. La cabeza de Julian se echó hacia atrás, con los ojos entrecerrados mientras se dejaba llevar por la sensación, el calor y la presión aumentando con cada movimiento.
—Joder —masculló con voz ronca—. Sois buenas en esto. Espero que estéis preparadas para lo que viene ahora.
Sonó otra risa, y el ritmo se aceleró; la boca ahora lo trabajaba con un hambre que igualaba la atmósfera cargada de la habitación. Las runas pulsaron más rápido, y su brillo rojo proyectaba sombras salvajes por la estancia.
La respiración de Julian se volvió más pesada, y sus caderas se movieron ligeramente mientras se abandonaba a la sensación. Quienquiera que estuviera al otro lado, sabía exactamente lo que hacía, y lo estaba llevando al límite más rápido de lo que había esperado.
Pero él no era de los que pierden el control tan fácilmente. Se recompuso, respirando hondo.
—Más despacio —ordenó—. No soy un chico de aldea que acaba en diez segundos. Haced que dure.
Como si estuviera de acuerdo, el ritmo se ralentizó hasta convertirse en una tortuosa y deliberada provocación; cada movimiento de su boca prolongaba su placer.
La sonrisa de suficiencia de Julian regresó, y sus manos se relajaron en la pared. —Así está mejor —dijo—. Demostradme lo que sabéis hacer.
Justo cuando su cuerpo comenzaba a relajarse, un segundo calor se unió al primero. Las dos trabajaban juntas, sus lenguas lamiendo y aplicando una vertiginosa danza de calor y presión. Una provocaba la punta mientras la otra se deslizaba por el tronco, con sus ritmos perfectamente sincronizados.
—Sí… qué bien… —Un gemido grave escapó de sus labios cuando la sensación se duplicó, y la intensidad se disparó en un instante.
Las dos continuaron con ferocidad, sus bocas trabajando como si hubieran estado hambrientas durante cientos de años.
—Joder —gimió Julian, agarrando de nuevo la pared de piedra con más fuerza—. ¿Dos a la vez ahora? Codiciosas, ¿eh?
Se oyó de nuevo una risa suave, y esta vez Julian pudo distinguirla: era Mara.
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